4 Aterradoras Historias de NAVIDAD
SI QUIERES ESCUCHAR MAS RELATOS POR FAVOR SIGUEME EN EL CANAL DE YOUTUBE (INFRAMUNDO RELATOS): https://goo.gl/MjkWjbO Ó EN MI CANAL ALTERNO HISTORIAS DE HORROR: https://www.youtube.com/c/INFRAMUNDORELATOS
0:00 Navidad sangrienta es bien sabido que la víspera de Navidad es aquella noche especial y tan esperada del año, donde se festeja el nacimiento de Jesús y La Paz y el amor reinan en los corazones de los hombres de bien. La idea es pasar una noche buena, reconciliar las asperezas. Y hacer las paces por los problemas que hayan pasado ese año. Pero para la familia Méndez, esa Nochebuena se convirtió en una horrorosa pesadilla en la unidad Residencial Santa Fe, en el distrito federal, allá en el año de 1980, la familia Méndez esperaba ansiosa la Navidad. Ese día, curiosamente, amaneció haciendo muchísimo frío, con neblina y no había un alma en las calles, pero podría ponerse mucho peor.
1:04 Estaban conversando acerca de ello cuando la televisión daba la noticia sobre un asesino que se había escapado de la cárcel robando un traje de Santa Claus. El informe decía que estaba armado y era extremadamente peligroso. Lo peor es que se le había visto rondar por esa misma zona. La familia, asustada, se mantenía alerta, pero no lo suficientemente como pensaban, ya que no habían asegurado la casa y en cualquier momento el prófugo podría introducirse en su vivienda. Al ser ya muy de noche, la madre manda a dormir a su hijo en la planta alta de la casa para estar más asegurado, además de que para no asustarlo le dijeron que debía esperar a Santa Claus dormido.
2:00 Ya pasaba de la medianoche. A pesar del temor, en la casa están todas las luces apagadas. Todo transcurre en aparente calma. De repente se escucha un ruido que proviene de la chimenea. Entonces beto, hijo único de la familia, se levanta de la cama emocionado, pensando que se trata de Santa Claus, pero se llevó la sorpresa más aterradora de toda su vida. Santa Claus tiene a su madre levantada con una de las manos, tomándola por el cuello muy en alto. Nunca pensó que Santa Claus fuera tan alto cuando, con lágrimas en los ojos, la madre estaba por decirle que corriera a ponerse a salvo, el asesino le corta el cuello a la mujer, con lo cual muere desangrándose lentamente, El Niño siente un temor paralizante y brutal.
3:02 Repentinamente reacciona y corre mientras subía las escaleras rápidamente. El prófugo psicópata decía con voz dulce y delicada, vamos, beto, sé un buen niño, ven y dale un gran abrazo a santa. Fue entonces que aparece el padre del niño, quien al ver la escena donde su esposa yacía sin vida, se llena de rabia y se lanza contra aquel hombre, pues la cólera le hace sacar una fuerza inaudita. Pero por un pequeño e insignificante descuido, el psicópata homicida saca un hacha que tenía escondida entre su traje, le corta el brazo completamente desde el hombro, el cual grita agonizante en el de su casa mientras gritaba dolorido por la herida, el esquizofrénico, hombre extasiado. En un acto de suma locura, le corta la cabeza al papá de Beto frente Asus incrédulos ojos infantiles. Beto sentía un miedo irracional y primitivo, pero a la vez su carita infantil mostraba toda su furia y tristeza por lo sucedido aquella noche, que se suponía estaría llena de alegría. Él estaba solo e indefenso, lo único que pudo hacer. O esconderse en su cuarto,
4:35 encerrarse en su armario y tratar de llamar sollozando y aterrorizado a la policía sin que aquel maldito demente se diera cuenta de la llamada a las autoridades y que todo se diera por terminado. Eso hubiera sido lo más lógico y coherente por hacer. Pero desgraciadamente las cosas no salieron así como lo pensaba el pequeño veto. El asesino buscaba como fiera al jovencito aterrorizado. Estaba a punto de rendirse y abandonar el domicilio, pero cuando pasó cerca de las escaleras escuchó un bullicio arriba en la habitación del pequeñín en el armario.
5:20 El loco, sin pensarlo, cortó el cable del teléfono a violentamente el closet y gritando sorpresa. Le quitó brutal y despiadadamente la vida al pequeño, cortándole sus miembros, extrayendo sus órganos mientras ve tu incrédulo. No sabía por qué Santa Claus le había quitado la vida a su familia. Se encontraba en agonía. El malvado y enloquecido hombre le cortó el cuello. Es ahí cuando la vida de aquel pequeño se da por terminada. Pero antes de irse, el psicópata, ataviado en un traje de Santa Claus, esparció a todos los integrantes de la familia, los metió cuidadosamente en una bolsa negra y los acomodó minuciosamente en una caja cuadrada, donde finalmente los envolvió con una delicada y hermosa perfección. Escogió el mejor papel de regalo. Un gran moño que engalanó los macabros obsequios y finalmente lo colocó amorosamente debajo de aquel gran árbol de Navidad, el cual adornó de igual manera al terminar suspiro, apreciando lo hermoso que se veía todo con sus adornos navideños. Más tarde, cuando llegó la
6:53 policía, descubrieron la dantesca escena del crimen que dejó paralizada a la ciudad. Jamás se supo a dónde fue aquel asesino. No se encontraron rastros ni pistas, pero ten cuidado, pues en las noticias aseguran que en vísperas de Navidad. Ese psicópata insaciable ronda las casas en busca de su siguiente víctima. Terror en Navidad la noche buena no es una celebración que me traiga muy buenos recuerdos. Especialmente cuando parece obligatorio arruinar las cosas justamente en la víspera de las fiestas. Y este año no sería la excepción. Como estamos peleados con casi todos nuestros parientes, mis padres aceptaron la invitación de un matrimonio conocido de muchos años, o eso es lo que ellos creían, así que nos fuimos a pasar la noche buena a su casa. Que se encontraba en una zona rural, como es común en esas lejana regiones del Estado, después de la carretera federal entramos en el camino rural para
8:23 finalmente tomar lo que se conoce como camino real, que casi siempre es un camino polvoriento. Todo el trayecto estuvo casi desierto y el paisaje se hizo monótono, pues solamente era campo. Y el auto comenzó a vibrar por las incontenible cantidad de baches del camino. Iba mirando por la ventanilla cuando un manotazo me golpeó la cabeza. Me volví así a mi hermano, que miraba con cara de burla y lo acusé. El resto del camino nos amenazamos con señas más. Cuando mi madre volteaba los 2 estábamos quietos. Pero ni viene ella.
9:09 Volví a mirar hacia adelante, seguíamos en lo nuestro. Apenas el auto se detuvo frente a la casa, nos precipitamos hacia afuera. Mira que grande es esto, exclamó mi hermano. Y sí que alta es grite, si uno cae del techo, se hace miércoles. Fernando, no digas esas cosas aquí porque me vas a sacar de quicio, por favor, exclamó mi madre. La puerta se abrió y el matrimonio, dueño del lugar, salió a recibirnos. Pasen por favor, bienvenidos.
9:51 Entramos a la casa, se veía bastante acogedor sobre una mesa había bocadillos, enseguida nos pusimos a mirar todo. Girando la cabeza sin el menor disimulo, mi hermano y yo nunca habíamos visto una casa tan elegante y antigua. Nunca habíamos visto un retrato, sillones tan grandes ni muebles tan finos. Mientras nuestros padres conversaban con los anfitriones, vaciamos varias bandejas. Después, al empezar a aburrirnos, observamos nuevamente lo que allí había. Éramos muy inquietos como para estar mucho tiempo en un lugar. Conocía también a mi hermano, que esperé a que él lo dijera, queremos salir a jugar, mamá, no, afuera ya está de noche, contestó mi madre.
10:50 Si quieren andar aquí adentro está bien, pero tienen que pedirle permiso a ellos. Yo no tengo ningún problema, pero repuso el dueño de la casa. Como el lugar es grande y viejo, puede que se asusten. Mira, le dijo mi padre, estas sabandijas están curadas de espanto, capaz que si ven a un fantasma, le quitan la sábana y se la pintarrajean. La mujer de la casa iba a decir algo, pero Carlos y yo salimos disparados hacia un corredor. Si el lugar nos había parecido grande desde afuera, por dentro era enorme.
11:34 Parecía un castillo. Las luces mortecinas de unas viejas lámparas Iluminaban Lúgubremente. Los vastos corredores de la mansión estaban muy separadas entre sí, haciendo que las sombras se vieran más siniestras e hicieran volar la imaginación. Haciendo parecer como si algo fuera a saltar repentinamente de entre las sombras, pasamos cerca de una ventana. Creímos escuchar que empezaron a arañar desde afuera, pero era sólo una rama que rozaba el vidrio mecida por el viento. Como éramos un desmadre y aunque no teníamos permiso, habríamos las puertas de las habitaciones.
12:25 Encendíamos la luz y mirábamos dentro. La mayoría se encontraban vacías, algunas tenían camas y muebles. Al abrir una habitación y encender la luz, vimos a una anciana sobre la cama. La anciana volteó hacia nosotros y nos sonrió dulcemente. Nosotros estábamos paralizados por la sorpresa porque no esperábamos encontrar a alguien. Pero de repente la anciana lució aterrada, una mano peluda surgió por debajo de la cama, en el lado opuesto al que estábamos. La anciana medio se enderezó mirando con horror a la mano monstruosa que tanteaba rápidamente las sábanas. Abrió la boca como si estuviera gritando, pero no escuchamos nada.
13:23 Fue cuando se presentó algo más aterrador. El dueño de la mano peluda tenía cabeza de cerdo y salió rápidamente de debajo de la cama. Se abalanzó hacia la anciana, sacudiendo la cabeza. En ese momento se abrió la puerta de un ropero enorme. Y salió corriendo de él una especie de bruja horrorosa e iba rumbo a la cama tirando manotazos. Ante tanto terror, la pobre anciana se llevó las manos al pecho y quedó ahí con la boca abierta y los ojos muy grandes, bien tiesa. Fue entonces que el monstruo con cabeza de cerdo le tocó el cuello.
14:12 Miró a la bruja y se apartó del cuerpo de la pobre anciana. Después se sacó la cabeza, más bien se quitó la máscara que llevaba y no era otro que el actual dueño de la casa. Cuando la bruja se desenmascaró, era la mujer. Repentinamente, toda aquella escena de terror desapareció ante nuestros ojos y la habitación nuevamente quedó vacía. Llegamos corriendo a la sala donde estaban nuestros padres y tuvimos que mentir, que jugábamos una carrera. Mi hermano y yo nos entendemos sólo con una mirada y definitivamente no íbamos a contar nada de lo que vivimos. Aún todavía faltaba la cena y prometía ser buena. Además, nuestros padres se veían muy contentos. Como hacía años no se les veía sonreír de esa manera, durante la abundante y fastuosa cena, los anfitriones mencionaron que la casa antes había pertenecido a su tía, la que desafortunadamente había muerto de un ataque al corazón. Misteriosamente, mi hermano y yo nos miramos discretamente, años después, cuando ya éramos adultos. En una reunión familiar les contamos a todos que lo que pensamos que era la aparición de
15:45 unos espantos en realidad era una revelación de la escena del crimen, de un asesinato por herencia, que aquella pobre viejecita nos mostró una Navidad en que sus propios familiares le quitaron la vida para quedarse con su fortuna. El otro, Santa Claus, Pedro, se había pegado la parranda navideña más grande de todos los tiempos. Su cabeza retumbaba cuando el timbre lo sacó del pesado sopor de la monstruosa cruda que se cargaba.
16:32 Lo primero que hizo fue cubrirse los ojos con las manos. Por la ventana entraba una luz despiadada y quería sus lacerados ojos de borracho debido a su mal estado. No sabía si ya había amanecido, si era de mañana o ya la tarde del 26 de diciembre. Curioso en una unidad habitacional donde se supone que. El guardia no deja pasar visitas sin avisar. El timbre volvió a sonar insistentemente y el hombre, enfadado, murmuró algunas groserías mientras se levantaba de su cama, visiblemente molesto, y se dirigió a abrir la puerta, aún tambaleándose por los efectos del alcohol y adivinar que tanto se metió la noche anterior.
17:26 Pero justo en el momento en que iba a abrir la puerta se dio cuenta de que sólo andaba en calzones. Entonces regresó al dormitorio y se vistió. Volvió a tender la puerta y cuando abrió vio a un chiquillo que no más de 6 años, o al menos eso era lo que parecía. Lo miraba con unos ojos de furia que le hicieron estremecer. Entre sus pequeñas manos sostenía un bonito camioncito de juguete. Justo cuando Pedro iba a preguntar qué quería El Niño, comenzó a reclamarle que él no le había pedido ese mugroso camión como regalo que específicamente le había pedido el videojuego de moda para su consola. Pedro no entendía ni jota de lo que ese pequeño niño le estaba recriminando.
18:19 La cabeza le daba vueltas y de hecho no sabía ni que había hecho la noche anterior. Pedro trataba de razonar y le pidió disculpas al niño, quien le interrumpió nuevamente, afirmando molesto que no quería ese camión y le exigía rabioso su videojuego. Nuevamente le espetó que bien, claro, se lo había aclarado en la juguetería la noche del 24 de diciembre. Que ese maldito camionera, una burla y una porquería arrojándole el pobre juguete que quedó hecho pedazos Asus pies y se le quedó mirando.
19:00 El hombre sonrió con poca paciencia, se apoyó en el marco de la puerta y luego alzó la vista. A pesar de ser una zona controlada, la calle estaba desierta, repleta de basura restante de los festejos de la noche anterior. Uno que otro, borracho, aún permanecía en las veredas, al igual que él, sin saber la fecha exacta en que vivían. Después de un suspiro hondo, regresó la vista al chico preguntándole dónde estaban sus padres. El pequeño gritó con una furia y soberbia que no eran propios de un niño tan pequeño, que eso no le importaba a él. Más bien le exigía el maldito videojuego para poder largarse de allí.
19:49 Ahí fue cuando el buen Pedro, que no era tan malo del todo, simplemente le gustaba la bebida y pasarla bien hacía de Santa Claus de vez en cuando para sacar dinero extra. Mira, chamaco, en primera no me levantes la voz, que soy un adulto y tú un mocoso. En segundo lugar, yo no soy Santa Claus. Y si dije que te iba a traer ese juego de no sé qué es, porque para eso me pagan, para tomarme fotos con niñitos ricos y maleducados como tú. ¿Qué pasa después? No es mi asunto, es mi trabajo y me paga por decir lo que la gente quiere escuchar.
20:32 ¿Y en tercer lugar, cómo carajo Supiste dónde demonios vivo? Pero el pequeño ni siquiera se movió. Insistía que quería su juguete de video, pero ahora con unas facciones extrañas y unos vulgarantes ojos rojos que amedrentaron al corpulento hombre, quien finalmente dijo que llamaría a la policía para que lo llevaran con sus padres. Pedro cerró la puerta de un azotón llamó a la estación de policía, pero nadie respondió la llamada. Éste maldijo en voz alta, esos malditos cerdos deben estar todos borrachos. El robusto hombre pensó que, al fin de cuentas, eran sólo niños, recordó la paciencia, regresó a la puerta y antes de abrir recogió el camioncito roto que había quedado en el piso. Al abrir la puerta dijo, Mira pequeño, pero abruptamente cortó su frase.
21:38 Pues vio que 2 chiquillos más se habían unido al reclamo del primero. Uno sostenía un caballito de juguete, el otro un tanque de guerra del tamaño de una caja de zapatos, y nuevamente comenzaron los reclamos. Al principio Pedro pensó que los rostros que le había notado a los niños eran efectos del alcohol o algo así, pero no era verdad. En verdad, sus ojos eran extremadamente rojos, sus dientes filosos y sus orejas puntiagudas, por no decir que sus manitas se habían convertido en filosas garras. Nuevamente le gritaban a coro que esos no eran los juguetes que habían pedido.
22:27 Y aterrado, el hombre cerró la puerta. Algo se estaba saliendo de los límites de la normalidad. ¿Acaso por fin la bebida lo habría vuelto loco? Regreso al teléfono y volvió a llamar a la policía, pero de nuevo nadie contestó. Se acercó a la ventana y miró. Ahora había al menos 10 o 12 de esos pequeños monstruos frente a su puerta. Todos ellos llevaban distintos juguetes, desde pelotas hasta libros infantiles, pasando por mesitas de madera y triciclos de plástico. Pedro se asomó por la ventana e inmediatamente todos voltearon a verlo tratando de calmar las cosas.
23:13 Les dijo nuevamente que él no era santa, que solamente era un trabajo temporal. Su corazón latía de manera violenta y descontrolada. Sentía la boca pastosa y seca un poco, quizás por el miedo, pero sobre todo por la espantosa cruda que tenía. ¿Es en serio? Dijo nuevamente. Yo no soy Santa Claus. ¿Ayer me vieron en esa juguetería usando solamente un disfraz, pero por qué un señor chino de mal carácter me contrató? Vayan a reclamarle a él o mejor Asus padres, pero a mí déjenme en paz.
23:56 De lo contrario, no pudo terminar de rabiar sus palabras cuando vio que uno de los chiquillos. Se agachaba y luego arrojaba algo contra él. Pedro apenas alcanzó a protegerse la cara justo antes de que el vidrio de la ventana explotara en 1000 pedazos. Maldita sea, qué carajo. Los reclamos se volvieron más violentos y continuaban diciendo, esto no fue lo que yo pedí, santa, el chico que había arrojado la piedra alzando un trenecito por sobre su cabeza. Te pedí una bicicleta, no esta porquería, quiero mi bicicleta. Ahora, chamacos, hijos de la fregada me rompieron la ventana, voy a llamar Asus padres nuevamente no le dejaron terminar de gritar.
24:51 Una lluvia de piedras comenzaron a volar por los aires haciendo blanco en la vivienda del hombre una de ellas del tamaño de un puño. Dio de lleno en su nariz y sus ojos se inundaron de lágrimas. El pobre hombre gritó y trató de cerrar los seguros y cerraduras de puertas y ventanas. Pero la lluvia de piedras arreció y tuvo que refugiarse detrás del respaldo del sillón. En ese momento los pequeños monstruos mostrando su verdadera figura con la piel verdosa y llena de escamas, ojos rojos, colmillos y garras. Comenzaron a entrar por la ventana.
25:34 No eran niños, eran otra cosa. No sabía exactamente que desconocía porque estaban tan enardecidos en contra suya, pero no se quedaría a averiguarlo como pudo. El pobre hombre salió de su improvisado refugio y atacó al primero que se le acercó. Lo derribó con un certero puñetazo y luego hizo lo mismo con el segundo. Estaba a punto de hacerse cargo del tercero cuando sintió que algo duro y pesado se le hundía en la frente. Uno de ellos se le trepó por el cuello y le había hundido sus largas y filosas garras en la frente.
26:16 Pedro sintió que la sangre de correa caliente por la cara y luego se desmayó se despertó preso de un dolor inconmensurable en el estómago. Intentó inútilmente tomarse la panza con sus manos para aliviar un poco su dolor, pero no pudo. Se las habían amarrado al respaldo de la cama. Levantó lentamente la cabeza. Esas bestias lo rodeaban. El cuarto estaba casi totalmente a oscuras. Los ojos de esas aterradoras cosas brillaban en la oscuridad, como los gatos. Pedro volvió a sentir aquel dolor tan agudo e insoportable y bajo la vista hacia su panza, le habían abierto la carne con las garras, metían sus manitas dentro del estómago y apretujaban y amasaban sus tripas como revolviendo una sopa.
27:19 El pobre hombre se sintió a punto de desmayarse otra vez. ¿Y esas malditas criaturas continuaban gritando, dónde están nuestros juguetes? Maldito santa, no lo sé. Gruñó el hombre escupiendo un borbotón de sangre. Ya les dije, yo no soy santa. Su cuerpo se convulsionó violentamente y sus ojos se pusieron en blanco. Ya lo sabemos, le dijo el que lo visitó al inicio. Por eso vinimos a castigarte. Nosotros somos los ayudantes del verdadero Santa Claus, mientras, riendo, continuaban con su macabra labor. Minutos después, el hombre cerró sus ojos y con un suspiro finalmente murió.
28:12 No, no es santa, dijo otro de ellos. Y se carcajearon todos. Retiraron sus manos del abierto estómago y las limpiaron en las sábanas de la cama del pobre Pedro. ¿Quién es el siguiente? Preguntó el líder. El duende de los Trenecitos sacó una lista muy detallada con hombres, direcciones específicas. ¿El próximo vive en la calle San Juan, se acuerdan? Lo vimos ayer en el Centro Comercial de Lomas, pues vamos por él. Quizás tenga mejor suerte en convencernos. O quizás no. Todos rieron nuevamente mientras sus siniestros y malvados ojillos brillaban amenazantes en la oscuridad de la habitación. Abandonaron la destruida casa de Pedro, recogieron sus juguetes y se marcharon de allí.
29:11 Media hora después, un hombre flacucho que acababa de despertar de la siesta. Abrió la puerta a un pequeño niño que sostenía entre sus manos un pequeño y roto camioncito de juguete, el cual le reclamó, este no es el juguete que te pedí santa, dijo el chico, mirándolo con ojos furiosos y mostrando una afilada sonrisa siniestra. El árbol de Navidad hace algunos años, cerca de la Colonia Roma, sucedió un caso que por la gran violencia de sus hechos y por qué sucedió en el sen(1) familia muy importante del cual muy pocas personas conocen o quieren recordar.
30:07 Sucedió en vísperas de Nochebuena, una niña de 12 años llamada Sabina. Estaba sola en casa. Esa noche, en especial vivía con su madre, que trabajaba de administradora en una tienda de esas cafecitas con logotipo de 3 búhos. Al ser una época de altas ventas, la joven señora saldría ya muy avanzada la noche. No le gustaba mucho, pues tenía un amigo que no paraba de acosarla desde hacía mucho tiempo. Sabina recién había terminado de decorar el gran árbol de Navidad que le compró a su madre cuando escuchó un rasguño en la puerta de su lujoso apartamento. Fue cautelosa al asomarse por la Mirilla. Vio a un hombre vestido con un sucio traje de Santa Claus. Sabina quizás era joven e ingenua. Pero no lo suficiente como para creer ese cuento o caer en una trampa tan infantil.
31:17 Asombrosamente, se negó a abrir la puerta y amenazó con llamar a la policía, pero tuvo que apartarse de la entrada y esconderse en el apartamento mientras tenía un poco de tiempo. Así, Sabina se escondió en el armario más grande de la cocina. El intruso encontró la manera de entrar, en tanto ella halló una gran espada que había pertenecido a su abuelo. Esta se encontraba en el armario donde se escondía cuando el merodeador pasó frente al armario. Sabina saltó del armario con la afilada espada en alto y de un tajo.
32:03 Logró golpear en la cabeza y después, teniéndolo inconsciente en el suelo por alguna extraña y misteriosa razón, sabina comenzó la masacre. Fue pasada la medianoche que la mamá de Sabina finalmente se las arregló para volver a casa. Debido a que por las fiestas había muy poco transporte, al entrar al departamento, muy sorprendida, no encontró palabras para agradecer el lindo gesto de su hija, quien se había dedicado a adornar el árbol con algunas articulaciones y trozos de su viejo amigo. Hasta aquí los relatos del día de hoy. No me queda más que agradecerles por escucharnos en otra emisión más.
32:57 En este podcast de Spotify nos vemos en más historias de horror con Inframundo. Les deseo una aterradora noche y dulces pesadillas.
Apple Podcasts
Spotify
Castro
RSS Feed