Sept. 26, 2025

4 HISTORIAS de TERROR en el CEMENTERIO Vol. XI - Relatos De Terror

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Inframundo Relatos De Terror
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0:00 El sepulturero de la sección 9, basado en la anécdota de Néstor Beltrán, me llamo Néstor beltrán y trabajé durante más de 20 años como sepulturero en el Panteón jardines de la esperanza, en el estado de México, de todos los oficios que tuve en la vida. Ese fue el más silencioso y el más pesado, no por el trabajo físico, sino por lo que llegué a presenciar mientras convivía todos los días con la muerte. El cementerio era enorme, pero había una zona que siempre me pareció diferente.

0:45 Era la sección 9. Los árboles ahí estaban secos durante todo el año. El suelo era más oscuro y húmedo que en cualquier otra parte del panteón. Nadie quería asignaciones en ese sector. Siempre que tocaba enterrar a alguien. Ahí lo hacían rápido y sin muchas ceremonias. Algunos decían que era porque en esa zona habían sepultado cuerpos que no merecían estar juntos, que era un espacio maldito. Yo no creía en eso hasta que empecé a cavar ahí con mis propias manos. La primera vez que excavé una tumba en la sección 9 fue durante una tarde lluviosa, cuando la pala golpeó el suelo.

1:32 Sentí un crujido distinto. No era madera ni raíces, era una losa de piedra enterrada a medio metro. Pensé que sería parte de una tumba anterior, así que seguí cavando sin darle importancia. Ese día sentí que algo me observaba desde el interior del hueco, pero me obligué a pensar que era sólo mi mente jugando conmigo. Esa noche soñé que regresaba al mismo lugar. Veía como la Tierra se movía sola y una figura oscura salía del agujero. No tenía ojos ni boca, solo piel vieja y retorcida. Sentí que el aire desaparecía a mi alrededor. Cuando desperté, estaba empapado de sudor y con un ardor insoportable en la garganta.

2:23 Tuve la sensación de que no había sido un sueño. Los días siguientes fueron más extraños. Varias tumbas de la sección 9 aparecieron con las placas de mármol fracturadas. Una cruz estaba al revés, una ataúd apareció fuera del suelo, como si lo hubieran escupido. En las cámaras de seguridad se veía la Tierra removiéndose sola, justo a las 3:00 de la mañana. Nadie supo cómo explicarlo. No había humanos ahí, solo sombras y un silencio antinatural. A partir de ese momento comencé a trabajar con miedo. Cada vez que me asignaban una posa en esa sección sentía que la pala se hundía más rápido, como si algo desde abajo jalara la Tierra con ansias. En una ocasión, mientras cavaba la Tierra, empezó a Burbujear. Salí a vapor oscuro y un olor putrefacto que no era normal. Me alejé con el estómago revuelto y el corazón en la garganta.

3:28 Esa noche no dormí. Escuchaba voces susurrando mi nombre en la oscuridad de mi cuarto. No estaba loco, estaban ahí. Un día, en una de las tumbas antiguas, encontré marcas en el interior del ataúd. No eran rasguños normales, eran arañazos profundos, como si alguien hubiese despertado dentro del féretro. Lo más aterrador fue que el cadáver no tenía uñas, las manos eran sólo muñones ensangrentados y la boca estaba cerrada, con alambre oxidado. En ese momento sentí que algo me estaba advirtiendo. Cometí el error de regresar solo en la noche a esa tumba. Quería saber qué había ahí, no por morbo, sino porque necesitaba respuestas.

4:18 Abrí el ataúd más antiguo de la sección 9. No había cuerpo, sólo Tierra espesa y negra como alquitrán. En el fondo había una frase tallada con garras que decía, este lugar no es tuyo. Desde entonces, algo me persigue. Los sueños se volvieron más intensos. En ellos me veo bajo Tierra, atrapado sin poder gritar. No sé si son solo pesadillas o si mi alma ya está siendo arrastrada por lo que sea, que vive ahí abajo. Cada vez que camino cerca de esa sección siento un escalofrío que me paraliza. Y si me acerco demasiado, el aire se corta y mi cuerpo empieza a temblar. Un día me desmayé en plena jornada. Cuando desperté tenía Tierra entre los dientes y bajo las uñas.

5:13 Nadie supo cómo llegué ahí. Solo dijeron que me encontraron tirado al borde de una fosa, temblando con los ojos abiertos y sin responder por varios minutos. Desde entonces dejé el trabajo. No volví a pisar el cementerio, pero aún sueño con la sección 9. Siento que la Tierra me llama por mi nombre. Que hay algo allá abajo que no me ha dejado ir del todo. Y si alguna vez caminas por un cementerio y sientes que el suelo vibra bajo tus pies, no te detengas, no mires atrás y jamás te acerques a un lugar donde el pasto no crece. Porque hay sitios que no entierran muertos, sólo los contienen y lo que se contiene tarde o temprano encuentra una forma de salir.

6:07 La bruja del Panteón viejo, basado en la historia real de Andrés Castañeda, me llamo Andrés Castañeda trabajo como velador en el cementerio municipal de Santa Rita, un pueblo pequeño en lo alto de la Sierra de Puebla, Llevo en ese puesto desde hace más de 6 años. Pero fue durante mi segundo invierno cuando supe que este lugar no sólo alberga muertos, también guarda cosas peores. El cementerio está dividido en 2 secciones, la nueva, donde la gente aún viene a visitar Asus familiares, limpia con flores y cruces recién pintadas, y la vieja olvidada, llena de criptas abiertas, lápidas quebradas y árboles torcidos. Esa parte está cerrada al público. Sólo los trabajadores entramos cuando hay que hacer mantenimiento, que casi nunca ocurre, pero yo tengo que recorrerla cada noche como parte de mi ronda. Todo comenzó con un olor, era una mezcla entre azufre, sangre y algo más como carne podrida.

7:24 Lo notaba siempre cerca de la sección más lejana del camposanto viejo. Justo donde se alzaban 3 criptas abandonadas con Vitrales rotos y musgo cubriéndolo todo. Pensé que algún animal se había metido entre los nichos, pero el hedor iba y venía como si respirara por sí mismo. Después empezaron a aparecer los montículos, pequeños bultos envueltos en tela negra, atados con hilo rojo, colocados justo sobre ciertas tumbas. Al abrir uno encontré huesos de aves, cabellos humanos y pedazos de uña.

8:04 En otro había un corazón de pollo con clavos oxidados incrustados en todos había cenizas y pedazos de veladora negra derretida. Sabía lo que era, era brujería a los días comencé a ver cosas. Durante las madrugadas, escuchaba pasos rápidos entre las tumbas. No eran animales, eran ligeros. Ágiles como si alguien caminara descalzo. En una ocasión vi una figura a lo lejos, encorvada, cubierta con un rebozo largo y sucio. Caminaba entre las lápidas, pero su sombra no seguía el movimiento de su cuerpo. Cuando traté de acercarme con la lámpara, desapareció sin dejar rastro, como si se hubiera tragado la Tierra a la siguiente semana.

8:54 Encontré una cruz invertida hecha con huesos de perro clavada frente a una tumba infantil. Encima había una bolsa con Tierra roja y una muñeca con los ojos cocidos. La Tierra olía a sangre fresca. Esa noche no pude dormir. Escuché cómo golpeaban la reja del cuarto donde duermo dentro del cementerio. No eran golpes normales, eran 3, luego una pausa 3 más. Otra pausa así toda la noche hasta que salió el sol. El colmo fue una madrugada, cuando una de las tumbas apareció abierta. No tenía signos de haber sido excavada por alguien con herramientas.

9:42 Era como si la Tierra hubiera sido removida desde dentro. No había ataúd, sólo un hueco hondo y húmedo con marcas de garras en las paredes de Tierra. Alrededor había restos de veladoras negras, monedas extranjeras y símbolos pintados con lo que parecía sangre. Encima de todo eso, una palabra escrita en latín, malformado, revix IT. Esa noche, justo a las 3:00 de la mañana, la vi de cerca estaba de pie entre 2 Criptas, iluminada sólo por el reflejo de la Luna. Era delgada, con la espalda encorvada. Y el cabello largo y suelto, cubriéndole la mitad del rostro. Tenía los pies sucios con las uñas crecidas como garras. Sostenía en sus manos una jaula con un ave muerta y me observaba sin parpadear.

10:38 No dijo nada, pero su presencia era tan pesada que apenas podía respirar. Cuando retrocedí para huir, el farol más cercano estalló en pedazos y su figura desapareció entre el polvo. Desde entonces comenzaron a llegar cadáveres desenterrados por animales o profanados. Durante la noche, los enterradores encontraban cosas enterradas entre los cuerpos, dientes humanos, ropa quemada, fotos con los rostros borrados. Una vez uno de los sepultureros encontró su propia foto dentro de una tumba que había cerrado apenas el día anterior. Renunció al día siguiente.

11:25 Intenté pedir ayuda, hablar con el sacerdote del pueblo, pero nadie quiso escuchar. El cementerio viejo tiene fama de maldito. Dicen que fue construido sobre Tierra ceremonial y que muchas brujas de la región lo usaron en el pasado para rituales. Yo no sé si eso sea cierto, pero lo que sí sé es que esa bruja sigue viniendo cada tanto. Vuelve a hacer su trabajo en las sombras y cada vez que llega el olor a muerte se intensifica. Sigo trabajando ahí, pero ya no hago rondas en la sección vieja. Puse una cruz de Hierro en la puerta y cierro con cadena. A veces escucho susurros del otro lado, otras veces simplemente la veo de lejos de pie esperándome. Sé que algún día se va a acercar de nuevo. Y sé que no tengo con qué defenderme. Sólo dejo veladoras blancas cada viernes y rezo sin saber si alguien me escucha, porque en ese cementerio los muertos no son lo más peligroso.

12:39 Alguien Cava por las noches. Experiencia real de fabián ríos. Mi nombre es fabián ríos y desde hace 3 años soy sepulturero en el Panteón el Rosario en Veracruz. Aquí no es raro escuchar historias de sombras que se pasean entre las tumbas, de mujeres que lloran detrás de los mausoleos o de niños que se asoman entre los nichos, pero lo que yo viví va más allá de una simple aparición. No se trata de un alma en pena ni de una víctima. Lo que vi es algo que sigue haciendo su trabajo, aunque ya no pertenece a este mundo. Cuando entré a trabajar en este cementerio me hablaron de don Laureano.

13:30 Fue sepulturero aquí durante más de 40 años. Decían que era un hombre duro, serio, de esos que no hablaban mucho, pero que conocía cada rincón del panteón como si hubiera nacido bajo la Tierra. Murió de un infarto una noche de tormenta, justo al terminar de enterrar a un desconocido en la zona más vieja del camposanto. Murió solo con las manos aún llenas de lodo. Nadie lo encontró hasta el día siguiente. Su cuerpo estaba a un lado de la fosa, con los ojos abiertos y la pala todavía apoyada en el borde. Lo enterraron justo ahí mismo, como si no quisiera irse. Desde entonces la tumba no se ha tocado. Tiene una cruz de madera sin nombre, marcada sólo con las letras LM.

14:27 Durante meses no pasó nada hasta que una madrugada fría, mientras hacía la ronda con uno de mis compañeros, vimos a lo lejos una silueta encorvada iluminada por el farol de la entrada. Caminaba lento arrastrando los pies. Creímos que era un indigente que se había metido por los muros rotos del fondo. Lo llamamos, pero no respondió. Caminaba derecho hacia una tumba olvidada, sin voltear, como si supiera exactamente a dónde ir. Al llegar se detuvo y se quedó inmóvil. Nos acercamos con cuidado.

15:07 La figura tenía un sombrero viejo, la ropa empapada en barro seco y sostenía una pala oxidada con las 2 manos. No tenía rostro, solo una masa descarnada con trozos de piel colgando, y nos miraba sin ojos, sin gestos, solo nos miraba. Mi compañero gritó, yo retrocedí y caí de espaldas. En 1 segundo, la figura se desvaneció, no caminó, no corrió, no se escondió, simplemente se deshizo en el aire como humo de fogata. Esa noche no volvimos a patrullar y durante varias semanas. Evitamos ese sector, pero él seguía apareciendo a diferentes horas, a veces de madrugada, otras en pleno atardecer, siempre cerca de las tumbas más viejas.

15:59 Algunos lo vieron cavando en silencio, otros de pie frente a la fosa donde fue enterrado con la pala cruzada sobre el pecho, un trabajador nuevo. Renunció después de verlo escarbando con las manos desnudas en una tumba vacía. Decía que los dedos ya no tenían carne, sólo hueso y barro. Una noche me tocó hacer guardia. Solo pasadas las 3:00 de la mañana, el foco del pasillo comenzó a parpadear. Camine hacia la zona norte y lo vi otra vez. Estaba inclinado sobre una lápida raspándola con algo filoso. Cuando me acerqué noté que estaba escribiendo su nombre, tallándolo con la punta de un hueso. El ruido era seco, como uñas sobre piedra. No alcancé a moverme, me vio, me sostuvo la mirada y entonces abrió la boca.

16:56 Pero no tenía lengua, solo un agujero oscuro y profundo como un túnel. De ahí salió un chillido bajo que me hizo perder el equilibrio. Corrí. No me detuve hasta llegar a la CASETA, me encerré hasta el amanecer. Desde ese día ya no me acerco a su tumba. Nadie lo hace, nadie le pone flores, nadie lo menciona en voz alta. Algunos dicen que sigue trabajando porque no quiere dejar su puesto, otros creen que fué enterrado con una deuda pendiente. No lo sé, pero hay algo claro, don Laureano nunca se fue.

17:37 Él sigue ahí, aparece entre la niebla Cava donde no hay tumbas, se para frente a los recién enterrados, observa los vivos como si midiera cuál será el siguiente espacio que le tocará abrir, y cuando lo hace desaparece con la misma pala que usó en vida, arrastrando sus pies, huesudos entre la Tierra que alguna vez llamó suya. Ellos ya se boca abajo, basado en la historia real de eliseo Zambrano, me llamo eliseo zambrano, trabajé durante 5 años como sepulturero en un cementerio rural en el norte de Oaxaca, un panteón antiguo escondido entre cerros al que la mayoría de las personas.

18:35 Sólo acudía por obligación, nadie regresaba por gusto. Los pocos que aún tienen familiares allí entierran y desaparecen, no rezan, no miran atrás. La primera advertencia que recibí fue una frase pintada con sangre seca en la parte interna del portón principal, decía, no excaves donde la Tierra esté blanda por la noche. Pensé que era vandalismo, pero después entendí que no lo era. La mayoría de los entierros ocurrían de día, pero una madrugada, por cuestiones legales nos obligaron a hacer un sepelio. A las 3:00 de la mañana el cuerpo era de una mujer joven encontrada colgada en un árbol del cerro. Nadie la reclamó, al parecer ni siquiera era de la región. La policía solo la dejó con una carpeta sin nombre y una cruz de madera que decía desconocida.

19:34 Nos tocó sepultarla en la sección de donde se entierra a los olvidados. Al momento de cavar la pala entraba con una facilidad extraña. La Tierra no ofrecía resistencia, como si ya hubiese sido removida. Al llegar al metro y medio golpeamos algo, no era piedra, era otro ataúd, sin nombre, sin registro. Sellado por dentro con clavos viejos que sobresalían como espinas. Uno de mis compañeros quiso moverlo, pero al tocarlo se partió como si estuviera hueco dentro. No había cuerpo, sólo una sábana manchada y una máscara tallada en madera, con el rostro de alguien gritando y un olor, azufre quemado a carne vieja y encerrada.

20:26 A pesar de todo, enterramos a la joven ahí mismo. Sellamos la tumba, pusimos la cruz y nos fuimos esa noche todos tuvimos el mismo sueño. El ataúd bajo la Tierra no se quedaba quieto, algo lo empujaba desde abajo, lo pateaba y cada golpe era más fuerte. Desde entonces el cementerio ya no fue el mismo. La sección de comenzó a oler distinto, las veladoras no duraban encendidas, se escuchaban lamentos bajo la Tierra. Suaves al principio, luego más insistentes, como si algo rascará desde dentro. Una semana después, una de las tumbas apareció abierta desde dentro.

21:11 Nadie la tocó, no había herramientas, huellas, nada, solo una losa corrida hacia un lado y Tierra revuelta, como si alguien hubiese salido arrastrándose. Quisimos sellarla de nuevo, pero cada noche la losa volvía a moverse. En una ocasión encontramos una mano saliendo del borde, pero no era de carne, era de hueso, como una estatua esculpida en ceniza. Al tocarla se deshizo en polvo. Comenzamos a notar algo más. Las tumbas en esa sección estaban hundiéndose, como si tragaran lo que había dentro o como si los cuerpos quisieran hundirse por sí solos.

21:57 Revisamos los registros y descubrimos algo que nos celó la sangre. Varias de las personas enterradas ahí no murieron por causas naturales, habían sido colgadas suicidas, criminales, cuerpo sin velorio, gente que según las supersticiones de los más viejos, debía ser enterrada boca abajo para que no regresaran. Pero alguien antes de nosotros los había desenterrado. Y vuelto a colocar al Derecho. Una noche, mientras hacía la ronda, escuché pasos, pensé que era otro velador. Llamé, pero no hubo respuesta. Seguí el sonido hasta la sección de al llegar vi a una figura arrodillada junto a una tumba.

22:44 Tenía la espalda arqueada, el cabello cubriéndole el rostro, parecía una mujer. Lloraba en me acerque lentamente, alumbrando con la linterna. La figura se giró, no tenía rostro, solo un hueco negro que vibraba como un pozo sin fondo. De sus brazos colgaban pedazos de soga y su cuerpo estaba cubierto de Tierra húmeda. Dio un paso hacia mí, luego otro y cuando quise gritar la linterna se apagó. El aire se volvió denso. Como barro. Sentí que el suelo bajo mis pies respiraba. Corrí.

23:26 Al llegar a la caseta no podía hablar, me temblaban las manos. Esa madrugada no dormí. Cuando amaneció fui con otros 2 trabajadores a revisar la tumba, donde la VI estaba abierta pero no vacía. Había 2 cuerpos, uno era el de la joven, el otro estaba debajo de ella, sin ataúd, cubierto de cal, con la boca cocida y los ojos invertidos. Su piel aún estaba fresca. Pero lo más terrible es que tenía marcas de uñas en el interior del ataúd, no rasguños, uñas enteras que se desprendieron tratando de salir.

24:06 Sellamos esa tumba con concreto. Pero yo ya no volví a dormir tranquilo. Un mes después dejé el trabajo, no por miedo, por instinto. Porque cuando un sepulturero comienza a soñar con Tierra en la boca y cuerdas en el cuello. Es porque alguien más ya empezó a cavar desde abajo y en ese cementerio algunos muertos no quieren descanso. ¿Quieren venganza? No todos los que descansan bajo Tierra están dormidos. Algunos solo esperan la noche para salir si alguna vez visitas un panteón y te sientes observado. No mires hacia atrás, gracias por escucharnos esta noche, esto fue inframundos relatos.