Dec. 24, 2025

7 RELATOS DE NAVIDAD QUE NO DEBERÍAN EXISTIR – ESPECIAL OSCURO DE INFRAMUDO

7 RELATOS DE NAVIDAD QUE NO DEBERÍAN EXISTIR – ESPECIAL OSCURO DE INFRAMUDO
7 RELATOS DE NAVIDAD QUE NO DEBERÍAN EXISTIR – ESPECIAL OSCURO DE INFRAMUDO
Inframundo Relatos De Terror
7 RELATOS DE NAVIDAD QUE NO DEBERÍAN EXISTIR – ESPECIAL OSCURO DE INFRAMUDO

Este especial navideño no es como los demás.
Aquí encontrarás 7 relatos oscuros, inquietantes y reales, enviados por la comunidad, donde la Navidad deja de ser una época de paz para convertirse en un escenario de terror puro.

Apariciones en casas decoradas, sombras que observan desde los árboles, entidades que visitan en Nochebuena y sucesos inexplicables que han marcado para siempre a quienes lo vivieron.

Ponte audífonos, apaga las luces y disfruta este Especial de Navidad Maldita, solo para quienes aman el terror incluso en las fiestas decembrinas.

Si tienes un relato navideño o paranormal, puedes enviarlo para un próximo episodio.

  • relatos de navidad

  • especial navideño de terror

  • relatos de la comunidad

  • historias de terror reales

  • nochebuena terrorífica

  • navidad maldita

  • sucesos paranormales

  • encuentros sobrenaturales

  • podcast de terror

  • historias oscuras de navidad

  • relatos decembrinos

  • terror navideño

  • apariciones en navidad

  • misterios reales

#Mexico
#Argentina
#España
#Colombia
#Chile
#Peru
#Ecuador
#Guatemala
#Honduras
#ElSalvador
#CostaRica
#Panama
#Uruguay
#Paraguay
#Bolivia
#Venezuela
#EstadosUnidos
#Canada
#Italia
#Francia
#Alemania
#ReinoUnido

🧩 ETIQUETAS (Keywords internas)🌎 HASHTAGS DE PAÍSES

0:14 durante las festividades navideñas. Entre risas y brindis, nadie espera encontrarse con lo inexplicable. Sin embargo, entre luces parpadeantes y villancicos, un duende travieso. Una bruja oculta o una visita inesperada llegada del más allá pueden romper el encanto. A veces, esos encuentros inesperados cambian la Navidad y marcan tu vida para siempre. Le invito, querido espectador, a ponerse cómodo para escuchar estas anécdotas de Navidad, estos relatos de terror.

1:01 Hola comunidad, muy buenas noches a todos antes de iniciar con mi relato les deseo feliz Navidad a todos, mi nombre es Samira Díaz, soy originaria de Reynosa, Tamaulipas, pero toda mi familia está sentada en el estado de Guanajuato, los abuelos ya son muy mayores para viajar, así que todos nos trasladamos. Hasta su casa para pasar las festividades decembrinas. Su casa es muy antigua y grande, ahí albergan a las familias cuando llegamos, pero en estos tiempos los primos ya mayores se quedan en el hotel porque se van de parranda y para no andar desvelando a los que estamos en la Casa de los abuelos hacen sus fiestas con sus amistades o entre ellos mismos, cabe aclarar.

1:56 Que a mis 21 años puedo unirme a ellos, pero como dice mi padre, cada año es uno menos para los abuelitos. Esto que les contaré sucedió hace varios años, en ese tiempo tenía 13 años de edad, ese año mis tíos pasaron las festividades en Oklahoma, así que no habíamos muchos familiares, sólo mi tía armida y sus 3 hijos, mis padres, mi hermano y yo. Ese año recuerdo que andaba en mis días de fastidiosa, ya que en pre adolescencia sólo quería estar en mi casa, encerrada en mi habitación. No hablaba con nadie y todo me caía muy mal, así que me la pasaba castigada por mi papá. Me la pasaba el mayor tiempo de la noche despierta y aunque estábamos de visita no me importaba. Mi abuela sabía que estaba en mi edad de la rebeldía. Así que me acondicionó 1/4 para mí sola. Fue entonces cuando comencé a escuchar ruidos. Al inicio eran queditos, pero después era un gran alboroto que despertaba la familia.

3:08 Esto para encontrar destrozos en la cocina y en la sala donde se encontraba el árbol navideño. Ya eran las vísperas de Navidad. Todo comenzó con algo que todos ignoramos. Migajas de galleta que aparecían cada mañana alrededor del centro de mesa, donde mi madre había dejado galletas que horneaban. Ella y mi tía. Por las tardes nos regañaron diciendo que si no las íbamos a comer, no hiciéramos travesuras de esa manera, pero todos negamos ser los causantes de tales travesuras. Luego fueron los adornos movidos del lugar, las guirnaldas, los angelitos de cerámica.

3:52 Incluso las luces parecían reordenarse de un modo que no tenía sentido. Después, las figuras del nacimiento comenzaron a cambiar de posición. San José miraba hacia el suelo y el Ángel de la estrella terminaba con el rostro vuelto hacia la pared. Aquí fue cuando la abuela nos advirtió que si seguíamos con eso no iba a haber regalos. Con esas palabras comenzaron los destrozos. El día 20 de diciembre todos comenzamos a colocar los regalos junto al árbol, pues no queríamos andar con las prisas, pero esa madrugada mi tía me llamó preguntando si estaba despierta.

4:39 Salí de la recámara para saber que se le ofrecía. Me dijo que la acompañara a la sala, pues había escuchado ruidos. Mi abuelo siempre ponía un bate junto a una de los maceteros envalentonadas. Entramos a la sala al encender la luz. Nos encontramos con los regalos abiertos, cada envoltorio rascado, como si lo hubiesen hecho con una navaja. Lo habían hecho deliberadamente. Queriendo arruinar la sorpresa, mi tía me pidió que le ayudara a meter los obsequios a mi habitación. Pues no quería que los niños los vieran. Mi abuelo escuchó el ir y venir de nosotras, así que se levantó para averiguar que sucedía en su rostro. Se notaba que él sabía que estaba sucediendo, no nos comentó nada y nos dijo que él se encargaría sólo entre los adultos se comentó lo sucedido pensando que quizás era uno de nosotros haciendo travesuras.

5:44 Esa noche llovió. Y al amanecer descubrimos algo que el lo nuestra, sangre, pequeñas huellas de lodo diminutas, como las de un niño, pero con una forma extraña en ellas. Era la forma de su calzado. Además que el más pequeño sólo tenía 2 años y no podía hacer esos destrozos. Las pisadas cruzaban desde la entrada de la casa hasta el árbol de Navidad y terminaban en la mesa de la cocina. Ahí el ser que estaba causando todo eso dejó la mesa llena de lodo. Pero ya esa noche era noche buena y la cena que con tantas ansias esperábamos. Todos nos acostamos tarde.

6:30 Sería alrededor de las 3:00 de la madrugada cuando escuché alboroto en la sala. Cuando entré eran mi papel y el abuelo moviendo los muebles, tratando de atrapar algo, pensé que era un ratón. Pero un rato no era del tamaño de lo que vi escabullirse hacia el árbol navideño cuando el abuelo lo capturó, arrastrando al pequeño ser por la sala y la reprimenda que mi abuelo parecía darle, como si estuviera educando a un niño travieso. Aquella criatura, cuando me atreví a mirar, tenía ojos grandes que irradiaban maldad pura. El rostro del duende estaba muy deforme. Como si lo hubiesen golpeado brutalmente. Eso le daba la apariencia más horrible aún. Sus dientes eran enormes y se notaban que eran filosos. Trató de morder al abuelo, pero este, con movimientos ágiles, puso al duende en sus piernas.

7:32 Mi padre le preguntó si lo iba a matar. Yo me petrifique al pensar que esa pobre criatura terminaría sus días en manos del abuelo. Yo me llevé las manos a mi boca para no gritar. Fué entonces cuando el abuelo negó con la cabeza, dijo que ése era un duende de Navidad. Bajaban del monte hacer travesuras en estas temporadas de Navidad, pero por alguna razón este duende no era bueno, ya que antes de que llegáramos se había comido los gatos de su vecina. Lo más probable es que se ocultarán en la casa de Don Carlos.

8:12 Un vecino que había fallecido hacía un año y la casa estaba abandonada. El duende comenzó a chillar muy horrible y fue cuando el abuelo le dio con el cinto y le dijo que se callara. Pues bien, merecido tendría su castigo por maloso. Aquel ser se retorcía tratando de zafarse de las manos del anciano y fue cuando le dio 3 azotes más y se quedó quieto. Le dijo a mi padre que sacara la camioneta para ir a dejar a ese ser en su hogar natural. Yo no me quise quedar, así que los acompañé en todo el camino. El duende se quedó quieto. Me observaba con esos ojos que no tenía nada de un ser bueno. Yo pensaba que los duendes eran diferentes, pero nada que ver con lo que tenía a un lado agarrado fuertemente el abuelo. Ya estaba amaneciendo cuando llegamos al monte, pero antes de bajarnos, mi abuelo le dijo a mi padre que sacara el machete que estaba debajo de su asiento.

9:19 Al escuchar eso sentí que se me bajó la sangre a los pies, pues pensé que matarían al duende. Pero era por otro motivo. Y fue cuando el abuelo soltó al duende, no sin antes hacerle la aclaración, que si regresaba le iría peor. Este dio unos pasos alejándose de nosotros. En eso se voltea mostrando sus enormes dientes y dando un grito muy agudo y horrible. Fue cuando el abuelo le quitó el machete a mi papá y lo azotó en la Tierra y el duende salió corriendo. De ahí lo miré a alejarse sin voltear atrás. Mientras regresábamos, mi abuelo comentó que esos seres no se les ven en todo el año, pero si en estos días quizás. Guiados por los olores dulces, el pan, los buñuelos. Pero a él no le había tocado ver uno que hiciera maldades como este.

10:17 Mi papá le dijo que el duende estaba horrible y no se le podía esperar que hiciera cosas buenas. Esa fue la única vez que sucedió eso en casa de los abuelos, aunque hemos escuchado otros casos de los duendes navideños que se comen las golosinas. Y las galletas, pero no algo parecido al que nosotros tuvimos esa Navidad. Espero y esta historia sea de su agrado. Muchas gracias por su atención. Muy buenas tardes a todos. Deseo que en estas festividades de Navidad la pasen con muchas bendiciones con sus familiares y amigos.

11:03 Me presento, me llamo Edgardo Íñiguez. Tengo 52 años, soy originario del Estado de Coahuila, lo que les contaré sucedió en mi pueblo, esto en la Navidad de 1983. ¿Todos en el poblado se conocen, saben de los nombres de cada persona y por qué no? También de las rancherías cercanas a 2 casas de donde vivimos había una familia, todos ellos con su cuerpo regordete. Desde los adultos hasta los pequeños, los chiquillos siempre llamaban la atención, pues eran güeritos y sus mejillas siempre con ese tono rojizo por su piel blanca.

11:49 Don Teodoro y doña Eva eran originarios del sur del país. Llegaron y se asentaron en el pueblo en la década de los años Sesentas, pues el padre quería cruzar al vecino país, pero al encontrar trabajo en el campo. Se quedaron asentados en el pueblo aquel invierno en que llegó esa mujer. El pueblo estaba sumido en un frío profundo que parecía cortar la piel. La nieve cubría las calles y los techos de las casas. El aire se sentía denso y la noche caía temprano, como si el sol huyera, como si no quisiera mostrar los horrores que pasaría en esa familia.

12:32 No recuerdo haberla visto antes. Ni nadie del pueblo podía decir que reconocía su rostro, pero aún así, desde el primer momento todos parecíamos encantados por su llegada. Era una mujer joven, aunque había algo en sus ojos que delataba una edad que tenía más años de lo que aparentaba. Su piel era pálida, casi transparente, su cabello negro trenzado. Sus movimientos eran firmes, pero a la vez graciosos. Y cuando sonreía, los niños dejaban de lado sus juegos para observarla, como si la magia de los cuentos navideños cobrara vida ante ellos.

13:15 Al principio nadie le dio demasiada importancia. Parecía una visitante más, alguien que se había detenido en nuestro pueblo por razones de las festividades navideñas de ese año. Quizás una viajera que huía del bullicio de la ciudad, pero. En pocos días, esa mujer extraña se convirtió en alguien indispensable. Su carisma era tan poderoso que, sin que nos diéramos cuenta, todos la buscábamos. La mirábamos con una mezcla de fascinación y respeto que nos impedía negarle cualquier cosa. No pedía mucho, sólo pequeños favores, un pan, una manta, alguna fruta. Pero había en su voz una dulzura casi hipnótica. Y en su mirada, un brillo que nos desarmaba. Pero en esa semana buscaba mucho al pequeño niño de doña Eva, el cual era conocido como Chanito.

14:16 Como les contaba la señora, siempre le acariciaba su cabello, pero sobre todo le decía que quería darle una mordida a esos cachetes rojizos que tenía, pues todo él se veía con ganas de comérselo eso. Les causaba gracia para cualquiera. Podría haber sido una manera de hacerle cariños al pequeño. A medida que se acercaba la Navidad, comenzaron a ocurrir cosas extrañas en el pueblo. Las luces de las casas se apagaban desde muy temprano. Los animales no hacían sonido alguno ni cuando algún borracho cruzaba por las calles dirigiéndose a su hogar.

14:59 Yo sentía una inquietud constante, una sensación de que algo se avecinaba, algo aterrador que en esos momentos no podía comprender. Vi en varias ocasiones una silueta oscura vagando sola en la noche, deslizándose como un fantasma por las calles nevadas. Nunca dejaba huellas a su paso, como si flotara sobre la nieve. Cuando se lo dije a mi madre, ella me reprendía. Diciéndome que no me anduviera asomando por la ventana en las noches ni madrugadas. Y luego, en la madrugada de Navidad, el horror cayó sobre nosotros. Despertamos con el grito de una madre desesperada, doña Eva, su hijo Chanito, había desaparecido. Nadie entendía como podía haberse esfumado de la cama, pues la madre aseguraba haberlo arropado antes de irse a dormir. Pero El Niño no estaba y en su lugar sólo había un frío helado que llenaba la habitación.

16:06 Salimos todos a la calle las antorchas encendidas, la desesperación marcada en los rostros de cada vecino, cada rincón del pueblo fue revisado, cada bosque, cada sendero cubierto de nieve. Fue entonces que las mujeres del pueblo se dieron cuenta que hasta la mujer había desaparecido, pero por más que buscaron El Niño y de la mujer extraña ni rastro encontraron. Alguien mencionó que la había visto salir del pueblo al amanecer, envuelta con una cobija y con algo entre sus brazos que no supo identificar. Llegó la Navidad y el pequeño chanito no fue encontrado.

16:51 Durante días semanas no se habló de otra cosa. La imagen de aquel niño perdido los atormentaba y con cada Navidad que pasaba, el dolor en la madre se hacía más profundo y el miedo en el pueblo crecía. Nadie se atrevía a pronunciar palabra alguna delante de los padres de Chanito, pero todos los hombres y mujeres más longevos del pueblo sabían lo que había sido. Una bruja fue entonces que una de las mujeres comentó que aquella bruja ya le había echado el ojo al pobre niño. Este se convirtió en su cena navideña. Y aunque se escuche cruel, esa fue la verdad. Nadie se atrevía a decirlo en voz alta. Era una criatura de las mujeres pactadas, una presencia maligna que había observado en silencio.

17:47 Y había elegido su momento para llevarse lo que deseaba. Desde aquella Navidad, el pueblo nunca volvió a ser el mismo. La alegría de los festejos quedó manchada por el miedo y cada vez que algún extraño ponía pie en el pueblo, todos observábamos en manteniendo a los niños cerca, cuidando de ellos como si estuvieran esperando el momento preciso para que regresara. Y reclamar a otro niño, aunque son fechas. ¿En qué es el nacimiento del hijo de Dios? A las Brujas no les interesa, pues buscan de una forma u otra también tener su cena de Navidad como una burla, supongo.

18:34 El pueblo ha crecido mucho, pero aún en estos días se cuenta la historia de Chanito, El Niño que nunca regresó, que nunca fue encontrado. Ni siquiera rogando por un milagro navideño. Aquella noche buena en especial, marcó a toda la familia en uno de nuestros recuerdos más tristes y amargos que hemos tenido. Mi abuelo, el patriarca de nuestra familia, era un hombre de voz firme. Aunque los años hubieran erosionado su fuerza, conservaba en su mirada un brillo de autoridad y respeto. Nos reuníamos año tras año en su casa. Cada Navidad se llenaba de risas y Recuerdos, pero aquella noche todo sería diferente.

19:26 Mi nombre es Petra Cervantes. Quizás esta historia sea ya muy antigua para ustedes, una Navidad de hace ya más de 40 décadas, pero los que aún estamos con vida en nuestra familia la recordamos sólo a los ya mayores de edad como yo. Aún se nos llenan los ojos de lágrimas al recordarlo, pero para nuestros nietos es sólo una historia de terror ocurrida en una Navidad ya muy leja. Todo comenzó al atardecer, cuando la casa se sumió en una quietud. Las llamas de la chimenea iluminaban la sala con un resplandor cálido y mi abuelo Martín, en su silla de siempre, observaba con ojos serenos pero ausentes.

20:15 Mientras mi madre y mis tías ultimaban los detalles de la cena cuando llamaron a la puerta, fue mi hermano Rafael quien abrió la puerta y se trataba de un hombre desconocido, de aspecto un poco anormal. Y no era porque estuviese deforme, pues era como si el tiempo lo hubiera traído desde una época lejana. Cuando Rafael abrió la puerta sentí un escalofrío recorrerme. Era como si la muerte se hubiese hecho presente. Aquel extraño tenía una figura de caballero con un abrigo largo y una mirada profunda que parecía perforar a cada uno de nosotros. Sin decir una palabra.

20:59 Ingresó a la casa quitándose su sombrero y sus pasos resonaron en el piso de madera. Cada pisada parecía estremecer nuestros pies dejando una estela de inquietud. Nadie se atrevió a detenerlo. Mis tíos y mis primos se miraban desconcertados, incapaces de entender la presencia de aquel hombre que parecía conocer perfectamente el lugar, como si alguna vez hubiera vivido allí. El silencio era opresivo mientras avanzaba hacia el abuelo. Al llegar frente a él, el extraño extendió una mano y fue en ese instante que vi algo en el rostro de mi abuelo.

21:42 Algo que nunca había presenciado. Un destello de comprensión y resignación, pero a la vez de Gozo y admiración hacia el hombre que tenía frente a él, el abuelo Martín. No necesito palabras para entender a que había llegado aquella visita inesperada. Una sonrisa apenas perceptible se dibujó en su rostro y asintió levemente, como aceptando una cita largamente postergada. Nadie supo qué decir. Todos lo observábamos en un mutismo forzado, tratando de comprender la naturaleza de aquella escena que a todos nos tenía congelados en nuestros sitios. Nadie se movía, ni los niños en su inocencia fueron imprudentes, pues ya saben que los niños ven cosas que algunos adultos no vemos.

22:35 Mi hermano Rafael Acerco una silla para el visitante. Y se llevó a los niños a la habitación continua, pues la visita era para el abuelo y no para nosotros, pero mi madre y mis tías seguían con los preparativos, entre ellas cuchicheaban que se les hacía conocido a aquel señor que había llegado, pero nadie recordaba dónde lo había visto. Su conversación era muy quedita, como si no quisieran que nos enteráramos de lo que se decían. Pero mi abuelo se miraba contento por ver a ese hombre. Algo se transformó en el rostro de mi abuelo con las palabras dichas por el visitante, algo que ninguno de nosotros podía escuchar.

23:25 El abuelo se mantuvo en silencio, asintiendo con su cabeza a todo lo que le decían quién, tras cumplir su cometido, le dio una palmada al abuelo en su pierna. Y le sonrió de una manera que sólo un padre lo hace. Fue en ese momento que se comenzó a sentir un frío que calaba hasta los huesos. Pero mi abuelo, sin embargo, parecía en paz, más tranquilo que nunca. Con esa misma expresión de serenidad resignada, el visitante se levantó y antes de ponerse de nuevo su sombrero, le sonrió de una manera muy afectuosa a mi madre y a mis tías. Como si él las conociera, pero ellas aseguraban que en su vida lo había visto así como había llegado en silencio. Así se retiró esa noche.

24:19 El abuelo se retiró temprano a su habitación. Nadie se atrevió a cuestionarlo sobre esa visita. Incluso los niños que solían pedirle cuentos o historias permanecieron en silencio, como si supieran que. No era momento de hacer el relajo de cada noche. Cuando el reloj marcó la medianoche, cada uno de nosotros nos acercamos sigilosamente a su puerta. Escuchamos un último suspiro suave y profundo. El sonido final. Cuando la muerte nos abraza en nuestro último suspiro, esa Navidad se tornó triste. Al entrar en su habitación. Lo encontramos en paz, tendido en su cama. Con el rostro sereno, como quien ha encontrado el final de un largo viaje, nadie lloró al instante, pues la atmósfera era tan irreal como si nada a nuestro alrededor estuviera pasando.

25:18 Pero mi tía Rosario fue la primera en reaccionar y el grito de dolor ante el fallecimiento de su padre nos sacó a todos de ese impacto para dar paso al llanto y a las lágrimas difíciles de contener. Al día siguiente, mientras preparábamos el funeral, la imagen del desconocido persistía en mi mente. De quienes lo vimos. Sentía que aquel hombre había sido más que una simple visita. Cuando revisamos los pocos documentos que guardaba el abuelo, descubrimos una fotografía amarillenta donde aparecía un joven que llevaba el mismo abrigo largo.

26:00 Y la mirada profunda que habíamos visto en el visitante. Y a su lado, muy sonriente, se veía a un joven. El hombre del abrigo era su padre, el hombre que las hijas de mi abuelo no habían conocido, fallecido hacía décadas. Un rostro que apenas conocimos en retratos antiguos que conservaba el abuelo. Comprendimos entonces que. Esa visita había sido una espera desde hacía ya algún tiempo. Aunque prolongada por varias Navidades, estaba destinada a reunirse con aquellos que ya habían partido. Había venido a buscarlo y el abuelo lo supo desde el primer instante. No lo comentó.

26:46 No nos preparó para aquella despedida porque sabía que no había palabras suficientes para explicarlo esa Navidad. No volvió a ser la misma, pues con aquella visita inesperada se había impregnado en cada uno de nuestros corazones cada Navidad. Desde entonces, cuando nos reunimos en su casa, el lugar parece estar la presencia invisible de aquel patriarca, como si aún estuviera sentado en su silla, observando en silencio con esa paz que solo los que entienden el fin pueden experimentar. Con los años ya varios han fallecido, entre ellos mi madre y mis tías.

27:31 Creo que el abuelo también vino por ellas, pues cada una tenía el rostro sereno, como dándole la bienvenida a la muerte. Creo que a mí ya no me quedan Navidades, ya tengo 78 años. Creo que como avanza la vida, uno sabe hasta donde tenemos nuestra rayita pintada. Y espero que mis padres, en mi momento de partir, también vengan por mí, así como el bisabuelo vino por su hijo. Pero le ruego a Dios que no sea un día de Navidad. Pues no quiero dejar una honda huella de tristeza en mis hijos y nietos por la muerte.

28:12 De quién los ha amado tanto me despido, no sin antes desearles una feliz Navidad a toda la comunidad de Inframundo. Buenas noches a toda la comunidad de Inframundo antes de iniciar con mis historias. Espero que pasen una felices fiestas navideñas. Mi nombre es Sylvia Aldana. Lo que les voy a contar sucedió en mi estado Natal de Querétaro. Esto sucedió en una reunión de Navidad en casa de mis tíos. En 1996 falleció mi primo. A muy temprana edad, de tan solo 7 Añitos, eso destrozó a su familia más a mi tía Renata.

28:58 Ella no asistía a las reuniones navideñas, así como tampoco ella ponía arreglos en su casa, ni siquiera porque tenía 2 hijos, pero mi madre me aseguró que no había peor pérdida en la vida de una mujer que sepultar a uno de sus hijos. Cabe aclarar que nadie en la familia. Se tomó a mal que la tía Renata no asistiera, pero sí mandaba a mis primos a casa de los abuelos o de sus tíos. A ellos no los privó de las Navidades. Estaba por celebrarse el año 2000 para iniciar un nuevo siglo. Fue entonces que mis tíos hicieron los arreglos para que festejáramos en su casa.

29:44 Algunos pensaron que a mi tía se le estaba pasando un poco la pérdida. Y que había decidido seguir adelante, aunque no estuviese su pequeño hijo, Fernandito. Lo que no sabíamos es que mi tía compraba cada año un regalo adicional para fernandito. Ella lo colocaba en la que fuera la habitación del niño, pero como había adornado nuevamente su casa con el árbol navideño, lo colocó hasta debajo de este, fuera de la mirada de los curiosos. Pero. Lo que la tía Renata no presagió fue que nosotros abriríamos ese regalo por error y la verdad, hasta el día de hoy me arrepiento de haberlo hecho.

30:29 La tradición era que todos nos reuniéramos en la mañana de Navidad para abrir los obsequios, luces parpadeantes, adornos rojos y dorados y el aroma a pino que llenaba el aire de la sala. Mis primos y yo sabíamos que teníamos que esperar. Pero en la emoción de la noche, la curiosidad nos venció. Mi primo Gustavo nos despertó contento al decirnos que debajo del árbol santa ya había colocado los obsequios. Entusiasmados bajamos, pero sin hacer ruido alguno para no despertar a los demás. Nuestro interés era ver sólo ver cuál sería nuestro regalo para no perder tiempo en buscarlos por la mañana.

31:15 Pero al buscar el obsequio de Maggie fue cuando lo vimos, Gustavo fue el que se dio cuenta que aquel regalo era para su hermanito fallecido. Éramos 3 niños impacientes, ansiosos de saber por qué Santa Claus dejó un paquete destinado a alguien que ya no estaba sin pensar en las advertencias de los adultos. Decidimos abrir el obsequio con la certeza inocente de que Santa se había equivocado. Tan pronto como rompimos el papel, algo en el ambiente de la habitación cambió drásticamente el aire. Se volvió frío y denso, como si algo oscuro cubriera la blanca Navidad. Nos miramos entre nerviosos y confundidos, con el corazón latiendo fuerte.

32:06 Y como si se me fuera a salir por la boca, porque fue entonces cuando lo vi. Allí estaba pequeño y pálido, como en las viejas fotografías que mi tía tenía en la pared de las escaleras. Fernandito, vestido con el mismo trajecito blanco con el que fue sepultado. Su mirada era oscura y su expresión estaba marcada por una furia que me hizo temerle. No se observó. Con esos ojos profundos como pozos sin fondo y sin rastro de vida, entonces sucedió, comenzó a moverse con una rapidez casi de una manera sobrenatural. Los adornos que colgaban en el árbol fueron arrancados y lanzados al suelo.

32:53 Esferas estrelladas en 1000 pedazos, como si un viento invisible las hubiese arrancado del árbol. Las luces se encendían y apagaban de forma caótica. Parpadeando en un frenesí de colores que nos llenó de terror, parecía que todo el lugar estaba a merced de la IRA de aquel pequeño espíritu. Uno a uno, los regalos que había alrededor del árbol les rasgaba el papel y arrancando los moños, un Ángel de porcelana voló por los aires, rompiéndose en pedazos en la pared. El caos reinaba y nosotros paralizados. No podíamos hacer nada más que observar con miedo y angustia al pequeño fantasma les que prometo. Se podía sentir la rabia en el aire. Su resentimiento palpando cada rincón de la sala, cada estallido, cada objeto que caía al suelo, parecía ser un reclamo, una protesta por haber abierto su obsequio. Fue en ese instante cuando los adultos alarmados por el estruendo.

34:03 Bajaron, apresurados, descubriendo el desastre que se había convertido la sala. Se quedaron en silencio observando la figura borrosa de fernandito. Su madre comprendió de inmediato lo que sucedía, su rostro palideció y en sus ojos vi algo que mezclaba terror y una especie de resignación, como si ella también sintiera que el desorden era inevitable. Por lo que habíamos hecho, mi tía Renata le habló con la dulzura y el amor que le caracterizaba. Vimos como fernandito hizo un puchero de resignación por lo que habíamos hecho y el pequeño fantasma se desvaneció lentamente.

34:49 La sala quedó sumida en un silencio sepulcral. Tardamos unos segundos antes de que nuestros padres nos mandaran de nuevo a las recámaras. Miré a mi madre. Que tenía lágrimas en sus ojos y se acercó a su hermana para consolarla. Fué la primera vez que miré a un fantasma y a pesar de que fué en una fecha muy esperada, las siguientes Navidades todos evitamos hablar del tema, esa fué la última Navidad que celebramos allí y el último recuerdo que tenemos de un fernandito que aunque pequeño dejó en cada uno de nosotros la certeza de que.

35:31 No todos los regalos están destinados a ser abiertos. La Navidad en la juguetería es un evento que todos los empleados esperan con ansias. Para ellos representa ventas, luces y la oportunidad de tener buenas ventas y bonificación que se refleja a inicios del siguiente año. Sin embargo, para mí. Cada Navidad se convierte en una prueba de resistencia y quizás de tortura. Mi nombre es Juan Manuel Leónidas. Soy el velador de la tienda y durante mis 20 años he experimentado lo que nadie en su sano juicio creería posible.

36:20 Lo que ocurre en esas madrugadas es algo que no se lo deseo a nadie. Todo comienza cuando los primeros adornos navideños se colocan en la tienda. Árboles de plástico cubiertos de luces, renos de cartón y de madera. La enorme casa de Papá Noel que cada año se instala en el centro de la entrada de la juguetería para recibir a los clientes. Al principio me hacía gracia todo el despliegue, pero después de vivir lo que sucede entre esos pasillos en las noches frías de diciembre, mi percepción cambió por completo cuando se iba el último empleado. Y comenzaba mi rondín por los pasillos. Nunca me he sentido solo por los pasillos de esa tienda. Siempre estoy acompañado de los juguetes que cobran vida. En cuanto el reloj marca la medianoche, la tienda parece cobrar vida.

37:17 Los pasillos llenos de juguetes, perfectamente alineados y bien cuidados durante el día, se transforman en algo muy perturbador. La primera señal siempre es el sonido. Es como si me diera el aviso de que llegó la hora de las situaciones extrañas en la juguetería, un leve crujir apenas perceptible al inicio, como si el plástico y el metal se movieran por su cuenta. Uno podría pensar que es el edificio asentándose o el eco de los ruidos de la ciudad, pero no es así. Con el tiempo aprendí a distinguir esos sonidos.

37:59 Son los juguetes, cada uno en su sitio, volviéndose inquietos cuando la tienda queda desierta y sumida en la penumbra. Las muñecas son las peores, están colocadas en repisas casi al final de la tienda. Es ahí donde se escuchan más sonidos. ¿Y qué hace que se me hiele la sangre de día? Sus rostros sonrientes y sus ojos de vidrio parecen inofensivos, casi simpáticos. Y que a las niñas les encantan. Pero también están aquellas que están sus ojos dibujados en el plástico de sus caras, pero en la noche se transforman en algo más.

38:40 Esos ojos que deberían estar fijos comienzan a seguirme mientras hago mis rondas, siento su mirada pesada en mi espalda y aunque intento no mirar, a veces no puedo evitar girarme sólo para encontrar sus cabezas ligeramente torcidas. Sus ojos fijos en mí. Con el tiempo comencé a escuchar sus voces. En un inicio pensé que era el sistema de sonido de la tienda o alguna grabación que se activaba por error, pero pronto me di cuenta de que no era así. Esas voces eran distintas. Iniciaban con susurros bajos y tensos, como si estuvieran discutiendo entre ellas, lleno de tonos ásperos y burlescos y macabros.

39:28 Cada vez que paso por su pasillo, el murmullo se intensifica y siento una mezcla de curiosidad y terror que me obliga a caminar más rápido. La sección de los juguetes electrónicos no es menos inquietante. Los trenes de juguete, los robots y los pequeños coches a control remoto cobran vida de manera intermitente, sin previo aviso. Algunos empiezan a moverse. Sus ruedas girando lentamente. Una vez uno de los trenes comenzó a caminar sin que nadie lo tocará. Sus luces parpadeando en la oscuridad mientras emitía un pitido sutil y escalofriante. Fue entonces cuando supe que aquello no era una falla eléctrica.

40:16 Lo más perturbador sucede en la casa de Papá Noel. Se los prometo de día. Es un sitio pintoresco. Con decoraciones festivas, el trineo y renos de peluche. Pero por la noche ese lugar se convierte en algo sacado de una pesadilla. Los renos parecen deformarse bajo la penumbra, sus miradas vacías y sus cuerpos rígidos proyectando sombras que se reflejan sobre las paredes. La figura de Papá Noel, con su sonrisa congelada y su barba de algodón, se vuelve inquietante. Sus ojos, que durante el día parecen llenos de bondad, se vuelven oscuros y vacíos.

40:59 Una vez juro haberlo visto, parpadear mientras pasaba por el lado de la cabaña. Un gesto mínimo, pero lo suficientemente real como para que mi piel se erizara. Mercedes, una de las empleadas que trabaja desde que la tienda se inauguró, me preguntó si por las noches pasaban cosas raras. Yo al inicio no quise decirle lo que sucedía, pero me atreví a decirle conforme pasaban los años le confesé la tortura que es pasar las noches de diciembre. En este lugar. Ella me contó que el terreno donde está construida la juguetería perteneció a un par de ancianos. El hijo trató de desalojarlos de su hogar, pero antes de ser sacados por el amparo de su hijo. De que no podían estar solos por su edad avanzada, se contaba que los pobres viejos tomaron la puerta falsa. A los 2 años de lo acontecido.

42:02 Se construyó la juguetería en la década de los ochentas. Se cree que ellos son los causantes de que los juguetes cobren vida en la juguetería. Quizás sea verdad lo que se cuenta de la historia turbia del terreno. A partir de que Mercedes me contó eso durante los días de Navidad, tengo una veladora encendida para esas pobres almas. Aparte fui con mi amigo Guillermo, un chamán que me hizo una protección contra los espíritus que traten de seguirme cuando regreso a casa. Ya me acostumbré a que los juguetes cobren vida cada festividad decembrina. Los que no se acostumbran son aquellos que contratan. Para que me hagan compañía por las noches, pues a la noche siguiente ya no regresan.

43:00 La verdad es que esto sucede cada año en Navidad y esta fecha es una de las que esperaba con ansias cuando era niño. Pero ahora, por lo regular, trato de mantenerme alejado de este festejo, aunque debo aclarar que donde me encuentre. Siempre sucede, me llamo Abraham boca, soy de Bogotá, Colombia, pero actualmente radico en Estados Unidos desde hace ya más de 17 años. Mi madre falleció cuando yo tenía la edad de 7 años. Mis padres se habían separado, así que a la muerte de mi madre, mi papá regresó a Bogotá para llevarme con él a Estados Unidos, algo que mis abuelos maternos. Se negaban a entregarme, pero como ellos eran de escasos recursos, tuvieron que entregarme a las autoridades para que ellas decidieran mi mejor futuro. Ya a la edad de 10 años.

44:00 Note algo extraño en cada fotografía que mi padre me tomaba en las Navidades siempre estaba acompañado, aunque me fotografiara. Solo debo aclarar que esto sucede solamente en Navidad. En ningún otro día del año hay edades en que uno comienza a ver cosas, vivir, situaciones que algunos no lo hacen. Al principio pensamos que era una ilusión, algún efecto de la Cámara, pero a medida que revisábamos las fotos de cada Navidad, aquellas sombras parecían más claras. Uno de mis tíos, el más supersticioso de la familia, afirmó que esos eran los fantasmas de mis Navidades pasadas.

44:45 Presencias que regresaban cada año adheridas a mis recuerdos. Pero mi padre negó eso y dijo que no estuviera asustándome con sus supersticiones. A partir de entonces, muchos de mis familiares evitaron las cámaras durante las celebraciones. Preferían no tentarse con la posibilidad de ver aquellas figuras. Sin embargo, mi tío más anciano insistió. En que las fotografías eran recuerdos preciosos, algo que no deberíamos temer. Aunque había cierta lógica en sus palabras, una inquietud permanecía.

45:25 Las sombras en aquellas fotos no eran sólo recuerdos. Parecía que nos observaban como si no quisieran que olvidáramos algo esencial de nuestro pasado, algo oscuro que había quedado anclado en aquellas Navidades. Pero ya para los 13 años todo cambió esa Navidad, lo que significa que esta fecha ya no es importante para mí. En las fotografías que mi padre me tomaba salía la imagen de mi madre a mi lado, en otras, con su mano en mi hombro o mirándome, mi padre las guardo en una caja de zapatos Ocultándolas por un buen tiempo.

46:08 Fotos que yo no había visto hasta unos años después. Que las descubrí sin querer. Fue una Navidad en particular cuando manifesté que algunas cosas no deberían guardarse en imágenes. Aún me duele verla en aquellas fotos con su sonrisa intacta y sus ojos brillantes, como si la muerte no la hubiera arrancado de nuestro lado aquella Navidad del 2002. Pero aún así revisé aquellas fotografías. Una y otra vez, encontrando consuelo en los recuerdos de su presencia, recuerdo una fotografía en la que estábamos en casa, sentados alrededor del árbol de Navidad. Todos teníamos la típica expresión de celebración, pero algo en el fondo de la imagen me llamó la atención. Entre la sombra de la esquina vi una figura borrosa que parecía ser mi madre.

47:08 No se distinguía con claridad. Pero sabía que era ella. Tal vez era el duelo que me hacía imaginarla en cualquier lugar. Sin embargo, la situación empeoró cuando en las fotos de la Navidad siguiente empecé a ver a mis abuelos en el fondo. Mis abuelos, que había dejado en Bogotá hacía años y que desde entonces no había vuelto a ver, estaban ahí de pie, observándonos desde la esquina de la sala. Como si en lugar de estar a miles de kilómetros de distancia estuvieran junto a nosotros. Pero no eran ellos realmente, ya no con vida.

47:51 Eran espectros atrapados en una imagen, como si algo los hubiera atraído desde la distancia para observarme en silencio. Me enteré que ellos habían fallecido ya y fue cuando me di cuenta. Que los que se miraban eran sólo personas muertas y, lo que es peor, estaban por fallecer. Mi padre se casó años después y nos fuimos a vivir a una casa que estaba habitada por unos seres que hasta el día de hoy hacen compañía a la familia. Lo supe cuando también se manifestaron en las fotos que tomó dona mi madrastra.

48:31 Yo abrazaba a mi hermana joy. Ella escogió sentarnos junto al árbol navideño. Sonreí mos al momento que dona tomaba la fotografía. Cuando Donna checaba la fotografía, notó a 2 pequeños detrás de mí, sus rostros pálidos y sus ojos hundidos y con ojeras muy marcadas debajo de ellos. Donna, al verlos, se puso nerviosa y mi padre comentó que abriéramos los regalos, intentando de olvidar lo sucedido. A partir de esa noche intenté alejarme cada vez que tomaban fotografías, pues no sólo estaríamos nosotros en la imagen, sino otros más. Ahora intento no salir en las fotos de Navidad. No quiero que el recuerdo de una festividad que se espera con ansias al capturar los momentos alegres aparezcan seres que ya no están entre nosotros, por lo menos no en vida. Saludos a todos desde Reynosa, Tamaulipas, mi nombre es Teresa de la parra y lo que les contaré sucedió hace 7 años, esto porque no había Navidad, que no pasáramos en la Casa de la abuela, cada año ella sacaba sus adornos antiguos, que en estos tiempos no encuentras por ningún lado figuras que parecían observarnos.

50:02 ¿Puedo asegurarte? Que algunos con rostros que parecían vivos, pero ninguno era tan perturbador como el cascanueces. Esa Navidad, como siempre, el cascanueces se encontraba en un rincón junto al árbol con su expresión fija, observándonos con esos ojos que parecían tener vida. Estaba hecho de madera. La abuela lo trajo en uno de sus viajes al extranjero. Era una pieza antigua. Con colores descoloridos y detalles marcados por el paso de los años, ella decía que le traía buena suerte, pero cuando me acerque a él para observarlo mejor sentí que esos ojos me seguían, lo que me dejó mucha intranquilidad. Aunque era sólo una figura inanimada, se hizo más intensa cada vez que miraba en su dirección desde que éramos pequeños.

51:00 Ese cascanueces nos había causado incomodidad, pero este año las cosas eran diferentes. Mis hermanos y yo comenzamos a notar cosas extrañas desde la primera noche, cuando nos acostábamos jurábamos que lo habíamos visto en el pasillo o al pie de las escaleras. Y a la mañana siguiente ahí estaba. En su rincón, con un brillo rojo en sus ojos que parecía brillar. Y cuando pasábamos a su lado, éste nos veía de reojo. Al preguntar sobre el cascanueces, mi abuela nos contó de forma casi casual una historia que hizo que me corriera un frío por la espalda.

51:44 Decían que ese cascanueces había pertenecido a una mujer que murió misteriosamente una Navidad. Y que fue hallada junto a él con una expresión de terror en el rostro. La gente del pueblo donde lo adquirió para la abuela sólo eran personas con sus historias y supersticiones porque aseguraron que su espíritu había quedado atrapado en el cascanueces. La sola idea de tener un objeto con ese tipo de historia le pareció fascinante, así que no lo pensó y lo compró en sí. El cascanueces no sólo me parecía un adorno inquietante, pero al saber su origen me pareció más Macabro.

52:31 Aquella noche, mientras intentaba dormir, oí paso suave resonando en el pasillo. Pensé que alguien más de la familia estaba despierto, pero al salir al corredor todo estaba en penumbras, excepto por las luces navideñas que aún seguían encendidas en los adornos. Y el frío que se colaba por alguna de las ventanas abiertas. Al volver al dormitorio, miré hacia el árbol navideño desde la puerta y vi que el cascanueces estaba inclinado hacia adelante. Obserándome con esos ojos sin vida, me obligué a apartar la mirada atribuyéndolo a mi imaginación. Al día siguiente, el cascanueces apareció en el comedor. Nadie comentó nada al respecto, así que supuse que alguien lo había movido para decorar otro espacio de la casa. Sin embargo, aquella tarde, cuando bajé a tomar agua, lo encontré en el pasillo de pie, en una posición distinta y más cerca de las escaleras.

53:40 El ambiente de la casa, que normalmente estaba llena de vida en las fiestas decembrinas, parecía próxima a opacarse. No había razón para que el cascanueces estuviera allí. No era un lugar de exhibición, me acerque a él. Una vez más noté algo que me heló hasta los huesos. Sus pupilas, esos puntos negros y brillantes parecían haberse movido hacia mí observando cada uno de mis movimientos. En ese momento, mi primo aarón me habló, me espanté tanto que dio un grito, el me preguntaba si estaba bien. Le señalé el cascanueces y me preguntó si yo lo había movido, a lo que le conteste con otra pregunta, si él lo había visto moverse. El negó con su cabeza y tomó el adorno como si no pesara nada, y lo colocó en su lugar junto al árbol. Cada noche se repetía lo mismo.

54:40 El cascanueces reaparecía en distintas habitaciones, aunque me resultaba imposible ignorar el miedo que comenzaba a invadir. A los más pequeños de la casa y a la abuela parecía no importarle una madrugada. Escuche a la abuela conversar con alguien, así que despacio me acerqué, me horroricé cuando estaba cerca del cascanueces. Con él hablaba. Ella le decía que ya pronto nos iríamos y que podría andar por la casa como siempre lo había hecho. Eso me erizo la piel. No es que la abuela estuviera senil.

55:21 Ese cascanueces tenía el alma atrapada de su antigua propietaria. La abuela se dio cuenta que estaba escuchando lo que le decía a su adorno y ella me miró de una forma muy extraña que no tuve duda alguna, que la abuela sabía que algo Macabro habita en ese cascanueces. Esa fue La Última Vez que nos quedamos en casa de la abuela en Navidad. La tía reina vive con ella y no sé si aún colocan ese cascanueces en Navidad. Por desgracia, hay problemas en las familias que hacen separarse y no volverse a hablar por el resto de sus vidas.