May 30, 2026

5 HISTORIAS DE TAXISTAS Y PASAJEROS EXTRAÑOS

5 HISTORIAS DE TAXISTAS Y PASAJEROS EXTRAÑOS
5 HISTORIAS DE TAXISTAS Y PASAJEROS EXTRAÑOS
Inframundo Relatos De Terror
5 HISTORIAS DE TAXISTAS Y PASAJEROS EXTRAÑOS

Historias de Terror, Relatos Paranormales y Cuentos Oscuros que podrían dejarte sin dormir esta noche.

En este episodio escucharás 5 historias de taxistas marcadas por pasajeros extraños, rutas que no debieron tomarse, apariciones en plena madrugada y sucesos que dejaron huella en quienes trabajaban de noche. Si te gustan los relatos oscuros de taxis embrujados, sombras en el asiento trasero y encuentros paranormales en la ciudad, este episodio es para ti.

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0:00 Muy buenos días madrugadores. Los saluda su amigo Alejandro a todos aquellos quienes están lavando, acomodando y seleccionando fruta y verdura para comenzar su jornada. Qué bueno que escuchan esta sección. Muchas gracias y sin más comenzamos.

0:45 Buenas noches, mundo, relatos. Mi nombre es Carlos. Quisiera compartir con ustedes una historia que me sucedió mientras trabajaba por la noche en ciudad Guzmán, llevando a una ancianita a una casa donde ella serviría como partera para unas parientes suyas. Soy taxista desde hace 10 años. Así que la señora ya me tenía entre sus conductores de confianza, de forma que cuando me pidió salir de mi casa a la 1:00 de la mañana para ir a una de las afueras del pueblo y luego regresarla a su hogar, lo acepté sin chistar.

1:27 Era una noche cualquiera, tibia porque era plena primavera. El viaje fue sencillo, avance con el auto por las calles oscuras. Y tranquilas. A esa hora la ciudad estaba tranquila, con todos los habitantes durmiendo tranquilamente. Al llegar a la casa, la anciana bajó sin prisa. Le ayude con su maleta y me estacioné cerca para esperar a que terminara. Podría haber sido 1 hora o hasta 6, dependiendo de qué tan difícil fuera el parto. Usualmente si iba a tardarse demasiado. Saldría a avisarme alguna de las muchachas de la casa para que me fuera a descansar y ya regresara cuando me hablaran estaba esperando por las noticias de si me quedaba o me iba fumando en el auto con las ventanillas abajo y la radio encendida.

2:26 Era un momento bastante tranquilo, pero después de media hora me aburrí y quise salir a estirar un poco las piernas. Cerré el auto y camine un par de cuadras para sentirme mejor. El cemento de las banquetas sonaba con calma bajo mis botas de trabajo. Encendí otro cigarro en el pequeño parpadeo que di entre la oscuridad interrumpida por las farolas y tomar una inhalación para encender el fuego a unos pasos de distancia. Vi que había un hombre recargado contra un poste. Tenía la cabeza gacha. Oculta bajo un sombrero enorme, como los que se usaban antes, era tejido de paja sobre los hombros, tenía puesto un gabán de tejido grueso, parecía ser de lana o algún material similar pintado de un tono verde claro abajo.

3:21 Se notaba que llevaba algo en la cintura, como si trajera un arma colgando y balas. Pero de esas pistolas enormes que los vaqueros han tenido desde hace años en las películas de época, unos jeans de color deslavado, además de unas botas con tacón, de manera que se notaba que tenían muchísimo uso, completaban la escena. El hombre tocó su sombrero. Cuando escuchó mi marcha, elevó los ojos. Que sobresalían por el tono rojizo que lanzaban bajo la luz de los focos. Tenía la cara barbada, el cabello caía a los lados del rostro.

4:04 Abrió la boca para decirme con voz ronca que si le regalaba un cigarro. El tono de esa petición me hizo retroceder ligeramente. No pude más que asentir. Saqué una cajetilla. El momento era tenso, tomé un cigarro para colocarlo más afuera. Que el resto, en la cajita de cartón, le alargue la mano para que lo tomara. El hombre lo vio con gusto y me sonrío con dientes que se notaban anormalmente largos, especialmente en la zona de los colmillos. Tomó el cigarro con sus manos cubiertas con unos finos guantes. Se colocó el cigarro en la boca.

4:47 Antes miro el filtro con una expresión de novedad. Como si no lo reconociera. Estaba a punto de ofrecerle fuego cuando el hombre chasqueo los dedos e inmediatamente el cigarrillo se encendió por la punta. Eso me sorprendió muchísimo, pero quise pensar que quizá tenía un encendedor y por la oscuridad no lo vi. Otra parte de mi cerebro me decía que eso era imposible porque estaba mirando a la persona bajo la luz directa de la farola. El hombre luego alargó la mano para meterla de nuevo al interior del Gabán.

5:28 Vi que brillaba un objeto plateado que confundí con el arma que intuía que tenía. Me asustó, retrocedí por instinto e inmediatamente solté un golpe, como queriendo frenar la mano para evitar que sacara la pistola o la navaja que seguramente estaba brillando en la noche. En mal a la hora en que hice eso, porque mi mano, en lugar de chocar con una pieza de carne, simplemente atravesó el cuerpo del hombre, llegando hasta el piso donde me estrellé la cara contra el concreto por la fuerza con la que lancé el cuerpo para librar la muerte. El ser se empezó a reír de mi desgracia a carcajadas. Casi me desmayo del madrazo que me metí al levantarme. Salía sangre a chorros de mi boca. Se me nubló la vista, pero el ser se hizo a un lado para ver a más detalle mi desgracia.

6:28 Me lanzó de forma burlona las cenizas del cigarro sobre mi espalda. Sentí un calor ligero que se extinguió enseguida. Estaba casi llorando de la humillación cuando el hombre del Gaván terminó su burla y me dijo en voz escabrosa, salida de lo más hondo del infierno. Que se divirtió tanto que me la iba a perdonar. Se agachó sobre mi rostro sanguinolento, que ya tenía los ojos tan inflamados que sentía que se me iban a salir de la cara. Chasqueó los dedos y de pronto el dolor disminuyó bastante. Poco a poco dejó de punzarme la piel y comencé a ver de nuevo. Noté que no había nadie a mi alrededor. Solamente un cigarro apagado contra el pavimento. En el aire flotaba el aroma del humo mezclado con la fragancia de pinos y menta fresca, mientras unas risas histéricas se disolvían.

7:31 En la noche. Regresé corriendo al taxi y casualmente una mujer salió de la Casa para decirme que el parto iba a tardar, así que podría irme a casa. Y ellos se encargarían luego de llevar a la señora a su casa. Tenía un billete en la mano del que tendría que darle cambio, pero al verme corrió a casa horrorizada. Enseguida fui a verme al espejo retrovisor. Estaba cubierto en sangre y un par de dientes rotos sobre mi camisa. Revisé mi dentadura, pero todo estaba en perfecto estado. Se podría decir que incluso mejor de lo que estaba antes, regresé a mi casa a bañarme y quitarme esa sensación de encuentro con lo sobrenatural.

8:22 Desde ese día evito ese callejón a toda costa, sea de día o de noche. Saludos. Lo que les contaré se trata de algo que no estoy seguro que sea sobrenatural, pero podría tratarse de situaciones derivadas de la delincuencia. Trabajo como taxista en la Ciudad de México, acá es común que si vas a un barrio pesado, nadie te quiera llevar a ninguna hora, sin embargo, uno que sale de Tepito, pues acepta a muchos vecinos.

9:03 Y pasaje que se regresan a la zona por las noches luego de Chambear. En una ocasión me tocó llevar al barrio a una persona que se veía muy elegante. Estaba enfundado en un traje negro hecho a la medida. El rostro, cuidado, estaba enmarcado por aretes cortos en las orejas. Las manos del hombre tenían las uñas de tono negro. Llevaba lentes oscuros pese a que era de noche. Me dijo con voz profunda de Barítono que necesitaba llegar a una iglesia ubicada en nuestra zona antes de las 12:00 de la noche. Faltaban apenas 6 minutos. Le dije que iba a hacer lo mejor posible, pero él insistió en que si lo lograba me iba a dejar una buena propina. Le respondí que entonces se amarrara los cinturones porque íbamos a ir volando.

9:59 El hombre sonrió de forma misteriosa. Podría jurar que vi que en el asiento trasero brillaba una luz rojiza, pero lo ignoré porque ya había perdido 1 minuto de los 6 que restaban. Mientras manejaba me preguntó por la imagen que tengo en el tablero. Le dije que era la Santa Muerte, una santa que veneramos en el barrio. El hombre comentó algo decepcionado, que él sabía que era una entidad que nos iba a proteger con excelencia en todos los aspectos de la vida. Luego se llevó la mano al cabello, se puso pensativo y suspiró. Añadió que tenía suerte de creer en ese tipo de cosas. Su actitud se me hizo rara.

10:48 Pero estaba muy concentrado en avanzar, como para saber que seguiría a esa confesión de ultratumba, aceleré el auto para salir de allí iba esquivando el tráfico las motos. Pensé que nos iban a parar los de tránsito, pero milagrosamente los altos cambiaban a verde. Los autos nos daban el paso como si se tratara de una ambulancia queriendo llegar a su destino. Sentí que llevaba una limusina blindada. Con esas ventajas llegamos en menos de lo que canta un gallo a la iglesia. Al parar, el hombre me dijo que lo esperara afuera. Dejó una bolsa en el asiento.

11:33 Cuando camino hacia la entrada de la iglesia me di cuenta que del bonito traje que llevaba salía una cola larga. De color rojo y punta, que era como la de los dibujos de las iglesias que describen al diablo. Noté que cojeaba ligeramente. En ese instante me di cuenta que las piernas no eran humanas, sino una de gallo o de algún tipo de ave y la otra de caballo. Por extraño que suene eso lo sabía por los ruidos de cascos que partían la noche. Mencionó en voz baja que necesitaba terminar unos contratos ahí dentro. Se metió a la iglesia abriendo las puertas de par en par, sin ningún trabajo, como si no le pesara en lo más mínimo la madera centenaria que lo recibiría.

12:25 Volvió a verme, se veía decepcionado. ¿Creo que por no llevarse un alma más, quién sabe qué negocio se estaría haciendo ahí dentro? Me llegó un escalofrío por toda la espalda. Tenía ganas de correr, pero no sabía qué hacer. Me puse a rezarle a mi Santita, la niña blanca que tengo en el tablero y luego de 1 hora al ver que el ser no salía por ningún sitio. Entonces arranque de ahí para irme a casa. Estaba empezando a aclarear y ya me sentía seguro. Una vez que llegué me bajé del taxi.

13:06 Hasta ese instante noté que estaba sudando a cántaros. Tenía la camisa manchada de tanta agua que salió por mi piel. Caminé a la parte trasera del auto para revisar que todo estuviera bien. Ahí fue que me di cuenta que en el asiento se había quedado la maleta del hombre. La abrí con miedo, no tenía idea de qué me podría encontrar. Además de que el auto en general apestaba a azufre, miedo y sudor combinados con cuidado. Moví el cierre, diente a diente. Dentro de la maleta había un montón de monedas de oro. Parecían antiguas.

13:49 Enseguida cerré la maleta, se me bajaron los colores por el susto, metí la bolsa a la casa, le hablé a mi mujer y le informé de todo lo que había pasado. Ella sugirió que nos quedáramos con el dinero, pero que un 10% iba sí o sí con la santita. Pensé que su idea era buena, así que guardamos bien la mayor parte de las monedas. Cambiamos algunas. Las otras las llevé derechito al altar mayor que tenemos en el barrio y le agradecí a mi santa por la forma tan buena en que me pudo proteger de un evento que quién sabe cómo hubiera acabado si ella no estuviera presente en el tablero.

14:35 Después de eso, nunca he podido ver esa iglesia a la que lleve al diablo a hacer sus negocios sin recelo. Hola a todos. Quiero contarles una cosa que me pasó en Ecatepec, donde vivo y trabajo como chofer de un taxi. La verdad es que aquella situación me sigue dando miedo a la fecha, pero como me gustan mucho esos relatos, espero que a ustedes también. Era una tarde tranquila. Estaba haciendo mis últimos turnos cuando una muchacha me pidió un viaje. Se notaba que era bonita, pese a las enormes ojeras que tenía en el rostro y las ropas sucias que tenía puestas. Era una belleza bien arreglada.

15:29 Seguramente estaría partiendo plaza a diestra y siniestra. Ella me dijo que la llevara a una dirección que conocía y ubicaba como un terreno baldío. Acepté el destino porque me quedaba de camino a mi casa. Avanzamos. La chica no quería hablar mucho, parecía que le dolía algo así que la dejé en paz y quise acelerar el viaje. Probablemente por eso estaba en tan malas condiciones. Seguramente tendría dolor de estómago o algo similar, pese a que afuera hacía calor en mi vehículo.

16:10 Comenzó a enfriar. Horrible. De forma que decidí apagar el aire acondicionado para no tener problemas. Las casas del rumbo comenzaron a escasear para dar paso a una serie de terrenos sin nada dentro, algunos de los cuales parecía que servían como almacén de basura debido a la falta de construcciones y que solamente pedazos de ropa y otros desechos sobresalían. Las hierbas de todos esos puntos estaban crecidas y enredadas. Si alguna persona hubiera decidido esconderse ahí, seguramente lo habría logrado. Conforme avanzábamos, la muchacha comenzó a temblar mucho.

16:55 Tanto que me dio miedo que le estuviera pasando algo y me detuve para girar la cabeza y preguntarle directamente si había algo que pudiera hacer por ella. Lo que menos necesitaba era una mujer muerta en mi taxi, sobre todo con todos los rumores y cosas que se dicen de nosotros. Ella contestó con voz Baja que se sentía bien, que estaría mejor una vez que llegáramos al destino. Le comenté que estaba temblando demasiado, que si quería podía llevarla a un hospital y no le cobraría, pero que fuera honesta conmigo. Entonces la muchacha pareció animarse un poco. Me comentó que era buena persona y que no me preocupara pronto. Estaría bien asentí avance lo más rápido que pude al sitio donde tenía que dejarla y como lo recordaba, resultó que era un terreno sin nada, solamente hierbas y basura. Cuando quise corroborar que era el destino, me di cuenta que la chica ya no estaba en el auto, había desaparecido. Me bajé de la unidad, agarrándome la cabeza, sentía que me estaba volviendo loco, pero en un poste al lado del sitio vi una foto que era la misma mujer, pero en mucho mejor Estado, sonriendo con un letrero abajo que decía que estaba perdida, que la buscaban sus

18:27 familiares. Mi mente estaba dando vueltas, sentía que estaba por perder la cabeza. Cuando noté a un can saliendo de las hierbas, llevaba en la boca algo que para mí mala fortuna identifique como un cráneo humano en el que todavía colgaban cabellos largos de mujer. Enseguida llamé al 911 para decirles que estaba viendo a un perro con lo que parecían restos humanos en el hocico. Traté de agarrarlo. Las patrullas llegaron pronto y entre todos lo alcanzamos luego. Los de los servicios forenses también y comenzaron a trabajar.

19:12 Después de todo, vi en el periódico de Nota roja que los restos habían sido identificados como los de la chica que buscaban en el letrero. No pude evitar que se me retorcieran las tripas de coraje, miedo y asco por las personas capaces de hacer eso. Desde ese día pongo una velita al lado de ese terreno cada que puedo. Saludos, mi gente, me llamo Alberto y vivo en Tijuana, usualmente acá me toca llevar cantidad de gringos por la ciudad, me prefieren porque me ven güero, mi papá es de aquel país, pero vive aquí desde hace 30 años.

19:59 ¿Que conoció a mi mamá? Total, que lo que les vengo a contar es un relato que me pasó llevando a un tipo a un bar de mala muerte. Desde el principio le dije al compa que la zona era de lo peor, pero pues me quiso pagar extra, así que no hay a quien le den pan que llore. Una vez que dejé al güero en el sitio dije Patitas para que las quiero. Tengo que salir corriendo de acá y arranqué rápidamente. Me peleé porque noté que unas motos iban detrás de mí. Comencé a rezar en friega todas las que me sabía. Me valía madres si lo decía bien o no, pero al menos le iba a agradecer a la virgencita si me daba oportunidad de sobrevivir a todo este problema.

20:55 Eran 3 motociclistas. Que creo que no tenían muchas ganas de preguntarme por las buenas para que lleve al hombre a su barrio. Los quise perder entre las calles. Avancé a una avenida principal quemando llanta para luego meterme en un callejoncito y apagar el auto rápidamente por completo. Si esa me salía ya la libraba. Si no, era muy probable que me fregaran por completo. Cerré mis ojitos para no ver si la muerte llegaba. Pasaron las motos hechas la mocha y no me vieron. Dejé que unos minutos pasaran para no encontrarme con ellos de nueva cuenta.

21:39 Cuando creí que las cosas ya estaban tranquilas. Encendí el auto y me moví cuando abandoné el callejón. Pude ver de frente a los 3 hombres de la moto apuntándome con armas a la cara. No me quedó más que detener el avance por completo. Subí las manos y uno de ellos se quitó el casco. Vi que tenía el rostro como un diablo de pastorela. Al acercarse a mí le apestaba la boca al infierno mismo. Me preguntó qué fregados hacía en esa zona mientras me jalaba la camisa rascándola le contesté que el güero me pidió que lo llevara y ya.

22:23 No quería problemas con nadie, me miró de arriba a abajo, se alejó de mí, luego mencionó que tenía suerte y se fueron, fue hasta ese momento que me di cuenta que el ser me soltó al ver la coronita de un tatuaje que llevo de la guadalupana en el pecho suspiré y ese mismo año me dio una vuelta a su templo en la Ciudad de México. La morenita no se merece menos. Luego de tirar esos paros, espero que les haya gustado mi relato, ojalá puedan narrar el mío y ya quiero escuchar los suyos también. Buenas noches a todos.

23:09 Llevo trabajando como taxista unos 16 años en el tiempo que tengo como parte de los conductores que recorren la ciudad de Zacatecas. A diario les contaré una experiencia que nunca olvidaré. Eso sucedió una noche que sentí que mi vida iba a valer 3 pesos. Usualmente hago mi negocio de día, principalmente para evitar los peligros que traen las horas de oscuridad, como que te embosquen, que te roben, que no te paguen. Pero poco sospechaba de las cosas sobrenaturales. Cierto que a mis camaradas de la chamba les habían tocado numerosas experiencias, pero a mí no, ni me la creía. Cuando las contaban en las borracheras. Recuerdo que era una velada especialmente sola. Era un día de final de quincena y como saben, la gente anda apretada de dinero, así que prefieren caminar que gastar en el transporte.

24:16 ¿Estaba pensando que de plano ese día no iba a ganar nada, que seguramente me lo iba a pasar por demás mal debido a que no habría mucho que gastar esa semana, así que en cuanto llamaron para ir a recoger a una persona a una zona espeluznante de panteones, me dije, pues voy más me vale o no voy a ganar un peso? Estaba de camino cuando noté que el sitio a donde me mandaron estaba muy tétrico, como si fuera una predicción de lo que iba a pasar. Al llegar al domicilio me recibió una anciana bastante agradable. La señora iba de la casa de su hija. De regreso a la suya tenía el cabello cano. La ropa prolija, cuidada hasta el último detalle, la ayudé a subir al auto.

25:09 Le cerré la puerta con cuidado y emprendimos el viaje a una zona en el centro de la ciudad. Conforme avanzaba el auto, ella me hacía la plática, me decía que su hija se acababa de casar y no sabía hacer nada en la vida, que apenas si podía mantenerse a sí misma y ya andaba buscando tener chamacos, que el marido era un inútil, ya saben. El típico cuento de señoras que siempre se quejan las madres de unos y otros, estaba atento en el camino, puesto que no requería de demasiada atención lo que decía la dama cuando de pronto, en un callejón, pude ver de reojo la figura de una persona. Ese hombre, si me saco de onda, era un tipo alto, con la cara cruzada por la desesperanza y la piel pálida. Tan enfermiza que se le notaban las venitas a lo lejos y con las luces mortecinas de la calle y de mi auto como únicos testigos. El verle me dio mala espina.

26:18 Sentía que tenía una actitud muy extraña ya que simplemente se le quedaba viendo al camino. Ni siquiera se sorprendió al notar las luces de mi auto al avanzar unos metros con la marcha a buena velocidad. Mientras la señora Seguía con su plática sobre su nieto y no sé qué cosas más, el hombre de pronto tomó vida, me miró como si nunca hubiese visto a un ser humano, sonrió como loco y a continuación corrió en dirección de las llantas y se arrojó bajo ellas. Incluso si hubiera ido lento, se habría causado un daño enorme, puesto que literalmente se arrojó con la cabeza debajo de mi auto. Como para que su cráneo fuera presionado por el peso del vehículo y aplastado.

27:12 La mujer también lo vio, me gritó cuidado y después se puso a dar alaridos en los que decía que lo había matado, cosa que también yo creía. Sentí el golpe de algo pesado contra las llantas, seguido de esa sensación molesta de que algo resbaladizo está pasando debajo del auto. Después sentí una ola de nausea que me recorrió el cuerpo. Era el miedo de sentirme ya preso en un penal por asesinato. Detuve el autobruscamente. La señora seguía en shock y no podía decir una palabra, además de quejarse de que lo había matado en voz baja, murmurando una y otra vez que ella no tenía nada que ver. Me bajé del auto esperando ver un charco, hemático que mancharía mis sueños para siempre. Pero no, no había absolutamente nada al ver mi sorpresa y luego la intención de irme, la mujer casi me tunde a bolsazos, así que la invite a bajar del auto para que viera por sí misma que estaba pasando ella.

28:25 Lo hizo algo a regañadientes, ya con el teléfono casi marcando el número de emergencias. Pero al ver que en la calle no había señal alguna de nada, se quedó tan atónita como yo. Pasamos unos minutos en silencio Calladita se volvió a subir al taxi y emprendimos la marcha nuevamente. Pero ninguno de los 2 pronunció palabra alguna. Cuando llegamos a su domicilio le dije la cantidad que me debía. Ella pagó y me dejó el cambio. Antes de bajarme, preguntó si estaba seguro que habíamos visto al hombre lanzarse al taxi. Le contesté que estaba tan seguro de eso como lo estaba de hablar.

29:09 En ese mismo instante le confesé que me sentía culpable, aún como si realmente hubiese terminado con la existencia de una persona. Incluso si él era quien se había aventado al camino de mis neumáticos. Ella asintió, algo conmocionada todavía. Luego me extendió su mano, algo temblorosa por la edad, llena de manchas y con la piel delgada como papel. Tenía un Rosario en ellas. Me dijo que yo lo necesitaba más que ella. Luego bajé del taxi para abrirle la puerta y ayudarla al irse a su casa.

29:50 Añadió que nunca más iba a visitar a su hija. Hasta tarde giró la llave de su casa y entró. Hasta hoy llevo ese Rosario en el retrovisor de mi auto, nunca he vivido otra cosa escalofriante, pero tampoco tengo ganas de hacerlo.