May 27, 2026

4 ATERRADORES DELETOS DE MILITARES BASADOS EN HECHOS REALES -Historias de Terror en el Ejército

4 ATERRADORES DELETOS DE MILITARES BASADOS EN HECHOS REALES -Historias de Terror en el Ejército
4 ATERRADORES DELETOS DE MILITARES BASADOS EN HECHOS REALES -Historias de Terror en el Ejército
Inframundo Relatos De Terror
4 ATERRADORES DELETOS DE MILITARES BASADOS EN HECHOS REALES -Historias de Terror en el Ejército

Historias de Terror, Relatos Paranormales y Cuentos Oscuros que podrían dejarte sin dormir esta noche.En este episodio escucharás 4 aterradores relatos de militares basados en hechos reales, marcados por la oscuridad, el miedo y sucesos imposibles de explicar. Lo que comenzó como parte de la rutina dentro del ejército terminó convirtiéndose en encuentros perturbadores, lugares malditos y experiencias que dejaron una huella imborrable.Esta recopilación incluye historias paranormales, sucesos extraños y momentos de tensión vividos por militares en escenarios donde el peligro no siempre provenía de este mundo.El video de esta noche incluye:00:00 Historias de Militares00:06 El altar del Diablo09:20 Pueblo de caníbales18:18 El cuartel27:55 Tragado por la Oscuridad#InframundoRelatos #RelatosDeTerror #HistoriasDeTerror #TerrorNocturno #RelatosParanormales #MilitaresLos relatos de esta ocasión están relacionados con:cuentos de terror, historias paranormales, relatos de terror, historias de miedo, militares, ejército, relatos de soldados, hechos reales, cuarteles, pueblos abandonados, caníbales, oscuridad, sucesos inexplicables, terror nocturno, relatos oscuros, historias reales de terror.

0:00 No olvides seguirnos en Spotify soy militar del ejército mexicano. Y aunque muchos no se atreven a contar las situaciones que pasamos con lo que se denomina sobrenatural, yo si cuento mi experiencia, creer o no en ello ya es cuestión de cada persona. Esto sucedió a inicios del año 2000. Yo apenas tenía unos meses de estar en el campo, nos mandaron al estado de Zacatecas.

0:50 Porque aseguraba que unas personas se estaban adueñando de una hacienda y los municipales no podían contra esta gente. La Hacienda estaba en completo abandono, pero había partes en las que se notaba que le estaban regresando el esplandor de antaño. Y es justamente en ese lado de la Hacienda donde encontramos un altar, el sargento Martínez. Comentó que por eso no podían contra esa gente, pues estaban bien protegidos. Yo no sabía a que se refería y nos ordenó el cabo Javier, Alexis y a mí, que lo destruyéramos, que le prendiéramos fuego a todo, que sacáramos las imágenes y lo que estaba en el altar y que hiciéramos una fogata para acabar con lo que esa gente tenía en esa Hacienda. Mandó a otros a revisar, pero ese era el único sitio donde veneraban al innombrable.

1:53 Yo me negué. Le dije que para destruir eso se tenía que hacer algo parecido a un ritual que meterse con el diablo era como ponerse frente a una balacera. El sargento Martínez me rayó la madre y me aseguró que por desobediencia pagaría caro. Pero todos sabíamos que Martínez era un lame botas y por tal de seguir subiendo, no le importaba a la gente a su cargo. El sargento fue el primero en golpear el altar. Yo estaba a unos pasos detrás, sintiendo que el aire del sótano se estaba poniendo denso.

2:34 No quise acercarme demasiado. De hecho, nadie quiso. Pero la orden ya estaba dada y el sargento no era de los que esperaban que alguien de la tropa se subordinara como yo lo había hecho. El altar era una mesa de madera vieja cubierta con tela negra manchada de un líquido vital y cera de velas derretidas, figuras y algo que parecían huesos. No quise mirar mucho tiempo porque me daba la impresión de que si lo hacía, esa imagen se quedaría por mucho tiempo en mi mente. Cuando el sargento levanto la barra metálica y la dejó caer sobre la mesa, el ruido se extendió por el sótano, como si fuera más grande de lo que parecía.

3:26 Los golpes hacían vibrar las paredes. El polvo cayó del techo y comenzó a sentirse en la garganta. Alexis se unió al sargento y dio un golpe que partió una de las patas de la mesa y el altar se inclinó y algunas cosas rodaron al suelo. Javier lo terminó de derribar. Mis compañeros ayudaron a romper lo que quedaba, aplastando las veladoras y arrancándole la tela. Yo me quedé atrás cubriendo la entrada, aunque en realidad sólo quería mantener distancia, pero también quería ver lo que estaban haciendo.

4:11 Subimos poco después nadie dijo nada en el camino de regreso al patio de aquella Hacienda, pero los demás soldados nos veíamos serios y algunos se persignaron. El cielo ya estaba oscuro y había nubes bajas que reflejaban la luz lejana del pueblo. La Hacienda parecía más grande desde afuera y la luz del fuego parecía tragársela. Esa misma noche comenzaron las calamidades. El sargento se veía normal. Al principio caminaba de un lado a otro revisando los rincones, asegurándose de que nadie se acercara.

4:54 Pero después de un rato empezó a quedarse quieto por momentos largos, mirando hacia la nada el cabo, Alexis y Javier estaban inquietos. Este último no dejaba de frotarse las manos como si tuviera frío. El otro miraba constantemente hacia dónde estaba el sargento Martínez. Nadie esperaba lo que sucedió a continuación. Alexis emitió un grito horrible como de un animal y su rostro se veía extraño. Comenzó a babear y nadie alcanzaba a detenerlo.

5:35 Cuando se le fue encima al sargento, lo mordió en la garganta, arrancándole de una mordida la vena yugular, los dientes manchados y un hilo de baba color rojo les corría de la boca Alexis. Nadie podía detenerlo. Se le abalanzaron varios de los compañeros, pero el recluta tenía una fuerza descomunal. Los que alcanzaban a Sujetarlo recibían un golpe, otros terminaron acercándose cuando mordió a otro de los soldados. Todos nos apartamos y lo vimos perderse entre los árboles y la oscuridad del monte.

6:20 Nadie quiso seguirlo. Esa noche hubo 3 bajas, el sargento Martínez Salguero y Alexis. Pasamos el resto de la noche sin dormir. Nadie lo dijo, pero temíamos que Alexis volviera y atacará a uno de nosotros, pero alguien comentó que eso era por haber destruido el altar del diablo. Ahora los que lo hicieron pagaron las consecuencias. Nadie quiso acercarse a Javier. A mí me vieron con cierta desconfianza, pero les tuve que aclarar que yo no había tocado el altar, pero aún así esa noche tuve que conformarme de estar un poco retirado de ellos, pues algunos me veían como apestado. Al día siguiente nos retiramos, todo se veía diferente de día. Yo me quedé mirando las manchas en la Tierra. Javier se acercó y me dijo algo que me inquietó. Me entregó un papel doblado, me pidió que se lo llevara su mamá, que se lo prometiera.

7:32 Su mirada parecía perdida. Veía hacia la nada cómo el sargento Martínez, ya tirado y sin vida, me confesó que se arrepentía de haber participado en destruir el altar. Veía el diablo. Le dije que con eso no se juega. Que aguantara porque íbamos al pueblo. Ahí había visto una iglesia y el cura podría ayudarlo. Me aseguró que ya era tarde, que prefería terminar él mismo con su vida en vez de hacerle daño a su viejita. Su mirada me hizo cambiar de parecer. Iba a intentar hacerlo razonar, pero en sus ojos vi la muerte.

8:15 Mi compañero ya estaba muerto cuando entramos en ese sótano. Comenzamos a avanzar y a mí me mandaron al frente. Javier se quedó atrás, esa fue La Última Vez que lo vi. Lo dieron como desaparecido, al igual que Alexis. Cuando llegamos al pueblo yo me dirigía a la iglesia. Tenía miedo de que a mí también me arrastrará el diablo. Lo hice como confesión al sacerdote, lo que habíamos encontrado en esa Hacienda. El cura me preguntó si había tocado algo o destruido una pieza, aunque hubiese sido mínima. Le juré que no me dijo que me iba a bautizar, pues esa era una buena protección.

9:04 Después de haber visto al innombrable. Eso me sirvió de mucho, pues no me sucedió nada. No hice nada de lo que después hubiese lamentado. Después de esa experiencia siempre me mantengo alejado de los altares que con los años hemos sido encontrado desde la santa Muerte y si varios altares del mismo innombrable. Soy militar salvadoreño desde el año 2015 y lo que les contaré es algo que hasta el día de hoy me hace tener pesadillas.

9:47 Es algo que no se olvida. Aunque hayan pasado los años, el sitio exacto me lo reservo. Sólo puedo decirles que el pueblo colindaba con la frontera con el vecino país de Honduras. Por el país hay muchos pueblos abandonados, otros con muy pocos habitantes, otros se esconden cuando ven a un grupo armado, pero también hay quienes. ¿Te pueden emboscar? Como nos sucedió en el año 2017, se nos había informado que un grupo armado por el lado de la frontera con Honduras, las órdenes eran precisas y uno tenía que estar atento ante cualquier movimiento o sonido extraño, revisar a cualquier persona que viéramos y de ser posible, detenerla hasta que diéramos con la gente. La tropa se dividió en 2 Grupos.

10:45 El sargento Barrilleros fue nuevamente claro, esperar hasta que llegara la ayuda, que no disparáramos de no ser necesario. Yo tenía 2 compañeros, Mario y Flores, y esa semana conocimos a un nuevo recluta. Vázquez era el más joven de la tropa y era un chico muy serio, muy atento a todo. De esas personas que uno sabe que te cuidan la espalda en cualquier momento. Flores y Mario se quedaron con el Grupo del sargento. Yo lideraba el segundo grupo antes de que mis amigos se marcharán. Mario me comentó entre risas que no fuera a terminar con la tropa porque iban a necesitar que fuéramos por ellos. Yo le dije que no se preocupara, que tenía cubiertos sus traseros.

11:40 Con eso nos despedimos y los vi a alejarse. Uno piensa que va a volver a verlos, pero esta vez no tenía la sensación de que ya no vería a mis compañeros, a mis amigos. Después de 1 hora perdimos todo contacto con aquel batallón. Ya era tarde y mi error fue contactar al teniente. Este me dijo que mantuviéramos posición. Que acampáramos en ese sitio que ellos estaban por llegar. Di la orden de acampar, pero yo no me sentía tranquilo. Vázquez veía el camino por el que se habían ido. Me acerqué y le dije que fuera a tomarse algo, que descansara porque haría la primera guardia. Lo necesitaría descansado para el siguiente día. Eran alrededor de las 9:00 de la noche cuando llegó el teniente. Le informé y él solo me dijo que posiblemente se habían internado en un lugar donde no habría señal que temprano nos desplazaríamos.

12:46 Si hubiesen hecho contacto hubiéramos escuchado detonaciones. Eso era una buena señal, pero no siempre se necesita escuchar el sonido de los disparos para saber que algo no anda bien. Muy temprano empezamos a desplazarnos por el camino. Todo a nuestro alrededor se veía tranquilo. No había indicios de que hubiesen caído en una emboscada. No había señales de ellos, ni siquiera sus pasos marcados en el terreno. Pasaron alrededor de 3 horas. Cuando llegamos a una comunidad, como les comenté en un inicio, esa gente se asusta y comienzan encerrarse en sus casas. Al vernos, muchos corrieron y otros nos observaban con cautela.

13:34 Un hombre salió al paso, traía una bandeja con carne. La verdad es que no me había dado cuenta del hambre que teníamos. El hombre no sonrió y le dijo al teniente que había suficiente carne para toda la tropa que ya estaban preparando el alimento para el pueblo. El teniente lo pensó por unos momentos, pero de una de las casas comenzaron a sacar platos con comida y más abrió el apetito. Nos alimentaron hasta hartarnos y nos fuimos de ahí. Les comento aquí que el teniente preguntó si no habían visto a un batallón salir.

14:16 El hombre más anciano nos dijo que los vieron adentrarse más allá en la sierra. Nos preparamos a salir de ahí y Vázquez estaba muy serio. Le pregunté si había comido algo, él me dijo que no, que traía dolor de estómago y si le echaba algo le daría diarrea. Yo solo me reí, pues lo había visto comer pan y café que le ofrecieron una de las mujeres del pueblo, comunidad. Les comento que ya no encontramos rastro de nuestros amigos. Pero no nos permitieron regresar por ese mismo lugar. Nos adentramos más hacia la frontera.

14:58 Buscaron a los militares, pero no había rastro de ellos por ningún lugar. Di por perdidos. A mis amigos no les miento, que sentí muchas ganas de llorar, pero en el ejército no se tiene tiempo para eso, pues te trasladan de un lado para otro. A los meses llegaron al cuartel con unas 9 personas. Los traían amarrados de las manos. Yo reconocí a uno de ellos, a la mujer que le dio café a Vázquez. Pensé que habían atacado a su pueblo o que habían escondido a la maña, pero casi me da un infarto. Cuando me enteré de lo que era esa gente, a uno de los soldados le pregunté qué había pasado, por qué traían a esa gente amarrada.

15:47 Él me miró y me dijo que no tenía idea de lo que esos desgraciados hacían. En eso comenzaron a bajar unas bolsas. Le pregunté con qué se había dopado. Me dijo que esa gente eran caníbales. Sentí como si me hubieran dado un golpe en el vientre. Me señaló las bolsas y me dijo que esos eran los restos de personas. Que se habían encontrado en el pueblo. Y lo que más me horrorizo fue que encontraron los uniformes y las armas de la tropa a la que fuimos a buscar. No sólo eso, había otros cuerpos sepultados en las cercanías de los terrenos, pero lo que no comprendía era como habían hecho para haber desaparecido a los nuestros.

16:40 Fui a hablar con el nombre del pueblo y al verme me reconoció. Me sonrío con burla. Le pregunté si era verdad que eran unos caníbales. El muy desgraciado me dijo que nosotros también, que nosotros comimos a nuestros propios compañeros. Sentí hurgadas al escucharlo y el tipo no se detuvo porque me confesó que cuando llegaron también les habían dado de comer. Pero como estaban por quedarse sin comida, les pusieron unas hierbas que los mantuvieron dormidos y los que no habían comido intentaron defenderse. Pero los machetes son de buen uso para hacer caer a cualquiera.

17:25 Sentía ganas de terminar con ese hombre. Antes de salir de la habitación escuché una carcajada y me gritaron que yo era igual que ellos. Busqué a Vázquez. Le conté y se puso de 1000 colores. Le dije que él se había librado de comer carne humana, pero me confesó que el pan tenía carne también. No sé si el pueblo aún exista, pues muchos huyeron al monte y han de haber regresado al pueblo o buscaron otro sitio donde tener sus comunidades y seguir alimentándose de carne humana. ¿El solo imaginar que posiblemente me comí carne de alguno de mis amigos me hace vomitar siempre que me preguntan qué es lo más aterrador que te ha pasado en la vida en el ejército, yo solo les contesto, no tienes idea de lo que viví en el año 2017?

18:34 Muy buenas noches, comunidad de Inframundo. Comienzo contándoles esta experiencia que no es solo mía, sino de algunos de mis compañeros de aquel tiempo. Cuando me asignaron a ese cuartel en Oaxaca, pensé que sería como cualquier otro destino, el calor durante el día, noches pesadas y la rutina que se repetía todos los días y a cada rato. El edificio era viejo, con paredes que aguardaban la humedad y un olor permanente a ropa mojada y metal oxidado. Desde el primer día, los soldados con más tiempo nos miraban con una expresión extraña, como si quisieran decir algo, pero preferían callar.

19:24 Nos asignaron 1/4 que estaba al fondo del pasillo. Las letras estaban alineadas contra la pared. Mi lugar estaba cerca de una ventana que no cerraba bien y por donde entraba el aire frío de la madrugada. Las primeras noches no pude descansar mucho porque siempre había ruidos, pasos en el pasillo, golpes lejanos, camas que rechinaban sin que nadie se moviera. Pensé que era normal, como cualquier edificio viejo. No pasó mucho tiempo antes de que empezaran a ocurrir cosas que en un inicio eran inexplicables.

20:07 Dylan, uno de mis compañeros, comenzó a tener lo que todos llamaban la subida del muerto. La primera vez que lo vi fue a mitad de la noche. Me despertó un sonido, como si alguien hubiera pateado la litera. Al levantarme vi que él estaba boca arriba, completamente rígido. Tenía los brazos pegados al cuerpo y las manos cerradas con tanta fuerza que los nudillos se le veían blancos. Sus ojos estaban abiertos, pero yo no podía ver nada de lo que tenía enfrente. Solo miraba hacia arriba, hacia la parte inferior de la cama donde dormía su compañero. Su respiración era rápida, entrecortada y de su garganta salían sonidos ahogados, como si quisiera quitar, pero algo se lo impedía.

21:07 Eloy me dijo que no lo tocara, que no lo moviera. Se levantó y se acercó a nosotros. Comenzó a orar y el cuerpo de Dylan comenzó a relajarse y después empezó a llorar lleno de miedo. Las lágrimas le corrían hacia las orejas mientras seguía mirando hacia arriba. Se incorporó de golpe y comenzó a respirar y toser como si hubiese tenido atorado algo en su garganta. Se bajó de la litera y comenzamos a preguntarle que le había sucedido. Nos contó que había una sombra muy alta, que tocaba el techo y además. Que tenía que doblarse para estar cerca de su rostro. Sentía como si eso le estuviese aplastando el cuello. Juro que no volvería a dormir en esa litera. De hecho, nadie la volvió a ocupar. Pero esa no fue la única ocasión que sentimos algo extraño en los dormitorios del cuartel por las noches. Cabe aclarar que otros contaban sucesos que experimentaban en otros sitios, pero lo más fuerte se sentía en las duchas. Ahí se sentía una mala vibra.

22:30 También tristeza. En una ocasión me sentí tan deprimido que hasta pensé en desvivirme yo mismo, pero así como empezaba a tener ese sentimiento y pensamiento. Asimismo, se disipaba se lo conté a uno de los compañeros que ya tenían algún tiempo en el cuartel. Me dijo que allí pasaban cosas que para muchos no tenían explicación porque no saben de las historias de ese cuartel. Se contaba que un teniente se había quitado la vida en las duchas. Nunca se supo el motivo que lo llevó a hacer tal cosa. Días previos al suceso lo notaban muy serio, callado en su rostro se le veía tristeza, pero uno, que es militar, piensa que eso es debilidad y se lo guarda en algún rincón de nuestro ser para que nadie se de cuenta.

23:32 Una mañana lo encontraron en las duchas. Se había cortado las venas. No fui el único que sintió ese sentimiento. Quizás así se sentía el teniente y lo transmite a quienes somos más débiles o susceptibles a lo paranormal. Otros decían ver a una mujer vestida de novia, otros a un niño. Esos sí que daban miedo, pues de la nada se te aparecían. Al principio sólo se escuchaba a un niño llorar en las noches. A veces escuchaba su risa. Pero aquellos que intentaron ayudarlo cuando lloraba se llevaban el susto de sus vidas.

24:16 Contaban que tenía los ojos completamente blancos, sin ir y sin ellos. Tenía un short gastado y dejaba ver marcas en su piel. Sergio y yo comentábamos que quizás El Niño se había ahogado en el río que pasaba a medio kilómetro de donde está el cuartel. Pero también pensábamos en alguna creciente en tiempos de lluvia, por eso las marcas en su cuerpo traslúcido. Ese mismo año, uno de los cadetes falleció. Lo encontramos detrás del almacén. Una noche antes comenzamos a contar que la mujer que se aparecía, unos decían que estaba vestida con ropas de época, otros que era un vestido de novia.

25:07 Decían que era una mujer que había esperado a su prometido. Él era soldado y había muerto antes de la boda. Contaban que ella fue al cuartel vestida de novia, que se había ahorcado en uno de los árboles que se encontraban en la propiedad. José Luis se burlaba diciendo que ese fantasma solo buscaba a macho para acurrucarse y calentarse. Algunos se rieron. Otros no nos cayó en gracia el comentario, pues ya la mayoría de los días que estábamos en ese cuarto nos habían espantado. Comenzó a decir que él se llamaba José Luis, que no le tenía miedo a nada, ni a nadie, ni siquiera al diablo.

25:54 Todos guardamos silencio y no se escuchaba ni un solo sonido. José Luis, en una carcajada, aseguró. Que le había tenido miedo. Así termino nuestra velada y nos fuimos a dormir a las literas. Alrededor de las 11:00 de la noche. Escuché a alguien diciendo que tuviera cuidado con la mujer. Supe que era José Luis quien iba al sanitario. Me volví a quedar dormido y ya no supe a qué hora regresó José Luis al dormitorio fue cuando por la mañana lo encontramos detrás del almacén. Al poco tiempo nos movieron a otro Estado y después de 4 años regresé al punto de partida donde empezó mi carrera militar.

26:44 Algunas cosas habían cambiado y otras apariciones se comenzaron a manifestar en el cuartel. Uno de los primeros sitios que fui a ver fue la parte trasera del almacén, uno de los militares. Me comentó que mejor no anduviéramos por ese lado de la bodega porque se me podría subir el muerto. Yo le pregunté que si sabía la historia del que ahí se aparecía o que me estaba cuenteando. Me contó que algunos de los reclutas que van ingresando al cuartel relatan que han visto la figura de un hombre que recorre esa parte trasera del almacén. Nadie sabe realmente lo que sucedió. Algunos dicen que él mismo se quitó la vida, otros que algunos compañeros lo hicieron.

27:36 Esto último me molestó, pues yo era de los reclutas de ese tiempo y nadie de los que estuvimos con él esa noche lo siguió cuando salió para ir al baño. Hasta la fecha ya no he vuelto a ese cuartel, he estado en otros y hay historias parecidas a este. Pero también otras más macabras. Se despide su amigo y militar gervasio bustamante. Lo que les contaré ocurrió en el año 2001 en la selva Chiapaneca. El sitio es uno de lo que lo más personal considero lo más bello que he conocido, a pesar de lo que narraré nos internamos en la selva al amanecer.

28:30 Cuando todavía había neblina baja entre los árboles y el aire estaba tan húmedo que se sentía asfixiar. Éramos parte de una patrulla enviada a reconocer un tramo de terreno en una zona irregular. El objetivo era cruzar hacia el otro lado para evitar un rodeo que nos habría tomado casi 2 días más. Parecía sencillo. Pero desde antes de llegar ya circulaban comentarios entre las tropas. Los guías del pueblo cercano nos habían advertido sobre una parte de la selva donde casi no entraba la luz. Decían que ahí siempre parecía de noche. Incluso cuando el sol estaba en lo más alto, no entraba ni un solo rayo de luz.

29:20 Además, que aseguraban que ahí había seres que habitaban en la oscuridad y que. Si regresabas sin pedir permiso, la oscuridad te tragaba y no se volvía a ver. Contaban que muchos habían entrado y no todos habían regresado. Pero mientras más avanzábamos, más callados estábamos y algo que noté era que la selva cambiaba poco a poco. Al principio, los rayos del sol alcanzaban a filtrarse entre las hojas de los árboles. El canto de los insectos era en ocasiones ensordecedor y el calor subía desde la Tierra mojada como vapor.

30:03 Pero después de varias horas caminando, la vegetación se volvió más cerrada, el aire se volvió más pesado y el sonido del entorno cambió. Ya no se escuchaban tantos pájaros. Sólo quedaba el zumbido de insectos y el crujido de nuestras botas sobre las hojas húmedas. Cuando finalmente llegamos al sitio del que hablaban, nadie tuvo que preguntar si ese era el lugar. Se notaba de inmediato. Frente a nosotros comenzaba la zona que nos habían dicho. Observé que los árboles crecían más juntos, con troncos gruesos y raíces que sobresalían de la Tierra.

30:46 Más adentro todo se veía borroso. Envuelto en una oscuridad que parecía una noche eterna, el teniente observó el mapa varias veces. Cruzar por ahí nos ahorraría mucho tiempo. Rodearlo implicaba regresar sobre nuestros pasos y abrir camino por terrenos. Difícil. Se notaba en nuestros rostros que nadie quería entrar. Algunos avanzaban unos pasos y luego se detenían sin darse cuenta. Se negaban a dar paso adelante. Yo me acerqué y noté que hasta el aire se sentía distinto. Cerca de ese lugar, más frío, más quieto, el teniente decidió que acamparíamos cerca y esperaríamos instrucciones.

31:37 Nadie protestó y rogamos que nos hicieran tomar otro camino. Aunque nos llevara más tiempo y fuera más cansado, montamos el campamento a una distancia de ese lugar, aunque desde ahí todavía se alcanzaba a ver esa parte de la selva donde la luz desaparecía. Creo que esa noche casi nadie durmió, yo incluido en ellos. Esa noche comenzaron a escucharse ruidos que no eran normales. Les aseguro que no eran animales ni ramas pegando unas contra otras. Me incorporé y Josué me aseguró que los sonidos provenían desde adentro.

32:21 Al principio eran distintos, como murmullos de varias personas hablando a la misma vez, y luego se confundían con el viento, pero con el paso de las horas se volvieron más claros. Algunos aseguraban reconocer las voces que eran de sus familiares que estaban lejos. Uno dijo escuchar a su madre llamándolo por su nombre, otro aseguró que era la voz de su hermano. Yo también escuché la voz de mi padre, aunque me daba alegría oírla las lágrimas fluyeron sin poder detenerlas porque mi padre hacía 2 años que había fallecido de cáncer.

33:05 Hugo, uno de los soldados que venía del norte del país, se puso de pie y dijo que escuchaba a su esposa y a su hijo llorar, que le pedían que fuera con ellos. Sentí un escalofrío, pues la esposa de Hugo falleció en el parto. Le dije que ahí no estaban, que no prestara atención a lo que escuchaba. Pensé por unos momentos que iba a entrar en ese sitio, pero se contuvo. Creo que reaccionó y se mantuvo a mi lado, pero Marcos siempre fue un hombre imprudente que se dejaba llevar por sus emociones y demostrar que a nada ni a nadie le tenía miedo. Informó que él vería de qué se trataba, que solo eran historias para alejar a los tontos de esos lugares que posiblemente ahí había cultivos de algo ilícito.

34:02 Avanzó hasta el borde de la zona oscura. Sin detenerse, dio unos pasos más y su figura comenzó a perderse la luz de su lámpara. Repentinamente dejó de verse, pero sólo por unos momentos la luz brilló y después desapareció por completo. Esperamos a que saliera por otro lado. Pasaron los minutos y no apareció. Algunos dijeron que seguramente ya había cruzado. El teniente decidió que esperaríamos hasta la luz del día siguiente. Antes de movernos al amanecer, recibimos la orden de rodear la zona y salir al otro lado. ¿Tenían razón?

34:46 El trayecto fue largo y pesado. Tuvimos que abrir camino entre la vegetación y cruzar zonas inundadas por ratos. El agua nos llegaba hasta las rodillas cuando finalmente llegamos al otro lado. Todos buscaban al soldado con la mirada, pero ni rastro de él. Recorrimos el área varias veces, pero no lo encontramos. Llegamos a una comunidad pequeña. El teniente pensó que quizás ahí estaría. Se le veía molesto porque Marcos decidió por él mismo cruzar por ese camino oscuro. Preguntó si habían visto pasar a un soldado, pero las personas se negaron. Un anciano preguntó si se había adentrado por el hado sin luz y el teniente contestó que así.

35:35 Entonces el viejo le dijo que a ese se lo había tragado la oscuridad, que ya no lo volveríamos a ver. El teniente dijo que las personas no se perdían, así como así el anciano le contestó que para los que Moran en la oscuridad. Aquel que entra para ellos es como una ofrenda alimento para esos seres. El teniente solo movió la cabeza, como negando lo que decían. El viejo continuó diciendo que por eso nos permitieron seguir adelante. Y si el soldado no hubiese entrado de todas maneras, uno de nuestros hombres iba a desaparecer porque ellos se lo llevarían. Aquello que escuché me quedó muy claro que no hay que prestar oídos sordos cuando entras a los lugares que muchos consideran sagrados y que pasar por ellos se requiere un pago, quizás un sacrificio, querida comunidad, que le han parecido los relatos de militares que acaba de escuchar. ¿Cuénteme en la caja de comentarios cuál historia le llamó más la atención o le perturbó? ¿Como ya es costumbre, le preguntó usted qué haría si fuera militar y se adentrara en la sierra para ver algo paranormal?

37:07 Si este video ha sido de su agrado y lo quiere compartir con algún amigo o alguna amiga que es escéptico o que simplemente se quiere entretener, nos ayudaría a hacer crecer más esta comunidad sin más me despido. Mi nombre es Alejandro y esto fue Inframundo.