April 1, 2026

4 HISTORIAS DE TERROR DE SEMANA SANTA (Para NO DORMIR)/ INFRAMUNDO RELATOS

4 HISTORIAS DE TERROR DE SEMANA SANTA (Para NO DORMIR)/ INFRAMUNDO RELATOS
4 HISTORIAS DE TERROR DE SEMANA SANTA (Para NO DORMIR)/ INFRAMUNDO RELATOS
Inframundo Relatos De Terror
4 HISTORIAS DE TERROR DE SEMANA SANTA (Para NO DORMIR)/ INFRAMUNDO RELATOS

🔥La Semana Santa se vive de formas distintas según la religión, con tradiciones únicas. Es un tiempo sagrado donde muchos sienten la presencia de Dios, por eso sorprende que ocurran hechos extraños durante estos días. A continuación, les compartiré historias inusuales que rompen con lo esperado en una fecha considerada espiritual, llena de fe, reflexión y devoción.00:00 INTRO01:02 VIACRUCIS11:21 LA VIRGEN DE LOS DOLORES18:46 VACACIONES SANTAS28:12 EL CRISTO QUE BAJA

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0:07 Viacrucis basado en la anécdota de José Elizalde, escrito y adaptado por la tenebrosa muy buenas noches Alejandro y a toda la Comunidad, mi nombre es José de Jesús Elizalde, soy de un pueblo en el estado de Michoacán, México en el que crecí. Aquí la fe no es sólo una costumbre, sino una forma de no perderla. En cada Semana Santa, las calles polvorientas se transformaban en un escenario ceremonial donde los adultos y jóvenes participaban en la representación del viacrucis con Fervorque. Para los hombres más jóvenes, representar a nuestro señor Jesucristo es un honor.

1:01 ¿Y por qué no? Hasta gozas de cierta fama y respeto. Este año el honor de encarnar a Jesús había recaído en mi primo Juan Pablo. Él siempre había sido el centro de las miradas. Buen hijo, buen estudiante, piadoso, respetado el novio que toda madre desea para sus hijas. En cambio, yo. Era todo lo contrario. ¿un año antes, la abuela había hablado con el sacerdote para que me dieran la oportunidad en el vía crucis con un poco de dinero, el cura le dijo que sí?

1:42 Pues mi abuela era de esas señoras que siempre aportaban a la iglesia. No era porque le hacía ayudar, sino porque quería hacerse notar que dijeran que doña Verónica era un alma de Dios. Quizás, al igual que ella, yo tenía el alma podrida, me comencé a poner en forma para el siguiente año, me iba al monte a cargar leños, caminar por 2 horas diarias, descalzo en pleno sol, para así soportar el viacrucis. Pero cuando anunciaron que mi primo Juan Pablo sería Jesús. Una sensación difícil de describir comenzó a crecer. En mi sentí que la boca se me amargó. No se si era por celoso, porque el párroco se guardo el dinero de la abuela y puso a quien le vino en gana o porque mi tío pagó más para que su hijo se quedara con ese honor. Pero mi necesidad de demostrar que yo también podía brillar. Incluso si debía forzar la puerta en lugar de tocarla. Así que sin que nadie se enterara y se trampa, aproveché un descuido de su parte y comencé a sembrar dudas sobre su salud.

3:06 Hablé en voz baja con quienes organizaban la procesión, como mi abuela. Yo también convencí con astucia y al final fui yo quien apareció en el programa como el elegido. No fue justo, pero eso me iba a dar la popularidad que necesitaba. Además que le tuve que recordar al sacerdote el regalito que le había dado mi abuela. El viernes Santo llegó un cielo gris cargado de nubes. Como todos los días de Semana Santa. Me vestí con la túnica blanca, le ajusté la corona de espinas sobre mi cabeza. Y cuando me entregaron la cruz de madera sentí un leve escalofrío que atribuía al clima la emoción de representar a Jesús.

3:59 Ese día las calles estaban repletas por el murmullo habitual, la música y la algarabía. Pero había algo en los rostros de la gente que me ponía nervioso, aunque no lograba identificar qué era. Comencé a caminar descalzo, sintiendo cada piedrecilla clavarse en la planta de mis pies. Al principio todo iba como se esperaba. Avanzaba entre estaciones cargando el peso, que no era solo de madera. No había avanzado mucho cuando mis hombros ya me dolían, pero eso era parte de la representación. Los demás participantes también seguían sus papeles, los soldados, los discípulos, los fariseos. Especialmente uno de ellos no lo recordaba de los ensayos. Era un chico alto en junto con una túnica gris que parecía haberse manchado con ceniza.

5:06 Su mirada era tan penetrante que me obligaba a bajar los ojos. Fue él quien tomó el látigo, pero el primer golpe fue real. Les juro que me dolió todo el cuerpo, tanto que me hizo estremecer nuevamente. Otro el cuero cortó el aire y luego mi piel me estremecí. Pensé que se había excedido. Miré hacia los organizadores buscando que detuvieran la escena. Que cambiaran a mí verdugo o que le llamaran la atención que no me debía golpearse. Se suponía que debía darle a la madera, no a mi piel, pero nadie intervino. Me límite a seguir caminando.

5:55 Otro golpe y esta vez grité, ese chico ya no actuaba. Sentí cómo se abría la carne de mi espalda. Caliente y un dolor que me hizo arrepentirme por haber hecho trampa. Volteé hacia él para decirle que tuviera cuidado, que me estaba lastimando de verdad. Y lo que vi no puede explicarse sin que me tomen por un loco. Su rostro ya no era el de un joven. Sus facciones se habían estirado alargado. Su boca sonreía, una sonrisa de burla.

6:35 Sus ojos eran como 2 Carbones. Intenté hablar, decir que estaba herido, de verdad que esto debía detenerse, pero no salió palabra alguna, solo el latido frenético de mi corazón, que parecía que se me iba a salir por la boca. El resto del recorrido fue una condena. El suelo parecían brasas, bajo mis Pies Descalzos. La gente parecía no ver a aquel ser que me daba los latigazos. Todos estaban haciendo oraciones, otros desviaban la mirada porque yo de verdad sangraba. Mis manos estaban cubiertas de heridas, la corona me perforaba, el cráneo, el peso de la cruz ya no era algo simbólico. Cada paso que daba sentía que las fuerzas en mis piernas me abandonaban.

7:35 No podía dejar de mirar de reojo al hombre con el látigo, que nunca se alejaba demasiado, como si supiera exactamente cuando tenía que volver a azotarme. La última estación me pareció eterna. Cuando caí de rodillas nadie vino a ayudarme. El cielo antes gris. Se había vuelto de un color que no sabía cómo describir. Fue en este punto que escuché Risas, como si alguien se burlara de mí. Voltee a ver al joven. Pero este ya tenía la apariencia del innombrable.

8:17 Comprendí entonces que aquello no era un simple viacrucis. Yo mismo había invocado este castigo. Nadie me obligó a hacer trampa. No era mi turno en ese viacrucis y ahora pagaba el precio. Estos días se respetan y no lo hice y estaba siendo castigado por mi soberbia. Me horroricé, pues estaba por llegar a lo que sería la crucifixión. Literalmente me oriné, pues si el señor de toda oscuridad era quién me golpeaba, me esperaba lo peor. Caí de rodillas y ya no supe más de mi. Sólo veía siluetas oscuras que me rodeaban. No sabía si eran personas o demonios salidos del mismo infierno para llevarme con ellos. Cuando todo terminó, me dejaron allí tendido, cubierto de sangre y Tierra, amarrado a la cruz.

9:17 Mientras los demás terminaban la representación del viacrucis, bajé la mirada. Y ahí estaba ese ser, riéndose de mí, con una sonrisa de satisfacción por haberme castigado desde esa experiencia. Ya ni siquiera asomo la nariz en Semana Santa. Me encierro en mi cuarto, envuelto en mi propio miedo, por lo que yo mismo había desatado. Las heridas me arden de manera horrible. No me sonaron al 100%. De verdad que de repente me duelen. Déjenme decirles que si me recuerdan en el pueblo como el Jesús que tuvieron que cargar para que terminara el viacrucis a alguien no digno de haber representado a nuestro señor Jesucristo, fue un momento efímero, pero para mí fue el peor tormento de mi vida.

10:14 El diablo tiene muchas formas de manifestarse y en estos días parece que goza atormentar al más. La virgen de los Dolores, basado en la anécdota de Arat Orozco, adaptado por la tenebrosa buenas noches Inframundo, me presento, mi nombre es Arat Orozco. En mi pueblo siempre se respira un aire extraño en Semana Santa. Ya que desde los años de 1950 ese pueblo se había ganado una reputación algo perturbadora, entre los habitantes se hablaba poco de lo que había sucedido por muchos años. Pareció un pueblo fantasma, con casas viejas y casi vacías. Los pocos que ahí quedaban parecían haberse resignado a la soledad.

11:14 Pero ese año. Una caridad les trajo prosperidad. Mi abuelo decía que lo atractivo del pueblo había sido la iglesia, ubicada en la plaza principal. Era el corazón del pueblo. Antigua y desgastada, parecía resistirse al paso del tiempo. Su fachada, aunque sencilla y colonial, conservaba una belleza que hoy en día asemeja, como si el tiempo se hubiese detenido. Cada Semana Santa, el lugar revivía brevemente la tradición singular. Los demonios no crean que eran seres venidos del infierno, no eran 3 personas vestidas con trajes negros y máscaras de demonios recorrían por las calles pidiendo limosna. Nadie sabía quienes eran, pues mi abuelo decía que. Era una penitencia impuesta por el sacerdote. Quizás estos hombres eran los más pecadores. Era el año de 1963 y en aquel año mi abuelo era un niño de tan sólo 8 años que se adentró en la Iglesia antes de que todo comenzara, antes de que los demonios salieran de la iglesia para pedir limosnas.

12:41 Como su madre era de las personas encargadas de mantener limpio el templo, el jueves Santo se lo llevó con ella mientras preparaba lo que el sacerdote le había indicado. Pero mi abuelo, siendo un niño muy travieso, se la pasaba corriendo en la parroquia, pues para el ver todas esas imágenes cubiertas era algo novedoso. Dentro de la Iglesia se encontraba una pequeña capilla, la cual se adecuaba para la Semana Santa, ya que en esa iglesia se veneraba a la Virgen de los Dolores. El templo aún estaba vacío y se dirigió a donde se encontraba la Virgen, pero para su sorpresa la escultura ya no se encontraba donde solía estar.

13:32 Escuchó como si algo se estuviese arrastrando y fue cuando la vio. Era la imagen de la virgen, que se movía por sí sola. Arrastrándose por entre las bancas. Se escuchaban gemidos de dolor de su boca. Surgían súplicas. Se dirigía al altar de la iglesia. Su madre, al escuchar aquello, entró al templo y se quedó quieta por la impresión. El abuelo siempre hacía una pausa y se aclaraba su voz, pero ésto se escuchaba, no con miedo, pero sí con tristeza y emociones que no sabría describir.

14:16 La virgen de los Dolores le pedía ayuda. Quería que bajará a su hijo de la cruz. Se escuchaba como un eco. Su madre no podía mover sus piernas si se negaba. En eso entraron los 3 hombres que se ponían las máscaras de demonios y ellos también vieron lo que el abuelo y su madre estaban presenciando. La madre del abuelo le pidió que bajaran al Cristo de la Cruz. Los hombres lo bajaron con sumo cuidado, como si el Cristo tuviese vida, y lo colocaron sobre el altar. Cuando voltearon a ver a la Virgen, ésta ya no se encontraba entre las bancas. Todos corrieron a la pequeña capilla y ahí estaba la imagen. En su sitio le contaron al sacerdote lo que había sucedido, pero el párroco no les creyó, ya que para él los hombres eran unos borrachos que alucinaban.

15:18 El abuelo y su mamá no se ganaron una reprimenda. El sacerdote mandó nuevamente a colocar el Cristo en la cruz. A partir de esa noche de la Iglesia se escuchaba el llanto y gemidos de dolor. Los pueblerinos se congregaron a las afueras del templo y los hombres contaron lo que la virgen de los Dolores había pedido. Obvio que algunos no creyeron. El sacerdote les dijo que esos hombres estaban locos y que la virgen no había pedido lo que ellos decían. Pero fue ahí cuando la madre del abuelo intervino y les contó lo que ella y su hijo habían presenciado, les pidió que lo bajaran de la cruz nuevamente y los llantos cesarían. El sacerdote se rehusaba, pero los creyentes entraron e hicieron lo que la virgen les pedía. Los llantos y los gemidos no se escucharon y fue cuando las personas comenzaron a contar lo que la Virgen de los Dolores había pedido.

16:26 Ese año muchas personas de los pueblos aledaños comenzaron a llegar a las festividades de Semana Santa a pedir milagros y bendiciones. Cabe aclarar que el sacerdote negaba rotundamente lo que había sucedido. Se les prohibió la entrada a los 3 hombres y a la madre del abuelo, pero el Sábado de Gloria el sacerdote falleció. Justamente donde está la Virgen, el Cristo está sobre una base que le construyeron sin su cruz, sólo la estatua acostada sobre las sábanas blancas. Quiero comentar también que.

17:07 Son más recordados los 3 hombres y la madre del abuelo por el acto que hicieron que aquel sacerdote, ya que ellos cuatro son los únicos que están sepultados dentro del sótano de la pequeña iglesia. Ya no hay penitencia de ponerse las máscaras de demonios en esos días lo hacen, pero con la consigna de que lo recaudado es para darle mantenimiento a la iglesia. Quizás mi historia no sea de terror, pero es algo sobrenatural que sucedió en una Semana Santa. Saludos y gracias por contar la historia de mi abuelo Julián. Vacaciones de Semana Santa basado en la anécdota de Beatriz cuevas adaptado por la tenebrosa. Les voy a contar una experiencia que sucedió en Semana Santa. Cabe aclarar que a pesar de lo acontecido, sigo yendo a la iglesia.

18:14 En nada cambio mi fe. Mi nombre es Beatriz cuevas. Tengo 19 años y esto sucedió en el 2023. No hace mucho tiempo mis padres me enviaron a casa de la abuela en vacaciones de Semana Santa. Ya que por el exceso de trabajo no viajarían. Además, que aún estaba palpable lo de la pandemia. Me llevaron a la central de autobuses y me fui con la abuela Emilia. Para ella era una tradición asistir a las celebraciones de la Iglesia del Pueblo desde niña. Esos días siempre me parecieron tranquilos, donde nada malo podría suceder. Me gustaba ir a ese recinto, pues el ambiente dentro de él era de paz y tranquilidad.

19:05 Además que en la entrada de la iglesia se encuentran pilas de agua bendita a los lados de la puerta, también en la pila bautismal, siempre limpia y clara. Yo siempre sumergía mi mano y me la pasaba por la nuca. Esto para mí es un rito. Llegué antes de que oscureciera y pude apreciar que el pueblo ya se estaba preparando para la Semana Santa. La tarde estaba nublada y me alegró ver a mi abuelita. Esos días antes del jueves santo hicimos cruces de palma y esa tarde iríamos a la Iglesia.

19:49 El templo se me hizo diferente, no me lo tomen a mal, pero se veía corrompido. Oscuro, como si algo anduviera dentro de él, pero no bueno, sino malo. Le comenté a la abuela Emilia que todo se veía diferente. Ella solo me contestó que todo estaba igual. El viernes, muy temprano, comenzaron a sonar las campanadas para anunciar la misa. Desde que crucé la puerta del templo sentí algo extraño más que el día anterior, como si el aire estuviera diferente. Pesado, cargado de algo. No había agua en las pilas, estaban secas y la gente se acomodaba en las bancas, algunos con sus escapularios en las manos, otros haciendo la señal de la cruz. La abuela se persignó y yo, siguiendo su ejemplo, lo hice. También me coloqué a su lado intentando no pensar en la incomodidad que me acompañaba desde que habíamos entrado. Volteé a la pila bautismal y le dije a la abuela que en un momento regresaba, pero al acercarme para mojar la punta de los dedos y persignarme, me detuve. El agua estaba turbia, pero no sólo eso, estaba de color ennegrecido, espesa y despedía un olor que me revolvió el estómago, un aroma

21:20 descomposición. A algo que llevaba demasiado tiempo podrido. Al parecer nadie parecía notarlo. El sacerdote tomó el acetre y al Inclinarlo pude ver que el líquido dentro tenía el mismo aspecto repulsivo. El dolor se hizo más fuerte, tanto que algunas personas empezaron a toser y poner sus manos en la nariz discretamente. Con gesto solemne, sumergió el hisopo y comenzó a agitarlo esparciendo gotas entre los presentes. Cuando una de esas gotas cayó sobre mi brazo, sentí frío y el líquido era pegajoso.

22:05 Me limpié de inmediato, pero el olor permaneció impregnado en mi piel. El ambiente cambio. No sé cómo explicarlo, pero algo en el interior del templo se volvió más extraño. Las oraciones que antes se decían en voz alta empezaron a desvanecerse, quedando inconclusas, como si las palabras no pudieran salir bien de la boca. Intenté recitar el padre nuestro, pero me quedé en silencio a mitad de la frase, incapaz de seguir. Como si mis palabras se quedaran atoradas en mi garganta. El Rosario de la abuela se deshizo entre sus dedos. Vi que mi abuela bajaba la mirada y me tomó de la mano con fuerza.

22:58 Aunque no dijo nada. Comprendí que quería irse y la verdad, no me opuse. Nos levantamos y caminamos hacia la salida mientras. Algunos nos miraban como si nuestra prisa fuera una falta de respeto. Pero no éramos las únicas. Varias personas empezaron a retirarse inquietas, como si hubieran llegado a la misma conclusión que nosotras. Al salir, respiré hondo, intentando alejar de mí ese olor fétido que parecía haberse metido en mi nariz y en mi cabeza. Miré hacia atrás y aunque no quería, sentí la necesidad de volver a ver la puerta del templo, que en ese momento pareció más lejana y extraña. Mi abuela me llamó y me dijo que regresara. Cuando llegamos.

23:55 Ninguna de las 2:00 parecía que quisiera hablar abiertamente de lo ocurrido. La abuela Emilia sólo me dijo que eso era una mala señal. Eran alrededor de las 11:00 de la mañana, llegaron 2 vecinas amigas del la abuela. Sus rostros estaban pálidos y comenzaron a a contarnos que después de que nos fuimos, el sacerdote intento realizar oraciones para limpiar el lugar. Quiso bendecir el templo de nuevo, pero nada cambió. Al contrario, dicen que al hacerlo empeoró todo, como si aquello que estaba ahí.

24:35 Se aferrará con más fuerza esa Semana Santa. Los feligreses hicieron oraciones, pero fuera de la iglesia nadie quería entrar en ella. El tiempo que estuve allí no lo abrieron. Cerraron las puertas y no hubo misas. Tuvimos que bajar a otro pueblo. Yo regresé con mis padres, prometiéndole a la abuela regresar en las vacaciones de verano. Y así lo hice. En esas vacaciones me enteré del supuesto motivo por el cual la Iglesia presentó ese tipo de situación. Se decía que una mujer del pueblo, doña Teresa, solía frecuentar la iglesia más de lo normal, no porque fuera devota, sino porque dejaba cosas entre las imágenes.

25:29 Amuletos, pequeñas bolsas con contenido desconocido, papeles doblados con signos raros. Nadie lo había notado hasta que llegaron varios sacerdotes y a puertas cerradas buscaron el mal que se había presentado en Semana Santa, pues el sacerdote de la Iglesia se había enfermado. Su piel tenía llagas de las cuales supuraban líquidos como push agua sucia como aquel día. Decían que Teresa trabajaba para una mujer. Según algunos, pagaba bien para que esas cosas fueran escondidas entre las figuras de Santos y vírgenes. Nadie sabe desde cuándo, pero se aseguraba que llevaba años haciéndolo.

26:17 La iglesia fue cerrada por un tiempo. El sacerdote jamás volvió a ser el mismo. Otros aseguraban que abandonó el pueblo sin despedirse y nadie quiso tomar su lugar, a pesar de que se viajó a la capital para pedir que les enviaran un sacerdote para oficiar misas y bautizar a los niños que habían nacido. Pero la respuesta fue que mejor se acercaran a los pueblos aledaños. Fue hasta finales del año pasado que llegó un nuevo sacerdote. El padre es oriundo de ese pueblo, no le ha sucedido nada, así que espero que este año la Semana Santa sea muy diferente y que no suceda nada fuera de lo común. Y si acaso llega a suceder, se los compartiré. Muchas gracias por escucharme.

27:17 El Cristo de la iglesia Baja en Semana Santa, basado en la anécdota de Gerardo Ibáñez. Buenas noches Alejandro. Me gusta mucho tu canal y quiero compartir una de mis experiencias. Mi nombre es Gerardo Ibáñez. Lo que les voy a contar le sucedió a mi madre cuando ella tenía la edad de 16 años. Esto en el estado de Colima. Ahí se encuentra un pequeño pueblo. Disculpen si no les digo el nombre de este. Cada mes de abril, como dicta la tradición, sus habitantes se entregan con devoción a las celebraciones de Semana Santa.

28:02 Para ellos son días de recogimiento, de renovación espiritual, en lo que se unra el sacrificio y la esperanza de redención. Pero en 1968 algo diferente sucedió. No era algo visible, pero mi abuela decía que la mayoría de sus habitantes de esos años tuvieron la dicha o la desdicha de haberlo visto. Algo extraño sucedía por entre las calles y callejones. El miedo se reflejaba en las conversaciones y en las miradas. Antes de Semana Santa siempre era lo mismo.

28:43 En tiendas, mercados, hogares y, sobre todo en las iglesias. La gente no hablaba de otra cosa. ¿De quién o quiénes tendrían la fortuna o mala fortuna de verlo? Mi madre y mi abuela vivieron ese año con particular ímpetu. Como siempre, participaron en todas las celebraciones religiosas. Procurando cumplir con cada mandamiento. Pero incluso a veces la fe no basta para arrepentirse de los actos malos, los pensamientos pecaminosos de los que tanto hablaba el sacerdote, verás, mi madre ese año no se portó nada bien desde hacía tiempo.

29:28 Le ocultaba algo a mi madre y ella, al igual que los demás, deseaba no recibir esa visita que todos tenían. Pasaron los días en la Iglesia, desde jueves hasta el domingo de resurrección. La misa fue extendida con mayor asistencia de lo habitual. Al volver a casa. Ya por la tarde, mi abuela le pidió a mi madre que limpiara y ordenara la casa, pues para ella el tener limpio y ordenado. Esta parte de la casa decía que la casa se sentía en tranquilidad. Mientras recogía los platos del día, mi madre salió a la calle. En ese tiempo había unos cuantos faroles y la Luna apenas y iluminaba el monte y sus alrededores. A unos cuantos pasos, entre la Casa y la calle comenzó a escuchar los ladridos de los perros. Algunos eran como si les tuviera algo. A lo lejos se veía una silueta tambaleándose, como si le costará trabajo caminar.

30:36 Se quedó por un buen rato esperando que se acercara para verlo mejor. Quizás aquella persona necesitaba ayuda. A cierta distancia, la figura de un hombre caminaba con pasos muy lentos. Parecía avanzar con mucho esfuerzo, como si cargara algo que le impedía poder avanzar. Con la luz escasa podía verlo. Sintió un escalofrío al darse cuenta de quien se trataba. El hombre iba sin ropa que le cubriera el frío de esa noche. Sólo una tela cubriéndole un poco su desnudez. Estando más cerca, se dio cuenta de que le impedía avanzar sobre los hombros. Cargaba una cruz y en su rostro se reflejaba el sufrimiento. Lo más desconcertante eran sus ojos, que brillaban con una luz a punto de extinguirse.

31:35 Y sobre su cabeza se distinguía la corona de espinas. Al pasar por un lado de ella se dio cuenta de quién era que en verdad lo que tanto contaban las personas del pueblo no era una leyenda. Era el Cristo de la Iglesia que recorría las calles. Mi madre corrió de regreso a la casa, cerrando con fuerza la puerta. Tras de sí se decía que los que tenían un gran pecado. El último domingo de Semana Santa veían al Cristo para que confesaran sus faltas, sus pecados y se arrepintieran de ello. Asustada, regresó al interior de la casa gritando como una loca. Al verla, la abuela esperó tranquila hasta que mi madre se le pasara el susto.

32:25 Ella le confesó que estaba embarazada. Mi abuela solo la abrazó y le dijo que ya lo sabía y la perdonaba. Para esos tiempos las personas lo veían como una ofensa, una gran falta y, por desgracia, las mujeres eran repudiadas y señaladas. El ver al Cristo ese domingo no era algo malo, decía la abuela. Lo que sucede es que es tan grande y vergonzoso lo que hacen las personas que para muchos verlos. Puede llegar a ser que Dios no te perdone, pero mi madre me comentó que hasta en algo tan sagrado, el diablo se vale de ello para engañar a las personas.

33:13 Hasta el día de hoy se sigue contando que cada domingo de resurrección el Cristo baja del altar de la iglesia para caminar por entre las calles del pueblo. Obviamente nadie va a contar que lo vio. Pues temen ser señalados.