May 12, 2026

7 HISTORIAS de TERROR de REPARTIDORES Vol. VII │ INFRAMUNDO RELATOS

7 HISTORIAS de TERROR de REPARTIDORES Vol. VII │ INFRAMUNDO RELATOS
7 HISTORIAS de TERROR de REPARTIDORES Vol. VII │ INFRAMUNDO RELATOS
Inframundo Relatos De Terror
7 HISTORIAS de TERROR de REPARTIDORES Vol. VII │ INFRAMUNDO RELATOS

📦 Descripción:Historias aterradoras de repartidores que vivieron experiencias paranormales en plena entrega. No todas las rutas terminan como deberían... Algunas esconden horrores que nadie debería presenciar.

Déjanos 5 Estrellitas y no Olvides SEGUIRNOS...

🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos

Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.

00:00 INTRO01:08 EL MONO09:58 ENTREGA EQUIVOCADA18:31 LA CRIATURA ME SIGUE27:39 EL CALLEJON DE LAS SOMBRAS34:05 SUPLENTE41:12 LA ÚLTIMA ENTREGA48:52 EL NIÑO DE LA FIESTA55:25 CIERRE FINAL#RelatosDeTerror #HistoriasDeRepartidores #TerrorUrbano #NochesDeTerror #TerrorReal #Misterio #Paranormal #Repartidores #TerrorEnLaEntrega #RelatosOscuros

0:07 Nadie piensa en los que reparten ni en los que recorren las calles vacías mientras tú cenas en casa. Hay rutas que no figuran en ningún mapa, colonias donde el silencio no es normal y puertas que nunca debieron abrirse. Muchos regresan, pero no todos regresan igual. Algunos jamás lo hacen. Estos son los relatos malditos de quienes reparten a media noche. Y tú ya hiciste tu pedido de comida a domicilio sin más. Por el momento lo invito a tomar su gran taza de café, darle un sorbo y recuerde que nunca está solo.

0:50 Quizás si escuche algún ruido en su mesita de noche. O que tocan la puerta o la abren. Y esta rechina sin ninguna explicación, puede que sea sólo su imaginación o quizás no sin más. Por el momento lo invito a ponerse cómodo para escuchar estas anécdotas de horror ocurridas a repartidores. Muy buenas noches, Inframundo, mi nombre es braulio. En los años 90 trabajé como repartidor de paquetes para una empresa conocida. Tendría en ese tiempo algunos 21 años. Todavía era soltero.

1:39 Ese se podría considerar un trabajo monótono, pero también hasta cierto punto riesgoso. Lo digo porque uno como trabajador nunca sabía en realidad lo que contenían los paquetes o con qué personas los teníamos que ir a entregar. En una ocasión me tocó llevar 2 cajas a una dirección bastante lejos de la oficina para no gastar tanta gasolina. En esos casos me mandaban en la motocicleta, como ya eran alrededor de las 6:00 de la tarde me apuré a entregar. Porque había colonias donde después de las 6:00 ya no se podía entrar porque se llenaban de pandilleros y algunos eran muy violentos. Esa casa a donde me dirigía se encontraba en un lugar bastante peligroso, manejando a buena velocidad. Pronto llegué a la dirección.

2:41 Me sorprendí un poco porque la casa se encontraba en verdad en muy mal estado. Estaba construida de viejas cadenas y láminas ya podridas por el paso del tiempo. Pensé que quizás estaba mal la dirección porque todo parecía abandonado. Estaba la hierba crecida y había mucha basura. Como no tenía vecino cerca, no le podía preguntar a nadie. Dudando un poco me puse a tocar con fuerza porque ya me urgía hacer la entrega. Para que no se me hiciera noche, pasaban los minutos como no salía nadie y aprovechando que la cerca se encontraba igual de destruida que toda la vivienda, hice algo que no se tenían prohibido. Me metí al terreno por un pedazo de cerca que ya se encontraba tirada en el suelo al dar los primeros pasos. Miré que frente a la puerta estaba tirado en la Tierra un pequeño mono bastante extraño.

3:47 Me llamó mucho la atención. Lo levanté, pero no tuve tiempo de revisarlo, sólo que era de color café. Primero estaba el trabajo, lo eché a la bolsa de mi pantalón total, estaba tirado y sucio. Llamé en repetidas ocasiones e incluso hice por abrir la puerta, pero. Estaba atrancada, grité varias veces con la esperanza de que alguien me escuchara como nadie. Salió ahí. Dejé los paquetes recargados en la puerta para estar seguro de que esa casa estaba habitada. Me asomé a su interior por una de las ventanas que, por cierto, tenía sus cuatro vidrios rotos.

4:32 Como ya estaba por oscurecer adentro, todo era sombrío y estaba en completo silencio. Busqué otra ventana e igual me asomé para mi asombro. En ese cuarto había un enorme altar lleno de imágenes y veladoras encendidas. Me le quedé mirando porque estaba dedicado a la santa Muerte. Tirados en el piso estaban algunos animales sin vida. Yo no entendía de esas cosas, pero parecía un lugar de sacrificios. Aunque ahí tampoco había alguien, se podía sentir una presencia, ya no quise averiguar más.

5:12 Entonces me apuré para salir de allí. Me Subí a la moto antes de acelerar algo, me dio por voltear a la Casa y pude ver asomándose por la ventana a una mujer vestida de negro. Ya no me detuve. Total, ya había dejado los 2 paquetes. Aceleré, pero de reojo alcancé a ver que la mujer salió corriendo. De hecho lo hizo hasta la calle. Estaba tan pobre el lugar que no creí que hubiera un teléfono con que pudiera reportarme esa señora por haberme metido a su propiedad sin pedir permiso. Cuando salí de esa colonia me sentí aliviado y me fui deprisa rumbo a la oficina.

5:59 Por el camino sucedieron cosas extrañas. Aunque era muy común que me ladraran los perros, en esa ocasión aullaban al mirarme pasar, otros corrían espantados como si trajera un mal. Además, sentía que esa mujer, la de la casa, venía detrás de mí. Por eso volteaba constantemente, pero no veía a nadie. Al llegar a mi casa ya pasaban las 8:00 de la noche. No entendía por qué, pero me sentía tan cansado que esa vez me acosté a las 10:00. A la mañana siguiente me levanté con la sensación de haber tenido pesadillas, pero no las recordaba.

6:45 Cuando almorzamos me dijo mi hermana que había escuchado paso durante toda la noche, además de sentir una presencia que deambulaba por toda la casa. Ese día pude realizar mi trabajo con alguna dificultad. Porque me sentía muy mareado. De hecho, estuve a punto de caer de la moto en un par de ocasiones. Ya por la noche, el que escuchó pasos y voces fui yo por debajo de la puerta alcancé a ver una luz que pasó lentamente. Me levanté tambaleante y sin miedo abrí la puerta. Lo único que alcancé a ver fue una muy parecida a aquella señora.

7:27 La dueña de la casa donde había visto el altar los siguientes días. Así fueron. Miramos y escuchamos cosas que de verdad eran extrañas. A pesar de que cada día me sentía peor, me presentaba a trabajar y así como estaba repartía los paquetes. En una plática con unos compañeros les conté lo que me había sucedido y lo que pasaba en la casa, sobre todo por las noches. Fueron ellos los que me dijeron que tal vez quien andaba en mi casa era aquella mujer. Seguramente era una bruja y buscaba el mono que me había llevado de su propiedad. Me recomendaron ir a devolvérselo para ver si así me dejaba en paz.

8:18 La verdad, no me pareció mala idea. Además, nada perdía comprobar. Lo que me daba miedo era enfrentarme con ella. Entonces decidí pasar por enfrente de su casa en la moto y nada más aventarle el mono en su terreno. Esa misma tarde me animé a hacerlo. Me fui a la Casa por el Mono, pero para mi sorpresa no estaba donde yo lo había dejado guardado. Después de mucho buscarlo, lo encontré debajo de mi colchón. Además, ya no era de color café. Estaba completamente negro, como si se hubiera quemado.

8:59 Es más, olía mucho a carbón. Serían como las 7:30. Cuando salí de mi casa, por más rápido que le di a la motocicleta, llegué a esa colonia a las 8:00. Me acuerdo que me paré a unos 50 m porque vi a la señora que estaba parada en la cerca, volteando para todas partes. Llegué a pensar que quizás me estaba esperando en un momento que entró a su casa aceleré pasé por enfrente y aventé el mono con fuerza. No sabría cómo explicarlo, pero en ese momento sentí que me liberé de un peso y una opresión que ya tenía por varios días en el pecho.

9:44 A partir de esa noche en mi casa no se volvió a ver ni a escuchar nada. Ni voces, ni pasos, ni siluetas. Todavía trabajé como repartidor varios meses más, pero nunca me volví a meter a ningún terreno y mucho menos agarrar algo de las casas. Buenas noches, comunidad. Esto me sucedió cuando fui repartidor en una conocida pizzería en mi ciudad. Fue en el año 2000 cuando me tocó llevar 3 pizzas a una colonia muy cerca de río Bravo.

10:29 Recuerdo que me apuré a llegar para no tener problemas con el cliente por la tardanza, esquivando autos y espantando perros, me fui buscando la dirección que me dieron en la sucursal. Por el número que me habían dado ahí al llegar vi que era un gran baldío. Me puse de mal humor porque no era la primera vez que me pasaba. Lo que me molestaba era que quien tomaba los pedidos era todo lo que hacía. No se ponía a investigar y lo hacía mal. No me di por vencido. Comencé a buscar un poco más adelante batallando, pero logré dar con la casa.

11:14 Aunque no concordaban algunos detalles, para entonces ya iban a dar las 8:00 de la noche. Entonces prácticamente ya estaba oscuro toque y a los pocos segundos apareció una joven mujer. Salió de la casa y caminó hacia mí. Lo extraño en ella era que vestía de blanco, pero toda su vestidura se encontraba salpicada de un líquido rojo. Poco a poco se fue acercando. Noté que caminaba de una manera muy rígida. Se paró frente a mí sin quitarme la vista de encima. A pesar de que ya estaba oscuro, pude ver que esa mujer estaba muy pálida. Yo, sin tomar en cuenta los detalles, amablemente le dije que era el repartidor de pizzas.

12:05 Ella pareció no escucharme. Pasaban los segundos y la mujer no dejaba de verme. Le volví a decir que era el repartidor y le dije al costo de las 3:00 pizzas. Como parecía que no me entendía, le pregunté si le podía hablar a alguien más para que las recibiera. Se tapó la cara con las 2 manos y comenzó a llorar desconsoladamente. Comenzó a decirme que le habían quitado la vida. Yo, sin saber que hacer, volteaba para todas partes. Le dije que tenía prisa, que si por favor me podía recibir las pizzas.

12:47 Como no reaccionaba la verdad, creí que era una persona retrasada de sus facultades mentales. Le pedí que fuera a hablarle a alguien más. En lugar de retirarse. La mujer dio unos pasos más hacia mí luego de unos segundos. Se quitó las manos de la cara y se comenzó a reír de una manera muy rara. Nada más de verla actuar de esa forma ya me daban escalofríos. De pronto se dio la media vuelta y pude ver una gran mancha roja en toda su espalda. Caminando despacio. Se metió a la casa como se pasaban los minutos y no aparecía. Nadie volvía a tocar de nueva cuenta. Volvió a parecer la misma mujer, ya desesperado porque se hacía tarde y pensando que era una broma de mal gusto. Me cruce de brazos para mostrarle mi disgusto, pero a la mujer parecía no importarle cuando le faltaban algunos 2 m para llegar, me di cuenta que traía un cuchillo en la mano e iba a montar en la moto para salir a toda prisa de ahí. Cuando salió un señor a preguntarme qué necesitaba, le grité que era el repartidor porque la mujer no dejaba de avanzar hacia mí.

14:13 Luego, otra vez comenzó a decir que le habían quitado la vida. Por otra parte, el señor, en tono molesto, me gritó que lo esperara. En eso llegó la mujer hasta donde yo estaba. Y comenzó a balancear el cuchillo de un lado a otro. Me repetía una y otra vez que me fuera que ellos la habían asesinado. Por precaución. Di unos pasos para atrás. En eso salió un hombre mucho más alto. Venía mal encarado y con una voz grave. Me preguntó con malas palabras que quería.

14:55 Mientras le explicaba que sólo pretendía entregar unas pizzas, la mujer apuntaba con su dedo a ese hombre y me decía que le quitó la vida. De pronto, el señor Sacó un arma y me apuntó en la cabeza. Me acuerdo que por unos segundos cerré los ojos al abrirlos de nuevo. La mujer había desaparecido. Salió el hombre riéndose. Se acercó y aprovechándose que me tenía encañonado, agarró las 3 pizzas y se metió a la casa. Me dijo que eso me pasaba por meterme donde no me llamaban. Sin dejar de apuntarme el hombre de la pistola revisó mi mochila y se quedó con todo el efectivo.

15:42 Con malas palabras, además de unos golpes, me gritó que ya me fuera y que si me volví a ver por ahí lo iba a lamentar. La verdad, al escuchar eso me volvió el alma al cuerpo. Monté la moto y me retiré despacio mientras seguían apuntándome. Cuando llegué a la sucursal, el gerente me llamó la atención porque el cliente se había quedado esperando las pizzas todavía pálido por el susto. Le enseñé la dirección que me habían dado y le conté lo que me había sucedido por ir a un lugar equivocado en esa ocasión. ¿Regañaron, a quién hacía los pedidos?

16:24 A mí me dieron una compensación de cualquier manera. Esa fue la última noche que trabajé en ese lugar. Al siguiente día renuncié por miedo a que esos hombres me fueran a encontrar en la calle mientras repartía. Parece que aquí termina mi historia, pero no es así. Esa muchacha vestida de blanco comenzó a aparecerse en mis sueños. Siempre me decía lo mismo que en esa casa le habían quitado su existencia. Después de unos días de ese suplicio, las cosas empeoraron porque se me empezó a aparecer por las noches entre la oscuridad de mi cuarto. Siempre me decía lo mismo, lo que le habían hecho esos hombres.

17:13 Yo ya no podía más, pero no sabía a quién recurrir. Un día le platiqué a un amigo. Y él me llevó con una persona que tenía algunos conocimientos sobre lo paranormal, primero para que me quitara el susto, luego para que me aconsejara que se podía hacer y así librarme de todo eso después de hacerme una limpia. Su Consejo fue que pusiera una denuncia ante las autoridades. Tal vez harían caso, encontrarían el cuerpo de la mujer. Ella podría descansar en paz y así dejaría de aparecérseme.

17:55 Lo hice, pero de manera anónima, la verdad, me daba miedo que me detuvieran a mí. No estuve al pendiente de las noticias, pero seguramente pronto la encontraron porque 2 noches después los sueños se terminaron y las manifestaciones también. Esto ha sido lo único terrorífico que me ha pasado. Siendo repartidor, eso sí, fue lo suficientemente fuerte para que nunca se me olvidara el miedo que me dio esa experiencia. Gracias por escucharme. Buenas noches Alejandro.

18:45 Durante 2 largos años de mi juventud fue repartidor de comida rápida. A mí me pasaron muchas cosas que hoy puedo contar. Me asaltaron una vez, tuve varias mordidas de perros, hubo ocasiones que no me pagaron la entrega, en fin, me tocó vivir entre todo como andaba en la calle, miré muchos accidentes, también a mí me pasó, me tumbaron de la motocicleta, de hecho me quebré un brazo. Tuve pleito con algunos automovilistas o algunos clientes que se quejaron de mí y me reportaron. Pero eso sólo es parte de ser repartidor.

19:29 El peligro fuerte, por decirlo de algún modo, está en los lugares que visitamos. Es ahí donde te puedes encontrar una situación agradable o una experiencia que te puede dejar marcado, como me sucedió a mí. Por eso cuento esta historia. Existen muchas situaciones al respecto hoy. Les comparto una de las que tiene que ver con lo paranormal. Una tarde llegué a unos departamentos a dejar un pedido. Por buena suerte, ese día era el último día de ese viaje. Lo digo porque tuve que dejar la moto por unos minutos, porque la dirección se encontraba en el tercer piso de ese edificio.

20:16 Entre buscando las escaleras, mi intención era entregar y regresar rápido porque apenas empezaba el horario fuerte de entregas y había que aprovechar el lugar. A pesar de ser una especie de multifamiliares, se encontraba muy silencioso. Era extraño porque por lo general se escuchaban los gritos de los niños o el pleito de las parejas. Subí apurado al segundo piso. Todo se encontraba igual. Volteé para un lado, luego para el otro. Todo estaba en silencio. Tuve una intuición que me decía que algo podría pasarme.

21:00 Llegue al tercer nivel. Me fijé para donde corría la numeración y caminé por un largo pasillo hasta llegar al final. Toqué en el departamento que buscaba. Poco a poco se fueron pasando los segundos. Pero nadie me abrió. De hecho, no se escuchaba ningún ruido adentro. Como insistí hasta en 3 ocasiones, de pronto escuché la voz de un hombre del otro lado de la puerta preguntó quién era. Le contesté que llevaba un pedido de comida. Entonces abrió un poco la puerta para asomarse, sólo hasta donde le permitió la cadena de seguridad. Me observó con detenimiento por unos segundos. Luego cerró la puerta, escuché que le quitó la cadena y abrió. Lo primero que hizo fue asomarse al final del rumbo a las escaleras e incluso volteo al techo. Lo miré preocupado de nueva cuenta, le pregunté si pasaba algo malo.

22:04 Lo primero que dijo fue que andas haciendo aquí, muchacho, ya habíamos hablado para cancelar el pedido. Salte del edificio de una ve, chinga, me pago, agarró la comida y antes de que cerrara la puerta le pregunté que estaba pasando. Me miró un momento, me dijo que no me debería de decir eso, pero que lo hacía para que tuviera cuidado. Según él, en el edificio vivía un brujo que cuando hablaba con el diablo se transformaba en un animal espantoso y grotesco. Generalmente estaba en su departamento cuando eso le sucedía.

22:46 De ahí salían gritos horribles y gruñidos, pero en ocasiones se salía deambular por los pasillos convertido en esa criatura, aunque no hacía nada. Eso asustaba a los inquilinos. Antes de cerrar la puerta me recalcó que tuviera cuidado porque al parecer el Grupo andaba caminando por todo el edificio convertido en perro. En ese momento, en lo único que pensé fue en lo extraño que puede ser. La gente no estaba para perder el tiempo en cosas así. Di unos pasos mientras revisaba el dinero. Al levantar la vista, miré que había algo raro precisamente.

23:31 ¿A dónde iba? En las escaleras se asomaba la cabeza de un perro. Lo que no me parecía lógico era que las escaleras daban hacia abajo y esa cabeza se elevaba más de 2 M. Me detuve porque ese animal me estaba mirando fijamente. Lo primero que pensé fue que era una broma. Tal vez era alguien con una máscara, pero después sentí un escalofrío al pensar la posibilidad. De que fuera cierto lo que me dijeron del brujo. En mi mente comencé a atar cabos. Quizás por eso no había gente ni ruido en todo el edificio. Aquel perro o lo que fuera esa cosa no dejaba de mirarme. La verdad, no sabía qué hacer.

24:23 Si decidí atacarme no tenía para dónde correr. Si tocaba en uno de los departamentos, seguramente no me abrirían. Por suerte, pasando un rato, la cabeza del perro fue retrocediendo hasta que ya no la vi más. Caminé con cautela rumbo a las escaleras, porque tampoco me podía quedar mucho tiempo. Ahí iba nervioso, mentirías y aseguro lo contrario, me daba pendiente que allí estuviera ese animal. Agazapado y Esperándome. Llegué a las escaleras y con cuidado lo comencé a buscar, al igual que lo hizo el señor.

25:05 Aquí le entregué la comida y revisé hasta el techo. Como no había nada, comencé a bajar. Siempre cauteloso, cuidándome sobre todo la espalda. Ya en el segundo piso tuve un poco más de cuidado porque se escuchaba un sonido muy parecido a un gruñido. Iba a bajar al primer piso cuando de nueva cuenta volví a ver a ese perro. No lo podía creer, pero ese animal caminaba en 2 patas como si fuera un humano. Ahora me daba miedo bajar. Tal vez a los habitantes del edificio no les hacía nada el brujo, porque ya los conocía, pero a mí me podría considerar un intruso o hasta una amenaza y por eso echarseme encima. Después de unos minutos, la verdad, los sentí larguísimos, dominando mis nervios.

26:02 Comencé a bajar las escaleras, tenía que hacerlo, ya solo me faltaban unos cuantos escalones y saldría corriendo de ahí. Eso sí, lo podría jurar. Jamás volvería a ese edificio. De pronto pisé el sueldo del primer piso. La puerta me quedaba a unos escasos 4 M. Aún así, no avancé hasta estar seguro de que no había nadie. Salí sin voltear atrás, me monté en la motocicleta y salí prácticamente huyendo de allí. Era extraño, pero no sentí que me hubiera quedado aterrado por ver una criatura como esa.

26:46 Tampoco tuve pesadillas por las noches. Pero a partir de ese día algo pasó en mí. Hasta la fecha me siento acechado por alguien, aunque nunca he visto a nadie. Yo sé que es ese brujo transformado en animal. Lo puedo sentir. Ya han pasado algunos años durante los cuales consulté con un psicólogo. Ya me he hecho limpias rituales de liberación de todo. Y nada me funciona. Nunca más he visto a ese perro, ni siquiera se me ha figurado verlo nada, pero puedo asegurar que siempre ando detrás de mí siguiéndome como a una presa. Saludos a todos.

27:43 Empiezo por decirles que nunca he sido supersticioso. Pero eso cambia cuando a uno le sucede una situación inexplicable. Mi nombre es Ramón peñañuri. Corría el año de 1998. En ese tiempo estudiaba y los fines de semana trabajaba en un restaurante. En ocasiones lo hacíamos caminando o si eran más lejos, las entregas eran en bicicleta. Cabe aclarar que. El restaurante en ese tiempo solo daba entregas a domicilios a clientes. En específico, el lema de donchuy era no exponernos a peligros como asaltos o accidentes, cómo ser arrollados o golpeados para quitarnos las bicicletas. Así que nuestras entregas eran en la misma colonia, excepto una cliente que quedaba a unos 20 minutos del restaurante. La verdad es que ninguno queríamos ir a dejar el pedido. A pesar de que la cliente daba muy buenas propinas, la señora vivía hasta el final de un callejón. Aquí si se aplica eso del sin salida, ya al final de este se encuentra una enorme barda.

29:02 Este callejón es conocido como el callejón de las sombras. Se cuenta que. En ese callejón desvivieron a una mujer que se dedicaba a vender las caricias. No se sabe si fue un cliente o el padrote que la manejaba. El caso es que encontraron el cuerpo sin vida de la mujer, completamente desnuda y con un corte del lado al lado de su garganta, así como varias heridas de arma blanca por todo su cuerpo. Y no sólo eso. Pareciera que ese callejón fuera un imán para los malhechores, ya que después de la muerte de esa mujer comenzaron a aparecer cuerpos que iban y dejaban envueltos en sábanas o cobijas.

29:50 Lo más cruel es que hasta bebés no deseados comenzaron a dejarlos junto a los botes de basura. Eran alrededor de las 9:30 cuando don Chuy me pidió llevarle el pedido a la señora del callejón. ¿Sentí un retortijón en mi estómago de nervios y miedo, pero cómo decirle que no a un buen patrón? Opté por no llevarme la bicicleta. Pues sí, tenía que salir corriendo de ahí, así que me fui caminando y media hora después ya estaba caminando por ese callejón que en algunas partes estaba oscuro. Unas cuantas luces se veían en algunos pórticos.

30:31 Y el del final del callejón, que era el de la clienta. Comencé a sentirme nervioso y las piernas las sentía pesadas por el miedo que comenzaba embargarme. No sé si me sugestioné, pero me sentía observado como si alguien caminara detrás de mí. Llegué y toqué la puerta y todavía se dio el gusto. La señora de Tardarse en recibirme el pedido me pagó y me dio la propina. Comencé a caminar para salir del callejón, pero nuevamente sentí lo mismo que cuando entré en el. Pero la situación cambió para mal. Escuché la voz de una mujer a mi espalda. Me llamaba con una voz muy seductora. Volteé para buscar a la dueña de esa bella voz. Pero en el porche de una de las casas sólo se miraba una sombra oscura.

31:27 Aquella mujer salió de las sombras del pórtico. Y estaba completamente desnuda, con una piel muy blanca. Pero esa belleza se volvió grotesca, pues se le notaban varias heridas en su cuerpo. Un líquido negro emanaba de sus heridas. Lo peor vino cuando echó su cabeza hacia atrás y mostró la herida en su cuello. Pareciera que todos los demonios. Se hubiesen hecho presente en el callejón porque de todos lados se veían sombras amorfas en las ventanas de las casas, en las paredes, deterioradas como si huyeran, intentando esconderse, alargándose, queriendo atrapar a quien perturbo su tranquilidad o quizás buscando a quienes los desvivieron, a pesar de mi miedo, como pude salir del callejón.

32:23 Volteando hacia atrás con el temor de que alguna de esas sombras me hubiese seguido. No les miento. Me fui llorando por todo el camino hasta que llegué al restaurante. No sé en qué estado llegué porque todos los empleados me veían preocupados. Donjuy me dijo que ya no iba a mandar a ninguno de nosotros a casa de la Clienta, pues yo era el único que regresaba con ese semblante de terror. Al día siguiente fui al callejón. Nada que ver con lo horrible que se ve de noche. Me acerqué a la Casa de la Mujer que asesinaron y que fue la que había visto la noche anterior.

33:08 La casa estaba en ruinas. Muchas de las fachadas se veían deterioradas como si nadie viviera en ese callejón. Lo extraño era que solo el de la señora que. Su hogar estaba pintado y con muchas macetas en el pórtico. Trabajé por 2 meses más en el restaurante. La señora dejó de hacer los pedidos, y es que hasta don Chuy se aventuró por ese callejón de las sombras, pero el pobre viejo enfermó y no se recuperó. A los 3 días falleció el restaurante ya ni fue el mismo. La mayoría nos fuimos y los nuevos empleados no duraban. Hasta el día de hoy hasta el restaurante de Donchuy permanece en ruinas.

33:56 Nadie como él para darle el sazón a cada uno de sus platillos. Saludos a toda la comunidad de Inframundo. Mi nombre es mariela palacios. Soy dueña de una panadería y repostería en mi Natal Tabasco. Mis bisabuelos son los que iniciaron en el negocio. Ellos eran emigrantes venidos de España. Llegaron con muchos de sus conciudadanos, esto por la guerra civil española. Mi abuela cuenta que su madre tenía la esperanza de regresar un día a su país Natal, algo que nunca sucedió ellos. Al igual que sus hijos y la descendencia de su familia, están descansando en algunos de los tantos cementerios que aquí se encuentran.

34:56 Hay historias muy viejas en mi familia, algunas con lo paranormal traídas del Viejo Continente, otras durante el viaje en barco que se contaron, otras más recientes, como ver al bisabuelo en los hornos de la panadería. Pero esas son historias que con gusto se las contaré en otra ocasión. Pero hoy quiero compartirles una experiencia que tuve cuando yo misma fui la suplente en una de las entregas a domicilio. Eran alrededor de las 7:00 de la tarde, ya estábamos por cerrar. Los repartidores ya habían guardado las motos en la trastienda.

35:39 Un pedido había quedado pendiente. Nadie nos habíamos dado cuenta de ello. Fue cuando mi hija América me llamó para decirme que ella había tomado el pedido y se le había olvidado enviarlo. Pensé en llamar y disculparme con el cliente, pero cuando me di cuenta que era una señora de unos 80 años y que no podía salir de su apartamento, no me quedó de otra que yo misma, llevar el pedido. Llame para decirle que la entrega sería el cierre de la panadería, pero la señora no contestaba mi llamada, la verdad estaba indecisa, si ir o no a la entrega total que Subí la bolsa con el pan, pues no perdería mucho tiempo, ya que me quedaba de pasada para ir a mi casa, el domicilio que daba varias calles de la panadería.

36:37 La verdad es que por unos momentos dudé si estaba bien o no la dirección. Ya no llamé a mi hija para asegurarme de que habían anotado bien la dirección. Cuando llegué me di cuenta que era una casa que tenía un muy extraño aspecto, muy anticuado, muy desgastado. La reja que tenía enfrente ya estaba muy oxidada, aparte que había mucha maleza y basura. Se notaba que nadie había abierto esa puerta en décadas, no había timbre, así que comenzó a golpear la puerta para que la señora Saliera a recoger el pedido. Me asomé y en el interior de la casa se veía luz. Una lámpara encendida.

37:22 A pesar de la luz, en el interior no se veía movimiento alguno de salir. Pasaron como alrededor de unos 10 minutos y estaba a punto de retirarme. Cuando de pronto se escuchó el rechinito de la puerta, ese rechinito que te hace que la piel se te ponga chinita de miedo, saludé y le di las buenas noches a una señora de la tercera edad, no me contestó y mientras se acercaba noté que no hacía ruido al caminar. Les comento esto porque como les dije en un principio, había mucha basura y maleza cuando la señora ya estaba muy cerca. La anciana era de rostro muy serio. No había amabilidad en él, no tenía expresión alguna. Dió un paso hacia atrás, pues la anciana se veía muy extraña, sus ojos hundidos y unas ojeras muy marcadas. Su rostro se veía cadavérico.

38:23 La mujer permanecía en completo silencio del bolsillo de su bata, sacó un billete y me lo entregó. Tomó la bolsa del pan. Y se dio la media vuelta y entró a su casa. Al hacerlo, la única luz encendida se apagó dejando todo en penumbras. La situación de por si fue muy extraña y el frío que me caló hasta los huesos. Metí el billete en mi pantalón y me retiré la extraña sensación de intranquilidad, como si algo no estuviera bien. Llegué a casa y aún sentía mucho frío. Mi mano derecha me dolía mucho. Mis dedos se veían ennegrecidos, como si faltara circulación de la sangre. Por más intentos que hice para que se me quitara, no pude. Toda la noche me la pasé sobándolos, pues me dolían mucho antes del amanecer.

39:20 Mi esposo metió mi mano en agua muy caliente. Pregunto que me había sucedido. La verdad es que no había hecho algo para que ésta tuviera esa tonalidad. Y me doliera tanto. Sería alrededor de las 8:00 de la mañana cuando mi mano comenzó a verse diferente, como si no le hubiese pasado nada. Esa mañana no fui a la panadería, recordé el dinero y fui a buscar el pantalón. Me quedé atónita al ver el billete. Era del año de 1985. Una sor Juana ilustrada en el. Un billete que tiene décadas fuera de circulación.

40:02 Tomé mis llaves y salí a la Casa de la anciana de día. Todo se veía diferente, las ventanas no tenían vidrios, las paredes con grafitis. Estaba por retirarme. Cuando un joven se me acercó y me preguntó que se me ofrecía, le pregunté por la dueña de la casa. El muchacho me dijo que la señora de nombre Magdalena. Había fallecido desde hacía ya más de 30 años. Nadie duraba en esa casa, tenía ya mucho en Estado de abandono ni regalada la quieren, terminó diciendo. Yo le di las gracias y me fui a la tranquilidad de mi hogar.

40:43 No se lo había contado a nadie con esta experiencia. Si llegan las 6:00 de la tarde y no hay pedidos, no permito que mis repartidores salgan a deshoras. Así como tampoco hagan pedidos faltando poco para el cierre. Ya no he vuelto a ser suplente de ninguno de los repartidores. Prefiero cancelar que volver a tener otra experiencia como la de aquella noche. Saludos a todos desde Nogales, Sonora. Mi nombre es Martín Otero.

41:23 Le comento que durante 3 años trabajé como repartidor para un restaurante de comida China. Para mí era un empleo sencillo, aunque no exento de momentos extraños e incómodos, pero nada se comparó con la experiencia que me llevo a dejarlo para siempre. Todo comenzó con una llamada alrededor de las 4:00 de la tarde. El pedido lo hacía una mujer de voz temblorosa. No sé si era por la edad o porque a dónde iban a llevar su pedido no lo tomarían. La señora pidió varios platos tradicionales. Lo raro no fue el pedido en sí, sino la dirección. ¿Un cementerio?

42:09 Al principio creí que se trataba de una confusión con la dirección o una broma, pero la mujer insistió en detallar el sitio exacto. Era la dirección de un panteón antiguo. Hacia el fondo, junto a un ciprés grande y un Banco de Piedra, la señora Dios, Santo y seña de la Tumba. Mis compañeros intentaron advertirme. Decían que la señora era conocida en la zona, que se negaba a aceptar la muerte de su único hijo fallecido años atrás. La veían pasar tardes enteras junto a la tumba, hablando sola, colocando un mantel en el suelo.

42:50 Y sirviendo la comida como si alguien más estuviera allí para compartirla, se había vuelto costumbre para ella y un secreto silencioso para el personal del cementerio. Acepté hacer la entrega impulsado por mi juventud y también por curiosidad, tal vez por no querer parecer cobarde ante mis compañeros. Puse el paquete asegurado en la caja trasera de mi moto y salí rumbo a la dirección. Ya me estaba acercando y algo en mi interior me decía que diera la media vuelta y me largara. Pero ya saben cómo son estos restaurantes de comida China, me lo iban a descontar 3 veces del costo del paquete. Al llegar el lugar parecía abandonado, esto porque la entrega sería en la parte trasera. Las rejas descascarilladas con poca pintura, crujieron cuando las empujé para entrar.

43:50 No se oía nada, ni siquiera los insectos, ni ramas secas moviéndose, ni pasos lejanos de visitantes. En el panteón todo permanecía inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido. Caminé despacio, entre lápidas y estatuas de ángeles y santos, que parecía que me veían con esos ojos de mármol. La encontré tal como me lo habían descrito, sentada junto a una tumba sobre un mantel blanco con varios recipientes alineados a su alrededor. Había platos vacíos y otros con postres, todos colocados como en un pícnic familiar. Frente a ella, una lápida adornada con flores frescas y una fotografía de un niño sonriente al verme. Se levantó con una expresión de alegría, extendió las manos, recibió la bolsa y me indicó con un gesto que debía seguirla. Dudé al inicio, pero quería saber qué era lo que la señora iba a hacer.

44:58 Con una mezcla de ternura me tomó de la mano y me jaló para seguirla. Me llevó hasta el borde de la sepultura y con naturalidad señaló un punto en la Tierra. Como si esperara que yo colocara ahí uno de los platos. Mi piel se erizó. Intenté no reírme, convencido de que era una broma de mal gusto, pero ella se mantuvo inmóvil, esperando coloque el envase, donde me indicó junto a un pequeño juguete cubierto de Tierra. Quise irme enseguida, pero la mujer sacó su teléfono y empezó a hacer otra llamada allí mismo. Junto a la tumba, la señora Hablaba con algo inexistente para mí, algo que yo no veía, pero sentí pena por ella. Me pago y me dio las gracias y la bendición. Caminé a la salida, volteando hacia atrás para ver a la señora.

46:00 Mire a uno de los sepultureros y me saludó con una sonrisa. Le comenté que la señora estaba algo tocada. Que hablaba sola y su comportamiento era extraño. El hombre, sin expresión en su rostro, me comentó que siempre en esas fechas visitaba esa tumba. Se pasaba horas allí sentada hablando con el alma de su muchacho, me retó que si no era un miedoso, me diera la vuelta antes de las 5:00 de la tarde, hora en que la señora se retira de allí. Nuevamente mi curiosidad me impulsó a regresar al Panteón. Eran alrededor de las 4:30 cuando llegué, me acerqué despacio, la escuché hablar y esta vez estaba acompañada con un jovencito no mayor a los 12 o 13 años. Su camisa azul se veía sucia y desgastada, su complexión delgada, su cabeza parecía más grande que su cuerpo. Falta de cabello, en algunas partes de esta me acerqué demasiado y estaba a punto de saludar. Cuando me detuve abruptamente, El Niño volteo y su rostro era más una calavera.

47:17 Estaba casi descarnado. Sentí como me oriné en mis pantalones del miedo al ver aquel espectro. Sentí un zumbido en mis oídos, la voz lejana de la señora. Advertí que en cualquier momento me iba a desmayar. Me tuve que sentar sobre una tumba para no caer todo a mi alrededor. Se volvió oscuro y cuando desperté ya era de noche. Salí como alma que lleva el diablo y para variar, tuve que regresar caminando a mi casa porque hasta la moto me robaron. Mi madre me tuvo que llevar para que me curaran de espanto. Pues comencé a perder peso y casi quedaba en los huesos todo por andar de Fisgón y andarme, metiendo en lugares que de día o de noche hay manifestaciones.

48:10 Esa fue mi última entrega como repartidor renuncié poco después cambié de ciudad, de oficio, de vida, pero aún de vez en cuando, en noches especialmente calladas, vuelvo a recordar aquel mantel blanco extendido sobre la Tierra. Los platos ordenados y la mirada fija de una madre que nunca quiso aceptar la partida de su hijo porque algunos lazos me di cuenta, no se rompen ni siquiera con la muerte, pero lo que más me atormentó fue ver aquel espectro del niño mirándome fijamente. Muy buenas noches a toda la audiencia de Inframundo, relatos.

49:02 Soy seguidor de tu canal desde el año 2019. Mi nombre es David Pinto. Mi historia sucedió en los ya muy lejanos noventas. Lo que les voy a contar me sucedió un sábado por la tarde de esos en los que eran especiales para las fiestas infantiles en locales. Adornados con las figuras de las caricaturas de aquellos años, yo trabajaba como repartidor los fines de semana en una pizzería de barrio. De esas con un enorme letrero en el techo del auto. Una rebanada de pizza gigante que parecía ridícula cuando pasabas por calles.

49:46 Sí, ridícula, pero era emocionante ver la cara de los clientes de emoción porque su pedido había llegado. Ese turno había sido tranquilo hasta que hicieron un pedido de varias pizzas grandes para una fiesta infantil. La dirección no quedaba lejos, así que cargué las cajas, acomodé todo en el asiento trasero y salí cuando llegué al lugar. Lo reconocí enseguida. Era un pequeño local que solían alquilar para fiestas, con globos atados en la entrada y luces de colores dentro desde la calle. Se escuchaban risas, Música infantil y gritos de niños corriendo de un lado a otro.

50:30 Se veían los dulces, confeti, la piñata con la figura de alguna caricatura que era la de moda en esos años. El pastel y refresco derramado en piso era lo que uno encuentra en las fiestas de los pequeños. Apagué el motor y bajé con las cajas. En la entrada, aferrado a la reja, estaba un niño que no se parecía en nada a los demás. Su piel era tan pálida que contrastaba con todo lo que lo rodeaba, como si la luz del sol nunca le diera de tan pálido. Parecía enfermo. Tenía el cabello Lacio y rubio, sus ojos completamente negros, sin el brillo característico de la inocencia infantil. No había alegría en su rostro ni emoción. Ni curiosidad.

51:24 Sólo una expresión triste, como si llevara tiempo parado en ese mismo sitio. Pensé que ese pequeño no la estaba pasando bien en esa fiesta, pero que con una rebanada de pizza entraría al quite con los demás niños. Déjenme decirles que eso no era lo extraño, así como tampoco su apariencia, sino que los otros niños no parecían notarlo, jugaban a su alrededor. Corrían, se perseguían y ni uno solo se detenía a mirarlo. Tocarlo con El juego de la roña era como si no existiera. Pasé junto a él, las cajas me cubrían un poco la vista y por un momento sentí su mirada.

52:09 No supe si fue frío de la tarde lo que sentí o sólo una sensación rara en el estómago, como cuando uno sabe que algo no está bien pero no sabe qué es. Dentro, los adultos estaban ocupados repartiendo refrescos y organizando juegos, tomando fotos. En fin, me pagaron rápido, ni siquiera revisaron el pedido y salí de nuevo. No pude evitar buscar al pequeño. Al salir me detuve en la puerta fingiendo contar el efectivo. Miré hacia el área de juegos entre los que bailaban cerca de las mesas. Nada.

52:51 Ni rastro. Lo que sucede es que me causó ternura el pequeño y quise despedirme. Obsequiándole uno de los juguetes que regalábamos cuando regresé a la pizzería, la cajera me preguntó cómo había estado la entrega. Le conté lo que vi. Esperaba una risa, algún comentario sobre de que así hay niños que se apartan y no socializan con los demás. Me hizo una señal para que me acercara a ella y bajo un poco la voz y me dijo algo que todavía al recordarlo, me pone la piel de gallina. Años atrás, en ese mismo local, durante una fiesta parecida, había ocurrido una tragedia.

53:37 Un niño había desaparecido en plena celebración. Nadie lo vio salir, nadie supo que pasó, lo buscaron durante días, revisaron cada rincón del vecindario. Los parques cercanos, los lotes vacíos, pero no encontraron nada. El caso quedó sin resolver, según contaban algunos vecinos. Desde entonces, en ciertas fiestas alguien decía haber visto a un niño extraño, solo apartado con la misma expresión triste. Los niños nunca interactuaban con él, era porque ellos no lo veían. Sentí un golpe en mi cabeza, por eso nadie parecía verlo. El frío que sentí al pasar junto a él, no supe que decir me limite a sentir y terminé mi turno en silencio esa noche. Al llegar a casa no pude dormir bien. Tenía la imagen grabada del pequeño, pensaba en los otros niños en como corrían y reían sin notarlo en como él parecía esperar algo.

54:45 Total, esperando Asus papás sentí como si algo me oprimía el corazón. No soy muy sensible a ciertas cosas, pero sentí como una lágrima se deslizaba por mi mejilla. Ya nunca fui a entregar pedido a ese local. Con los años lo demolieron y es ahora un laboratorio clínico. Aún me pregunto si el alma de ese pequeño aún deambula por ahí. Muchas gracias por contar esta experiencia. Los saludo afectuosamente desde Mexicali, Baja California. Quizás la próxima vez que pidas algo a domicilio deberías pensarlo 2 veces, porque hay calles que no deberían recorrerse de noche y hay entregas que no se hacen a humanos. Si escuchas que tocan la puerta y no hay nadie fuera, tal vez sea demasiado tarde, sin más.

55:44 Por el momento me despido y no olviden suscribirse. Si les gustaron estas anécdotas de horror, esto es Inframundo. Los leo en los comentarios.