April 19, 2026

4 ATERRADORAS HISTORIAS DE IGLESIAS (COMPILACION)│ HISTORIAS DE TERROR │ INFRAMUNDO RELATOS

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Inframundo Relatos De Terror
4 ATERRADORAS HISTORIAS DE IGLESIAS (COMPILACION)│ HISTORIAS DE TERROR │ INFRAMUNDO RELATOS

Historias de Terror, Leyendas Espantosas, Relatos Paranormales y Cuentos Oscuros que podrían dejarte sin dormir esta noche.En este episodio escucharás aterradoras historias de iglesias, relatos marcados por la fe, el silencio, la culpa y sucesos imposibles de explicar. Lo que parecía un lugar sagrado terminó convirtiéndose en el escenario de apariciones, brujería, presencias extrañas y momentos profundamente inquietantes.Esta recopilación reúne historias oscuras ambientadas en iglesias y espacios religiosos, donde lo espiritual y lo siniestro parecen mezclarse de la peor manera.El video de esta noche incluye:00:00 Historias de terror en la iglesia00:18 Misa de difunto11:38 Brujería en la iglesia18:27 La anciana que reza24:33 Doña Anita#InframundoRelatos #RelatosDeTerror #HistoriasDeTerror #Iglesias #TerrorNocturno #RelatosParanormalesLos relatos de esta ocasión están relacionados con:cuentos de terror, historias paranormales, relatos de terror, historias de miedo, iglesias, misa de difunto, brujería, anciana que reza, apariciones, presencias extrañas, sucesos inexplicables, terror nocturno, relatos oscuros, historias reales de terror.Con el estilo de los viejos clásicos de la radio, aquí cobran vida historias, relatos y leyendas que nacen en las calles, carreteras y rincones olvidados de México e Iberoamérica. La Llorona, nahuales, brujas, duendes, chaneques, apariciones en la noche, figuras imposibles, luces en el cielo y entidades que acechan la mente forman parte de este espacio.

0:00 No olvides seguirnos en Spotify Mi nombre es Mariana, soy católica pero católica por tradición familiar, como muchos de los que forman parte de algún culto religioso, nunca me llamó la atención ir a misa, por ejemplo, y cuando se trataba de una boda, bautizo o alguna misa especial para la familia, yo era una de las que permanecía afuera con mi celular.

0:54 Hasta que una vez aprendí que todo merece respeto, incluso las cosas que no nos interesan. Y lo aprendí de la peor manera. Era el mes de mayo del año 2008 y tenía apenas 20 años. Hacía poco que había comenzado la universidad y la ciudad en donde me mudé para estudiar. Era nueva para mí. Allí me hice amiga de una muchacha que estudiaba la misma carrera, muy buena persona. Ella sí era creyente y eso me incomodaba un poco, no porque lo fuera, sino porque se la pasaba casi todo el tiempo hablando de Dios, del cielo, del infierno y demás cosas que en verdad me aburrían.

1:39 Sin embargo, nunca le reproché nada, pues al fin y al cabo era muy buena amiga. Un día la noté triste. Le pregunté por qué estaba así y me contó que su abuelita estaba muy enferma. Yo aún no conocía a su familia, pero por obvias razones me entristecí por ella. Trataba de levantarle el ánimo invitándola a salir, pero a todo se negaba, pues prefería pasar un tiempo en el hospital junto a su abuela, como sus demás familiares. Una vez charlando, le pregunté qué opinaba de la vida después de la muerte. No porque me importara, sino porque quería hacerle ver su situación desde la fe.

2:23 Ella comenzó a decirme un discurso bastante largo y complejo, al cual no entendí nada y tampoco le presté mucha atención, pues lo único que me importaba era que ella se sintiera acompañada por mí, aunque eso implicara disimular mis intereses mientras me hablaba de Dios. A los pocos días, finalmente su abuela falleció y aunque me costó hacerlo, ese día me puse a su total disposición para acompañarla en todo momento. Durante el velorio estuve a su lado, al igual que con toda su familia, pero jamás me acerque al ataúd, pues soy de las que no soportan ver un cadáver.

3:08 Fue así que. Cuando ella se acercaba a ver a su abuela, yo salía al jardín para entretenerme un poco con mi celular. A la mañana del día siguiente sentí un poco de alivio, pues solamente quedaba la misa y después el entierro. Al fin todo acabaría. Recuerdo que en ese camino a la iglesia, ella me preguntó si ya me había despedido de su abuela. A lo que le mentí diciendo que sí y tratando de cambiar el tema, le decía que no se preocupara, que ahora ella descansaba en paz. Una mentira de la cual ahora me arrepiento.

3:49 Una vez en el templo le pedí que me disculpara, que no me sentía bien y que necesitaba salir a tomar aire afuera. Obviamente, eso tampoco era verdad. Pues no soportaba estar allí adentro y mucho menos con un cadáver, pero para no ser descortés, me salí solo hasta la puerta y allí me quedé. Creo que ya faltaba poco para finalizar, cuando de repente una mujer pasó por mi lado entrando al templo, me llamó la atención porque cuando pasó me chocó con su brazo y ni siquiera me pidió disculpas, pero no le di mucha importancia. Después de todo, yo estaba estorbando en el camino. Por eso decidí entrar un poco más y me paré a un costado, cerca de la primera fila de bancos. Estaba tratando de buscar con la mirada a mi amiga, quien se encontraba adelante en medio de la gente, hasta que de pronto tuve una extraña sensación.

4:53 Giré la cabeza por un instante hacia el otro costado y vi que aquella mujer que me había chocado al pasar me estaba observando desde una banca lateral donde estaba sentada. Decidí ignorarla. Nuevamente volví mi vista al frente y continué buscando a mi amiga. Pero a los pocos minutos podía notar que esa extraña mujer continuaba observándome. Eso ya me comenzaba a incomodar un poco. Volví a girar la cabeza para mirarla y allí la pude ver más adelante. Volví a girar la cabeza para mirarla y allí la pude ver más detalladamente. Era una anciana, usaba un largo vestido negro y entre sus manos tenía una rosa blanca.

5:41 Me quedé mirándola por unos momentos, pensando así que se daría cuenta de que yo la veía y ella dejaría de hacerlo. Pero no quitó sus ojos de mí. Pensé que se trataba de una de esas viejitas fanáticas de esas que van incluso a los velorios ajenos. Pero no comprendía por qué me miraba a mi y, peor aún, porque no dejaba de hacerlo. Le quité la mirada y volví a ignorarla. Después de todo. Yo no la conocía y tampoco tenía interés en conocerla luego de unos minutos. Y al notar que continuaba haciendo lo mismo, camine unos metros más adelante para perderla de mi vista.

6:28 Fue así que llegué hasta la mitad del templo y desde ahí seguí buscando a mi amiga. Pero a los pocos minutos sentí un escalofrío recorrer por mi espalda. Fue sorprendida. Noté que aquella anciana también había cambiado de lugar y desde el otro costado continuaba viéndome. Eso me hizo incomodar bastante, incluso hasta me molestó. Volví a girar la cabeza y la volví a mirar, pero esta vez con un semblante serio para ver si cambiaba de conducta. Pero me equivoqué. Ella continúa mirándome fijamente, sin quitarme los ojos de encima. Ya estaba a punto de dejar de mirarla cuando de repente la vi hacer algo que me perturbó más todavía. Levantó su mano derecha y saludándome con ella. Comenzó a sonreír de una manera burlona. No comprendía lo que estaba intentando hacer, pero esa anciana estaba logrando asustarme y luego, de unos segundos, bajó su mano y a partir de ese momento comenzó a suceder algo que hasta el día de hoy me produce escalofríos. Al recordarlo, su semblante cambió bruscamente. Su rostro ya no parecía que una persona normal. Algo le estaba sucediendo a aquella anciana. Horrorizada, vi como la piel de su rostro comenzaba a palidecer rápidamente y toda su cara se

8:00 secó hasta parecer un cadáver. Pero fueron sus ojos los que más me hicieron estremecer de terror, pues ví como un líquido color negro comenzaba escurrir de sus ojos. Estuve a punto de gritar, pero ni siquiera podía abrir mi boca. Sentía como me empezaba a temblar todo el cuerpo y el aire comenzó a faltarme. Pude girar mi cabeza y dejar de mirarla desesperada. Comencé a caminar para llegar a mi amiga. Recuerdo claramente cómo mis piernas temblaban con cada paso que daba. Prácticamente no tenía fuerzas. Sentí que mi alma se salía de mi cuerpo al notar que aquella mujer también caminaba al mismo ritmo que yo, a unos cuantos metros delante de mí, justo al lado del ataúd, logré ver a mi amiga.

8:57 Sólo eran unos pocos metros, pero por el Estado en el que estaba, estos me parecían inalcanzables. Una vez que llegué a su lado, mi amiga quedó espantada. Al verme así y sin comprender nada, me sostuvo con sus brazos mientras me preguntaba qué me sucedía. Sentía que ya me desmayaba y cuando estaba intentando abrir mi boca para hablar toda la sangre se me congeló al instante. Pues allí mismo, y perdiendo toda la noción de la realidad, pude ver la imagen que me provocó el trauma que me duró muchos años de mi vida. Allí, en ese ataúd, yacía la abuela de mi amiga, quien era exactamente la misma mujer que me venía torturando con su mirada, con su mismo vestido negro y la misma rosa blanca en sus manos. Aquella tarde me desperté en el hospital con mi amiga a un lado y aún sentía ese frío en mi espalda. A pesar de su insistencia, jamás le conté lo que me había sucedido.

10:06 Esa mañana estuve más de un año visitando a un psicólogo, pero nada de lo que él me decía lograba quitarme la imagen de la abuela de mi amiga en ese ataúd unos 7 años después. Y con mucho esfuerzo volví a entrar a una iglesia. Ya lo había intentado todo. Solo me quedaba el último recurso, recurso al que nunca en mi vida creí que acudiría un sacerdote. Me acompaño durante todo el proceso. No solo comprendía la causa de mi mal, sino que me enseñó a superar mi trauma. Aprendí que debo respetar todo lo sagrado y sobre todo las cosas que tengan que ver con los difuntos.

10:52 Me costó, pero comprendí que también existe un plano existencial diferente al nuestro y que desde allí son capaces de interactuar con nosotros, aunque ello nos provoque vivencias aterradoras, en especial a los que sin desearlo, poseemos el don al que yo ignoraba tener. Hago mención de un don, pues desde que viví aquella experiencia no he dejado de ver gente que ya ha fallecido. Algunos los veo caminar por las calles, en las plazas, en los cines e incluso en las misas de la Iglesia, sobre todo cuando hay misas de cuerpo presente.

11:47 Aún recuerdo esos años de juventud, cuando la televisión, radios y revistas daban buenas noticias y las únicas preocupaciones eran cosas como no llegar tarde al trabajo. Lamentablemente, hoy, a mis 67 años, soy testigo de que el mundo se volvió frío e insensible, pero hay una clase de mal que siempre existió. Un mal que aqueja a todo ser vivo y lo priva de su propia conciencia del bien. Soy doña Carmela y mediante esta historia que les narraré a continuación les demostraré de lo que estoy hablando.

12:31 Corría el año 1991. Yo ayudaba al sacerdote de la parroquia de mi barrio. Era un lugar tranquilo donde podía salir a caminar libremente sin temores. La gente era cálida y respetuosa y nadie faltaba a la iglesia. Nunca habíamos tenido problemas hasta que en aquellos días previos a Semana Santa Encontré el primer objeto extraño en el templo. Estaba barriendo sobre la puerta del templo cuando en el lado de afuera, entre algunos pétalos de flores, encontré una pequeña envoltura de tela, esta se encontraba sucia. Parecía con tener Tierra en su interior y despedía a un olor nauseabundo.

13:19 No lo pensé mucho con la misma escoba. Lo levanté y lo metí a la bolsa de basura. A los días siguientes encontré algo similar, pero en esa ocasión la tela parecía envolver algún trozo de algo compacto y una cinta de color lo cubría. Hice exactamente lo mismo. Lo levanté y lo arrojé a la basura. Cuando habían pasado exactamente unas 2 semanas del primer encuentro, nuestro sacerdote tuvo un accidente donde podría haber perdido la vida. Se encontraba pintando el campanario cuando de pronto la escalera se le quebró, dejándolo caer desde la altura de 4 M. Cayó pesadamente de espalda sobre el suelo y golpeó su cabeza.

14:11 Lo llevamos urgentemente al hospital y lo tuvieron que internar por unos días. Gracias a Dios se recuperó bastante pronto y en una semana ya lo teníamos con nosotros otra vez. El lunes santo inauguraba la semana tan esperada. Todo el pueblo asistía a la misa y al finalizar yo repetía la misma rutina, tomaba mi escoba y comenzaba a barrer esta vez. Volví a encontrar algo extraño, pero era algo diferente a las demás ocasiones. Se trataba de una vela negra. Está ya casi consumida en su totalidad, una débil llama, aún flameaba perseverante, y el cebo negro se acumulaba sobre el pequeño trozo de tela.

15:01 Después levanté los restos con mis propias manos y la arrojé a la basura. Luego supe que jamás tendría que haber hecho eso. Era ya el día Viernes Santo, cerca de las 11:00 de la noche. El templo estaba totalmente vacío y yo recién comenzaba a limpiar. Ya casi finalizaba cuando de pronto vi algo que me dejó congelada en el rincón aquel junto a la puerta donde anteriormente había encontrado esos objetos extraños. Había un hombre de pie, vestido de negro en su totalidad. Quise pensar que podría ser algún señor del pueblo que buscaba a alguien en el templo o que buscaba o esperaba al padre, pero eso era imposible. Y precisamente por eso me asusté al verlo, porque aquel hombre parecía no tener cuerpo.

15:57 Era como una formada con humo oscuro. Desearía que todo eso terminara allí, pero aquel ser tenía otras intenciones sin ni siquiera dar un paso para dentro del templo. Levantó su brazo, me señaló con su dedo y, como si fuera algo irreal, abrió su mano y comenzó a presionar. Ahí sucedió lo verdaderamente Macabro, porque. Mientras él apretaba con su mano desde esa distancia, yo sentía mi garganta quebrarse. Dejé caer la escoba con mis manos. Traté de liberarme de eso que me ahorcaba, pero ni siquiera podía tocarlo.

16:42 En plena desesperación moví mis ojos hacia todos lados, vi la imagen de la Virgen María y mentalmente comencé a rezar inmediatamente. Aquella cosa me soltó. Vi cómo se disipaba entre la oscuridad de la calle y recién allí pude gritar el padre me auxilio, muy espantado al verme morada y sin aire me llevó a un hospital para atenderme. Con el pasar de los días descubrimos el origen de todo ese mal. Yo no lo sabía, pero después de describirle todo lo que había encontrado en la puerta del templo, el padre me explicó qué era realmente.

17:26 ¿Alguien estaba haciendo brujería allí? Sé que es muy difícil de creer, pero al parecer una persona quería hacernos daño, en especial al padre y de ese modo evitar la evangelización de esa Semana Santa. Hoy en día estoy consciente de lo que es capaz de hacer el mal. El demonio no tiene poder sobre Dios, pero. En aquella oportunidad, y por mi ignorancia y sé que un trabajo de brujería hiciera efecto en mí, doy gracias a Dios por haberme salvado y a la Virgen por haberme ayudado. Mi fe creció después de eso y aún permanece intacta.

18:07 Pero nada ni nadie logró sacar de mi mente lo que viví aquel viernes Santo. Agradezco a mi nieta Valeria, quien me apoyó enviándote este relato. Te escuchamos desde hace un par de meses. Saludos para la familia Martínez, muy buenas noches, Inframundo, me llamo Carlos Bernal, soy de la ciudad de La Paz en Baja California Sur, en México.

18:47 Hoy en día tengo 31 años, pero les contaré una anécdota que me pasó cuando tenía 17. No voy a esmerarme al decirles que es real porque son muchos los testimonios que conozco de personas que vivieron similares experiencias a la mía. En aquellos tiempos comencé a asistir a la iglesia de mi Colonia. No iba casi nunca, lo reconozco, pero en este caso tuve motivos suficientes para hacerlo. Yo era de esos que solo acudía a Dios cuando tenía algún problema. Eran cerca de las 7:00 de la noche. La misa había terminado y en pocos minutos el templo ya estaba vacío.

19:33 Arrodillado frente al altar, pedí a Dios el favor que necesitaba. Cuando un tenue murmullo empezó a sonar detrás de mí, lo distinguí como los rezos de una mujer mayor. Claro que para nada me sorprendió, sólo que estaba seguro de que yo había quedado solo en el templo. Pienso que fue por mi propio egoísmo, que me sentí incómodo al saber que ella estaba allí. Más todavía cuando la escuchaba rezar de esa forma un tanto molesta, pues en cierto modo me costaba bastante concentrarme en mis rezos como para que esa piadosa se ocupará de Distraerme. Luego de unos minutos decidí retirarme para regresar en otro momento, cuando estuviera solo, al ponerme de pie, me di la media vuelta y caminé por el medio de las hileras de bancas. Donde encontré a esa inoportuna mujer sentada en una de las primeras filas, un vino velo negro cubría su cabeza, desde donde cuyo borde sobresalía de su cabeza blanca, aprisionada con firmeza un desgastado Rosario marrón en sus manos, tan envejecidas como su cara, paró de rezar para con una voz dulce, darme las buenas noches.

21:00 Por cortesía le devolví el saludo con una esforzada sonrisa, sin dejar de caminar. A la noche siguiente regresé un poco más tarde para mi fortuna. Estaba vacío el lugar, por lo que me aproximé hasta el altar, comenzando así mi oración. No pasó mucho hasta que los murmullos de esa anciana sonaron detrás de mí. Otra vez no podía creer la situación. Pensé que no se podía ser tan molesto como es anciana llegando a la iglesia justo en el momento en el que yo lo hacía con intención de no alterarme más.

21:43 Me levanté para salir de allí. Pasé por su lado sin mirarla ni mediar palabra. Ella hizo silencio con el ademán de saludarme de nuevo. Pero creo que mi rostro de desagrado fue lo demasiado convincente como para hacerle notar que su presencia me fastidió. 2 noches después volví a la Iglesia, más tarde aún tampoco había gente. Estuve frente al altar el tiempo necesario para que la tristeza que cargaba conmigo comenzara a provocarme ganas de llorar. Lo que sigue a continuación los dejará atónitos. Estando arrodillado con mis ojos cerrados, escuché a esa anciana de nuevo, sólo que ya no sentí molestia.

22:30 Más bien sus rezos hizo que todo mi ser se desbordará en un profundo sentimiento de consuelo. Empecé a llorar como un niño sin sentir pena de que ella me escuchara. Mis lágrimas empapaban mis manos con las que me cubrí el rostro en tanto mi sollozo sacaba todo el dolor que traía dentro. Eso duró unos minutos hasta que la mujer cayó y empezó a tranquilizarme sin Voltear. Escuché que ella se despidió de mí diciéndome, ánimo, hijo, Dios siempre escucha. Rompí en llanto otra vez.

23:12 La anciana a quien yo despreciaba era quien me estaba consolando cuando me recupere volteé y ella ya se había ido. La noche siguiente fui para disculparme con ella y agradecerle, pero el sacerdote estaba realizando una misa por el aniversario del fallecimiento de una persona. Al costado del altar había un retrato rodeado de flores, custodiado por quienes serían sus familiares. No fue necesario acercarme mucho para poder reconocer a la mujer que estaba en ese cuadro. Era la anciana aquella que vi más de una vez, noche tras noche, ya cumplía un año de fallecida. Las almas no son como no las presentan. Si Dios les concede el permiso de manifestarse a nosotros es por hacer un bien así, como lo hizo en el caso de esa anciana que rezó conmigo por el favor que yo le pedí a Dios, que por cierto me lo concedió mi padre, se curó por completo de ese cáncer terminal que lo aquejaba.

24:27 Por eso y mucho más, yo creo en la intersección de las almas. Hace ya un tiempo tuve la gracia de servir a Dios como catequista en la parroquia de mi pueblo. Lo hice durante unos 5 años y lamentablemente me tuve que mudar por cuestiones del trabajo de mi marido. Fue así que con mucha tristeza. Me tuve que despedir de ese agradable ambiente. Son muchas las vivencias que compartí junto a los fieles del lugar y ni hablar del trato tan bueno que tuve con mis compañeros catequistas y el padre Alejandro, quien era el párroco del pueblo. Pero hoy en particular quiero narrarles una experiencia que fue muy especial para mí y hasta el día de hoy le doy gracias a Dios por haberme permitido vivirla. Esto me sucedió dentro de la Iglesia misma, justamente un día de Viernes Santo, cuando lo que menos esperábamos es asustarnos. Recuerdo la plática que tuvimos unos días antes, cuando en una catequesis el padre Alejandro nos habló de las almas del purgatorio.

25:53 Entre muchas cosas que aprendí, me dejó impactada saber que estas almas. Suelen visitar los lugares donde hay mucha oración y por obvias razones, la iglesia es uno de ellos. Sinceramente, me produjo escalofríos imaginar que hasta en una misa estas almas se hacen presentes sin que nosotros nos percatemos de eso. Sin embargo, el temor pasó rápidamente y fue el sabor de la tristeza lo que me quedó. Entre los feligreses había una señora ya muy mayor, una santa mujer que enviudó meses anteriores a la fecha y desde entonces esperaba su turno para unirse con su esposo. Se llamaba Ana María y Cariñosamente le decíamos Doña Anita, quien siempre participaba de las misas acompañada de sus nietos en ese jueves santo al finalizar la misa. Se nos acercó y comenzó a entablar un diálogo con nosotros.

26:56 Nos contó que ella también había sido catequista de la misma misa parroquial décadas atrás y que se sentía orgullosa de haber ayudado a muchos niños a recibir su primera comunión. Cuando ya estaba despidiéndose, noté que llevaba en sus manos una hermosa Rosa Roja. Quizás fue porque se dio cuenta de mi mirada y tomando mi mano me dijo que a esa rosa la llevaba para la imagen de la virgencita que tenía en su casa. Dulcemente me pidió que no me preocupara y me prometió que me regalaría una. Al día siguiente, y entre sus pasos lentos, la vi alejarse del templo rodeada de los niños.

27:39 Minutos después, el padre nos reunió para ultimar detalles de lo que sería la jornada próxima y fue allí cuando nos mencionó a doña Anita. En esos días se había enterado de que ella estaba un poco enferma y nos pidió que rezáramos por su salud. Eso nos preocupó un poco. Los abuelos a esa edad suelen sufrir muchas dolencias y temíamos que ella llegara a complicarse. Luego el padre nos animó a confiar en Dios y pedirle para que ella pudiera recuperarse y de ese modo quedarnos más tranquilos. A la tarde siguiente, es decir, ya en el Viernes Santo, nos encontrábamos preparando todo para la celebración del sábado, cuando de pronto llegó uno de sus hijos y nos dio una noticia que nos dejó congelados a todos.

28:34 Doña Anita había fallecido horas antes, justamente a las 3:00 de la tarde, la misma hora en que falleció Jesús. No podíamos creer lo anunciado y a varios de nosotros nos cayó una lágrima, pues en verdad ella era muy llamada por todos. No voy a mencionarles todas las cosas que pasaron por mi mente desde el porqué de su partida y la razón por la cual a la gente buena le toca sufrir tanto. Esa noche me quedé un momento en el templo a rezar por su alma. A la mañana siguiente sería la misa de cuerpo presente y no me sentía preparada para afrontarla. Eran casi las 11:00 de la noche.

29:19 Me encontraba sentada en la primera fila frente al altar, cuando de pronto empecé a sentir una extraña sensación. Tenía la impresión de que había alguien más allí conmigo y me sentía observada. Pero eso era imposible, pues el templo ya estaba cerrado y yo era la única allí. Poco a poco esa sensación fue creciendo y cuando ya no pudo soportarlo más, comencé a mirar para todos lados, para asegurarme cuál va siendo mi sorpresa al darme la media vuelta que te estupefacta. Efectivamente, había alguien más. Allí, una mujer se encontraba sentada al fondo del Templo. Era una anciana, usaba un vestido blanco y tenía su blanco cabello recogido.

30:11 Me miraba fijamente con una sonrisa en su cara. Era ella, les juro por Dios que era doña Anita. Rápidamente volví a mirar al frente. No sabía que hacer, tampoco sentía mi cuerpo. Solo el escalofrío en mi espalda y el temblor de mis piernas me mantenían lúcida frente a tan estremecedora sensación. Bajé la mirada por unos segundos y comencé a suplicarle. ¿Ayuda a Dios? Sé que suena ilógico, pero poco a poco el temor comenzó a desaparecer y una gran paz inundó mi alma. Después de unos minutos tomé valor y volví a mirar hacia atrás.

30:56 Pero ella ya no estaba. Sentí alivio, conmoción, tristeza. Muchas cosas se mezclaron en mí. Me puse de pie y caminé hasta el lugar donde la había visto sentada y con gran asombro vi que había dejado una hermosa Rosa Roja sobre el banco. Doy gracias a Dios por haberme permitido vivir esa experiencia. Soy una de los miles que dan testimonio que las almas vienen a visitarnos o a despedirse de nosotros, o como lo es en este caso, a cumplir una promesa hecha cuando aún estaba con vida, querida Comunidad, espero que esta compilación de relatos de la Iglesia hayan sido de su total agrado. ¿Hazme saber en la caja de comentarios qué historia te dejó pensando, te dio miedo o quizás te aterror? En la pantalla estará apareciendo un video sugerido, esperando que esta noche de domingo sea totalmente para ti. Para escuchar esos relatos que te encantan. Te deseo dulces pesadillas y nos vemos en una emisión más de Inframundo.

32:17 Relatos.