6 HISTORIAS REALES DE LA COMUNIDAD – RELATOS QUE TE PERSEGUIRÁN ESTA NOCHE
En este episodio escucharás 6 historias reales enviadas por la comunidad, relatos tan inquietantes que han dejado a más de uno sin dormir.
Apariciones, sombras que siguen, voces que susurran en la noche y experiencias que desafían toda explicación.
Cada caso está narrado con el estilo oscuro y profundo que caracteriza a Inframundo Relatos.
Ponte audífonos, apaga las luces y deja que estos testimonios te transporten a lo desconocido.
Si tienes una historia real y quieres que aparezca en un próximo episodio, envíamela por mensaje en mis redes.
Gracias por escuchar y formar parte de esta comunidad que cada día crece más.
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0:00 No olvides seguirnos y dejarnos 5 estrellitas para más contenido exclusivo, buen día, buena tarde o buenas noches esperando se encuentre muy bien del otro lado de la pantalla. Me complace presentarles en esta ocasión algunas historias compartidas por ustedes, los suscriptores, nuestra querida Comunidad, nuestra querida familia, relatos que. Día a día nos ocurren historias sobre las que te pueden pasar a ti o quizás a mí. Gracias por enviarlas y si tienes una historia por contar, puedes enviarla al correo electrónico que está apareciendo en pantalla.
0:45 Será un gran honor poder narrarla sin más. Por el momento aquí comenzamos. La aparición de la sala basado en la anécdota del seguidor Rogelio piña mascucia muy buenas noches a toda la Comunidad, mi nombre es rogelio, soy de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, desde hace años.
1:28 Escucho los relatos que comparten en YouTube, Spotify y FACE. Siempre me he sentido atraído por lo paranormal. Tal vez no sea un experto, pero si alguien que ha vivido cosas que escapan a toda explicación. Desde niño he tenido una sensibilidad especial para percibir lo que otros no ven, apariciones, ruidos, sombras. Sueños que parecían más reales que la vigilia. Incluso tuve un viaje astral y en más de una ocasión llegué a comunicarme con entidades. Son muchas las experiencias que me han acompañado durante mis 33 años, pero hay una que marcó mi vida para siempre. En mi familia.
2:24 Todos la conocen. Le llamamos simplemente la niña. Cuando era pequeño vivía con mi abuela paterna. Las noches eran un tormento para mí. Apenas oscurecía el miedo. Me invadía porque sabía lo que me esperaba. En el closet veía personas que se asomaban, que me chistaban o me hablaban al oído. En ocasiones veía figuras al lado de mi abuela mientras dormía. Una de ellas era diminuta, no medía más de 30 cm. Casi como un niño en miniatura.
3:07 Siempre permanecía junto a ella cuando mi abuela falleció. Aquellas manifestaciones se salen con el tiempo. Comencé a dormir con más tranquilidad. Aunque mi familia nunca me creyó, yo seguía viendo cosas, incluso a plena luz del día. En esa época empezó a ocurrir algo extraño, el televisor de la sala se encendía solo en la madrugada. Yo tenía 7 años y aunque los aparatos antiguos podían programarse con un temporizador, aquello se volvió inquietante porque.
3:49 Ocurría 3 veces cada noche. Como compartí habitación con mi abuela, siempre era yo quien se levantaba a apagarlo. Una madrugada mente al escuchar que la televisión se encendía de nuevo, salí decidido a desconectarla, pero esa ocasión, al pasar por la sala secundaria, algo me obligó a voltear hacia la sala principal. Allí, a escasos 3 M. Vi claramente a una niña. Vestía ropa antigua, con calcetas largas y un uniforme que parecía de colegio.
4:31 Su atuendo era muy parecido al que usaba mi abuela y mi tía cuando eran niñas. La niña estaba de pie, inmóvil, mirando hacia algo que no alcancé a notar. No me habló ni se movió. Solo permanecía allí. El miedo me paralizó. Volví a correr hasta la habitación y no supe en qué momento me quedé dormido. A la mañana siguiente conté lo ocurrido. Revisé la televisión, pero no tenía reloj programado ni función para encenderse sola. Además, cada vez que se activaba. El volumen subía lentamente hasta despertarnos. Aquella noche se repitió el fenómeno. Mi abuela se levantó al baño y yo la acompañé. Al salir.
5:28 La televisión estaba otra vez encendida. En ese momento la vi de nuevo era la misma niña en la misma posición, mirando hacia el mismo punto. Con las manos juntas, como si rezara, le dije a mi abuela, pero ella no veía nada. En cambio, yo no podía dejar de mirarla. Sentía el cuerpo helado. Pasaron los días, pero cada vez que la veía me invadía el mismo terror. Con el tiempo descubrí que la niña siempre miraba hacia un retrato de la virgen de Zapopan que colgaba en la pared aquella posición, sus manos unidas.
6:17 Todo parecía un rezo silencioso. Poco a poco sus apariciones se hicieron menos frecuentes hasta que dejaron de ocurrir. Sin embargo, después de la muerte de mi abuela, la casa quedó en una calma extraña. Las sombras, los ruidos y las figuras del clóset desaparecieron también, salvo una presencia que todos llegamos a ver en el patio. Los nuevos dueños de la casa dicen que aún la ven. Pensé que todo había terminado, pero. Años después descubrí que estaba equivocado.
7:00 Tras la muerte de mi abuela, la Casa entró en disputa entre mis tíos y mi padre. Al no existir testamento completo, tuvimos que venderla. Yo me mudé con mis padres y hermanos, formé mi propia familia y con el tiempo todo pareció normalizarse hasta aquel día. Había cambiado de trabajo y me desempeñaba como encargado en una bodega. Una tarde mis compañeros salieron antes y me quedé solo para activar la alarma. Antes de irme, todo estaba muy tranquilo hasta que justo al pulsar el código se fue la luz. Instintivamente voltea hacia el fondo del almacén y ahí estaba hecha la misma niña, su vestido.
7:49 Sus calcetas y su rostro, pero esta vez me miraba directamente. Su expresión era inexpresiva, sus ojos profundos y sentí el mismo miedo infantil que creía haber superado. Corría hacia la puerta y salí a la calle. Un vecino que vivía al frente de la bodega estaba por tocar la puerta. Cuando me vio salir alterado me preguntó qué pasaba. Tardé unos segundos en responder temblando. Le conté lo ocurrido y él me dijo que había escuchado ruidos extraños y que algo lo había impulsado a entrar, a revisar. Lo más perturbador fue lo que añadió después. Aseguró que nunca se fue la luz, que desde afuera todo el edificio permanecía iluminado.
8:39 Aún no sé qué fue lo que vi esa noche. Tiempo después hablé con un amigo y compañero del trabajo, a quien llamaré FER. Él ya conocía la historia de la niña porque se la había contado años atrás. Cuando le mencioné que había vuelto a verla, me dijo que no me preocupara, que él se encargaría de quitarla. Me explicó que no era un espíritu maligno, sino algo que había quedado atado a mí desde la infancia. No sé si lo hizo o no, pero desde entonces no la he vuelto a ver. Han pasado los años. Y sigo recordando aquella mirada.
9:21 A veces, cuando me encuentro solo en un lugar silencioso, siento la misma presencia a mi espalda. No sé si algún día vuelva a manifestarse, pero desde aquella noche en la bodega, cada sombra y cada silencio me recuerda que hay cosas que nunca se van del todo. Hoy es 08/08/2025 y aunque el tiempo haya pasado, sigo convencido de que lo que vi no fue un sueño ni una alucinación. Fue real. Y lo peor de todo es que sé que ella también me vio a mí gracias a toda la Comunidad por escucharme. Fantasma en la carretera compartido por Dani López desde Tijuana, Baja California.
10:28 Lo que voy a contar ocurrió en mi ciudad, en un tramo de carretera que hasta el día de hoy me provoca un miedo que no he podido superar. No se trata de una historia escuchada ni de un rumor urbano. Es algo que viví, algo que aún me acompaña cada vez que paso cerca de ese lugar. En Tijuana existe un viejo cementerio llamado Monte de los Olivos. Lo menciono porque su historia se entrelaza con la mía. Hace algunos años, al construir una autopista, el cementerio fue literalmente cortado a la mitad.
11:09 Las máquinas abrieron paso entre tumbas, destruyendo sepulturas y exponiendo cuerpos que llevaban décadas descansando bajo la Tierra. Los trabajadores contaban como las excavadoras levantaban Tierra mezclada con huesos, brazos, piernas, cráneos, torsos. Una escena tan grotesca que muchos abandonaron la obra. Aún hoy, quien transita por esa autopista puede ver cruces dispersas y pequeñas lápidas a ambos lados del camino. La vía está marcada por una pendiente empinada y una curva pronunciada de un lado, un barranco profundo del otro, el terreno donde se encuentra la fosa común, el lugar donde fueron arrojados los cuerpos sin reclamar.
12:06 Ese.es clave en lo que viví era enero del 2024. Mi novia y yo habíamos planeado cenar hamburguesas en un nuevo restaurante de comida rápida que acababan de abrir en el centro. Ella llegó a mi trabajo usando una aplicación de transporte y cuando salí cerca de las 8:00 de la noche nos dirigimos juntos al lugar. Pasamos una velada agradable, sin imaginar que esa noche terminaría marcada por el miedo. Alrededor de las 10:00 decidimos regresar a su casa. La ruta más directa era tomar la autopista que cruza la ciudad, misma que atraviesa el antiguo cementerio.
12:52 El camino estaba oscuro, apenas iluminado por los faros de los autos que pasaban por allí. Aceleré un poco buscando llegar rápido y justo al entrar al tramo donde se encuentra la fosa común, la VI. En el espejo retrovisor. Apareció la silueta de una mujer alta, delgada, con el cabello enmarañado. No era un reflejo ni una ilusión causada por las luces. Era una figura sólida, una sombra con cuerpo. No tenía rostro, ni boca ni nariz. Solo una mirada brillante, casi blanca, que se clavó en mí como un cuchillo.
13:35 El terror me paralizó. Sentí el impulso de frenar bruscamente, pero un reflejo de supervivencia me hizo sujetar el volante con fuerza. Mi cuerpo temblaba. Mi novia notó mi expresión y comprendió de inmediato que algo no estaba bien. Me preguntó qué pasaba. Y solo pude decirle que había alguien en el asiento trasero. Ella giró la cabeza, pero no vio nada. El tramo no mide más de 300 M, pero para mí duró una eternidad. La presencia detrás de mí se hizo más fuerte, más real.
14:16 El aire dentro del coche se volvió pesado, helado. Fue entonces cuando sentí una mano huesuda, apoyarse en mi nuca. Fría, tan fría que sentí como la piel se me erizaba hasta los huesos. Mi respiración se corto. El pánico me hizo soltar un gemido que no parecía humano. ¿En ese momento, mi novia gritó con una fuerza que me estremeció, no tienes permiso de estar aquí? Lárgate. No sé si fue su voz o algo más. Pero la figura desapareció del espejo. Aún así, podía sentir su mano invisible presionando la parte trasera de mi cuello.
15:06 Mi novia me tocó la cabeza y recorrió mi espalda con la mano, intentando calmarme. Ella asegura que nunca vio nada, pero sí sintió que algo nos acompañaba, algo que no debía estar allí cuando por fin dejamos atrás el cementerio. El ambiente del coche volvió a la normalidad, pero mi corazón seguía desbocado. Desde esa noche no he vuelto a tomar esa autopista. Prefiero manejar kilómetros de más antes de cruzar por ese tramo maldito. Cada vez que alguien menciona en monte de los olivos, recuerdo su mirada vacía en el espejo. Sus dedos helados tocando mi piel y la sensación de que esa carretera no está sola.
15:58 Algunos dicen que son almas que nunca fueron reclamadas, otras, que la autopista es un portal entre el mundo de los vivos y los muertos. Yo no sé qué fue lo que vi, pero sé que fue real y desde entonces, cada vez que paso por una curva oscura no puedo evitar mirar por el retrovisor. Con miedo de voltear a encontrarme otra vez con ella los aluxes del basurero, basado en la anécdota de Abraham desde Yucatán, México, muy buenas noches, comunidad Inframundo, soy Abraham. Desde un pequeño pueblo al oriente de Yucatán, no muy lejos de la ciudad de Tizimín, la llamada ciudad de los Reyes. Lo que les voy a contar ocurrió hace unas semanas, durante una tormenta que pareció venir de otro mundo. El cielo se tornó de un gris pesado, como si algo visible amenazara con romperlo esa tarde. Como de costumbre, planeaba ir al rancho con mis amigos, a quienes llamaré Diego y Reyes.
17:21 Después de llegar de la Universidad, almorcé y los llamé. Eran las 4:00 de la tarde. Cuando salimos rumbo al rancho, llevábamos un rifle y una lámpara vieja. El aire olía a Tierra mojada, pero había un olor extraño mezclado con el viento, un aroma agrio parecido al de un animal muerto. Al llegar encerramos el ganado en el corral, les dimos agua y alimento y fuimos al área donde estaban las colmenas. El zumbido de las abejas era débil, apagado, como si hasta ellas presintieran algo sin darnos cuenta.
18:03 La tarde se fue en Yucatán, oscurece rápido, pero aquella noche cayó de golpe, como si el sol hubiera desaparecido de pronto. Emprendimos el regreso antes de que nos alcanzara la oscuridad total. Diego cargaba lo que cazamos, 2 conejos y una chachalaca, reyes llevaba un tisub y yo el rifle. El camino de regreso era húmedo, silencioso, ningún grillo cantaba, ninguna rana acrobaba. Solo escuchábamos el crujido de las hojas bajo nuestros pies. A unos kilómetros del pueblo estaba el basurero.
18:46 Allí siempre hay humo y olor a quemado, pero esa noche se sentía diferente, como si algo nos esperara. Cuando llegamos vimos 2 figuras negras bajo el árbol grande que marca la entrada. No se movían, no tenían forma humana ni animal, solo estaban ahí quietas. Pensé que podrían ser los cuidadores del basurero. Así que seguimos caminando, saludando al pasar. Pero las sombras permanecieron inmóviles. Entonces una voz ronca y profunda respondió desde la oscuridad, algo así como noches y una segunda voz idéntica repetía la misma palabra, noches.
19:35 Ambas voces eran secas, huecas, como si vinieran de adentro de una cueva. El aire se sentía más frío. Traté de mantener la calma y dije algo para romper el silencio. Pero cada palabra que pronunciábamos era repetida por esas voces deformadas. Cuando una de ellas dijo con lentitud, pasen a tomar un atolito salado, la otra repitió exactamente lo mismo. Pasen a tomar un atolito salado. Se me heló la sangre.
20:16 Sentí que el monte entero nos observaba. Diego, sin medir las consecuencias, quiso aceptar la invitación, pero Reyes y yo lo detuvimos. El aire se volvió pesado, inmóvil, cargado de humedad. Las sombras seguían ahí, sin moverse, sin rostro. Solo repitiendo una y otra vez, de pronto, a lo lejos, se asomó la luz débil de una bicicleta. Era un señor mayor que venía cargando leña al vernos. Comenzó a gritar en maya con una furia que nos sacudió. Las figuras negras se estremecieron y empezaron a moverse, pero no caminaban.
20:59 Brincaban torcidas como deformes, como si sus cuerpos no tuvieran huesos. Saltaban y se perdían entre los árboles del basurero mientras el viejo seguía gritando. Cuando se acercó, nos dijo con voz temblorosa que no les habláramos nunca, que eso no eran hombres. Nos contó que eran aluxes, pero no los guardianes buenos del monte. Eran nosotros los que habían perdido su propósito. Los que buscaban almas humanas para jugar con ellas, para hacerlas perderse.
21:40 Dijo que si hubiéramos aceptado el atole, jamás habríamos regresado. Nos pidió no volver al rancho por unos días. Mientras nos contaba eso, reyes intento recoger su arma, que había dejado en el suelo, pero ya no estaba, solo había un hueco húmedo. Como si algo lo hubiera arrastrado. Seguimos caminando con el viejo agradecidos. Hablaba despacio, con respeto, como si temiera nombrar demasiado lo que habíamos visto. Pero cuando llegamos a la entrada del pueblo, la luz de la bicicleta parpadeó y este desapareció. No se escucharon pasos, ni su voz, ni siquiera su sombra, solo el olor a leña mojada flotando en el aire. Esa noche los grillos volvieron a cantar como si el monte respirara de nueva cuenta, pero nosotros no volvimos a ser los mismos.
22:40 Desde entonces, cuando pasamos por el basurero, evitamos mirar hacia el árbol grande, cruzamos rápido y sin hablar con la mirada al frente, esperando no escuchar otra vez esas voces deformadas invitándonos a beber un atolito salado. Un saludo desde Yucatán. Gracias por escuchar mi historia, el cadejo de la muerte, basado en la anécdota de Juan Rodríguez, originario de Guatemala.
23:23 Muy buenas noches. Mi nombre es Juan, nací en Guatemala, pero actualmente vivo en Lake Forest, California. Hoy quiero compartir una historia que marcó mi vida, una experiencia que hasta el día de hoy no he podido olvidar. Le llaman el cadejo de la muerte. En mi país se dice que existen 2 Cadejos, el blanco y el negro. El primero protege a los borrachos y a los viajeros perdidos. El segundo, el negro, sale desde las sombras para arrastrar el alma de quienes han extraviado su camino. Era 19 de abril del año 2003, un sábado de fiesta en la ciudad de antigua Guatemala.
24:12 Después de una semana larga y agotadora, decidí salir a despejarme. Fui a un bar cercano al centro. El ambiente era alegre, lleno de música. Risas y el olor a licor. Las horas pasaron entre tragos y conversaciones hasta que la noche se volvió madrugada. Cerca de la 1:00 de la mañana decidí regresar a casa. Caminaba por las calles empedradas, tambaleante, con el eco de mis pasos acompañando. El cielo antigua siempre ha tenido ese aire antiguo colonial.
24:53 Donde cada esquina parece esconder un susurro de un antiguo pasado. Fue entonces cuando lo escuché a lo lejos. Resonó el golpe de un caballo. Sonaba cada vez más cerca. Me detuve mirando alrededor, pero las calles estaban vacías. No vi a nadie. Seguí caminando intentando ignorarlo, pero el sonido volvió más fuerte. Más rápido, el ritmo seco de los cascos sobre la piedra me hizo acelerar el paso. Giré nuevamente y no había nadie, solo oscuridad.
25:34 Ya casi llegaba a mi casa. Cuando lo vi del frente, emergiendo de entre la neblina, apareció un caballo completamente negro. Su cuerpo brillaba con un resplandor húmedo como cubierto de sombra viva. Sus ojos eran 2 Carbones encendidos, rojos ardientes. Sentí como el alcohol desaparecía de golpe, el miedo me paralizó. El animal se alzó sobre sus patas delanteras y relinchó con un sonido que no parecía de este mundo. Era un rugido profundo, hueco que resonaba en las paredes antiguas.
26:20 Corrí sin mirar atrás, escuchando como los cascos golpeaban la piedra detrás de mí, acercándose con una furia imposible. Tropecé y caí los matorrales junto al camino. El caballo pasó rozando relinchando con furia, buscando entre la oscuridad. Sentí su presencia de tenerse frente a mí. Pude ver el vapor que salía de su hocico. Pude oler el azufre en el aire cuando creí que todo terminaría y un hombre apareció en la distancia cerrando las puertas de su casa con las últimas fuerzas que tenía.
27:04 Corrí hacia él, grite pidiendo ayuda. Al principio pensé que era un borracho más, pero cuando miró. Lo que venía detrás de mí abrió la puerta de golpe y me hizo entrar dentro. Su esposa se levantó a la armada. Ambos me miraron pálido y el hombre solo dijo en voz baja que había tenido mucha suerte. Me contó que esa criatura era conocida desde hace generaciones, el cadejo de la muerte, el espíritu del mal que persigue a los que se pierden entre el pecado y el licor. Dicen que hay 2, el blanco que guía y el negro que mata esa noche supen lo que me había perseguido y no era un simple animal, no era una visión causada por el alcohol, era algo real, algo que venía de un lugar donde la oscuridad tiene nombre desde esa noche, cada vez que escucho el golpe de un caballo en la distancia, aunque esté aquí en California.
28:12 Un escalofrío me recorre el cuerpo. Sé que de alguna forma el cadejo aún me recuerda. Y cada 19 de abril, a la misma hora, cuando el viento sopla entre las calles vacías de mi memoria, siento el eco de los cascos buscándome una y otra vez. Gracias por contar mi anécdota. El maleficio del vendedor, historia de terror basada en la experiencia de Daniel Contreras.
28:54 Muy buenas noches a todos. Mi nombre es Daniel y esta historia ocurrió entre el 20 y 24 de febrero del año 2023, durante lo que debía hacer un viaje de aniversario con mi esposa. Siempre habíamos querido conocer Veracruz, ese lugar del que tantas maravillas habíamos escuchado. Tomamos un avión desde la Ciudad de México con toda la ilusión de vivir unos días tranquilos frente al mar, sin imaginar que esa experiencia nos marcaría para siempre. Desde que llegamos algo se sentía extraño. La gente nos miraba con hostilidad. No sé si fue por ser foráneos o simplemente porque habíamos llegado al lugar equivocado, pero su trato era frío y desconfiado.
29:47 Esa primera noche, mientras caminábamos por el centro para cenar, intentaron Asaltarnos. Pudimos evitarlo por poco, aunque la sensación de peligro quedó flotando en el aire. Aún así, tratamos de disfrutar el resto del viaje. Al día siguiente decidimos visitar un mercado que muchos comentaban el mercado de camarones. Pensábamos comer mariscos frescos, pero al llegar nos ofrecieron un platillo que tenía un olor desagradable. No lo probamos y eso pareció ofender al comerciante. Lo vi hacer una seña y de pronto cuatro hombres se acercaron a su puesto. No hablaban claramente.
30:34 Usaban palabras en clave, pero sus miradas eran amenazantes. Tomé la mano de mi esposa y salimos sin mirar atrás. Al ponernos de pie, ellos también se levantaron y comenzaron a seguirnos. Tuvimos que caminar rápido entre los pasillos del mercado hasta perderlos entre la multitud. Después de eso, el viaje se volvió una carga. Queríamos regresar, pero aún faltaban unos días. Decidimos pasar el último día en la playa de boca del río, intentando al menos cerrar un buen recuerdo. El día transcurrió tranquilo. Caminamos por la arena, escuchamos el mar y por un momento creímos que lo peor había pasado cuando el sol comenzó a caer.
31:26 Tomamos un camión para volver al hotel. Nos sentamos en la parte trasera. Cansados pero aliviados. A mitad del trayecto subió un hombre vendiendo algodones de azúcar y dulces. Llevaba la mirada pesada, como si cargará un enojo permanente. Se acercó a vendernos su producto y al negarnos su semblante cambió, se sentó de mala gana. Monumurando palabras que no entendíamos al llegar a nuestra parada. Mi esposa bajó primero. Cuando me disponía a hacerlo. El vendedor me empujó con fuerza. Me gritó con desprecio, usando insultos y palabras en un dialecto que no reconocí.
32:16 Lo ignoré, aunque sentí una sensación extraña, como si algo me hubiera tocado desde adentro. Bajé del camión con el corazón acelerado, pensando que todo quedaría ahí. Esa noche comenzó mi tormento. Al regresar a casa empecé a sentirme mal, fiebre, vómito, diarrea. Los síntomas empeoraron con cada hora hasta que terminé en el hospital. Los médicos no encontraban la causa. Mis órganos parecían funcionar, pero mi cuerpo se debilitó. Caí en un Estado de choque, pasé varios días así. Sin explicación.
33:02 Cuando por fin me dieron de alta, me recetaron un tratamiento que no sirvió de nada. Una madrugada tuve un sueño que lo cambió todo. Vi el templo mayor cubierto por sombras antiguas alrededor, danzantes con plumas y rostros pintados. Me llamaban, golpeaban tambores y repetían mi nombre. Desperté sudando con una sensación de urgencia. Como si algo me pidiera que fuera allí. Le pedí a mi esposa que me acompañara. No me creyó del todo, pero aceptó. Cuando llegamos al sitio arqueológico sentí una energía que nunca había experimentado. Cada golpe de tambor, cada sonido del viento entre las ruinas, me atravesaba el cuerpo.
33:54 Caminé despacio entre los restos del antiguo templo hasta. Detenerme frente a una escultura sabía que no debía tocarla, pero algo dentro de mí me obligó. En cuanto la rocé con la palma de la mano, una corriente caliente recorrió mi brazo. Era como si algo oscuro saliera de mi cuerpo, como si aquella piedra absorbiera la enfermedad que me consumía. Sentía el livio inmediato. Mi respiración se normalizó. Mi mente se despejó. Supe entonces que aquello que había traído de Veracruz no era una simple ofrenda.
34:37 Había sido una maldición. Tal vez un acto de odio del hombre del camión o quizás de alguien más que nos deseó mal. No lo sé, pero los tambores, las ruinas y el calor que me liberó me confirmaron que el daño era real. Desde ese día nunca volví a enfermarme de esa forma. Agradezco a los ancestros, a esa fuerza invisible que me devolvió la vida y aunque no nací en Ciudad de México, sé que ese lugar me salvó. A veces pienso que lo que me atacó en Veracruz sigue ahí, esperando a otro foráneo que cruce ese mismo camino, comunidad.
35:21 Esta fue mi experiencia. Un viaje que comenzó como un aniversario y se convirtió en algo que terminó con un encuentro con fuerzas que aún viven entre nosotros, algo inexplicable, promesa a la niña blanca basado en la anécdota de Jesús desde el estado de México. Saludos a toda la Comunidad. Tengo 17 años y lo que estoy por contar comenzó cuando tenía 15.
36:04 Antes de eso no creía en nada la santa Muerte. Mi Blanquita, como ahora suelo llamarle, me parecía solo un mito popular, una historia más que la gente contaba por costumbre o miedo. Hoy sé que estaba equivocado. Todo cambió una noche en que mi madre salía tarde del trabajo. Su oficina está cerca del centro, en una zona donde los robos de autopartes son comunes. Ya le habían robado la batería del coche una vez. Era temprano todavía, pero esa calle siempre se vacía al caer la tarde.
36:46 Recuerdo el miedo que sentí y la desesperación que me hizo mirar al cielo. Sin pensarlo le supliqué a mi flaquita. Le dije que me ayudara a encontrar una solución que no la dejara sola. Caminé por la calle casi vacía, con el corazón apretado, y entonces ocurrió algo que aún me pone la piel de gallina. A unos metros vi un pequeño local de reparaciones de autos por la hora y el lugar debió estar cerrado, pero estaba abierto. Las luces encendidas, la puerta entreabierta y un hombre dentro, como si me esperara.
37:27 No sé si fue coincidencia, pero para mí no lo fue. Sentí claramente que mi Blanquita había escuchado mis súplicas y había abierto ese camino. Esa fue la primera prueba, la señal que derrumbó mi escepticismo. Desde aquella noche, mi fue se volvió parte de mi vida. Aprendí que ella responde no solo a los favores graves, sino también en los pequeños deseos, en los sentimientos más humanos. Le he pedido ayuda en temas del corazón, por personas que me gustan, por encuentros que me parecían imposibles y de un modo que no sabría explicar.
38:11 Las cosas se acomodan solas, las oportunidades aparecen. Las coincidencias dejan de ser coincidencias. Muchos dirán que es una casualidad, pero yo sé que es su mano la que Muévelos hilos invisibles. La confirmación final de su poder llegó con mi ingreso a la universidad. No soy el estudiante más disciplinado y el examen de admisión exigía un puntaje alto. La noche anterior a conocer los resultados recé con toda mi fe. Le pedí a mi Blanquita que me ayudara a entrar, que intercediera por mí y le prometí algo a cambio, contarle al mundo lo que hace por los que creen. A la mañana siguiente desperté con la noticia de que había sido aceptado.
39:03 Me quedé en silencio mirando la pantalla. No lo podía creer. Sentí que no era solo mi esfuerzo, era su intervención. Su manera de cumplir por lo que había pedido. Por eso hoy cumplo mi promesa. Este relato es mi forma de agradecerle, de reconocer su presencia en la vida, aunque sé que no es algo aterrador. Quiero agradecer a Inframundo por de verdad darle voz a esta historia, a estas simples palabras, porque cuando la necesidad es sincera y las suplica, nace del corazón mi Blanquita. Escucha, ella está ahí silenciosa pero atenta, velando por quienes creen en ella.
39:51 Y yo soy testigo de lo que ella es. Es verdad, querida Comunidad. Espero que esta entrega les haya gustado. Es un honor para mí pasar un buen rato con ustedes. Muchas gracias por abrirme la puerta de su hogar. Por favor, no olviden dejarme sus comentarios. Esto nos ayuda a seguir trayendo mejor contenido. Me encanta leer sus experiencias y conocernos un poco más. Si el video les gustó, por favor, no duden en compartirlo con sus amigos. Esto nos ayuda a llegar a más personas y que la Comunidad siga creciendo. Un abrazo muy fuerte.
40:36 Nos vemos en una próxima entrega. Esto fue Inframundo, relatos.
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