4 RELATOS DE TAXISTAS EN HALLOWEEN
Querida familia de lo oscuro,bienvenidos a Oscuro Inframundo. En este Podcastescucharás las historias más perturbadoras y estremecedoras, donde el terror semezcla con la realidad. Relatos que van más allá de lo explicable, experienciassobrenaturales, misterios sin resolver, apariciones que desafían la lógica ytestimonios basados en hechos reales.
Prepárate para sumergirte en narraciones llenas de suspenso, horror ymisterio, que exploran lo desconocido:
- Historias de fantasmas
- Apariciones en carreteras y taxis
- Relatos de traileros, militares y sepultureros
- Brujas, nahuales y demonios
- Panteones embrujados y casas malditas
- Experiencias paranormales en ranchos, moteles y hospitales abandonados
Aquí encontrarás lo que nadie más se atreve a contar.
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0:01 El chillido, relato de taxistas en Halloween muy buenas noches, Inframundo. Mi nombre es Rogelio salgado, taxista en la ciudad de Morelia, Michoacán, desde hace más de 12 años. Mi turno favorito siempre fue nocturno. Pero lo que sucedió la noche de Halloween cambió mi perspectiva para siempre. Desde entonces, cada vez que manejo después de medianoche, siento que algo me observa desde el asiento de atrás. Eran cerca de las 2:40 de la madrugada cuando me encontraba circulando por la Avenida Camelinas.
0:50 Había poco tráfico, la mayoría de las calles estaban casi desiertas. Y las luces anaranjadas de los postes parecían parpadear como si estuvieran al borde de apagarse. En el aire se percibía un olor húmedo mezclado con humo de fogatas. Esa noche había más movimiento de lo normal por las celebraciones, pero mi última corrida había terminado hacía casi 1 hora y pensaba irme a casa. En el cruce frente al panteón municipal la vi una mujer joven con el rostro pálido, vestida de negro, cargando lo que parecía ser una manta, envuelta con algo en su interior.
1:39 Levantó la mano con suavidad, pidiendo el servicio. Dudé un instante, pero terminé frenando. Subió lentamente al asiento trasero, sin pronunciar palabra alguna, abrazando con fuerza aquel bulto. Noté que respiraba con dificultad. Su piel estaba tan blanca que pensé que podía desvanecerse en cualquier momento. El ambiente dentro del taxi se tornó pesado de inmediato, como si faltara el aire, apenas avance unos metros. Un olor extraño comenzó a imbatir. La cabina era una mezcla de humedad y carne podrida. Intenté abrir un poco la ventana para ventilar. Pero el frío que entró me erizó la piel. Miré por el retrovisor y la mujer mantenía la vista baja, inmóvil, como si ni siquiera respirara sus manos. Sujetaban aquel paquete con fuerza y juraría que vi manchas oscuras sobre la tela, como si estuviera húmeda. Algo en mi interior me decía que no debía seguir, pero mis manos parecían no obedecer.
2:54 Tomé la avenida rumbo al sur, tratando de concentrarme en el camino. Fue entonces cuando, en medio del silencio absoluto, escuché un sonido débil, casi imperceptible, proveniente del bulto que llevaba entre los brazos. Sonaba como un lamento apagado, un gemido infantil que no tenía sentido. Mi respiración se aceleró y sentí como la piel se me erizaba. Intenté no pensar en ello, pero el sonido se hizo más claro, más constante, hasta que dejó de ser un susurro y se convirtió en un sollozo ahogado.
3:39 El olor se intensificó. Era un hetor insoportable, espeso, que parecía impregnarse en mi piel y en mi ropa. Intenté disimular mi incomodidad, pero en ese momento vi hacia atrás por el retrovisor que algo se movía bajo la manta. La tela se levantaba y caía como si algo respirara adentro. No era posible. La mujer, con ojos cerrados, parecía no notar nada, como si estuviera en trance. La garganta se me cerró. Y sentí un beso en el pecho que apenas me dejaba respirar. Al llegar a un tramo de carretera oscura, las luces de los postes desaparecieron por completo. La mujer comenzó a balancearse lentamente de un lado a otro como meciéndose, y en ese instante escuché un chillido agudo proveniente del paquete.
4:41 Fue tan fuerte que frené de golpe. Mi corazón atía tan rápido que pensé que iba a desmayarme. Giré el resto hacia atrás, pero no había nada, ni paquete ni mujer. El asiento trasero estaba vacío, el taxi olía a Tierra húmeda y a sangre me invadió un escalofrío tan profundo que las manos me temblaban sobre el volante, aceleré con fuerza, intentando dejar atrás aquella carretera. Pero cada espejo del vehículo mostraba algo imposible. La mujer seguía ahí, en el asiento trasero, observándome fijamente, con unos ojos completamente negros, brillantes y vacíos. No movía los labios, pero en mi mente escuché un susurro gélido que me atravesó el cráneo como un cuchillo. No debía estar aquí de nueva cuenta. Las luces de la ciudad aparecieron frente a mí y por un momento pensé que todo terminaría, pero cuando me detuve en un semáforo y gire hacia el retrovisor, su rostro seguía ahí, ahora más cerca, con la piel cubierta de manchas grises.
6:06 Sus labios abiertos, mostrando tientes rotos y un líquido oscuro cayendo por su barbilla. Cerré los ojos con fuerza, esperando que todo desapareciera. Al abrirlos estaba solo. Llegué a casa poco después, pero esa noche no pude dormir. El hedor seguía impregnando mi ropa y sentía que algo invisible me seguía cada rincón. Al amanecer, intenté convencerme de que todo había sido un desvarío producto del cansancio y del estrés. Hasta que escuché la noticia en la radio.
6:46 La policía había encontrado cerca del mismo panteón donde la recogí a una mujer sin vida junto a un pequeño ataúd roto. Decían que alguien había robado el cuerpo de un bebé de su sepultura. El escalofrío que me recorrió el cuerpo en ese instante no puedo describirlo. Cerré mi taxi por varias semanas. Desde entonces, cada noche de Halloween conduzco con las ventanas cerradas, evito pasar por el panteón. A veces, sin embargo, creo verla de pie junto a la entrada, cargando esa misma manta manchada.
7:32 Y sé en lo más profundo de mí que tarde o temprano volverá a subir a mi taxi. No lo sé. A lo mejor es imaginación mía. ¿Qué opinan ustedes el pasajero de noche de Brujas? Relatos de Halloween. La ciudad se vestía de una oscuridad densa, más fuera de lo normal aquella noche del 31 de octubre, mientras muchos se preparaban para fiestas de disfraces o reuniones familiares. Yo manejaba mi taxi por las calles húmedas de Guadalajara. No podía darme el lujo de descansar. Los recibos se acumulaban y las cuentas no perdonan. Conocía bien las calles, pero esa noche todo parecía distinto, como si una neblina invisible se hubiera colado en cada esquina. Las luces naranjas de las calabazas decoraban los negocios y algunas casas, pero no daban alegría. Parecían burbujas de fuego flotando en la penumbra. Los grupos de niños disfrazados corrían de un lado a otro y cada vez que los veía desde el parabrisas me parecía que sus risas se deformaban como ecos
9:05 que no correspondían a la realidad. Algo bastante extraño. Pasada la medianoche, la ciudad comenzó a Pegarse. Poco a poco los festejos se diluían y la gente desaparecía de las calles. Fue entonces cuando recibí una solicitud en la aplicación. El punto de recogida era en las afueras, cerca del antiguo panteón de Mezquitán. Dudé unos segundos porque esa zona no era la más segura y además la hora no ayudaba. Pero el reloj avanzaba y el dinero siempre pesa más que la prudencia. Conduje por avenidas solitarias.
9:49 Donde las lámparas apenas iluminaban manchas intermitentes en el pavimento. Al llegar el aire se volvió más frío y sentí una presión en mi pecho, como si el lugar me negara. La entrada me estacioné frente a la reja del Panteón. El sitio parecía abandonado, pero del interior emergía un resplandor tenue, como si velas encendidas resistieran al viento. El pasajero apareció de pronto. Un hombre alto, vestido de negro con un sombrero antiguo que apenas dejaba ver su rostro, caminó lentamente hacia el coche y se sentó en el asiento trasero sin hacer ruido. Cerró la puerta con una suavidad extraña, como si el metal no existiera.
10:40 No pronunció palabra alguna, pero de alguna forma supe hacia dónde debía llevarlo. La Colonia América, una zona llena de casas antiguas y algunas ya en ruinas. Arranqué el motor y la sensación de vacío me acompañó. Durante el trayecto, el retrovisor me mostraba apenas una silueta estática, inmóvil, sin respirar. El camino se me hacía eterno. Las calles parecían doblarse sobre sí mismas y volver a empezar. Reconocía esquinas que ya había pasado antes, pero el marcador del kilometraje seguía aumentando.
11:25 Sentía que avanzaba en círculos dentro de una ciudad que ya no era mía. El silencio se volvió insoportable. Encendí la radio buscando compañía, pero solo encontraba estática. La interferencia era áspera. Como cuchillas en los oídos hasta que de pronto emergió una voz femenina distorsionada. No entendía muy bien qué era lo que decía. En fin, giré el dial con rapidez, pero todas las estaciones transmitían lo mismo. Como si la señal hubiera sido devorada por un eco que nadie controlaba.
12:06 Al voltear de nuevo el retrovisor noté algo que me heló la sangre. El pasajero no estaba solo a su lado, pegados a la ventana, se alineaban 3 rostros pálidos como Calaveras Cubiertas por piel Seca. Sus ojos brillaban como Carbones apagados y sus bocas estaban abiertas en un gesto de hambre insaciable. No había escuchado ninguna puerta a abrirse, nadie más había subido y, sin embargo, ahí estaban. Observándome en un silencio absoluto.
12:46 Mi instinto me gritaba que detuviera el coche, pero algo más fuerte me obligaba a seguir conduciendo. Era como si el volante se moviera por sí solo, como si la ruta estuviera marcada desde antes de nacer. Llegamos finalmente a la Colonia. La calle estaba desierta. Salvo por una vieja casona de 2 pisos, con balcones oxidados y ventanas tapiadas, el hombre señaló con un leve movimiento de cabeza hacia la entrada. Frené el taxi temblando, esperando que saliera y me dejara continuar, pero no bajó, al contrario, las figuras a su lado comenzaron a desaparecer. 1 * 1.
13:35 Deshaciéndose como humo que vuelve al aire, el hombre inclinó su rostro y Por Primera Vez vi sus ojos. Eran huecos vacíos. 2 cavidades negras que absorbían la luz. Una fuerza helada recorrió mi cuerpo inmovilizandome. La puerta trasera nunca se abrió y sin embargo, el asiento quedó vacío. Pensé en huir, acelerar y dejar todo atrás, pero mis manos estaban clavadas al volante. Fue entonces cuando noté que no estaba solo dentro del taxi.
14:16 Desde el asiento del copiloto, alguien ni observaba. Era una mujer con un vestido desgarrado. El cabello largo cubriéndole el rostro y la piel se Niza como Tierra húmeda recién removida. Heledora Tierra y flores marchitas llenó el coche y un murmullo brotó de su garganta. Aunque no podía entender las palabras, la mujer se inclinó hacia mí y el aire se congeló. Mis ojos querían cerrarse, pero no podía apartar la mirada. Fue entonces cuando comprendí lo que repetía. No era un murmullo lo que escuchaba en la estática. Sino algo parecido a una oración invertida, una plegaria arrancada del mismo infierno.
15:07 Cada silvada se clavaba en mi cabeza como agujas candentes y simplemente caí desmayado. Cuando desperté. Estaba estacionado otra vez frente al panteón de Mezquitán. El motor, apagado el reloj. Marcaba las 3:00 de la madrugada y el taxímetro seguía corriendo como si jamás se hubiera detenido. No había rastro de ningún pasajero, pero el asiento trasero estaba húmedo, manchado, con Tierra fresca y pétalos negros. Desde entonces cada que se llega la noche de Halloween evito conducir. No importa cuánto dinero pueda ganar. Nunca más volveré a recoger a nadie cerca de un panteón porque aprendí que hay viajes que no pertenecen a este mundo. Cosas inexplicables pasan en la noche de Brujas. Muchas gracias por escucharme.
16:17 El taxista del panteón, relatos de Halloween. Muy buenas noches, comunidad Inframundo. Me llamo Manuel Herrera y llevo más de 15 años trabajando como taxista en la ciudad de Puebla. Recuerdo que era la madrugada del 31/10/2019. Lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer. Las noches de Halloween siempre han sido pesadas. Pero esa en particular cambió mi vida para siempre. Había terminado un par de servicios cuando decidí tomar la avenida que bordea el viejo Panteón San Joaquín, un lugar donde muchos taxistas evitamos por superstición. El aire estaba húmedo y una ligera neblina cubría el camino, dándole un aspecto casi fantasmal. A esa hora la ciudad parecía dormida. Mientras manejaba noté que la temperatura descendió de golpe, el aire acondicionado estaba apagado, pero el aliento salía en pequeñas nubes.
17:39 El taxímetro marcaba en cero y aunque sabía que debía regresar al centro para buscar otro cliente, algo me impulsó a seguir por esa avenida silenciosa. De pronto dio una parada junto a la banqueta, justo frente a la reja oxidada del Panteón. Era una mujer de cabello largo y vestido oscuro, inmóvil, como si me estuviera esperando. Reduje la velocidad, pero cuando volteé para mirarla de frente ya no estaba un escalofrío. Me recorrió la espalda y aceleré. El silencio dentro del taxi se volvió tan pesado que podía escuchar los latidos de mi propio corazón. Encendí la radio para romper la tensión, pero solo salí a estática, un sonido seco y distorsionado que empeoraba la sensación de estar atrapado.
18:43 Seguí conduciendo tratando de ignorar lo que acababa de ver. Pero algo llamó mi atención por el espejo retrovisor. Sentí que alguien iba sentado justo detrás de mí. Giré de golpe, pero el asiento estaba vacío. En ese instante, un olor nauseabundo invadió el interior, una mezcla de Tierra húmeda, flores marchitas y carne podrida. Apreté el volante con fuerza. No quise detenerme, pero mis manos temblaban tanto que apenas podía mantener el control. Tomé la primera curva para alejarme del panteón y fue entonces cuando lo vi una figura blanca atravesando la calle a pocos metros, frené en seco.
19:39 El cuerpo era traslúcido, humanoide, pero no caminaba, sino que flotaba. Los huesos sobresalían bajo la piel casi transparente y aunque no tenía ojos, podía sentir como esa cosa me observaba. Cerré los ojos 1 segundo para recobrar el aliento y cuando los abrí ya no estaba ahí. Creí que mi mente me estaba jugando una mala pasada, pero la verdadera pesadilla apenas comenzaba. Apenas 2 calles más adelante, el taxímetro comenzó a marcar por sí solo las luces rojas. Parpadeaban como si alguien hubiera ingresado una tarifa automática.
20:30 No había tomado ningún pasajero, pero la máquina mostraba la dirección de destino. Panteón San Juan grita 47. El olor puterfacto regresó con más fuerza, como si la muerte estuviera dentro del vehículo. Quise apagar el auto, pero el motor seguía rugiendo por cuenta propia. Sentía que algo me obligaba a seguir esa ruta, como si alguien invisible manejara mis manos. Llegué a la entrada del Panteón, las rejas corroídas por el óxido.
21:10 Estaban abiertas de par en par, aunque sabía que a esas horas siempre permanecían cerradas. Las sombras de los cipreses parecían retorcerse proyectando figuras extrañas sobre el suelo húmedo, a veces lentamente por el sendero principal. Los faroles antiguos apenas iluminaban la neblina que lo cubría todo podía escuchar pasos detrás de mí. Aunque no había nadie, cada vez que volteaba las sombras parecían acercarse. El taxímetro comenzó a emitir un pitido agudo. La pantalla brillaba con intensidad y mostraba algo imposible.
21:59 Giré la cabeza con terror y en ese momento sentí un golpe lado en el hombro, una presión inhumana. Como si una mano huesuda se aferrará a mi piel. El asiento trasero estaba completamente hundido, como si alguien invisible se hubiera sentado. La puerta se abrió sola, lentamente, con un chirrido que se perdió en la bruma. Sentí el impulso de huir, pero no podía moverme. Mis músculos estaban rígidos, mi mente bloqueada. De pronto escuché un murmullo grave que parecía salir de debajo de la Tierra.
22:43 No eran palabras. Era un sonido gutural, profundo, casi animal, una niebla se espeso, tanto que apenas podía ver el volante. Cuando logré reaccionar, miré de reojo por el espejo. Un rostro desfigurado se reflejaba detrás de mí, piel grisácea. Cuencas vacías y una sonrisa abierta imposible de describir. Mis manos soltaron el volante y el auto se estrelló contra una lápida enorme. Desperté horas después cubierto de sangre, con el parabrisas hecho trizas y el motor apagado.
23:24 No había nadie, ninguna figura, ningún pasajero. El taxímetro marcaba en ceros. Días después me enteré por otros taxistas que varios colegas habían desaparecido en esa misma zona durante la madrugada de Halloween. Algunos encontraron sus taxis abandonados junto al Panteón. Puertas abiertas, luces encendidas pero sin rastro de los conductores. Desde aquella noche dejé de trabajar turnos nocturnos. Cada vez que paso por esa avenida evito mirar por los espejos retrovisores.
24:06 Hay cosas que es mejor no ver y evitar. Es por eso que en las noches de Halloween prefiero no volver a conducir de noche. Saludos y gracias por escucharme. El puente de Halloween, relato de taxistas, buenas noches, comunidad Inframundo, me presento, mi nombre es Eduardo Morales y lo que voy a compartir le sucedió un 31 de octubre en la ciudad de Puebla, cuando todavía trabajaba como taxista en la zona metropolitana.
24:56 Muchos me juzgarán de loco, pero no me importa. Llevo demasiado tiempo guardando este secreto y cada año, cuando se llega la temporada de Brujas, los recuerdos me consumen como brasas. Ese día había trabajado desde temprano trasladando pasajeros que iban a comprar disfraces o a preparar ofrendas para el Día de Muertos. El ambiente festivo contrastaba con mi estado de ánimo. No había logrado dejar atrás ciertas adicciones que en el pasado casi me destruyen y a pesar de que ya me mantenía limpio, mis demonios aún me rondaban.
25:39 Sin embargo, lo que viví aquella noche no tuvo nada que ver con los estupefacientes ni con mi mente. Fue algo real. Se los puedo asegurar. El último viaje lo pacté con un cliente regular que necesitaba ir a un poblado cercano. El trayecto fue tranquilo y al regreso decidí tomar un atajo para llegar más rápido a la ciudad. El cielo comenzaba a teñirse de un tono rojizo y el aire olía a humo de incienso mezclado con pólvora de cohetes. Cuando pasé bajo un puente en medio de la carretera sentí algo extraño, como si hubiera atravesado una burbuja de aire helado.
26:30 El ambiente cambió en 1 segundo, los colores se apagaron y la música de las calles desapareció y hasta el ruido del motor parecía ahogado. No le di mayor importancia. Estaba cansado y solo pensaba en llegar a casa, pero conforme me adentraba en Puebla notaba pequeños detalles que no encajaban. Edificios que yo recordaba abandonados, aparecían restaurados. Las calles tenían hombres ligeramente distintos y los anuncios mostraban marcas que nunca había visto. Al principio pensé que eran errores de mi memoria.
27:14 Pero poco a poco la inquietud creció. Me detuve frente a mi casa, ansioso por descansar, pero algo me heló la sangre. No era mi hogar. Las paredes estaban pintadas de otro color, las ventanas tenían cortinas que no reconocía y cuando intenté abrir la puerta, la llave no encajó. Una mujer salió al escuchar el ruido. Me miró con sorpresa y desconfianza. Le dije que yo vivía ahí, pero ella, con voz temblorosa, aseguró que llevaba más de 10 años ocupando la casa con sus familiares.
27:55 El miedo me obligó a retroceder, murmurando una disculpa y me fui. Paré el taxi en una esquina para consultar el GPS, pero el teléfono no tenía señal. Ninguna aplicación funcionaba. Era como si estuviera atrapado en una ciudad que se parecía a la mía, pero no lo era. Sentí que algo me observaba. Un hombre que caminaba por la cera se detuvo y me miró fijamente. Pensé que me había reconocido, así que bajé el cristal y hablé. Su reacción fue espantosa. Abrió los ojos con horror y comenzó a gritar como si hubiera visto a un monstruo.
28:41 En segundos varias personas se reunieron apuntándome con dedos temblorosos y gritando con furia y miedo. No entendía nada hasta que vi mi reflejo en la ventana de una tienda. Mi rostro estaba deformado, cubierto de llagas, como si la piel estuviera pudriéndose y goteaba pus. El pánico me devoró. Arranqué el taxi y Huí mientras la multitud me perseguía. 2 patrullas aparecieron detrás de mí con las sirenas encendidas. Sus luces rojas bañaban las calles vacías y sentía que todo el mundo quería atraparme. Aceleré con todas mis fuerzas, pero las calles no llevaban a donde yo conocía.
29:34 Era como un laberinto que me arrastraba hacia la desesperación. Recordé el puente en el que había sentido aquel cambio y decidí regresar. Quizá ahí encontraría la salida de esa pesadilla. Las patrullas no daban tregua. Incluso uno de los policías comenzó a dispararle a mis llantas. Sentí el impacto en el neumático trasero y el coche comenzó a tambalearse para no volcar. Giré con fuerza y pasé de nuevo bajo el puente. Todo ocurrió en 1 segundo. El estruendo de las patrullas desapareció, la ciudad volvió a teñirse con las luces habituales.
30:17 El aire se llenó otra vez de olores conocidos y el ruido del motor recuperó su fuerza. Me orillé jadeando con las manos, entumidas por el terror. El taxi estaba en el mismo lugar. Pero la llanta había quedado destrozada por la bala. El seguro llegó poco después. Inventé una excusa diciendo que había reventado al pasar sobre un objeto en la carretera. Nadie cuestionó mi versión al llegar finalmente a mi verdadero hogar, mi familia salió a recibirme. Me abrazaron sin comprender la razón de mi nerviosismo, creyendo que había sido solo un accidente más. Creo que eso era como un tipo de burbuja oscura que me arrojó a un mundo paralelo donde no existía mi vida, ni mi casa, ni mi rostro humano.
31:14 Estoy convencido de que en esa noche cruce un límite prohibido y que el 31 de octubre no es solo una fecha para disfraces y calaveras. Es una frontera entre nuestro mundo y otros donde nada es como debería ser. Lo único que me queda de prueba es la llanta perforada de mi taxi, que aún conservo como recordatorio de que la realidad puede quebrarse en cualquier instante. Muy buenas noches, comunidad. Gracias por escucharme, querida Comunidad. Espero que esta entrega les haya gustado. Es un honor para mí pasar un buen rato con ustedes. Muchas gracias por abrirme la puerta de su hogar. Por favor, no olviden dejarme sus comentarios. Esto nos ayuda a seguir trayendo mejor contenido. Me encanta leer sus experiencias y conocernos un poco más. Si el video les gustó, por favor, no duden en compartirlo con sus amigos.
32:23 Esto nos ayuda a llegar a más personas y que la Comunidad siga creciendo. Un abrazo muy fuerte. Nos vemos en una próxima entrega. Esto fue Inframundo, relatos.
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