Dec. 18, 2025

7 Aterradores Relatos de OSCURO SANTA CLAUS – Historias REALES que arruinan Tu NAVIDAD - INFRAMUNDO RELATOS

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Inframundo Relatos De Terror
7 Aterradores Relatos de OSCURO SANTA CLAUS – Historias REALES que arruinan Tu NAVIDAD - INFRAMUNDO RELATOS

En este episodio escucharás 7 relatos de santa claus MALDITO, historias reales enviadas por la comunidad donde la Navidad deja de ser una época de paz y se convierte en una noche llena de sombras, apariciones y presencias que nadie debería encontrar junto al árbol.Cada relato revela un lado oscuro y perturbador del “hombre de rojo”, un rostro que jamás se muestra en los cuentos navideños.

Prepárate… porque esta Nochebuena no llega un regalo, llega algo que no deberías escuchar solo.


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0:13 en noches heladas. Santa Claus ronda por los hogares en silencio, su risa grave resonando entre las luces de la ciudad de aquellos hogares donde se espera su tan deseada visita. El miedo de aquellos niños para que Santa Claus no se los lleve en su saco por no haberse portado bien. Hoy en día aquellos recuerdos agradables se cuentan Asus hijos y nietos. Pero no todo es felicidad de Navidad, pues hay algunos que tuvieron horribles experiencias con Papá Noel y las han compartido como un regalo de Navidad para la Comunidad en esta noche de relatos de terror. Aquí comenzamos desde pequeña había notado que en casa era diferente el festejar la Navidad mientras mis amigos se emocionaban al ver a Santa Claus en las tiendas o al recibir regalos bajo el árbol.

1:18 En cambio, en mi hogar siempre era diferente. Había una calma. Nada de que esa noche llegaría a Santa Claus con regalos, porque nos habíamos portado bien con los años. Me fui acostumbrando, así como mis hermanos. Mi nombre es Paulina Álvarez. Esto que les contaré. Mi madre me lo narró hace algunos años cuando le pregunté por qué nosotros no festejamos en nuestra niñez la Navidad como los otros niños, según me dijo. El pueblo donde creció se llenó de supersticiones. Ella tenía la edad de 17 años cuando sucedió algo en su comunidad. Ellos vivían a unos 3 km de la ciudad más cercana, así que sus padres iban a la ciudad para comprarles los regalos que colocaban bajo un pino natural que adornaban con esferas, luces y pelo de Ángel, que por cierto.

2:16 Ella sonreía diciendo que este parecía como esas telarañas que colocan hoy en Halloween, pero este picaba mucho y dejaba la piel con un tono rojizo. Nadie quería colocarlo y a ella, por ser la mayor, siempre le tocaba cubrir el árbol con este. El pueblo apenas contaba con luz eléctrica y el alumbrado apenas si cubría unas cuantas calles, pues la modernidad estaba llegando. Así que después de que el pueblo apagaba sus luces y se hundía en la oscuridad, esa Navidad de 1965 se comenzó a escuchar un rumor.

2:57 Todo venía de voz de un joven. Alberto se llamaba el había perdido la cordura, o eso decían. Pero a pesar de su locura, Alberto decía la verdad, hablaba de un Santa Claus, pero. No el de los cuentos ni el de la sonrisa bonachona, sino de uno que se paseaba por las calles buscando almas. Este santa no traía regalos ni alegría. Era algo más que una presencia más que un ser, con una sombra, con una sonrisa espantosa, los ojos oscuros y su traje rojo, todo sucio que más bien parecían harapos. Alberto decía que.

3:39 Se llevaba a quienes habían vivido con crueldad y maldad en su corazón. Todos escuchaban al joven, pero cuando decía que santa se llevaba, las almas le comenzaban a decir que estaba mal de la cabeza, que sus recuerdos y pensamientos se mezclaban. Pero nadie dudaba de que en sus palabras había un poco de verdad. Alberto insistía en que él había visto a ese Santa Claus. Que había sido testigo de cómo se llevaba el alma de su abuela. Una Navidad me estremecí al oír la seriedad con la que mi madre contaba esto, describiendo como Alberto repetía aquella historia cada año en la época decembrina, mientras recorría el pueblo con su mirada perdida. Según el su abuela, había sido una mujer dura, de carácter terrible.

4:37 Y era conocida por el desprecio con el que trataba Asus hijos y nietos. Su crueldad era tal que hasta los vecinos evitaba cruzarse con ella. Alberto, siendo niño, había visto en silencio como ella maltrataba Asus hijos y a cualquiera que se acercara demasiado. Cabe aclarar que la señora lo hacía más en los días previos a la Navidad. Nadie se atrevía a cuestionarla. Y ella imponía su presencia en cada rincón del hogar. Una noche de Navidad todo cambió. Alberto siempre decía que fue la única vez que su abuela mostró un poco de miedo en sus ojos, como si ella misma pudiera sentir la presencia de aquel santa oscuro que venía a buscar a los pecadores.

5:28 La noche estaba silenciosa y helada y Alberto, siendo niño, se había quedado despierto. Esa era la noche que recordaría por el resto de su vida, porque, según él, Santa Claus había venido desde su habitación. Escuchó a su abuela gritar el sonido era desgarrador, como si algo invisible la arrastrara desde el interior, algo que nadie más podía ver. Nadie acudió Asus gritos y él solo se aferraba Asus cobijas viendo como la mujer era arrastrada fuera de la casa. Los vecinos contaron que todos se habían quedado paralizados escuchando esos gritos que lavan la sangre, pero ninguno abrió la puerta, pues nadie sabía qué era lo que estaba sucediendo en casa de la señora. Pensaron que sólo se trataba de una de sus rabietas hacia algún miembro de su familia y al día siguiente encontraron a la mujer muerta en su cama.

6:33 Con una expresión de terror absoluto congelada en su rostro, Alberto siempre afirmaba que Santa Claus se había llevado su alma. Pese a lo impactante de su relato, nadie le creía. La gente del pueblo atribuía aquella historia a los desvaríos de un joven que había perdido la razón. Y cada Navidad, cuando Alberto repetía su relato, la gente lo evitaba. Negándose a escuchar lo que consideraban una simple locura. Pero el tiempo demostró que quizá había algo de verdad en sus palabras, porque poco después de la muerte de su abuela, otra desaparición se sumó al siguiente año.

7:17 Otra señal de que aquel Santa Claus no era un simple cuento. Ezequiel, un joven conocido por su rebeldía y por la manera en que trataba a su madre, desapareció en circunstancias extrañas. Ezequiel era arrogante y cruel y a Menudo maltrataba a su madre en público. La insultaba, la despreciaba y se burlaba de sus lágrimas sin ninguna compasión. La gente del pueblo evitaba intervenir, aunque todos sabían de la violencia que él ejercía sobre su madre. Esa Navidad, Ezequiel llegó a casa ebrio, gritando Insultos y burlándose de su madre.

7:59 Pero la noche buena. Le guardaba su último maltrato hacia su madre. A medida que avanzaba la noche y el pueblo entero se sumía en un silencio, excepto la cantina del pueblo que estaba todo festejo navideño. Un grito desgarrador surgió desde la Casa de Ezequiel. Era un alarido que rompió la calma, un sonido de desesperación y terror. Los pocos vecinos contaban que aquel grito parecía venir del mismo infierno. Como si algo lo hubiera atrapado y estuviera tirando de él hacia las sombras, donde no había retorno alguno.

8:39 De igual manera que la Navidad anterior, nadie acudió a su auxilio. Nadie se atrevió a abrir las puertas ni a salir de sus casas. Al amanecer, la madre de ezequiel salió a la calle desesperada buscando a su hijo, pero no había rastro de él. La señora contó que un hombre vestido de rojo había ingresado a su casa y se llevó con él a su hijo. Nadie quiso buscarlo y nadie lo volvió a ver, y los rumores se esparcieron rápidamente diciendo que Santa Claus se había llevado a otra alma. La abuela de mi madre le dijo que la muerte misma tomaba la forma que las personas más le temían.

9:26 Quizás ellos le temían a este personaje. Pues Alberto contó que en una de las visitas a la ciudad, cuando fueron con una de sus tías en una de las tiendas, había un Santa Claus y su abuela se congeló al ver aquel sujeto vestido de esa manera, solo la anciana sabía el motivo de su miedo hacia Santa Claus. De igual manera le sucedió a Ezequiel, quien por varias noches tuvo pesadillas con aquel personaje. También en una de sus idas a la ciudad, mi madre, a medida que creció, comenzó a escuchar historias sobre Santa Claus. Algunas buenas, otras no tanto.

10:11 El miedo se contagia ahí. Era por ello que mi madre no tenía en casa alguna imagen en papel o de cualquier material. La figura de Santa Claus a veces las leyendas de los pueblos tienen más veracidad de lo que uno espera. Saludos a todos y felices fiestas. Continuamos. Era un niño cuando aquello ocurrió. La Navidad siempre había sido mi época favorita. Luces de colores adornando las casas, el aire frío con olor a pino adornando las alas de los hogares, el olor agradable de la cena navideña y lo que más me agradaba, el olor a la canela. Pero como todo niño.

10:58 La ilusión de ver a Santa Claus en el desfile anual de nuestra ciudad. Pero esa ilusión se rompió una noche, cuando presencié un accidente que quedaría grabado en mi mente y en mi corazón. Me llamo Antonio Echeverría. Les aseguro que hasta hoy recuerdo la emoción en el auto de mis padres. Mientras nos dirigíamos al desfile navideño, yo miraba por la ventana. Buscando los adornos en los almacenes que tenían los aparadores con enormes árboles navideños. Pero mi imaginación era hacia Santa Claus, con su gran trineo lleno de regalos. La carretera estaba atestada de autos, todos avanzando hacia el mismo destino.

11:45 Pero a medida que avanzábamos, descubrimos el motivo de la lentitud del avance de los autos en ese mismo instante. La noche cambió para mal. Frente a nosotros un choque y a medida de que pasábamos por el caos, todo lo vi como si fuera en cámara lenta. Los autos chocaron unos contra otros y uno de ellos, decorado como un trineo de Santa Claus, se vio atrapado en la colisión. Vi cómo los adornos navideños destrozados y esparcidos, fragmentos de luces y esferas en todas direcciones, no era el santa de la televisión.

12:26 Era un hombre real, un hombre vestido de Santa que probablemente también se dirigía al desfile para hacernos felices a niños y adultos. Pero en ese momento su risa y su alegría fueron tragadas por la violencia del accidente. Mis padres intentaron cubrirme los ojos, pero ya era demasiado tarde. Había visto demasiado. Vi la silueta de aquel hombre atrapado. Su traje rojo manchado, su gorro de santa perdido entre el metal retorcido. Me quedé petrificado, sin poder apartar la vista, sintiendo un frío en el pecho que me calaba hasta lo más profundo de mi corazón.

13:11 De niño no podía comprender del todo lo que estaba viendo, pero sabía que aquello era la muerte desde esa noche. La imagen de aquel Santa Claus herido se quedó grabada en mi memoria y cada vez que cerraba los ojos veía su rostro ensangrentado y su mirada perdida, como si me buscara, como si sus ojos me suplicaran. ¿Ayuda? A medida que pasaron los días, empecé a soñar con él. Pesadillas que parecían más reales de lo que la mente de un pequeño de 10 años podía soportar. En esos sueños veía a Santa Claus no en su trineo lleno de regalos, sino atrapado entre hierros y vidrios, su cara deformada por los vidrios incrustados en su piel y su mano, mostrando sus huesos rotos, extendida hacia mí, como si quisiera alcanzarme. Por desgracia, a partir de esa Navidad las pesadillas regresaban y cada año se volvían más vividas. Soñaba que corría entre autos destrozados, oyendo el sonido de las sirenas y el crujido de los metales mientras intentaba escapar.

14:29 Pero siempre estaba esa figura de Santa Claus que cojeaba entre los autos destrozados, con sus ropas rasgadas y su barba empapada de sangre. Lo sentía tan cerca. Podía oír su respiración entrecortada, su jadeo pesado y yo sin poder escapar. Sentía que en cualquier momento su mano fría y sangrienta por fin me agarraría llevándome con él a su tumba. El sueño era siempre el mismo. Me despertaba empapado en sudor, con el corazón latiendo, como si acabara de escapar de una pesadilla tan real, tan vívida.

15:10 Con el tiempo, mis padres notaron mi aversión a la Navidad. Ya no quería ver películas navideñas. Ni asistir a las celebraciones incluso evitaba los centros comerciales donde los hombres disfrazados de Santa Claus posaban con niños en las rodillas. Todo me recordaba esa noche a ese hombre que había muerto en su traje de Papá Noel. Mis padres pensaron que con el tiempo se me pasaría. Llegó la adolescencia. Y ellos creían que era rebeldía por mi edad, por más que intenté olvidar, esa imagen regresaba cada año, cada Navidad, como el espíritu de la Navidad.

15:55 Fue hasta que cuando tenía 16 años, que finalmente mis padres me llevaron a terapia. No fue fácil revivir aquel recuerdo, pero con el tiempo comprendí algo que me ayudó a aliviar el peso de aquel maldito recuerdo. La terapeuta me explicó que era un niño cuando ocurrió que no había nada que pudiera haber hecho para ayudar a aquellas personas atrapadas en el accidente. Aquel Santa Claus no me buscaba a mí, no estaba enojado conmigo y su tragedia no era mi culpa. Así como tampoco por haber sido un testigo silencioso que pasaba por el sitio en el momento del fatídico accidente con varias terapias.

16:41 Aprendí a aceptar que aquel hombre no era el monstruo de mis sueños, sino una víctima más envuelto en un accidente. A partir de esa noche le confesé a la psicóloga que para mí fue una terrible noche en la que la Navidad se desvaneció en la muerte de aquellas personas. Pero aunque la lógica me ayudó a comprender, el miedo no se desvaneció por completo. Porque cada Navidad. Temía cerrar los ojos y encontrarme de nuevo con aquella figura sangrienta, aquel Santa Claus de las pesadillas que ni con terapias pude disipar.

17:22 Es un miedo que he aprendido a vivir una marca que la Navidad dejó en mi infancia. Ahora, cuando veo a un hombre disfrazado de Santa Claus en la calle, no veo la alegría, sino los restos de un trauma. Un Santa Claus atrapado entre el metal retorcido de su auto. Ahora tengo 30 años, la Navidad, la festejo de manera diferente. En mi hogar no hay adornos navideños, salvo las luces puestas al azar en la sala, aunque a veces con el cambio de estas veo las luces traseras de los autos, las luces intermitentes que te avisan que algo fatídico sucedió. Muchas gracias por contar mi anécdota. Lo que les voy a contar aún me aterra de una manera que dejó las luces de mi casa encendidas.

18:19 Mi nombre es Dominique. Actualmente vivo en Colorado, Estados Unidos. Esto que les contaré me sucedió cuando tan sólo tenía 9 años. Un recuerdo de mi infancia, de aquello que carga a uno. Y que, a pesar de ser un adulto, lo recuerdas como si hubiesen sucedido apenas ayer. Aún recuerdo el sonido de las gotas golpeando el techo y las ventanas. Llenaba la casa con una monotonía pesada mientras todos en casa dormían profundamente. Pero yo no podía conciliar el sueño por más intentos que hacía. Quizá era la emoción de la Navidad. El deseo de ver los regalos bajo el árbol a la mañana siguiente o simplemente el recuerdo del Santa Claus que había visto en la casa de mis tíos el año anterior. Pero esa noche todo en el ambiente era distinto, algo que solo notaría cuando el reloj marcara la medianoche. El aire dentro de la casa se sentía cálido. Pero después cambió a uno helado de una manera antinatural, como si algo hubiera decidido colarse con la tormenta de ese diciembre.

19:39 En plena noche de Navidad. Intenté acurrucarme bajo las mantas. Miraba mi hermano Paul dormido, como si le valiera que esa noche vendría Papá Noel. Pero aún así, aunque me cubriera por completo el frío, me atravesaba hasta los huesos. Sin saber exactamente por qué, me levanté de la cama y me dirigí hacia el pasillo. Todo estaba en penumbras, iluminado apenas por las luces titilantes del árbol de Navidad en la sala y reflejadas las gotas de lluvia en las ventanas. Al llegar al borde de la escalera, algo llamó mi atención, una sombra extraña proyectada cerca del árbol de Navidad.

20:24 La silueta era reconocible, pero también deformada. Parecía la figura de Santa Claus, pero con proporciones erráticas y poco naturales. Una joroba sobresalía de su espalda y sus brazos colgaban a los costados más largos de lo normal, como si fueran extremidades de algún otro ser. Observe aquella figura moviéndose lentamente entre las sombras y un miedo helado comenzó a recorrerme el cuerpo. Esa imagen no era el santa que recordaba de las Navidades en casa de mis tíos, donde él llegaba con una sonrisa cálida y un saco de regalos. Este santa era una imagen macabra, una versión espectral y no del personaje alegre que solía visitar en los centros comerciales y las reuniones familiares. Su rostro estaba cubierto de un maquillaje exageradamente blanco.

21:24 Cubriendo unas heridas en su rostro, la vi claramente cuando se acercó a la lámpara, donde mi madre había colocado galletas y leche para él. Sentí como algo caliente. Se escurrió por mi entrepierna. Cuando se giró hacia mí, me di cuenta de que sus ojos eran pozos oscuros, tan profundos y vacíos, tan negros que parecían devorar la poca luz del ambiente. Por un instante nuestras miradas se cruzaron y él me sonrió. Pero aquella sonrisa no era ni cálida ni amable, como lo era de Papá Noel. Era una mueca antinatural, tensa, mostrando unos dientes amarillos afilados y torcidos, que no pertenecían a un ser humano. Aquella sonrisa era de pura maldad que me heló la sangre. Sentí que mis piernas comenzaban a temblar. Incapaz de apartar la mirada de aquella figura que se movía lentamente hacia mí, arrastrando consigo su saco de juguetes, la figura avanzaba sin prisa, deslizándose, sin hacer ruido, y sus ojos nunca se apartaban de los míos, su cuerpo desproporcionado con aquel saco deforme que llevaba sobre su espalda y sus brazos largos y flacos. Me dieron la impresión de que si los alargaba hacia mí, me arrastrarían sin problema alguno y me metería en ese sucio saco. Intenté retroceder y fue en ese

22:59 momento que me di cuenta que me había orinado sobre mi pijama. Me sentía atrapado entre mi miedo y esa visita a mitad de la noche de ese Santa Claus. Y fue entonces que se detuvo a unos pasos de donde yo me encontraba atrapado por la pared detrás de mi espalda. Aquel Santa Claus se inclinó y sus labios retorcidos esbozaron otra sonrisa aún más amplia, dejando ver cada diente podrido que se escondía en su boca. Su barba, toda sucia e igual de apestosa, podía oler el hedor de su aliento. Un aroma a putrefacción. Mi visión comenzó a nublarse. Y pensé que iba a desmayarme.

23:43 Lo siguiente que recuerdo es que el Santa comenzó a desvanecerse, quizás porque mi visión se volvía negro. Todo a mi alrededor. Lo último que recuerdo es ver como su figura se desvanecía y un grito de horror proveniente de quién sabe dónde desperté en mi cama envuelto en sudor frío. Temblando y sin poder dejar de pensar en lo que había visto, todo estaba en silencio otra vez. La tormenta había finalizado y la casa parecía volver a la calma. Me levanté y bajé al salón esperando ver alguna señal de lo que había sucedido, alguna evidencia que confirmara que no había sido una pesadilla.

24:31 Pero lo único que encontré fue el árbol de Navidad. Con los regalos ya apilados a su alrededor, todo parecía normal, como si nada hubiera pasado. Intenté contarles a mis padres lo que había visto, pero nadie me creyó. Se rieron pensando que había bajado a media noche a abrir los regalos y que mi imaginación había hecho el resto. Pero yo sabía que lo que había visto era verdad desde esa noche. Mi ideal de Santa Claus cambio para siempre cada vez que veía una decoración navideña o escuchaba canciones decembrinas, recordaba aquel Santa Claus.

25:13 Aquella sonrisa macabra y eledora podredumbre que impregnaba el aire de la sala, evitaba ver a los hombres disfrazados en los centros comerciales con sus falsos trajes rojos y sus sacos de regalos. Porque en lo profundo de mí. Sabía que esa imagen alegre no era más que una máscara. Detrás de ella podía estar el mismo ser que había visto aquella Navidad. La idea que se formuló en mi mente es que Santa Claus no siempre trae regalos. Muchas gracias por contar mi experiencia. Me despido de ustedes, no sin antes desearles una blanca Navidad y un Feliz Año Nuevo.

25:59 Muy buenas noches a todos. Me llamo Roxana Covarrubias. Ya han pasado muchos años de lo que les contaré. Me gusta la Navidad, aunque por muchos años no era partícipe de esta festividad. Esto sucedió una noche de Navidad, cuando era una niña. Me quedé despierta más tiempo de lo que debía, ansiosa por ver a Santa Claus. Mis padres siempre me decían que debía dormir temprano para que el pudiera dejar los regalos bajo el árbol. Pero aquella noche el entusiasmo era más fuerte que el sueño. Mi madre sabía que en cualquier momento me quedaría dormida en el sillón de la sala. Pero a medida que el reloj avanzaba y la casa estaba en silencio, sólo iluminada por las pequeñas luces navideñas que. Parpadeaban en el árbol y la sala, en un tenue resplandor colorido, desde el sillón observaba las sombras que las luces proyectaban en las paredes y el techo. Los colores se movían suavemente y a veces las sombras formaban figuras curiosas, pequeñas y cambiantes. Eso me estaba adormeciendo, pero en un momento percibí una sombra distinta, una silueta grande y pesada que. Avanzaba lentamente, proyectada en la pared al fondo del pasillo.

27:28 Mi primer pensamiento fue que era Santa Claus. Me quedé quieta, conteniendo la respiración cubriéndome para que Santa Claus pensara que estaba dormida, pero aún así veía mientras la figura se movía. Era alta, más alta de lo que imaginaba que sería él, y su cuerpo parecía tener una forma extraña. Como si su enorme saco a la espalda le pesará demasiado. Tal y como mis padres me habían contado, mi corazón latía rápido y fuerte entre la emoción por conocer a Papá Noel. Sin embargo, mientras observaba, la emoción se fue disipando y dio paso a un miedo que me hacía jatear tratando de respirar a medida que la sombra se acercaba más a la sala. Las luces del árbol la iluminaron mejor. Entonces pude distinguir que aquel saco no era un saco. Era una joroba grotesca que sobresalía de su espalda, deformando su silueta.

28:33 Sus brazos largos y desproporcionados colgaban a los lados tan delgados y torcidos que no parecían pertenecer a un ser humano. Estaban rígidos como si se movieran por una voluntad que no era propia. Como si de una marioneta se tratara, el cuerpo de la figura se veía corpulento, pero no de la forma en que yo esperaba que fuera Santa Claus. En lugar de eso era una masa maltrecha, con movimientos lentos y pesados. Como si avanzara con esfuerzo su sombra se proyectaba sobre las paredes de la sala, creciendo y encogiéndose con el parpadeo de las luces en ese momento. Entendí que lo que estaba viendo no era Santa Claus, pero no podía apartar mis ojos atrapada en un miedo tan profundo que me dejó completamente paralizada.

29:31 La figura avanzó lentamente por la sala y cuando estuvo junto al árbol, su sombra cubrió casi por completo las luces del árbol. Era como si absorbiera la poca luz que había, dejándome en una oscuridad más tensa. Más aterradora a lo lejos creí escuchar un sonido extraño, un susurro gutural, como si aquella cosa estuviera murmurando palabras que no podía entender. Me estremecí queriendo gritar, pero mi voz no salía. Mis piernas temblaban y por 1 segundo creí que iba a desmayarme. La figura siguió moviéndose y entonces noté que sus pasos no hacían ruido.

30:17 Como si se deslizara. En lugar de caminar, vi su sombra, alargarse hasta el borde de la ventana de la sala y sentí que en cualquier momento podría girarse y mirarme. No se como, pero sabía que si lo hacía algo terrible me pasaría. Cerré los ojos con fuerza, esperando que desapareciera, rogando que todo fuera un mal sueño. Una pesadilla en la que Santa Claus me decía. Que no era bueno estar despierta cuando él llegaba a dejar los obsequios. Cuando los abrí de nuevo, la figura ya no estaba en la sala, pero pude ver como su sombra grotesca se deslizaba lentamente por la ventana, saliendo hacia la noche fría. No me atreví a moverme durante un largo rato. Permanecí en escuchando cada pequeño sonido de la casa, cada crujido que venía de la calle.

31:16 Y murmullo del viento. Algo en mí se quebró esa noche. La imagen de aquella sombra seguía viva en mi mente, grabada en mis recuerdos de una manera tan intensa que, incluso años después, seguía sintiendo el escalofrío en la piel cada vez que pensaba en ella. No supe después qué sucedió, pues cuando desperté ya había pasado una semana. Mis padres me dijeron. Que me había resfriado por dejar la ventana abierta de la sala. Me di cuenta que si les decía de lo ocurrido no me iban a creer. Pues me dirían que fue por la fiebre que tuve a partir de esa Navidad.

32:00 La imagen de Santa Claus dejó de ser un buen recuerdo para mí. Me costaba ver con la misma inocencia a ese personaje alegre y gordo que otros niños adoraban. No podía borrar el recuerdo de aquella sombra deformada y tenebrosa que había visto aquella noche, ni los detalles de sus brazos largos y delgados de su joroba monstruosa que se movía como si tuviera vida propia. Tampoco podía mirar a los santa de los centros comerciales sin sentir una mezcla de miedo y repulsión. Tenía el temor de que debajo de aquel disfraz.

32:41 Resurgiría que el Santa Claus te forme años después, ya siendo mayor, me pregunté si aquella experiencia había sido sólo una pesadilla infantil, una visión producto de mi imaginación, pero algo en mí sabía que había sido real desde entonces. En cada Navidad evito quedarme despierta hasta tarde y prefiero no mirar las luces parpadeantes. Demasiado tiempo en el fondo. Sé que aquel recuerdo nunca se ha desvanecido realmente y que esa sombra sigue acechando en algún rincón oscuro de mi memoria. Pues hay miedos y traumas de la infancia que es imposible olvidarlas.

33:26 Muchas gracias por leer mi relato. La idea de alquilar un disfraz de Santa Claus fue mía. Quería sorprender a mi familia durante la celebración de Navidad, especialmente a mis sobrinos, que habían llegado del vecino país de Estados Unidos. Así que unas semanas antes de la noche buena, mi compadre Juan Carlos me recomendó una tienda donde alquilaban disfraces. Muy buenas noches a todos me presento, me llamo Sebastián López y quizás. Mi experiencia no sea de terror al que están acostumbrados, pero aún así la comparto con ustedes. Tómenlo como una advertencia, esa cuando tu sexto sentido te grita que mejor no lo hagas.

34:20 Después del trabajo me aventuré a buscar el atuendo a la tienda recomendada por Juan Carlos. Ésta se encontraba en la esquina de un callejón poco iluminado, un lugar antiguo. La tienda parecía sacada de otra época, con vitrinas de antaño y maniquíes cubiertos de trajes extraños. Aquel lugar tenía un ambiente casi perturbador, pero no le di importancia, ya que sólo me tomaría unos minutos estar ahí. Al entrar, un empleado joven me saludó con un leve asentimiento. Le expliqué lo que buscaba y él me condujo al fondo de la tienda. Donde los disfraces de Navidad estaban almacenados entre los distintos modelos, uno destacó de inmediato un traje rojo intenso con detalles dorados.

35:13 Una barba larga era, sin duda, el Santa Claus perfecto, como si estuviera hecho para mí. Les seré sincero. Me sentí emocionado al verlo. Imaginé las caras de mis sobrinos y de mis padres cuando me vieran vestido así. Sin embargo, al tomar el disfraz entre mis manos, noté algo extraño. El traje tenía pequeños orificios distribuidos de manera irregular en la tela. Eran diminutos, casi imperceptibles, pero me causaron una sensación incómoda, como si el traje estuviera deteriorado de una manera peculiar, tal vez comido por las polillas.

35:58 Le pregunté al empleado si tenían otro en mi talla, pero me explicó que ese era el único disponible para alguien de mi estatura y complexión mientras me lo probaba. Esa sensación de incomodidad iba en aumento, pero como no había otro disponible para mí, no me quedaba de otra que rentarlo, pues la Navidad sería dentro de 2 días y no encontraría otro disfraz, pero algo me decía que no me lo llevara, aunque. El traje me apretaba ligeramente en los hombros y en el pecho y mirándome en el espejo, no pude evitar notar lo realista que se veía. La barba y el gorro añadían un toque de autenticidad. El empleado al ver mi entusiasmo cuando lo coloque sobre el mostrador para que hiciera el papeleo para poder llevarme el disfraz, me preguntó si estaba seguro de que. Si lo quería rentar en las condiciones en las que se encontraba, yo le dije que sí.

37:01 Fue entonces que me ofreció algunos detalles de su historia. Mencionó que el traje había sido alquilado en muchas ocasiones durante las pasadas Navidades, pero que las personas siempre lo devolvían antes de tiempo, alegando que se sentían extraños al usarlo. Algunos incluso decían que tenían visiones. O que experimentaban sensaciones perturbadoras. Sin embargo, me convencí de que todo era una simple superstición, así que lo alquilé. De todas formas, decidido a no dejarme influenciar por lo que me contaba el empleado mientras lo metía en la Bolsa para entregármelo, me reveló algo que me hizo que los pelos de la nuca se me erizaran y el deseo de no llevarlos. Me dijo que me haría un favor y que me lo agradecería el no ponérmelo.

37:59 El disfraz había sido de un hombre que le hizo algo horrible a su familia en la noche de Navidad. Terminó con la vida de todos los presentes, pues se había enterado de la infidelidad de su esposa con su hermano. Los pequeños orificios son las marcas de las detonaciones de la policía al detenerlo después de aquellos terribles hechos. Los que habían rentado el traje. Algunos le contaron a los empleados haber tenido el deseo de acabar con los que se encontraban en esos momentos en sus hogares, otros terminar con su vida y otras cosas peores. La verdad sí desistí de llevarlo, pero mi terquedad me ganó.

38:44 Cuando llegue a casa se lo mostré a clara mi esposa, quien se emocionó al verlo. Pero algunas mujeres tienen mejor percepción que uno, pues clara supo de inmediato de que se trataban esos orificios en el traje. Yo aún no le contaba la historia que me había dicho el empleado, pero cuando se lo conté, ella misma tomó la decisión de que no lo usaría. Yo, entre risas, le dije que esas eran puras estupideces. Un cuento fraguado por el empleado. Ella me dijo que lo tendría listo para la Navidad si estaba empeñado en ello.

39:24 Bueno, amigos, la verdad es que me dio miedo usarlo. El temor de que esa prenda tuviera la esencia de ese asesino me dio escalofríos. Esa noche todos estaban en casa alegres y la verdad, no ha habido otra Navidad como esa. Tuve el impulso de ponerme el traje, pero como les dije en un inicio. El sexto sentido me impulsó a no hacerlo después de la Navidad. Le pedí el disfraz a clara, pero ella me dijo que lo había destruido mientras yo me encontraba en el trabajo. Ella lo había quemado en el bote de metal que está al final del patio.

40:07 Es ahí donde quemo las hojas de los árboles cuando cubren en exceso el patio trasero de la casa. Y si ahí estaba hecho carbón. Creo que clara, en cierta forma previno a que sucediera una desgracia, lo cual se lo agradezco mucho. Pero el joven de la tienda no estuvo alegre, por lo que le dije sobre cómo terminó el disfraz de Santa Claus, lo tuve que pagar, pero al menos ya nadie va a tener experiencias oscuras con él desde niño. Siempre había sentido algo extraño en la Casa durante las festividades navideñas. Era como una sensación oscura de esas que envuelven las celebraciones, en especial cuando nos reuníamos en el salón.

40:59 Este tenía las decoraciones navideñas de décadas pasadas de los viajes en que los abuelos hacían al extranjero y siempre traían adornos un poco extraños. El año en que cumplí 10 años, algo extraño sucedió en la celebración de Navidad, así como la de mi festejo por parte de la familia y en ese tiempo mi deseo mayor era ver a Santa Claus en persona. Me llamo Orlando Peña y lo que les voy a contar sucedió hace 20 años y es un recuerdo que hasta el día de hoy conservo. Quizás por lo extraño que fue, debo aclarar que.

41:41 Ya no me ha vuelto a suceder esa noche. Todo parecía normal al principio de la reunión, la familia riendo y contando historias mientras los adultos terminaban de preparar la cena. En la cocina, los niños nos revolvíamos inquietos alrededor del árbol, ansiosos por los regalos que estaban a punto de aparecer. La emoción era tanta que nadie se dio cuenta de que yo había comenzado a ver algo extraño. Una figura borrosa que aparecía entre las sombras del pasillo que llevaba el salón. Pensé que mis ojos me engañaban, pero a medida que la figura se acercaba fue haciéndose más nítida.

42:24 Era alta, encorvada y parecía tener un aspecto opaco, como si estuviera hecha de niebla, pues se veía traslúcido. Llevaba un traje rojo desgastado, un saco que recordaba el de Santa. Pero con colores apagados, muy opacos. Tenía el rostro oculto bajo su barba larga y desordenada. Y aunque intentaba sonreír, había algo triste en sus ojos. Por un momento pensé que era un disfraz. Un hombre vestido de Santa Claus que había venido a sorprendernos. Estaba por gritar de la emoción, pero al verlo más de cerca.

43:06 Me di cuenta de que había algo extraño en su apariencia. Su piel de tono pálido y sus manos temblaban como si fueran incapaces de sostener el pesado saco que cargaba sobre el hombro. Sus movimientos eran lentos e irreales. Sentí un escalofrío y traté de acercarme a mis padres, pero ellos estaban ocupados en la cocina. Nadie más parecía notar la presencia de aquel santa triste. Que se movía en silencio por la sala. Entonces el hombre me miró y de alguna manera sentí que en esos momentos conocía a ese señor. Pero de una manera distinta, aquel santo Traslúcido se acercó a un rincón de la sala. Ahí fue que me di cuenta que aquel Santa Claus era un fantasma, pues mi primo Abraham.

43:59 Pasó corriendo y lo atravesó sin siquiera percatarse de lo que acababa de ocurrir. Me quedé mirando hacia el rincón donde la figura poco a poco se iba desvaneciendo. A partir de esa noche ya no volví a ver a ese santa. Me mantuve alerta por si volvía a aparecer. Mi madre notó mi nerviosismo y me preguntó qué me pasaba. Yo le comencé a preguntar si Santa Claus era una especie de fantasma. Ella me contestó que él pasaba inadvertido por las personas cuando este hacia acto de presencia, pero su respuesta no me dio la tranquilidad que esperaba a la edad de dieciseis años.

44:44 Por casualidad recordé lo sucedido, pues mi prima Eva me contó que ella tuvo una experiencia parecida como la mía, pero ella si se lo comentó a alguien al abuelo. Este le contó que era el fantasma de su hermano, quien se había quitado la vida en una Navidad, esto porque su esposa lo había abandonado y se llevó a los niños con ella al no soportar el abandono. Esa Navidad se vistió de Santa Claus, colocó los regalos bajo el árbol y a la medianoche se dió un tiro en la sien. Es por eso que a mí se me hacía conocido. Pues tenía ciertos rasgos parecidos a mi abuelo. Después de lo contado por Eva, entendí que algunos espíritus quedan atrapados en sus recuerdos en sus mejores momentos o peores momentos más dolorosos. Eso que se me mostró esa Navidad fue una Navidad pasada. Hasta hoy no he vuelto a ver aquel santa y eso me da mucha tranquilidad.

45:53 Creo que ni mis hijos lo han hecho. Pues ninguno me ha hecho comentario alguno de ver un Santa Claus transparente en la noche de Navidad. Lo que les contaré fue una historia compartida por uno de mis amigos y con su consentimiento se las comparte. Me llamo Ulises Cosío, no paso las Navidades con mis padres ni con sus familiares. Pues tienen ya más de 11 años que se divorciaron, así que evito las festividades decembrinas con ellos, así que lo hago en algún otro lugar del país o en el extranjero. Para esa Navidad del 2018 éramos un grupo variado y entre nosotros se encontraba Mark, un amigo extranjero con el que compartía la pasión por las historias de terror. Él había crecido en Austria.

46:53 Y con costumbres muy distintas a las nuestras. Y cuando le pedimos que nos contará una historia de su Tierra, acepto con una sonrisa que me hizo intuir que traía una de esas leyendas capaces de congelarte la sangre. Mark comenzó su relato hablando de un pequeño pueblo, uno perdido entre las extensas montañas de Austria, donde el invierno es eterno y las noches heladas, mientras describía el lugar. Yo me lo iba imaginando. Mark hizo una pausa y señaló que esta historia fue contada por su abuela. En los lejanos años de 1950.

47:35 Los habitantes vivían casi aislados después de la segunda guerra que hubo hacia tan sólo unos años. El poblado era de lo más sencillo y sus habitantes tenían una vida dura. Resulta que en ese lugar santa. No era visto como el personaje bondadoso y alegre que nosotros conocemos. Según contaba mark, allí existía la leyenda de un Santa Claus muy distinto llamado Nicolaus, uno tan antiguo como ese pueblo. La primera aparición de este Santa ocurrió una noche en que el viento helado Silva entre las casas. Afuera la nieve caía incesante.

48:20 La gente decía que nicolau parecía salido del infierno. No llevaba el traje rojo brillante ni la sonrisa amable que todos esperábamos. Al contrario, vestía ropas oscuras y un abrigo gastado, pesado y cubierto de manchas, como si hubiera vagado por el hielo y la tormenta. Durante siglos su rostro estaba cubierto por una barba grisácea y enmarañada, y sus ojos eran 2 oscuros. Que parecían petrificar el alma de cualquiera que osara mirarlos. La abuela de Marc describía como cada Navidad este Nicolás visitaba el pueblo.

49:02 Nadie sabía de dónde venía, pero siempre aparecía. Al caer la noche, moviéndose con paso lento y pesado, se deslizaba por las calles cubiertas de nieve. Sus botas dejaban huellas profundas. Que cuando salían a la calle después de su paso, estas huellas habían desaparecido. No mostraba rastro alguno que había estado en el pueblo. Los aldeanos decían que era mejor evitarlo, pues sus intenciones no era entregarles un obsequio, sino llevárselos con él. Con el tiempo, en cada Navidad, la gente comenzó a quedarse en sus hogares durante toda la noche incluso.

49:45 Se llegó a advertir a los niños de que no debían salir, que el nicolau podía llevarse a los que no obedecían. Sin embargo, como siempre, hay niños que no obedecen Asus padres. Y ese fue el caso de un niño vecino de la abuela de Mark, quién desapareció esa noche de Navidad de 1951, uno de los hombres del pueblo. Miró al pequeño jacobo observando por la ventana de su cuarto al exterior. La abuela de Mark, que en ese tiempo tenía 10 años, también veía por la ventana la caída de la nieve. Segura que al día siguiente saldría a jugar con sus hermanos.

50:29 Fue entonces cuando en una ráfaga de viento helado miró como por la calle una silueta oscura que ni se inmutaba por la ventisca. Caminaba a paso lento. Pero a pesar de eso, avanzaba con cierta rapidez, pues cuando menos lo pensó, éste pasó frente a su casa. Se dirigía a la casa del Pequeño Jacobo. Ella parecía estar petrificada ante lo que veía, pues miró como ese ser abrió la ventana y sin problema alguno sacó al niño de su casa llevándoselo con él. Su abuelita intentó gritar, pero la misma ráfaga de viento se hizo presente.

51:12 Cubriendo al ser y al pequeño ante la mirada aterrada de la niña, cuando se dieron cuenta de la ausencia de Jacobo ya era muy tarde. El pueblo se reunió para buscarlo y fue cuando un anciano decía haberlo visto, pero nadie le creyó, pues el anciano había sufrido la pérdida de sus hijos en la guerra y creían que no estaba bien de su cabeza. Él señaló. ¿Hacia dónde se había llevado al pequeño? Ella también contó lo que había visto, pero el alcalde del pueblo pospuso la búsqueda, pues las condiciones no eran seguras para nadie.

51:53 Esa mañana de Navidad, a partir de ese año, siempre regresaba el espíritu de un nicolaus emergido de la oscuridad, llevándose a un niño cada Navidad. Lo perturbador es que la abuela de Marc. Le aseguró que la gente del pueblo azotada por la guerra y la hambruna un año antes de que terminara la guerra, los desesperados padres pidieron un milagro de Navidad, que el pueblo fuera próspero, que se fueran los soldados y tuvieran alimentos y que no fueran encontrados por la guerra. Nuevamente. Ya saben, un pacto. ¿Alguien hizo el pacto con nicolaus? Aceptó, pero no era el nicolau al que se le ponía un tributo de frutas y alimentos, una cena de Navidad. Su tributo era un niño por año y nadie en el pueblo pudo hacer algo para que eso no sucediera.

52:51 Mark explicó que con el tiempo las familias comenzaron a abandonar el pueblo. Nadie quería vivir en un lugar donde la Navidad era entregar a uno de sus hijos poco a poco. Los hogares se fueron vaciando, las casas quedaron desiertas, las tiendas cerraron y el pueblo entero fue cayendo en el olvido hasta que finalmente solo quedaron ruinas sin nieve, cubriéndolo todo. Hoy en día se cree que el pueblo fue abandonado durante la guerra, cuando Marc terminó su historia, todos en silencio, él con su sonrisa amplia.

53:32 Nos dijo que hay que tener cuidado con los deseos en Navidad.