July 13, 2026

4 HISTORIAS DE TERROR EN ESTACIONES DE AUTOBUSES | Relatos Paranormales Reales

4 HISTORIAS DE TERROR EN ESTACIONES DE AUTOBUSES | Relatos Paranormales Reales
4 HISTORIAS DE TERROR EN ESTACIONES DE AUTOBUSES | Relatos Paranormales Reales
Inframundo Relatos De Terror
4 HISTORIAS DE TERROR EN ESTACIONES DE AUTOBUSES | Relatos Paranormales Reales

🔥 Terminales vacías, pasajeros extraños, autobuses que llegan sin explicación y encuentros aterradores ocurridos durante la madrugada.

Hoy escucharás 4 perturbadoras historias de terror ambientadas en estaciones de autobuses y terminales nocturnas, lugares donde viajeros, empleados y choferes aseguran haber vivido experiencias imposibles de olvidar. Personas extrañas esperando en silencio, presencias observando desde andenes vacíos, viajes que jamás debieron ocurrir y sucesos paranormales en medio de la noche.

Relatos oscuros sobre pasajeros misteriosos, apariciones inexplicables, terminales abandonadas y encuentros aterradores ocurridos mientras alguien solo esperaba un autobús o intentaba llegar a casa.

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0:00 Buenos días, queridos madrugadores. Los saluda a su amigo Inframundo, a todos los estudiantes que ya van camino a la Escuela, medio dormidos pero cumpliendo. Gracias por escucharnos aquí comenzamos lo que les voy a compartir. Comenzó a suceder en el año de 1991. Siempre había rumores de que evitaban tomar el último autobús de la noche en la terminal justo después de las 11:40 de la noche. Mi nombre es damaris dueñas, soy del estado de Colima, México. Actualmente radico en Estados Unidos, cerca de la Casa de los abuelos había una terminal de camiones, este era foráneo y como su final de la ruta era en la central de camiones. Varias personas esperaban a que pasara el camión, sólo que el chófer del camión les pidió que ya no esperaran en esa parada, pues no se detendría.

1:14 La terminal de día era como cualquier otra llena de gente esperando los camiones para llegar Asus trabajos o tomar otro camión para ir a los pueblos cercanos, pero de noche era un lugar completamente diferente. Sobre todo cuando pasaban de las 11:00 de la noche. Una noche mi madre y yo fuimos a dejarle medicamento a la abuela. Su hermano nos acompañó a la parada del autobús. Yo me adelanté y me senté en la banca. Mi madre, apresurada, me dijo que me levantara que esperaríamos el camión en la otra terminal.

1:55 Yo en ese tiempo tenía 9 años y lo que quería era dormir. Mi madre y mi tío me obligaron a levantarme y seguir caminando, a pesar de que ellos intentaron hablar en voz baja para que no escuchara a mi madre. Le preguntó a mi tío si aún espantaban en la parada. Él le contestó que sí, que de hecho el chofer que pasaba a las 11:40 era el último recorrido. Les dijo a las personas que él no se detendría ahí, aunque estuviera lleno de personas esperando. Yo volteaba para mirar la terminal y se me hizo extraño que ellos dijeran que nadie esperaba el camión allí, pues yo vi a varias personas en la terminal.

2:42 No les comenté nada, sino años después. Yo ya tenía 14 años. Cuando una compañera de la secundaria me contó que a su hermano lo habían espantado en esa terminal fue cuando recordé aquella conversación entre mi madre y mi tío. El hermano de mi compañera tuvo que ser trasladado a la Cruz Roja, pues sintió como lo empujaron hacia la calle. Estando en esa parada, el hermano de mi compañera le contó que esa noche había terminado tarde con el proyecto de la universidad en casa de su amigo, así que se fue tarde a la parada para esperar el camión, pero como no había pasajeros en la otra parada.

3:27 Se fue a la primera esperando que el camión no hubiese pasado. El joven no sabía lo que ahí sucedía. A las 11:40 de la noche, él le contó a su padre que no tenía ni 5 minutos, que había llegado cuando comenzó a sentir frío. De ese frío que hace que la quijada te tiemble. Era como si la temperatura bajará drásticamente. Tanto que hasta podía ver su aliento. Cada vez que soltaba una bocanada de aire, comenzó a escuchar cuchicheos a su alrededor. Comenzó a voltear a todos lados, pero no se veía a nadie.

4:07 Déjame decirte que esa terminal siempre está muy iluminada, pero por las farolas que hay a su alrededor, ya que los vecinos de los alrededores han perdido la cuenta de las veces que. ¿Han reparado esas 2 farolas que están en la terminal de autobuses? Las voces iban subiendo de tono. Él, ya un poco asustado, quiso moverse para apartarse, pero fue en ese instante en que vio a varias personas a su alrededor, se apartó, tambaleando, jadeando y con las manos temblorosas, pues las formas difusas de los pasajeros le causo temor repentinamente. Sintió una masa de cabellos que le pasaron por su rostro y fue ahí cuando sintió varias manos que lo empujaron hacia la calle. Sólo escuchó el chirrido de las llantas de un auto y el golpe en su pierna.

5:03 El dueño del auto contó que no había nadie con el joven. A pesar de la oscuridad y las luces de su auto, el chico salió de la nada. Afortunadamente no pasó a una desgracia. Le conté a mi madre lo ocurrido y fue en ese momento que le dije lo de aquella conversación que tuvieron ella y su hermano. Mi madre me dijo que nadie sabe qué fue lo que sucedió en esa terminal. De hecho, mi abuela le contó que desde que se destinó para una parada de camiones ya sucedían situaciones extrañas. Ahí siempre era lo mismo ver a una mujer de negro murmullos de varias personas a veces. Se ve a una niña en otras ocasiones, un niño, un par de ancianos y una vez mi abuelo le contó que sintió como lo golpearon con un palo en la espalda. Era aquel anciano, pues cuando se manifiesta se le ve con un bastón.

6:04 Siempre se manifiestan a las 11:40 de la noche en la última corrida del camión foráneo. Muy buenas noches Alejandro, me llamo Carolina Fornés, la casa de mis padres se encuentra cerca de un cementerio, este quedó dentro de esa Colonia, pues la ciudad ha crecido demasiado, que lo que estuvo alguna vez en los límites de la ciudad, hoy se encuentra rodeado de colonias y fraccionamientos. Siempre detesté tener que cruzar el cementerio de noche durante el día.

6:53 No me molesta, al contrario, me agrada ver las lápidas de los difuntos, pues el cementerio es de finales de año de 1890. Los caminos eran claros, el sol al atardecer ilumina las lápidas y las estatuas que se levantan sobre estas. Todo el panteón es muy tranquilo, pero por las noches ya estaba por oscurecer cuando me despedí de mis padres. Ya tenía calculado el momento en que el autobús pasaba por la terminal y por cortar camino y no rodear el cementerio. Me crucé por él. Ya era familiar escuchar cuando abría las rejas oxidadas del cementerio.

7:37 Sabía que si no me apresuraba perdería el autobús y tendría que quedarme allí más tiempo del necesario. Eso era lo último que quería. Caminaba rápido. Mis pasos resonaban en el sendero de graba y el único sonido que me acompañaba era el crujir de las piedras bajo mis zapatos. Pero pronto sentí una sensación de que no estaba sola. Esa sensación de ser observada me hizo apresurarme aún más. Nunca me había dado miedo, pero siempre hay una primera vez en todo algo o alguien estaba detrás de mí. Y no me atrevía a mirar hacia atrás, pues sabía que, aunque lo hiciera, no vería nada.

8:24 Aún así, esa presencia, esa sensación de que algo caminaba detrás de mí, no desaparecía. Mientras más me adentraba en el cementerio, más fuerte se volvía esa sensación, como si algo estuviera pisándome los talones. Mis piernas me temblaban, pero no podía detenerme. Así que aceleré el paso. Era la primera vez que tuve miedo de cruzar por el cementerio para llegar a la parada de camiones. Finalmente vi las luces de la calle en la puerta de entrada al panteón. La terminal no estaba muy lejos, sólo unos metros más allá de la salida, pero esa sensación de que me seguían no se me quitaba. Saludé al velador que ya se dirigía a cerrar la otra puerta. El se me quedó observando unos momentos. Me dio la sensación de que él miraba lo que venía conmigo, pero como ya faltaba poco para que llegara el camión, solo lo saludé.

9:30 Aunque me hubiese gustado preguntarle si algo o alguien venía detrás de mí. Al llegar a la parada me detuve abruptamente para mí. Mala suerte. No había ni una sola persona en ese sitio. Las luces parpadeaban proyectando sombras en los árboles de ciprés del cementerio. Me quedé de pie con la mochila colgada del hombro, intentando recuperar un poco el aliento. Pero esa sensación, la de que algo estaba conmigo, no desapareció. Las calles estaban vacías y el viento soplaba suave pero frío. Miré hacia ambos lados. Esperando ver alguna señal del autobús, pero no había ni rastro de él.

10:17 Me acerqué al anuncio publicitario que estaba a un lado de la banca. Fue ahí donde miré una silueta oscura. Era de un hombre. Este permanecía inmóvil. El miedo me recorrió como un escalofrío helado por todo mi cuerpo y cada segundo que pasaba me hacía sentir más temerosa. No quitaba la mirada del acrílico esperando que eso desapareciera. Pasaron varios minutos los que para mí fueron como horas. Intenté mantener la calma, decirme a mí misma que todo estaba en mi cabeza, que sólo era el miedo por haber pasado tan tarde por el cementerio. Finalmente, después de lo que parecieron los 10 minutos más largos de mi vida.

11:06 Vi las luces del autobús. Aproximarse por la calle fue como un destello de esperanza en medio de la pesadilla, pero incluso entonces esa presencia no desapareció. Sentí que me seguía, que estaba justo detrás de mí. Mientras el autobús frenaba lentamente frente a la parada, subí apresuradamente y en cuanto el chofer cerró las puertas, un estremecimiento lo sentí por todo el cuerpo. Me senté en uno de los asientos junto a la ventana, todavía temblando, rogando que esa cosa no me haya seguido. El frío que comencé a sentir cuando cruzaba el cementerio comenzó a disiparse y el aire a mi alrededor volvió a sentirse normal. Por inercia volteé hacia la parada y aunque ya no sentía esa presencia a mi lado, quería ver si eso seguía allí. Pero afortunadamente ya no lo vi. Ahora cada vez que visito a mis padres trato de no pasar por el cementerio.

12:12 Cuando está oscureciendo, trato de estar acompañada en ese momento. No sé que fue lo que me siguió en aquella ocasión, pero si hubiese sido un ente malo me hubiera hecho daño en ese momento. Creo que eso me siguió, pues en ese tiempo había perdido a mi hijo con apenas un mes de gestación. Muy buenas tardes a todos y a los amantes de esta comunidad.

12:55 Mi nombre es Luis Ángel Dávila. Tenía la edad de 12 años cuando hubo un trágico accidente, esto en el año de 1983, aquella parada situada en una esquina. Había sido el escenario de una tragedia que nadie, ni siquiera después de tantas décadas, ha logrado olvidar. Y lo más inquietante de todo era que cada año, en el aniversario de lo ocurrido, las personas decían que las almas de los que ahí fallecieron se aparecen. La historia, según lo que contaban los mayores, era un tanto perturbador. La noche del 23/10/1983.

13:40 Un auto se salió de control y chocó directamente contra la parada, llevándose consigo a un grupo de personas que esperaban el camión. Fue un accidente en el que no hubo sobrevivientes, cuerpos destrozados, sangre mezclada con el agua que corría por la calle y una sensación de injusticia que impregnó el lugar. No había una razón clara para el accidente. El conductor no estaba ebrio. El auto no tenía fallas mecánicas, todo parecía haber sido el resultado de la fatalidad. Estaban en el sitio y momento equivocado, decían algunos.

14:22 Para el siguiente año fue cuando se comenzaron a ver apariciones en la parada de camiones, un grupo esperando el camión. Algunos comenzaron a decir que no se les veían sus pies, otros que estos eran transparentes. Pero lo que yo vi fue muy diferente, esto lo comenté con mi Grupo de amigos. Se dice que los niños son más susceptibles para las situaciones sobrenaturales y no era el único en ver aquellas apariciones en la parada de autobús, además que siempre sucedía algún percance en esa parada. En menos de 3 años habían atropellado a una anciana que cruzaba la calle. Al nieto de don Marcelo, el dueño del abarrote en la esquina a su nieto, también le sucedió lo mismo. El pequeño había salido tras la pelota alguno que otro vehículo que colisionaban uno con otro.

15:21 Todo esto sucedió exactamente frente a la parada de camiones. Las personas comenzaron a decir que ese lugar estaba maldito, pues no sólo eran las apariciones de los que. Ahí fallecían, sino que era accidente tras accidente comenzaron a pedir a las autoridades competentes de esos años que retiraran el señalamiento de que ahí era una terminal de camiones. Les dijeron que lo harían, pero tardó algún tiempo en que eso pasara. Obviamente adivinaron que. Ese tipo de situaciones siguieron sucediendo mientras tomaban la decisión de resolver ese caso. La casa de mi abuela no quedaba justamente frente a la parada, sino unas casas más adelante en la cera, frente a esta era un martes por la tarde.

16:17 Ese día había estado lloviendo. Muy pocos eran los usuarios de los camiones. Ese día yo había estado enfermo. Y como mis padres no querían que contagiara a mis hermanos, me mandaron a casa de la abuela para que me recuperara. Me encontraba tan aburrido que me acerqué a la ventana para ver pasar a las personas. Y fue ahí donde fui testigo de lo que se decía de las apariciones en esa terminal desde donde me encontraba, pude verlos bien. El sólo recordarlo me eriza la piel. Fué una aparición muy perturbadora. Las manifestaciones de lo que queda de aquellos seres tras el accidente, sus cuerpos apenas mostraban la forma de lo que fueron, se veían delgados y encorvados, con la piel translúcida, estirada sobre los huesos, la carne ausente en la mayoría de las áreas, dejando a la vista huesos amarillentos y otros oscuros, algunos expuestos por completo.

17:21 Mientras, en otras partes, pequeños restos de tejido que aún se aferran putrefactos, apenas se veían sus rostros. Pero puedo asegurarles que sus cuencas estaban vacías. Los veía asombrado, pero a la vez el temor y el miedo de tener pesadillas con aquellas apariciones. En eso llegó una joven a la parada. Ella no se percataba de que estaban varios fantasmas a su alrededor. Los cuales parecían quererse comunicar con ella, pero no los veía. Llegó el camión y se fue en él. Aquellas apariciones solo observaban el autobús a alejarse y ellos poco a poco iban desapareciendo. Le conté a mis amigos lo que había visto esa tarde. Daniel me contó que él solo veía una anciana queriendo cruzar la calle, pero cuando lo hacía.

18:16 Se escuchaba como si un auto la golpeara y era en ese instante en que ella desaparecía. Pasó el tiempo y cambiaron la parada de autobús en otra calle. Pero a pesar de que ya han pasado varias décadas, los vecinos aún aseguran que las apariciones jamás se han ido. Aún se manifiestan aunque la parada ya no esté en ese mismo sitio. Mi nombre es Agustín Esqueda. Lo que les voy a contar aún sucede en minatal, Baja California, en una de las ciudades que nunca duerme. Siempre las personas están en movimiento, ya sea por sus trabajos de día o por las noches. Divirtiéndose en algún antro o bar, así como también aquellos que manejan sus taxis toda la noche, llevando a las personas a los lugares que se dirigen.

19:25 En varias ocasiones he tenido la buena suerte de que se encuentran un grupo de personas en las terminales de taxis o de autobuses. Estos últimos tienen cierta hora límite en sus recorridos. Y cuando se llega la hora en que estos dejaran de circular por las calles, hay que apresurarse a llegar a tiempo a las paradas, pero por desgracia hay choferes que les importa mucho o poco dejar pasaje esperando por 1 hora o quizás hasta más tiempo, y esa noche fue una de ellas el hecho de que para llegar a la terminal de autobuses hay que atravesar un parque. Esa no es la terminal principal, sino la que siempre está iluminada, bulliciosa y segura.

20:14 Dicen que es por ahorrar tiempo o porque hay menos tráfico. A nosotros los usuarios no nos queda de otra que tomar una ruta más oscura y peligrosa es tener que cruzar el parque las noches lluviosas o con neblinas. Ya es algo de lo más usual en la ciudad, pero esa vez. El transporte no pasó a la hora que debió hacerlo. Nos encontrábamos varias personas en la parada. No había un solo camión que se distinguiera. Su arribo por esa calle fue cuando uno de los señores mayores comentó que lo más seguro era que sólo en la terminal de al lado del parque es donde estarían pasando los camiones y los taxis de rutas.

21:03 No me agradaba la idea de cruzar el parque. Ya que pocas lámparas iluminaban ese sitio, algunos se comenzaron a dispersar buscando sus medios para llegar Asus destinos. Aquí hago la aclaración que a una cuadra de ese parque hay diferentes taxis, rutas que llevan al centro de la ciudad, pero por desgracia era cruzar gran parte de la ciudad y ninguna de esas rutas me dejaba cerca de mi domicilio si era ese camión que pasaba. Hasta la parada del parque. Así que no me quedó de otra que comenzar a caminar. Detrás de mí venían un par de adolescentes y aquel señor mayor. Los demás tuvieron que bajar para llegar a la otra terminal. Cruzar ese parque me pareció una eternidad. Ya faltaban unos 25 minutos para la medianoche y ni un auto se veía pasar.

22:02 En lo que caminábamos por el parque hasta la parada de camiones, la vibra en esa terminal es muy fuerte. Se siente como si algo siniestro estuviera observándote desde la oscuridad del parque. Todos mirábamos ansiosos a que las luces del autobús aparecieran en la esquina donde dan vuelta para llegar a la parada. El miedo de estar en un sitio a media luz. Esperando el autobús es una sensación profundamente intensa durante el día. Ese lugar es cotidiano, casi indiferente. Una parte más del paisaje que cruzamos. Pero cuando la noche cae, todo cambia. La luz tenue transforma el entorno alrededor de esa parada. Me sentía observado, era como tener una presencia invisible adherida a uno.

22:57 Una tensión constante que se arrastra por la piel. Creo que no era el único que sentía esa sensación. Por momentos presentía que algo saldría de ese parque que estaba detrás de nosotros. Fue hasta que una joven comentó que se sentía muy extraña en esa parada. Preguntó si algo malo había sucedido ahí. La verdad, no sé si ahí sucedió algo, algo que a esa hora de la noche. Se sintiera una atmósfera inquietante en esa parada, pero lo que yo les puedo contar es que sentía la necesidad de salir corriendo de ese sitio. Por momentos, el miedo me hacía voltear sobre mis hombros, esperando encontrarme con alguna aparición detrás de mí.

23:44 No se puede evitar porque la mente se ha convencido de que hay algo allí, algo que no se ve. ¿Pero qué se siente? Es un miedo de saber que no estás solo aunque estés acompañado de otras personas. Creo que para sentir miedo no es necesario que se te aparezca un fantasma. Quizás en ese momento no lo vimos, pero si lo sentimos, pues cuando vimos el camión acercarse sentí un gran alivio. Fui el último en subirse. Y muy mordazmente. El conductor me preguntó si no se nos había aparecido el muertito del parque. Yo solo negué con la cabeza. El miedo nos abordó en el parque en el momento que lo cruzamos y en la parada de autobuses es donde sentíamos que nos observaban de algún sitio oscuro de ese lugar. Mi hermana me contó que ahí había fallecido un joven. Que asaltaron hacía muchos años y su alma no encuentra La Paz.