4 Relatos de SANTA CLAUS
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0:02 Papá Noel congelado. Me gusta mucho leer relatos de terror desde que soy adolescente. Hoy tengo 27 años y todavía tengo esa particular costumbre. En una ocasión encontré un foro en Internet donde me detuve a leer. Me llamó la atención el título que anunciaba. Que los relatos eran los más oscuros de Navidad. Nunca imaginé que para esas fechas también habría algo tenebroso que contar.
0:42 Sin embargo, fue inevitable para mí recordar una experiencia que tuve hace unos años es lo que deseo compartir hoy con ustedes. Mi nombre es Ariana Valadés, soy de la Ciudad de México. Pero mi historia se desarrolló en Texas, Estados Unidos, allá en el año del 2013, cuando fui a pasar las fiestas de Navidad y Año Nuevo junto a mi familia, que reside allí justamente. Esto pasó en los días previos a la celebración. Imaginen ese paisaje hermoso, las calles llenas de luces, las personas risueñas. La nieve blanca embelleciendo por donde miras todo era fascinante para mí.
1:33 Abigail es mi prima, unos años mayor que yo. Fue ella la encargada de acompañarme a conocer la ciudad en esos días, haciendo que mi estadía fuera mucho más placentera. Su novio se llamaba Mike y como ellos eran inseparables. Los 3 formábamos el equipo a la hora de salir a la casa de mis tíos. En esa ocasión fuimos a un restaurante a cenar. Ya casi eran las 11:00 de la noche cuando emprendimos el viaje de regreso. Todavía las calles estaban pobladas, así que lo vimos oportuno para caminar hasta la casa, ya que no quedaba muy lejos.
2:18 Pero como a veces suele suceder, la vida nos sorprende incluso de la manera menos esperada. Caminábamos por el mismo recorrido que hacíamos al salir del hogar, pasamos por una vereda donde notamos algo. Era una casa inmensa que por los elementos que había alrededor deducimos que la estaban remodelando, a diferencia del resto. Esta no tenía luces, presumiendo así que estaba deshabitada. La nieve estaba amontonada hacia los costados, marcando el camino de ingreso a la vivienda. Desde esa misma nieve vimos los movimientos extraños de un grande bulto rojo que a medida que nos acercábamos se hacía más perceptible.
3:12 Mi prima y yo dimos un grito de susto tremendo. Cuando vimos que se trataba de un hombre vestido de Santa Claus, levantándose como si estuviera arrodillado en el blanco suelo, Mike Río tan fuerte como nuestro grito, risa la que nos unimos nosotras al vernos en esa situación tan chistosa, apresuramos el paso mientras el hombre no siguió con la mirada a la vez que caminaba a nuestra dirección. Estando ya muy cerca de nosotros, pudimos ver su rostro quitándonos la sonrisa de nuestros labios, llenándonos en cambio de un inmenso estupor. Su larga barba blanca y rojo atuendo hizo resaltar el impresionante color morado de su piel. Parecía como si estuviera pintado, solo que al mirarlo minuciosamente supimos la razón.
4:12 Ese hombre tenía aspecto calavérico, así como lo tienen los cadáveres en plena putrefacción, el color morado indicaba estar congelado. Esta vez volvimos a gritar, pero de horror, emprendiendo una carrera. No sé cómo sucedió. Sólo recuerdo cuando la mano congelada de ese espectro me tomó del brazo detrás. Haciéndome sentir la gélida sensación de muerte, volteé solo para ver esos ojos negros que con tanto odio me entumecían. No me quería soltar nosotras gritábamos enloquecidas, el novio de mi prima se acercó a él y empezó a golpearlo solo.
5:02 Así me liberó. Llegamos a casa corriendo, aterradas, casi sin poder hablar. Creo que si no fuera por mi tío quien es médico, esa noche no me hubiera podido recuperar, pues gracias a su atención me tranquilicé la sensación helada en mi cuerpo. Me duró algunos días, al igual que las manos de Mae con las que golpeó a ese Santa Claus órrido no obstante lo que nos contó mi propio tío. ¿Si me dejó ese lúgubre relato que perduraría para siempre en mis recuerdos? Hace algunos años, en esa zona solía disfrazarse un señor de Papá Noel, como lo hacen muchas personas, sólo que éste era un alcohólico y en una de esas tantas noches quedó dormido en la vereda de esa casa donde nosotros vimos la aparición.
6:01 La nevada de la madrugada lo encontró inconsciente, sin poder defenderse. Falleció de hipotermia, prácticamente congelado. El disfraz basado en una experiencia real. Las fiestas de fin de año son clave para disfrutar momentos inolvidables junto a la familia, amigos y seres queridos. Son instancias que perdurarán por siempre en los recuerdos de quienes celebramos estas reuniones. Me creerían entonces si les digo que a mí me tocó tener una experiencia para esas fechas nada agradable. Mi nombre es Víctor Arana, soy de Monterrey, México. Hoy les quiero narrar mi anécdota. Fue en el año de 1992.
7:05 Yo tendría unos 17 años. En aquel tiempo vivíamos todos juntos. Lo digo porque ahora cada uno de mis hermanos vive en sus propias casas, con sus respectivas familias. Solo yo todavía estoy con mis padres en esta casa, claro, con mi propia familia. También. En aquella época el hijo de mi hermana mayor tenía 8 años. Era muy buen niño, solo que algo inquieto. Le gustaba correr por toda la casa sin hacer caso a las advertencias de los mayores. Por entonces era el único niño de la familia.
7:46 Por lo que lo consentían en todo una noche encontré a mi madre llorando a un lado de mi padre. Estos estaban en la cocina. Cuando pregunté qué estaba sucediendo. No me quisieron decir nada argumentando que todo estaba bien, que no había nada de qué preocuparse. Pero curiosamente, después de esa noche empezaron los sucesos que espantaron a mi sobrino. Fue una noche en que bajó corriendo del piso superior por las escaleras. Mi hermana estaba a punto de castigarlo, pero al ver su condición se detuvo, estaba llorando, titiritando de miedo, no podía hablar por culpa de los sollozos.
8:33 Luego dijo que en la habitación desocupada se le apareció un señor con ropa de Santa Claus, que lo regañó con mucho enojo. La habitación a la que se refería mi sobrino era perteneciente a mi abuelo, quien ya llevaba más de 10 años de haber fallecido desde entonces. Por decisión de mis padres, nadie lo volvió a ocupar. Sin embargo, eso no tenía ninguna relación con lo que el pequeño nos contaba esa misma noche, pero ya en la madrugada. Mi sobrino entro a mi cuarto para pedirme dormir conmigo porque supuestamente tenía miedo de Santa Claus y de que se le volviera a aparecer.
9:18 Mi hermana era muy recta con el tema de que él tuviera su propio cuarto, así que asumí que no quiso decirle nada sabiendo que lo dejaría. Solo le permití hacerlo y antes de que todos se despertarán, al día siguiente lo llevé a acostar a su habitación. Para mi comodidad. Posteriormente el susto se le pasó, así que logré descansar tranquilo. Sin embargo, desde esa noche fui yo quien comenzó a padecer esos acontecimientos extraños. Me despertaba con la impresión de que alguien más estaba conmigo. Varias ocasiones alcancé a divisar la silueta de una persona, pero desaparecía al instante frente a mis ojos. Lo tomé como una sugestión causada por el susto de mi sobrino, por lo que le resté importancia. La Navidad pasó, ya llegaba el Año Nuevo. Otra vez mi sobrino fue a buscarme para dormir conmigo porque juró que Papá Noel se le apareció de nuevo. Estaba llorando, le di lugar para que se acostara a mi lado cuando de pronto esa figura apareció. Suena loco, pero.
10:36 El pequeño tenía razón, era alguien disfrazado de Santa Claus, solo que no le distinguía el rostro, pues lo tenía desfigurado. No obstante, le vi sus manos. Estas eran puros huesos que sumado al olor nauseabundo que sentí, no me quedaron dudas de que era la aparición de un cuerpo. Ambos salimos corriendo de la habitación hasta llegar con mis padres. Estuvimos con ellos hasta que mi sobrino se durumió entre lágrimas y terror. En cuanto a mí, no lo niego. Esa noche me llevé el susto más grande de mi vida.
11:20 Hicimos bendecir la casa. Solo así ese fantasma dejó de manifestarse. Entre un llanto incontenible, mi madre me contó que se trataba del alma de mi abuelo, quien gustaba disfrazarse de ese personaje para esas fechas y quizás se aparecía porque estaba molesto con ella. Esa noche que la encontré llorando en la cocina, acababan de tirar el disfraz que él utilizaba. Para ella era siempre muy doloroso. Velo guardado y desgastado. Por lo que pensó mejor en deshacerse de él, ignorando por completo lo que eso desencadenaría mi vecino Santa Claus, basado en una experiencia real, mi nombre es Raúl Vázquez, soy de Chihuahua, México.
12:26 Hoy tengo 40 años. La anécdota que les voy a contar me paso a la edad de 6 años, en los tiempos en que con mis padres nos mudábamos recientemente a un departamento de alquiler. Eran las épocas navideñas. Teníamos un vecino que se vestía de Santa Claus para salir a repartir dulces a los niños de la colonia. Claro que para nuestras mentes inocentes. De esos tiempos, verlo con el disfraz puesto era algo mágico. Nos sentíamos afortunados al poder tener con nosotros a ese tan apreciado personaje. No había tarde en que no saliéramos contentos a platicar con él cuando lo veíamos haciendo lo suyo. Yo lo admiraba mucho, solo que una vez ocurrió algo en cierto modo que me provocó algo de miedo. Esto vendría a ser el primer paso para que más tarde toda la fantasía se derrumbará para siempre. Era la noche del 23 de diciembre. Ya tenía la Carta escrita para Papá Noel y no podía con las ansias de saber si mi regalo tan esperado se haría realidad. Les vuelvo a repetir.
13:50 Para mí nuestro vecino era el verdadero Santa Claus, así que de vez en cuando me asomaba para verlo en su casa y observarlo. Mi madre me regañaba amenazándome, que si no lo dejaba en paz, él no leería mi carta. Ya se imaginarán que eso no me detuvo. Me desperté pasada la medianoche. No podía volver a conciliar el sueño. Mi hermano tenía apenas 4 años en ese entonces y dormía plácidamente en la cama de al lado, en la misma habitación junto a mí, por el silencio de la casa, entendí que mis padres también dormían, por lo que lo vi como una buena oportunidad de levantarme y asomarme a mirar hacia la casa de mi tan preciado vecino. Me dirigí sigilosamente hasta el patio donde miré a través. Y me llevé una inesperada sorpresa. Ahí estaba un hombre que en nada se parecía a quien yo quería ver.
14:55 Este era un anciano sentado sobre una silla. Tenía una imagen tan nórrida que me dio escalofríos al verlo. Su cara era tan vieja que fui incapaz de calcular su edad. Usaba ropa remendadas. Veía las manchas de sudor marcadas en las axilas de una camisa blanca que parecía llevar mucho tiempo sin ser lavada. De eso me pude percatar por los movimientos que hacía cuando vorazmente masticaba un gran trozo de carne que me dio la impresión que estaba cruda.
15:36 Sentí asco, me di la media vuelta y regresé a mi cama. Esa noche me dormí pensando en tan repulsiva imagen. En la tarde siguiente, Santa Claus no apareció por ningún lado. Se puede decir que no me preocupó tanto, pues no podía concebir la idea de que alguien tan querido para mí compartiera la casa con ese horrible señor que yo había visto la noche anterior. Llegó la noche buena y con ella recibí mi regalo. La alegría que sentí me hizo olvidar de aquel feo anciano y resurgieron los deseos de volver a ver a Santa Claus, al menos para agradecerle por el obsequio, pero tampoco volvió a aparecer en esos días, mi mamá me dijo que ya no volvería hasta el próximo año, que él sabía que yo estaba agradecido.
16:34 Sin embargo, no pude hacerlo saber que su casa estaba al lado de donde yo vivía. Me colmaba de entusiasmo, así que me volví a acercar al patio en la madrugada de ese inolvidable 27 de diciembre. Esa noche, la bombilla de la luz del patio estaba quemada a casi oscuras. Camine para buscar a Santa Claus. Al poner mis ojos por una abertura, vi a Papá Noel, sólo que ahora su presencia me perturbó de por vida. Estaba sentado en esa misma silla en la que encontré esa noche. Aquel anciano estaba pálido.
17:16 La barba blanca colgaba desprendida de su boca hacia un costado. Tenía la piel partida abierta, como si fuera un difunto. Su traje rojo estaba manchado con un líquido oscuro en la parte del pecho. Él sabía que yo estaba allí porque me miraba de una forma tan espeluznante que por poco me orino del miedo. Esa noche corrí desesperado y desperté horrorizado a mis padres para contarles lo que contemplé. Mi madre se acostó conmigo en la cama porque fue la única manera en que pude dormir. Días después nos mudamos de ese departamento. Tiempo después supe que el señor repugnante y vecino que yo vi la primera vez era el mismo que se disfrazaba de Papá Noel, solo que cuando lo vi por segunda vez con el traje puesto, él ya llevaba días de fallecido y también sepultado. Es por eso que dejamos de verlo, pues. Es lo que yo vi, el alma de mi vecino en pena, el espíritu navideño, basado en una experiencia 100% Real, Nochebuena del año 1999.
18:51 Venía de regreso a casa después de haber hecho un viaje de trabajo en otro Estado. Eran casi las 11:30 de la noche, así que no llegaba a tiempo para recibir la Navidad con mi familia. Más allá de sentir tristeza, estaba enojado conmigo mismo. De alguna manera sentía que había defraudado a mi esposa e hijos. Por eso pienso que. Inconsistentemente, traté de Remetiarlo cuando me acerqué a aquel sujeto en la gasolinera, me llamo Luis Mancera, soy de Jalisco, México, lo que les contaré es algo que ni yo mismo aún puedo asimilar plenamente, me estacioné en esa gasolinera por combustible y algo de Botanas para mitigar el hambre, ya salía manejando del establecimiento cuando a un costado.
19:50 Vi a un señor de pie al lado de unos contenedores de basura, con una ropa bastante peculiar. Estaba vestido de Santa Claus. Me fue indiferente al principio, pero al pensar que tal vez era un hombre que se vestía así para ganar algunos pesos, me conmoví. Di la media vuelta, me bajé y le ofrecí lo que traía conmigo. Ver su traje mugriento y mal oliente me dio un poco de mala espina. Detrás de esa barba ficticia se veía un rostro moreno y arruinado por los años. El no habló en ningún momento, solo me veía inexpresivo e inmóvil. Creí que tenía algún problema para hablar, por lo que le volví a ofrecer las botanas extendiendo mi mano. Fue ahí que el ingrato me dio un manotazo arrojando las bolsas al suelo por impulso.
20:51 Lo mal decí. Recogí las cosas y me marché del lugar. Estando ya en la carretera experimenté una pesadez repentina. Algo había cambiado en el aire. Pretendía bajar un poco la ventanilla que tenía a mi lado cuando. Ese feo olor empezó a sentirse con pánico. Trate de no considerar como cierto lo que estaba pensando, que a la vez me decía que era una locura. Pero era el mismo olor que tenía aquel Santa Claus. El escalofrío que recorrió mi espalda no se los puedo describir lentamente, direccione mis ojos al retrovisor.
21:37 Pero recuperé la tranquilidad al no ver nada en el asiento trasero. En tanto ese hedor continuó, por lo que me estacioné a un lado de la carretera para revisar si había algo en el interior. Estuve como un demente, buscando por todos lados, pero no encontré nada. Luego de eso retomé mi viaje. Lo siguiente es lo increíble de todo esto. Estaba llegando a mi casa cuando al costado de la calle, justo al frente de mi hogar, estaba ese mismo hombre vestido de Santa. Nunca antes había tenido un horror tan grande como el de esa ocasión.
22:24 Entre directamente al garaje de mi casa. Mi esposa e hijo salieron a recibirme, voltee para mirar a ese sujeto y seguía en el lugar. Les pedí a todos que entraran a la casa, pero eso no sirvió para protegerlos de lo que venía. En el momento que ingresamos, las luces de la casa se apagaron desde la sala. Escuchamos como todo lo que había sobre la mesa del comedor caía al suelo haciendo un caos incomprensible. Mi suegra, quien estaba presente, entró en estado de shock para caer desmayada segundos después. Eso tardó un poco más, hasta que las luces regresaron y el destrozo paró.
23:13 Encontramos toda la comida y vasijas desparramadas sobre el piso del comedor. Gracias a Dios nada parecido volvió a suceder. Pero a decir verdad, tuve que acudir a un curandero porque ese sujeto disfrazado de Santa Claus se me aparecía en mis pesadillas. Cada noche el curandero me dijo que quizá era el alma penando de esa persona que me siguió porque se sintió ofendido de lo que le dije. Por mi parte no sé qué pensar. No era mucho de creer en esas cosas, aunque lo que viví fue algo tan real como para todos los que estuvimos esa noche presentes. Cuando escucho hablar del espíritu navideño me acuerdo de esto.
24:05 Quizá si existe ese tal espíritu, ya que yo conocí el lado opuesto de este. Espero que mi relato haya sido de su agrado. Gracias por compartir.
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