4 HISTORIAS DE REPARTIDORES VOL. 12 - Relatos De Terror
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0:08 Saludos a todos. Empiezo por decirles que nunca he sido supersticioso, pero eso cambia cuando a uno le sucede una situación inexplicable. Mi nombre es Ramón peñoñuri. Corría el año de 1998. En ese tiempo estudiaba y los fines de semana trabajaba en un restaurante. En ocasiones lo hacíamos caminando o si eran más lejos, las entregas eran en bicicleta. Cabe aclarar que el restaurante en ese tiempo sólo daba entregas a domicilios a clientes. En específico, el lema de don Chuy era no exponernos a peligros como asaltos o accidentes, como ser arrollados o golpeados para quitarnos las bicicletas.
0:59 Así que nuestras entregas eran en la misma colonia, excepto una cliente que quedaba a unos 20 minutos del restaurante, la verdad es que ninguno queríamos ir a dejar el pedido, a pesar de que la cliente daba muy buenas propinas, la señora vivía hasta el final de un callejón, aquí si se aplica eso del sin salida, ya al final de este se encuentra una enorme barda. Este callejón es conocido como el callejón de las sombras. Se cuenta que en ese callejón desvivieron a una mujer que se dedicaba a vender las caricias, no se sabe si fue un cliente o el padrote que la manejaba. El caso es que encontraron el cuerpo sin vida de la mujer completamente desnuda y con un corte del lado a lado de su garganta.
1:55 Así como varias heridas de arma blanca por todo su cuerpo. Y no sólo eso, pareciera que ese callejón fuera un imán para los malhechores, ya que después de la muerte de esa mujer comenzaron a aparecer cuerpos que iban y dejaban envueltos en sábanas o cobijas. Lo más cruel es que hasta bebés no deseados comenzaron a dejarlos junto a los botes de basura. Eran alrededor de las 9:30 cuando don Chuy me pidió llevarle el pedido a la señora del callejón. Sentí un retortijón en mi estómago de nervios y miedo, pero como decirle que no a un buen patrón, opté por no llevarme la bicicleta.
2:41 Pues sí, tenía que salir corriendo de ahí, así que me fui caminando y media hora después ya estaba caminando por ese callejón que en algunas partes estaba oscuro. Unas cuantas luces se veían en algunos pórticos y el del final del callejón, que era el de la clienta. Comencé a sentirme nervioso y las piernas las sentía pesadas por el miedo que comenzaba a embargarme. No sé si me sugestioné, pero me sentía observado como si alguien caminara detrás de mí. Llegué y toqué la puerta. Y todavía se dio el gusto la señora de tardarse en recibirme el pedido me pagó y me dio la propina.
3:28 Comencé a caminar para salir del callejón, pero nuevamente sentí lo mismo que cuando entré en el. Pero la situación cambió para mal. Escuché la voz de una mujer a mi espalda. Me llamaba con una voz muy seductora, volté para buscar a la dueña de esa bella voz. Pero en el porche de una de las casas sólo se miraba una sombra oscura. Aquella mujer salió de las sombras del pórtico y estaba completamente desnuda, con una piel muy blanca. Pero esa belleza se volvió grotesca, pues se le notaban varias heridas en su cuerpo.
4:08 Un líquido negro emanaba de sus heridas. Lo peor vino cuando echó su cabeza hacia atrás y mostró la herida en su cuello. Pareciera que todos los demonios se hubiesen hecho presente en el callejón, porque de todos lados se veían sombras amorfas en las ventanas de las casas, en las paredes, deterioradas como si huyeran intentando esconderse, alargándose queriendo atrapar. ¿A quién perturbo su tranquilidad o quizás buscando a quienes los desvivieron? A pesar de mi miedo, como pude salir del callejón volteando hacia atrás con el temor de que alguna de esas sombras me hubiese seguido, no les miento. Me fui llorando por todo el camino hasta que llegue al restaurante.
5:02 No sé en qué estado llegué porque todos los empleados me veían preocupados. Dong Yui me dijo que ya no iba a mandar a ninguno de nosotros a casa de la Clienta, pues yo era el único que regresaba con ese semblante de terror. Al día siguiente fui al callejón, nada que ver con lo horrible que se ve de noche. Me acerqué a la Casa de la Mujer que asesinaron y que fue la que había visto la noche anterior. La casa estaba en ruinas. Muchas de las fachadas se veían deterioradas como si nadie viviera en ese callejón.
5:43 Lo extraño era que sólo el de la señora que su hogar estaba pintado y con muchas macetas en el pórtico. Trabajé por 2 meses más en el restaurante. La señora dejó de hacer los pedidos, y es que hasta don Chuy se aventuró por ese callejón de las sombras, pero el pobre viejo enfermó y no se recuperó. A los 3 días falleció el restaurante, ya ni fue el mismo, la mayoría nos fuimos y los nuevos empleados no duraban hasta el día de hoy, hasta el restaurante de don Chuy permanece en ruinas, nadie como él, para darle el sazón a cada uno de sus platillos.
6:39 Saludos a toda la comunidad de Inframundo. Mi nombre es mariela palacios. Soy dueña de una panadería y repostería en mi Natal Tabasco. Mis bisabuelos son los que iniciaron en el negocio. Ellos eran emigrantes venidos de España, llegaron con muchos de sus conciudadanos, esto por la guerra civil española. Mi abuela cuenta que su madre. Tenía la esperanza de regresar un día a su país Natal, algo que nunca sucedió. Ellos, al igual que sus hijos y la descendencia de su familia, están descansando en algunos de los tantos cementerios que aquí se encuentran.
7:23 Hay historias muy viejas en mi familia, algunas con lo paranormal traídas del Viejo Continente, otras durante el viaje en barco que se contaron, otras más recientes. Como ver al bisabuelo en los hornos de la panadería. Pero esas son historias que con gusto se las contaré en otra ocasión. Pero hoy quiero compartirles una experiencia que tuve cuando yo misma fui la suplente en una de las entregas a domicilio. Eran alrededor de las 7:00 de la tarde, ya estábamos por cerrar. Los repartidores ya habían guardado las motos en la trastienda.
8:05 Un pedido había quedado pendiente. Nadie nos habíamos dado cuenta de ello. Fue cuando mi hija América me llamó para decirme que ella había tomado el pedido y se le había olvidado enviarlo. Pensé en llamar y disculparme con el cliente, pero cuando me di cuenta que era una señora de unos 80 años y que no podía salir de su apartamento. No me quedó de otra que yo misma llevara el pedido. Llamé para decirle que la entrega sería al cierre de la panadería, pero la señora no contestaba mi llamada. La verdad estaba indecisa.
8:48 Si ir o no a la entrega total que Subí la bolsa con el pan, pues no perdería mucho tiempo, ya que me quedaba de pasada para ir a mi casa, el domicilio que daba varias calles de la panadería. La verdad es que por unos momentos dudé si estaba bien o no la dirección. Ya no llamé a mi hija para asegurarme de que habían anotado bien la dirección. Cuando llegué me di cuenta que era una casa que tenía un muy extraño aspecto, muy anticuado, muy desgastado. La reja que tenía enfrente ya estaba muy oxidada, aparte que había mucha maleza y basura.
9:30 Se notaba que nadie había abierto esa puerta en décadas, no había timbre, así que comenzó a golpear la puerta para que la señora Saliera a recoger el pedido. Me asomé y en el interior de la casa se veía luz. Una lámpara encendida. A pesar de la luz, en el interior no se veía movimiento alguno de salir. Pasaron como alrededor de unos 10 minutos y estaba a punto de retirarme. Cuando de pronto se escuchó el rechinito de la puerta, ese rechinito que te hace que la piel se te ponga chinita de miedo, saludé y le di las buenas noches a una señora de la tercera edad, no me contestó y mientras se acercaba noté que no hacía ruido al caminar.
10:21 Les comento esto porque como les dije en un principio, había mucha basura y maleza cuando la señora ya estaba muy cerca. La anciana era de rostro muy serio. No había amabilidad en él, no tenía expresión alguna. Dió un paso hacia atrás, pues la anciana se veía muy extraña, sus ojos hundidos y unas ojeras muy marcadas. Su rostro se veía cadavérico. La mujer permanecía en completo silencio del bolsillo de su bata, sacó un billete y me lo entregó. Tomó la bolsa del pan. Y se dio la media vuelta y entró a su casa.
11:03 Al hacerlo, la única luz encendida se apagó dejando todo en penumbras. La situación de por si fue muy extraña y el frío que me caló hasta los huesos. Metí el billete en mi pantalón y me retiré la extraña sensación de intranquilidad, como si algo no estuviera bien. Llegué a casa y aún sentía mucho frío. Mi mano derecha me dolía mucho. Mis dedos se veían ennegrecidos, como si faltara circulación de la sangre. Por más intentos que hice para que se me quitara, no pude. Toda la noche me la pasé sobándolos, pues me dolían mucho antes del amanecer. Mi esposo metió mi mano en agua muy caliente. Pregunto que me había sucedido.
11:53 La verdad es que no había hecho algo para que ésta tuviera esa tonalidad. Y me doliera tanto. Sería alrededor de las 8:00 de la mañana cuando mi mano comenzó a verse diferente, como si no le hubiese pasado nada. Esa mañana no fui a la panadería, recordé el dinero y fui a buscar el pantalón. Me quedé atónita al ver el billete. Era del año de 1985, una Sor Juana ilustrada en él. Un billete que tiene décadas fuera de circulación. Tomé mis llaves y salí a la Casa de la anciana de día. Todo se veía diferente, las ventanas no tenían vidrios, las paredes con grafitis.
12:40 Estaba por retirarme. Cuando un joven se me acercó y me preguntó que se me ofrecía, le pregunté por la dueña de la casa. El muchacho me dijo que la señora de nombre Magdalena. Había fallecido desde hacía ya más de 30 años. Nadie duraba en esa casa, tenía ya mucho en Estado de abandono ni regalada la quieren. Termino diciendo, yo le di las gracias y me fui a la tranquilidad de mi hogar. No se lo había contado a nadie con esta experiencia. Si llegan las 6:00 de la tarde y no hay pedidos, no permito que mis repartidores salgan a deshoras. Así como tampoco hagan pedidos faltando poco para el cierre. Ya no he vuelto a ser suplente de ninguno de los repartidores. Prefiero cancelar que volver a tener otra experiencia como la de aquella noche.
13:44 Saludos a todos desde Nogales, Sonora. Mi nombre es Martín Otero. Le comento que durante 3 años trabajé como repartidor para un restaurante de comida China. Para mí era un empleo sencillo, aunque no exento de momentos extraños e incómodos, pero nada se comparó con la experiencia que me llevo a dejarlo para siempre. Todo comenzó con una llamada alrededor de las 4:00 de la tarde. El pedido lo hacía una mujer de voz temblorosa. No sé si era por la edad o porque a dónde iban a llevar su pedido no lo tomarían.
14:25 La señora pidió varios platos tradicionales. Lo raro no fue el pedido en sí, sino la dirección. ¿Un cementerio? Al principio creí que se trataba de una confusión con la dirección o una broma, pero la mujer insistió en detallar el sitio exacto. Era la dirección de un panteón antiguo. Hacia el fondo, junto a un ciprés grande y un Banco de Piedra, la señora Dios, Santo y seña de la Tumba. Mis compañeros intentaron advertirme. Decían que la señora era conocida en la zona, que se negaba a aceptar la muerte de su único hijo fallecido años atrás.
15:09 La veían pasar tardes enteras junto a la tumba, hablando sola, colocando un mantel en el suelo. Y sirviendo la comida como si alguien más estuviera allí para compartirla, se había vuelto costumbre para ella y un secreto silencioso para el personal del cementerio. Acepté hacer la entrega impulsado por mi juventud y también por curiosidad, tal vez por no querer parecer cobarde ante mis compañeros. Puse el paquete asegurado en la caja trasera de mi moto y salí rumbo a la dirección. Ya me estaba acercando y algo en mi interior me decía que diera la media vuelta y me largara.
15:55 Pero ya saben cómo son estos restaurantes de comida China, me lo iban a descontar 3 veces del costo del paquete. Al llegar el lugar parecía abandonado, esto porque la entrega sería en la parte trasera. Las rejas descascarilladas con poca pintura, crujieron cuando las empujé para entrar. No se oía nada, ni siquiera los insectos, ni ramas secas moviéndose, ni pasos lejanos de visitantes. En el panteón todo permanecía inmóvil, como si el tiempo se hubiera detenido. Caminé despacio, entre lápidas y estatuas de ángeles y santos, que parecía que me veían con esos ojos de mármol.
16:41 La encontré tal como me lo habían descrito, sentada junto a una tumba sobre un mantel blanco con varios recipientes alineados a su alrededor. Había platos vacíos y otros con postres, todos colocados como en un pícnic familiar. Frente a ella, una lápida adornada con flores frescas y una fotografía de un niño sonriente al verme. Se levantó con una expresión de alegría, extendió las manos, recibió la bolsa y me indicó con un gesto que debía seguirla. Dudé al inicio, pero quería saber qué era lo que la señora iba a hacer. Con una mezcla de ternura me tomó de la mano y me jaló para seguirla.
17:30 Me llevó hasta el borde de la sepultura y con naturalidad señaló un punto en la Tierra. Como si esperar a que yo colocara ahí uno de los platos. Mi piel se erizó. Intenté no reírme, convencido de que era una broma de mal gusto, pero ella se mantuvo inmóvil. Esperando coloqué el envase, donde me indicó junto a un pequeño juguete cubierto de Tierra. Quise irme enseguida, pero la mujer sacó su teléfono y empezó a hacer otra llamada allí mismo. Junto a la tumba, la señora Hablaba con algo inexistente para mí, algo que yo no veía, pero sentí pena por ella.
18:17 Me pago y me dio las gracias y la bendición. Caminé a la salida, volteando hacia atrás para ver a la señora. Mire a uno de los sepultureros y me saludó con una sonrisa. Le comenté que la señora estaba algo tocada. Que hablaba sola y su comportamiento era extraño. El hombre, sin expresión en su rostro, me comentó que siempre en esas fechas visitaba esa tumba. Se pasaba horas allí sentada hablando con el alma de su muchacho, me retó que si no era un miedoso, me diera la vuelta antes de las 5:00 de la tarde, hora en que la señora se retira de allí.
19:02 Nuevamente mi curiosidad me impulso a regresar al Panteón. Eran alrededor de las 4:30 cuando llegué, me acerqué despacio, la escuché hablar y esta vez estaba acompañada con un jovencito no mayor a los 12 o 13 años. Su camisa azul se veía sucia y desgastada, su complexión delgada, su cabeza parecía más grande que su cuerpo. Falta de cabello, en algunas partes de esta me acerqué demasiado y estaba a punto de saludar. Cuando me detuve abruptamente, El Niño volteo y su rostro era más una calavera. Estaba casi descarnado.
19:46 Sentí como me oriné en mis pantalones del miedo al ver aquel espectro. Sentí un zumbido en mis oídos, la voz lejana de la señora. Advertí que en cualquier momento me iba a desmayar. Me tuve que sentar sobre una tumba para no caer todo a mi alrededor. Se volvió oscuro y cuando desperté ya era de noche. Salí como alma que lleva el diablo y para variar, tuve que regresar caminando a mi casa porque hasta la moto me robaron. Mi madre me tuvo que llevar para que me curaran de espanto. Pues comencé a perder peso y casi quedaba en los huesos todo por andar de Fisgón y andarme, metiendo en lugares que de día o de noche hay manifestaciones. Esa fue mi última entrega como repartidor renuncié poco después cambié de ciudad, de oficio, de vida, pero aún de vez en cuando, en noches especialmente calladas, vuelvo a recordar aquel mantel blanco extendido sobre la Tierra. Los platos ordenados y la mirada fija de una madre que nunca quiso aceptar la partida de su hijo porque algunos lazos me di cuenta, no se rompen ni siquiera con la muerte, pero lo que más me atormentó fue ver aquel espectro del niño mirándome fijamente.
21:24 Muy buenas noches a toda la audiencia de Inframundo, relatos. Soy seguidor de tu canal desde el año 2019. Mi nombre es David Pinto. Mi historia sucedió en los ya muy lejanos noventas. Lo que les voy a contar me sucedió un sábado por la tarde. De esos en los que eran especiales para las fiestas infantiles, en locales adornados con las figuras de las caricaturas de aquellos años. Yo trabajaba como repartidor los fines de semana en una pizzería de barrio. De esas con un enorme letrero en el techo del auto, una rebanada de pizza gigante que parecía ridícula cuando pasabas por calles. Sí, ridícula.
22:14 Pero era emocionante ver la cara de los clientes de emoción porque su pedido había llegado. Ese turno había sido tranquilo hasta que hicieron un pedido de varias pizzas grandes para una fiesta infantil. La dirección no quedaba lejos, así que cargué las cajas, acomodé todo en el asiento trasero y salí cuando llegué al lugar. Lo reconocí enseguida. Era un pequeño local que solían alquilar para fiestas, con globos atados en la entrada y luces de colores dentro. Desde la calle se escuchaban risas, Música infantil y gritos de niños corriendo.
22:55 De un lado a otro se veían los dulces, confeti, la piñata con la figura de alguna caricatura que era la de moda en esos años. El pastel y refresco derramado en piso era lo que uno encuentra en las fiestas de los pequeños. Apagué el motor y bajé con las cajas. En la entrada, aferrado a la reja, estaba un niño que no se parecía en nada a los demás. Su piel era tan pálida que contrastaba con todo lo que lo rodeaba, como si la luz del sol nunca le diera de tan pálido.
23:35 Parecía enfermo. Tenía el cabello Lacio y rubio, sus ojos completamente negros, sin el brillo característico de la inocencia infantil. No había alegría en su rostro, ni emoción ni curiosidad. Sólo una expresión triste, como si llevara tiempo parado en ese mismo sitio. Pensé que ese pequeño no la estaba pasando bien en esa fiesta. Pero que con una rebanada de pizza entraría al quite con los demás niños. Déjenme decirles que eso no era lo extraño, así como tampoco su apariencia, sino que los otros niños no parecía notarlo.
24:17 Jugaban a su alrededor, corrían, se perseguían y ni uno solo se detenía a mirarlo, tocarlo con El juego de la roña era como si no existiera. Pasé junto a él. Las cajas me cubrían un poco la vista y por un momento sentí su mirada. No supe si fue frío de la tarde lo que sentí o sólo una sensación rara en el estómago, como cuando uno sabe que algo no está bien, pero no sabe qué es dentro. Los adultos estaban ocupados repartiendo refrescos y organizando juegos, tomando fotos. En fin, me pagaron rápido.
24:58 Ni siquiera revisaron el pedido y salí de nuevo. No pude evitar buscar al pequeño. Al salir, me detuve en la puerta, fingiendo contar el efectivo. Miré hacia el área de juegos entre los que bailaban cerca de las mesas. Nada, ni rastro. Lo que sucede es que me causó ternura el pequeño y quise despedirme. Obsequiándole uno de los juguetes que regalábamos. Cuando regresé a la pizzería, la cajera me preguntó cómo había estado la entrega. Le conté lo que vi. Esperaba una risa, algún comentario sobre de que así hay niños que se apartan y no socializan con los demás.
25:45 Me hizo una señal para que me acercara a ella y bajo un poco la voz y me dijo algo que todavía al recordarlo me pone la piel de gallina años atrás. En ese mismo local, durante una fiesta parecida, había ocurrido una tragedia. Un niño había desaparecido en plena celebración. Nadie lo vio salir, nadie supo que pasó. Lo buscaron durante días, revisaron cada rincón del vecindario, los parques cercanos, los lotes vacíos, pero no encontraron nada. El caso quedó sin resolver, según contaban algunos vecinos desde entonces.
26:27 En ciertas fiestas alguien decía haber visto a un niño extraño, sólo apartado con la misma expresión triste. Los niños nunca interactuaban con él, era porque ellos no lo veían. Sentí un golpe en mi cabeza, por eso nadie parecía verlo. El frío que sentí al pasar junto a él, no supe que decir me limite a sentir y terminé mi turno en silencio. Esa noche, al llegar a casa, no pude dormir bien. Tenía la imagen grabada del pequeño, pensaba en los otros niños en como corrían y reían sin notarlo en como él parecía esperar algo tal esperando Asus papás. Sentí como si algo me oprimía el corazón. No soy muy sensible a ciertas cosas, pero sentí como una lágrima se deslizaba por mi mejilla. Ya nunca fui a entregar pedido a ese local. Con los años lo demolieron y es ahora un laboratorio clínico. Aún me pregunto si el alma de ese pequeño aún deambula por ahí.
27:38 Muchas gracias por contar esta experiencia. Los saludo afectuosamente desde Mexicali, Baja California.
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