7 HISTORIAS De Terror CONTADAS Por Nuestros ABUELOS | HISTORIAS DE TERROR / INFRAMUNDO RELATOS
¿Qué sucede cuando las sombras parecen tener memoria propia? ¿Y si los susurros en la noche no son producto del viento, sino de voces olvidadas por el tiempo?Los abuelos siempre han sido guardianes de historias, de secretos enterrados y verdades a medias contadas al calor de una vela. En sus arrugas se esconde el eco de épocas en que lo inexplicable era parte del día a día. Este espacio recopila relatos reales o inspirados en esas vivencias, Prepárate para escuchar lo que nunca fue dicho en voz alta… hasta ahora...🔥HOY PRESENTAMOS...00:00 INTRO01:12 UNA EXTRAÑA VISITA - ABUE MATILDE06:25 LA DESPEDIDA – ABUE MA TOÑA13:30 ALMA EN PENA – ABUE MIRIAM18:44 SEGUIDA POR LA BRUJA23:35 LA MUJER DEL ARROLLO – SAUL CORTEZ32:10 EL DUENDE MALCRIADO - BAUTISTA CORONADO39:33 EL ORO DE LA CUEVA – RICARDO ARVALLO
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0:00 Las historias de antaño, contadas por nuestros abuelos, quizás son los relatos más aterradores y siniestros. Es como si sus historias nos trasladaran a esos tiempos en que acontecieron las historias, relatos que fueron contadas, ya sea en la niñez o en la edad adulta. Siempre las vamos a encontrar fascinantes y más cuando estas son de apariciones, cosas paranormales. Querido espectador, amante asiduo de estas historias, lo invito a ponerse cómodo, a relajarse un poco, olvidándose del estrés del día a día que nos aqueja, tomando quizás una taza de café en compañía de su pareja, amigos, hijos y dándole un gran sorbo para escuchar. Estas historias contadas por los abuelos, esto es Inframundo. Por muchos años, mi abuela matilde nos contaba todo tipo de historias y cuentos.
1:16 Ella no nació en algún rancho, sino en la capital del Estado de Tamaulipas, pero ella. Y el abuelo viajaban a los campos y a otras ciudades del mismo Estado. Mi nombre es Humberto. A mis hijos les cuento aquellas historias que nos compartía la abuela matilde y yo se las comparto a ellos esperando que sean de su agrado, al igual que a todos ustedes. Era el año de 1958 cuando la abuela tenía la edad de 12 años. Ella era la tercera de 5 hermanos en esos años la educación era muy diferente a la de hoy. Esto refiriéndome a lo que era la religión, mi familia siempre ha sido católica.
2:06 Te comento esto porque de la visita de un sacerdote es de donde parte esta historia. Ella nos contaba que en el recibidor de la casa de sus padres se encontraba un cuadro con la imagen de la virgen de Guadalupe. Cada vez que salía de la casa siempre se persignaba frente al cuadro cuando se iban a la escuela. Para ella, a medida que iba creciendo, lo hacía por el temor de que no le sucediera algo fuera de su casa. Quizás era más temor, miedo a que si no se persignaba. La virgen se enojaría con ella. Con el tiempo comprendió que las cosas no eran así. Una mañana todos se habían ido a la escuela excepto ella. La abuela matilde contaba que ese día la llevarían con el médico.
2:58 Ella y la bisabuela María del Carmen estaban por salir de su casa cuando llegó de manera inesperada el sacerdote de la Iglesia de la Colonia el. Era un buen amigo de la familia desde hacía casi un año. Ella nos contaba que el padre trinidad los visitaba en varias ocasiones, visitaba su casa y aquellas donde necesitaban de su ayuda. El sacerdote se notaba algo extraño y le comunicó a la bisabuela que esa mañana lo había visitado Hipólita, su hermana. La abuela matilde iba a decir algo cuando fue interrumpida por su madre, pidiendo que los esperara en la sala. Cuando la abuela se retiraba, escuchó cuando su madre le preguntó sobre la visita de su hermana hipólita. El sacerdote le dijo que le había pedido que visitara a su hermana para que la confesara.
4:01 La bisabuela siempre tenía un velo en un cajón de la mesita donde se encontraba la virgen. Cuando el sacerdote terminó de confesar, ya no quiso salir de la casa y se encerró en su cuarto hasta que llegaron sus hermanos. Durante lo que restaba del día nos contó la abuela que su madre se miraba muy extraña. No habló con ninguno de sus hijos y a ella le prohibió decir de la visita del padre trinidad. Ni su madre ni la abuela matilde contaron a su padre de esa visita. Al día siguiente todo iba normal en su casa, pero ya por la tarde su madre le dijo a su hija mayor que atendiera Asus hermanos porque le dolía la cabeza y se retiraría a descansar para preparar la cena para cuando llegara su marido. Ella recordaba que no hicieron ruido alguno para que su madre descansara, pero ella jamás volvió a despertar. Cada vez que ella nos contaba la manera en la que había fallecido la bisabuela nos poníamos tristes, pero muchos años después, cuando mi abuela matilde se encontraba enferma y la estaba cuidando, me acordé de esa historia que ella nos contaba.
5:23 ¿Percibía que la abuela nos ocultaba algo de aquella historia y se lo pregunté, cuál era la historia completa? Mi abuela matilde me sonrió preguntándome que era lo extraño de la historia que yo no había percibido. Yo le contesté que era la extraña muerte de mi bisabuela y ella dijo que no, que lo extraño y feo de esa historia era que la hermana de su madre, cuando visitó al sacerdote, ella ya tenía 3 años de haber fallecido. Creo que la bisabuela intuyó porque su hermana difunta había visitado al sacerdote.
6:05 De hecho, al sacerdote no le dijeron que lo había visitado. Un fantasma que daba aviso de que alguien estaba por fallecer. Muy buenas noches. Alejandro, me gustaría compartir este relato de la abuela. Recuerdo que mi abuela María Antonia tenía su puesto de comida, una fondita por allá en su Natal Chihuahua. La abuela era conocida por muchos como Matoña. Ella se casó siendo muy joven, apenas tenía 17 años cumplidos el que fue su marido.
6:46 En ese tiempo se pasó para el vecino país del norte y jamás volvieron a tener noticia alguna de el nunca regresó. Ella se quedó sola con cuatro hijos, 3 niños y una niña, la cual es mi madre. A pesar de esas apuraciones que tenía la abuela matoña, ella no privó Asus hijos de acudir a la escuela, ya que en esos tiempos muchos padres no mandaban a los hijos a estudiar y los ponían a trabajar para el sustento de la casa. Sus hijos se iban por las mañanas a la escuela. Y ella ha supuesto de venta de comida. Lo triste y quizás desesperante para ella eran las temporadas de lluvia y el frío.
7:35 Don Emiliano era el dueño de unas casitas que tenía en renta. Ella se ponía en la pura esquina donde estaban las casitas. Don Emilio era un señor mayor, no tenía hijos ni pariente alguno. Así que habló con sus inquilinos para que estos en módicos pagos les pagarán las casas. Así que contentos firmaron los documentos que les había llevado don Emilio, fue cuando la abuela matoña puso su fondita. Quizás estas personas eran buenas, como lo fue aquel señor con ellos. La abuela me contó 2 situaciones. Las cuales ella decía que había fantasmas que se les aparecen a las personas a las que habían amado en vida, otras que sólo eran para causar miedo, otras más que solo se parecen sin siquiera a percatarse de la presencia de los vivos. Yo era un niño y la abuela, mientras me preparaba los deliciosos guisos.
8:43 Ella me sentaba a su lado en una silla para contarme muchas historias. Sus favoritas eran cuando era una niña, pero a mí las que más me impresionaban eran las historias de fantasmas que ella me contaba. Una de sus anécdotas que siempre me han gustado es la que les comparto. En una ocasión me contó que un sábado por la mañana llegó Don Emilio, como cada día. Llegaba a la Fondita para desayunar y tomar su cafecito con leche, pero esa mañana no anunció de su llegada. Como era costumbre, ella se sorprendió al verlo sentado en el mismo lugar donde lo hacía día con día se veía algo pálido cuando la abuela le preguntó si se sentía bien.
9:34 Él le contestó que se encontraba mejor que nunca porque se encontraba en completa paz. La abuela sonrió y le preguntó si iba a desayunar lo mismo de siempre. Este sólo firmó con su cabeza en señal de sí. Esa mañana no hubo casi clientes como de costumbre. Esto hasta las 10:00 de la mañana comenzó a llenarse. La fondita se acercó a la Mesa donde se encontraba don Emilio. Se dio cuenta que el no había probado ninguno de sus alimentos, ni un solo bocado de su desayuno y su café con leche.
10:15 La abuela matoña le preguntó por qué no había desayunado si no le había gustado lo que le prepararon ella. Con gusto se lo cambiaba por otro platillo para que comiera. Pero este solo sonrió y le aseguró que ya estaba satisfecho con lo que le habían servido. Cuando la abuela matoña comenzó a retirar los platos de la mesa, don Emilio colocó su mano en uno de sus brazos y le dijo, gracias por todo. Verás que tú y tu familia van a estar muy bien. Al terminar les sonrío, agradecido. Pero la abuela le contestó que ella sabía que todo iba a estar bien. Don Emilio se levantó y salió de la fondita. Cuando este se retiró, la abuela me dijo que sintió un frío sepulcral y donde había estado la mano del anciano lo sentía helada y tuvo que dejar los platos en la mesa y comenzó a frotársela para darse un poco de calor. Mi tío Filiberto se acercó a ella para que cobrara la cuenta de un comensal y ella le contó la extraña sensación que había tenido hace unos momentos.
11:32 Contaba la abuela que Filiberto tomó uno de los platos y comenzó a olfatear, al igual que el café con leche, que se encontraban todos fríos, como si estos los hubieran sacado del refrigerador. Su hijo le indicó que nada de la comida tenía olor. El tío iba a tomar un poco de aquella comida cuando la abuela lo detuvo y le ordenó que dejara así esa mesa, que no permitiera que algún cliente la ocupara. Estaba por mandar a su hijo para que fuera a atender a Don Emilio para cerciorarse de que el señor se encontrara bien. Pero eso no fue necesario porque uno de los vecinos.
12:15 Entró a la fondita para darle la noticia de que la noche anterior Don Emilio había fallecido. Mi abuela supo que aquello fue una despedida del señor. Cada vez que la abuela me contaba esa historia, ella guardaba silencio por varios momentos y me afirmó que Don Emilio si había desayunado esa mañana, pues la esencia de los alimentos que le había preparado ese día. Ya no los tenían. Eso es lo que hacen nuestros difuntos cuando cada 2 de noviembre vienen al mundo de los vivos a visitar Asus familiares.
12:57 Yo, al igual que mi madre, en la que fuera la fonda de la abuela Matoña, ponemos nuestros guisos en su altar de muertos que sin lugar a dudas, tanto mi adorada abuela matoña como don Emilio y nuestros seres amados. Que ya no se encuentran y se nos han adelantado en el camino vienen a degustar los platillos que mi madre les prepara cada día de fieles difuntos. La abuela Miriam era originaria del estado de coahuila, ella y sus padres vivían en una ranchería muy cercana del municipio Ramos Arizpe, tuvo 5 hermanos.
13:41 Y ella, por ser la mayor, ayudaba a su madre en los quehaceres de la casa, mientras su padre, don Agapito y su hermano Pedro se iban muy temprano a pastar el ganado desde muy temprano. La abuela Miriam tenía que ir a sacar agua de un pozo para que ella y su madre prepararan los alimentos para su padre y hermano. Un día tomó la mala decisión de levantarse más temprano que de costumbre. Para ir a sacar el agua del pozo. Ella nos contaba que esa madrugada se sentía muy fría y algunas nubes cubrían parte del cielo, pero la Luna era visible, así que iluminaba un poco el lugar. Cuando estaba por llegar al pozo. Escucho cómo las ramas de los árboles crujían sonaban, cómo si en ellas se encontrara algo, pero por desgracia ese lado era muy oscuro.
14:41 Por unos momentos quiso regresar a su casa, pero aún así tendría que regresar por el agua. Tarde o temprano es el viento, se decía a sí misma para darse valor de continuar, pero cuando estuvo a punto de llegar al pozo, algo blanco se movía por lo alto de los árboles. Ella lo describía como si fuera una sábana blanca, pero eso no tenía forma alguna. Quizás era una extraña manera de describir lo que veía la abuela Miriam, pero en realidad era otra cosa. Aquello parecía subir y bajar entre los árboles.
15:23 La abuela se quedó quieta mirando, pero comenzó a sentir miedo cuando se dirigió a ella de una manera rápida que no le dio tiempo ni de correr o agacharse. Aquello que había visto entre los árboles ahora lo tenía a unos centímetros de ella. Esa cosa tenía el rostro cadavérico, con unos largos cabellos canosos que parecían moverse al compás como si hubiese mucho viento. Asimismo, lo que para ella era como una sábana, en realidad era una túnica vieja y más bien se apreciaba harapienta. Esa cosa flotaba frente a ella y por más que intentaba moverse, no lo lograba. Comenzó a llorar por el horror que sentía al tener cerca de su rostro aquel espectro.
16:15 Comenzó a rezar y al hacerlo sintió un frío que le caló hasta los huesos. Cuando lo que tenía frente a ella la traspasó. La abuela nos contaba que mientras sentía como esa cosa pasaba por su cuerpo, esta sentía que moría. El cabello largo de la mujer parecía envolverla. Fue cuando escuchó Asus padres gritando que la dejaran. Ellos se acercaron mientras la abuela sentía que se desvanecía. Cuando despertó ya habían transcurrido más de 3 días. No recordaba qué había sucedido después. En el cuarto se encontraba una señora llamada Ramona. Era una curandera que vivía cerca de las rancherías. Por varios días.
17:04 Ella iba a la ranchería. Para sobarla desde la cabeza a los pies, sentía como si desde su cuerpo la señora Estuviera jalando algo y lo sacara. Ella decía que la Curandera Ramona la estaba curando de espanto. Le daban de beber unas hierbas amargas para que su cuerpo se calentara, ya que aseguraba que la misma muerte la había abrazado aquella madrugada la madre de mi abuela Miriam. Le contó que estuvo con fiebres muy altas y pensaron que pronto moriría, así que don Agapito fue por la curandera para que la ayudará. Poco a poco la abuela Miriam se fue recuperando de lo que le sucedió aquella madrugada.
17:53 La abuela nos contaba que ella sentía que algo la jalaba un hoyo muy oscuro, pero que sentía que la mano de su madre la sujetaba a cada momento y eso le impedía caer. A partir de lo sucedido, la abuela Miriam jamás volvió a salir por agua al pozo. De hecho, antes de que llegara la noche, sus padres traían el agua para que nadie saliera de la Casa por las noches o por la madrugada. Cuando la abuela nos contaba su historia, algunos decían que había sido una bruja, otros que la misma muerte, pero ella siempre aseguró que aquello había sido un alma en pena.
18:39 Los abuelos Arturo y Mariana tuvieron un noviazgo de más de 3 años hasta que pudieron juntar el dinero necesario y casarse. Mi abuelo Arturo trabajo en una de las minas en cananea, Sonora, esto fue entre los años 60 y 90, en cambio la abuela Mariana en su casa hacia todo tipo de costuras. Ella era muy visitada por hombres y mujeres para que les confeccionaran desde pantalones, vestidos y todo tipo de ropa que le pidieran a los años de casados. Los abuelos estaban felices, pues pronto llegaría a su primer hijo. Mi bisabuela, de nombre manuela, ayudaba a su hija para terminar las costuras que tenían pendientes antes del alumbramiento.
19:30 Esto porque en aquellos años, cuando una mujer paría durante la cuarentena, no se le permitían los quehaceres de la casa. A las pocas semanas antes de que naciera su hijo, la abuela comenzó a notar que una anciana se asomaba siempre por la barda trasera del patio. Esto sucedía antes del amanecer y cuando ocurría en otras ocasiones una mujer joven. Esta se posaba en lo alto de uno de Los Pinos que se encontraban fuera de la propiedad. Debo aclararles que esto sólo sucedía cuando la abuela se encontraba sola en su casa. Cuando nació su hijo sólo se veía a la anciana. Ella pensaba que era alguna de las vecinas de por ahí cerca, pero al preguntar jamás la habían visto, se lo comentó a su marido.
20:26 Éste le respondió sin importancia diciéndole que eran figuraciones de ella. La abuela siempre decía que a una madre siempre tiene el sexto sentido. Cuando uno de sus hijos está en algún peligro y ella lo supo durante su embarazo, el abuelo le tocó trabajar hasta muy tarde y ya estaba oscureciendo cuando ella se acostó en su cama con El Niño en brazos. Repentinamente comenzó a sentir un profundo sueño y estaba a punto de quedarse dormida cuando sintió como le jalaban a su hijo de entre los brazos, pero por instinto lo apretó más contra su cuerpo por más que intentaba abrir sus ojos. No podía pudo hacerlo hasta que el llanto del bebé se escuchó muy fuerte y fue en esos momentos cuando miró a la anciana correr hacia la puerta del cuarto. Después de unos segundos cerró la puerta trancándola con lo que pudo todo ese rato que estuvo sola. Se la pasó rezando hasta que llegó su marido. Cuando le contó igual que la primera vez, no le creyó por varios días y noches.
21:39 Aquella bruja anciana no la dejaba tranquila a donde fuera ella con el bebé. Esta mujer bruja la seguía. Una tarde le contó a su madre lo que le estaba sucediendo. Una de las vecinas fue a recoger una ropa que había llevado para que se la remendara y al escuchar lo que mi abuela Mariana les contaba, la vecina le dijo que aquello que la seguía era una bruja y lo estaba haciendo porque El Niño aún no era bautizado. Ella le diría cómo librarse de aquella maldita anciana, pero que sólo se libraría de ella hasta que bautizaran al niño. La abuela le colocaba sal de grano bajo la almohadita y entre las cobijas que eran el colchón de la cuna, se puso unas tijeras en forma de cruz.
22:33 Ella le hizo un morralito rojo en el que le puso un ajo macho, sal de grano y unas hierbas. Esto lo colocó en la cabecera de la cuna. Esta acción muchos decían que no los protegería, pero como decía mi abuela Mariana Asus hijos si les funcionó, ya que aquella bruja jamás volvió a intentar llevarse a su hijo. En pocas ocasiones la miraba al otro lado de la barda hasta que dejó de seguirla. Cuando bautizaron al niño, la otra bruja nunca intentó nada. Sólo en 3 ocasiones la vio encaramada en el pino.
23:15 Ya cuando nacieron sus otros hijos, la abuela Mariana ya sabía cómo proteger a todos hasta que eran bautizados. Muy buenas noches a toda la audiencia de Inframundo. Quiero compartir en mi historia. Mi nombre es saúl cortés. Nací y crecí en un pueblo en el Estado de Sinaloa. Actualmente tengo 70 años de edad y a los años me pesan sobre mis cansados hombros. Trabaje en el campo desde muy joven. En 1975 viví en la ciudad, pero no me gustó, así que regresé a mi pueblo.
24:00 La mayor parte de mis anécdotas son en este lugar, pero hoy les quiero compartir una que nos sucedió a mis amigos y a mí ellos. Ya se me adelantaron en el camino, pero no estoy aquí para contarles sus historias. Recuerdo con claridad esa tarde en que mi vida cambió para siempre, en que supe que existían los espantos cuando uno se entera de que las personas fallecen a la edad que sea. Éramos 3 amigos inseparables que solíamos pasar las horas de ocio en el arroyo. Un pequeño paraíso escondido entre los árboles y rocas, donde el agua corría fresca y cristalina. Nos encantaba a zambullirnos en sus aguas, especialmente durante los calurosos veranos de nuestra infancia. Aquella tarde el sol brillaba intensamente y el aire estaba cargado con el encanto de los pájaros. Eran las épocas de lluvia.
25:07 Y cuando estás llegaban era casi imposible acercarse al arroyo, pues éste tenía una creciente con las aguas de lluvia y se llevaba todo a su paso. Arrastraba desde ganado caballos con todo y jinete. Pocas veces se les encontraba con vida, todos golpeados y mayugados por los golpes contra las rocas. Decidimos ir al arroyo como de costumbre. Sin saber que algo terrible nos esperaba. Cuando llegamos, todo parecía normal. Nos quitamos las ropas rápidamente y nos lanzamos al agua con gritos de alegría.
25:49 Nos sumergíamos y salíamos riendo y chapoteando hasta que uno de mis amigos, Juan de Dios, para ser exacto, señaló algo entre las rocas al otro lado del arroyo. Al principio pensé que Juan de Dios estaba bromeando. Nos gustaba contarnos historias de miedo, especialmente sobre la mujer del arroyo, una leyenda que habíamos escuchado antes. Se decía que una mujer había perdido Asus hijos en una inundación que arrastró su casa y que desde entonces su espíritu acaba buscando Asus pequeños niños.
26:33 Otros contaban que sólo ella había muerto esa noche terrible y que su alma en pena seguía atrapada en el arroyo sin descansar. Pero en esta ocasión no era una historia. Allí, entre las rocas, vimos surgir una figura. Era una mujer con el cabello largo y negro empapado que caía sobre su rostro. Su vestido blanco estaba mojado y sucio, pegándose a su cuerpo. Delgado y frágil, cruzó a la otra orilla sin tocar el suelo, deslizándose como si flotara. Todos nos quedamos paralizados.
27:17 El miedo nos atenazó el pecho y apenas podíamos respirar. Aquel espectro ni siquiera volteó a vernos. Era como si no existiéramos para ella. No sé cuánto tiempo pasó. Quizás fueron segundos, aunque a mí me parecieron horas. Mis amigos y yo nos mirábamos, incapaces de movernos con los ojos fijos en aquella aparición. Entonces la mujer giro lentamente la cabeza como si buscara algo. Sus ojos eran pozos oscuros y vacíos y su expresión estaba llena.
28:00 De una tristeza infinita sentí un escalofrío recorrer la espalda y supe que teníamos que salir de allí sin decir una palabra. Empezamos a nadar desesperadamente hacia la orilla. El pánico nos impulsaba haciéndonos torpes en nuestros movimientos. Cuando logramos salir del agua y sin mirar atrás, corrimos hacia nuestras casas. Podía escuchar los jadeos de mis amigos, sus pasos apresurados junto a los míos, mientras el miedo nos perseguía como una sombra pegada detrás de nosotros.
28:41 Llegué a casa empapado y tembloroso. Mi madre me miró preocupada, pero no pude decir lo que había visto. Esa noche apenas dormí con la imagen de la mujer del arroyo grabada en mi mente. Cada vez que cerraba los ojos veía sus ojos oscuros y sentía su tristeza como un peso sobre mi corazón. Esa noche tuve mucha fiebre, apenas si me acuerdo de lo sucedido, pero no fui el único que estuvo enfermo esa noche. Juan de Dios y Filemón también estuvieron pasaron días antes de que nos atreviéramos a hablar sobre lo que habíamos visto.
29:28 Nos reunimos en el lugar habitual, pero nadie mencionó el arroyo. Era como si el solo hecho de nombrarlo pudiera hacer aparecer a la mujer del arroyo nuevamente. Al final filemón rompió el silencio y 1:1 compartimos nuestros miedos y dudas. Decidimos que no volveríamos al arroyo por el temor a encontrarla nuevamente. Era demasiado grande el miedo. Sin embargo, la vida siguió su curso y poco a poco fuimos dejando atrás aquella experiencia. Pero en el fondo todos sabíamos que algo había cambiado.
30:11 La inocencia de nuestra infancia se había roto y aunque tratamos de ignorarlo, el recuerdo de aquella mujer del Arroyo siempre estaría invadiéndonos a medida que íbamos creciendo. Las historias sobre la mujer del Arroyo continuaban ahí, en el pueblo contándose. Algunos decían que la habían visto en noches de tormenta, apagando entre las sombras, mientras que otros aseguraban que se escuchaban sus lamentos en las noches más oscuras. Yo nunca volví a verla, pero su imagen quedó grabada en mi mente.
30:52 Han pasado muchos años desde aquel día. Pero aún puedo sentir el miedo que me embargó al ver aquella mujer del Arroyo. Ahora, como abuelo, cuento esta historia a mis nietos, no para asustarlos, sino para que comprendan que hay cosas en este mundo que no podemos explicar. Les digo que respeten el arroyo y la naturaleza y que recuerden que aunque algunas historias parezcan solo cuentos, a veces esconden verdades que. Es mejor no ignorar. Mis nietos me escuchan con los ojos muy abiertos, entre fascinados y asustados. No sé si creen en mi historia, pero sé que la recordarán cuando su abuelo ya no esté.
31:39 Y así la historia de la leyenda del arroyo seguirá entre nosotros, transmitida, no sé si de generación en generación, pero sí que les va a sacar un buen susto ya siendo de noche. Gracias por escuchar mi anécdota y le mando un gran saludo a mi nieto Ramiro que me ayudó escribir esta historia. Buenas noches. Mis nietos siempre me preguntan por la historia de un duende y animado por mi nieta Lucero es que se las comparto. Mi nombre es bautista coronado. Actualmente ya tengo 78 años y cada vez que viene a mi memoria aquel día. Una sonrisa se dibuja en mi rostro ya con arrugas. Recuerdo con claridad aquellos días de mi juventud, cuando mi vida giraba en torno a los campos de maíz que trabajaban con esmero y dedicación.
32:41 Cada mazorca era vital para mantener a mi familia y cada cosecha representaba la esperanza de un futuro mejor, sin embargo. Esa paz y estabilidad se vieron amenazados cuando comenzaron a ocurrir cosas extrañamente inexplicables en mis maizales. Una mañana, mientras recorría los campos, me di cuenta de que algunas plantas de maíz estaban cortadas y esparcidas por la Tierra. Pensé que podría ser obra de algún animal salvaje o incluso de algún travieso niño del pueblo.
33:21 Pero a medida que los días pasaban, la situación empeoraba. Cada vez se encontraba más y más maíz tirado y las pérdidas eran cada vez más significativas. El enojo y la frustración empezaron a crecer. En mí no podía entender quién o qué estaba haciendo estas travesuras. Pregunté por los alrededores y a ellos también les estaba sucediendo lo mismo. Pero todos los dueños de los otros campos negaron tener la misma situación que yo. Cabe recalcar que en esos tiempos nadie se metía los campos a robar el maíz como lo hacen ahora.
34:02 Había respeto entre esa gente y yo intenté de todo para descubrir al culpable. Me quedé despierto por las noches, oculto entre las plantas, esperando sorprender al intruso en el acto. Pero mis esfuerzos fueron en vano. Cada mañana el daño estaba hecho y el responsable seguía sin aparecer. Ya daba por perdida mi cosecha de ese año. El pensar que mis hijos pagarían las consecuencias por el maldito que nos estaba perjudicando me llenaba de odio. Pero todo cambió una tarde, cuando el sol empezaba a ocultarse detrás de las colinas. Y las sombras de la noche comenzaban a ponerse sobre los campos, que finalmente descubrí la verdad. Mientras trabajaba vi un pequeño movimiento entre Las Palmas. Al principio pensé que mis ojos me engañaban, pero pronto lo vi con claridad.
35:05 Un duende pequeño y travieso se deslizaba entre las plantas, cortando los tallos y dejando caer las mazorcas al suelo. La rabia me invadió todo este tiempo. Había sido víctima de las travesuras de ese ser, decidido a poner fin Asus maldades. Me propuse capturarlo, aunque aquello no fue nada fácil. Pasé 2 días siguientes ideando un plan para atrapar al duende. Preparé trampas y me armé con una vara dispuesto a darle una lección que nunca olvidaría. Una tarde, mientras el duende estaba concentrado en sus travesuras, logré acercarme sigilosamente y en un movimiento rápido lo capturé. El duende comenzó a chichar horriblemente un sonido agudo y penetrante que me lava la sangre, pero no me dejé intimidar.
36:08 Tenía claro que debía enseñarle una lección. Con firmeza comencé a darle unos buenos azotes con la vara que había preparado. Cada golpe resonaba en el campo y los chillidos de ese duende se mezclaban con el eco de mi determinación. Mientras lo hacía, le dije que no quería volver a verlo destruyendo mi cosecha. Le explique que mi familia dependía de ese maíz para sobrevivir y que sus travesuras estaban poniendo en riesgo nuestro bienestar. El duende se retorcía y chillaba, pero no me detuve hasta asegurarme de que había entendido mi mensaje. Finalmente solté a ese animal o lo que fuera, advirtiéndole que podía quedarse si se portaba bien, pero que si volvía a causar problemas lo castigaría de nuevo. Desde ese día nunca más volví a ver al duende en mis campos. Las plantas de mi maíz crecieron fuertes y saludables y las cosechas volvieron a ser abundantes. La Paz regresó a mi vida y a la familia, por supuesto, aunque hubo varios días en que mi mano se hinchó mucho, pues tomó un color necroso, parecía a punto de estallar. Rápidamente lo atribuía que le di de varejonazos al duende. Recurrí con doña Cipriana, la curandera del pueblo. Cuando le conté, ella sonrió y
37:41 me dijo que había hecho bien en darle unos azotes a ese travieso, pero que tuviera cuidado. Pues hay algunos que no perdonan, pero este solo me hizo un mal de ojo por haberlo azotado y que ella me lo quitaría. Estuve sumergiendo mi mano en algunas hierbas que mi mujer preparaba todos los días. Y poco a poco mi mano se desinflamó. Afortunadamente no la perdí, pero si el duende volvía a ser de las mismas, no dudaría en darle de palos como aquella vez pasaron alrededor de 5 años. Cuando miré movimiento entre los maizales, pensé que aquel duende malcriado había regresado, pero no lo volví a ver. Han pasado muchos años desde entonces y ahora como abuelo. Cuento esta anécdota.
38:34 Mis nietos les hablo del duende travieso y de cómo tuve que enfrentarme a él para proteger nuestra casa. No sé si ellos creen en duendes. Mis nietos sólo escuchan con atención, con los ojos muy abiertos, entre fascinados y asustados. Otros incrédulos les veo a veces observando los campos, tratando de ver a ver si ven al duende. Quizás nunca se enfrenten a un duende como lo hice yo, pero espero que esta historia les enseñe a ser valientes. He escuchado historias de duendes que, por desgracia, algunas de ellas no terminan bien.
39:15 Creo que tuve la suerte de que no me encontrara con uno así. Espero y mi anécdota sea de su agrado. Buenas tardes, a todos me presento. Mi nombre es Ricardo Arballo. Tengo 90 años de edad. Mis nietos me han ayudado a escribir esta historia. Pues ya la ceguera no me deja ver muy bien, pero a pesar de mi edad aún los recuerdos no se me borran y con gusto les comparto mi historia. Esto sucedió hace ya más de 50 años. Yo era joven y mis hijos estaban pequeños. Tuve una esposa que amé mucho, pero mi gatita se me adelantó. Bueno, son cosas que en la vida tienen que pasar. Recuerdo con nitidez la época en la que descubrí la entrada de una cueva oculta en el suelo, a pesar de que había varias rocas por los alrededores.
40:21 Aquello fue un hallazgo fortuito, uno que cambiaría mi vida para siempre. Vivíamos tiempos difíciles. Y cada día era una lucha para conseguir suficiente comida para mi esposa y mis hijos. Esa tarde, mientras exploraba los alrededores de nuestra humilde parcela de Tierra, tropecé con una gran roca suelta. Al moverla noté un agujero apenas visible, cubierto de maleza y Tierra. La curiosidad me venció. Y con gran esfuerzo me arrastré para entrar en aquel estrecho agujero. La oscuridad era abrumadora al principio, pero a medida que mis ojos se acostumbraban a la penumbra, pude distinguir el contorno de la Cueva.
41:14 Al avanzar, el espacio se fue ampliando hasta que pude ponerme de pie. Lo que encontré allí dentro me llenó de aliento. Centenarios de oro y monedas de plata apiladas en montones brillaban bajo la tenue luz que se filtraba desde la entrada. Al principio no sabía qué hacer. Era como si hubiera tropezado con un tesoro que los revolucionarios habían hallado. Decidí tomar solo unas pocas monedas de plata para no levantar sospechas y salí de la cueva con el corazón latiendo a 1000 por hora.
41:55 Y al llegar a casa me fui al pueblo y las cambié por alimentos y ropa para mi familia. La expresión de alivio en el rostro de mi esposa y la alegría en los ojos de mis hijos me confirmaron que había tomado la decisión correcta. Cada vez que había necesidad volvía a la cueva. Siempre tomaba sólo lo necesario, nunca más. Para evitar atraer la atención de los curiosos y aquellos con malas intenciones, la cueva se convirtió en un salvavidas secreto. Con el tiempo empecé a ayudar a algunos de mis amigos más cercanos, aquellos que también enfrentaban dificultades.
42:43 Uno de ellos era mi compadre, un hombre de buen corazón pero sumido en una pobreza extrema. Un día. Al ver su desesperación, decidí compartir mi secreto con él, lo llevé a la cueva y le mostré el tesoro oculto, advirtiéndole que solo tomará unas cuantas monedas lo suficiente para aliviar su situación sin levantar sospechas. Le expliqué que si se llevaba más podría traer a los ladrones o ser forzado a confesar de dónde provenían las monedas, pues también nos matarían por conseguirlas.
43:28 Mi compadre me juró que nunca revelaría el secreto y que usaría el dinero para mejorar la vida de su familia. Sin embargo, las cosas no salieron como yo esperaba. En lugar de gastar las monedas en su familia, mi compadre se dirigió a la cantina más cercana y despilfarró todo el dinero en alcohol. Todos los que ahí se encontraron tomaron a costilla, hasta el compadre y las mujeres como abejas en panal para que les diera dinero día tras día. Bebí hasta el amanecer y en poco tiempo se quedó sin una sola moneda desesperado. Intentó ingresar a la cueva por su cuenta, pero no pudo encontrar el camino.
44:17 La entrada estaba también oculta, que sin mi guía era imposible hallarla. Cuando supe lo que había hecho, me sentí traicionado y profundamente decepcionado. Había confiado en él, le había ofrecido la oportunidad de salir de la miseria y él la había desperdiciado desde ese día. Decidí no volver a revelar la ubicación de la cueva a nadie. A pesar de la traición, continué utilizando las monedas del Tesoro con prudencia, asegurándome de que mi familia nunca pasará hambre ni frío. El tiempo pasó y mi compadre, consumido por el arrepentimiento y el alcohol, se fue alejando cada vez más, creyendo que yo había hecho un pacto con el mismísimo diablo. Mi compadre intento invocarlo para que le otorgara un tesoro como el que a mí me había dado.
45:15 El compadre estuvo desaparecido por varios días hasta que fue encontrado encima de unas rocas. Estaba con los ojos bien abiertos, como si lo último que viera le causara una terrible impresión. Tenía varios golpes en su cuerpo. ¿Estos eran como pezuñas de algún animal? Yo nunca lo había dicho hasta este momento, pero creo que a mi compadre se le apareció el diablo y este no aceptó su alma corrompida. El día del Sepelio tuvimos que sepultarlo muy pronto, pues su cuerpo se encontraba demasiado hinchado y este estaba a punto de estallar, aparte que manaba un olor a podredumbre.
46:02 Por varias noches escuchamos a mi compadre andar penando en el pueblo, gritando, pidiendo por su alma. Aquellos alaridos hacían que se nos pusiera la piel de gallina. Por momentos me sentí culpable por la suerte de mi compadre, pero mi gatita me decía que los tesoros encontrados no eran para todos los hombres, pues rápidamente se volvían locos como el compadre. Pasaron varios años hasta que los alaridos de tortura de aquel pobre hombre dejaron de escucharse. Yo, por mi parte, seguí cuidando a mi familia y conservando en secreto algunas de las monedas de aquel tesoro. Las mantengo bien guardadas como un legado para mis hijos y nietos.
46:54 El tesoro de la Cueva sigue siendo un secreto bien guardado aún. Hay muchas monedas en él, pero el secreto se irá conmigo. Pues yo saqué lo que necesitaba para que el resto de mi vida viviera bien. El rancho ha crecido mucho y eso es lo que les heredaré a mis hijos, pero no la ubicación de la Cueva. Pues sé que ellos o mis nietos la sacarán y harán lo mismo que mi compadre malgastarlas.
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