June 16, 2024

3 Relatos Horridos de HOSPITALES

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Inframundo Relatos De Terror
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0:00 Los relatos acontecidos en hospitales que estás a punto de escuchar son basados en hechos reales, esperando sean de tu hora y tu agrado sin más. Por el momento, apaga la pequeña luz de tu habitación. Comenzamos. La habitación, confesión por graciela Mendoza, relatos de hospital, saludos, Inframundo, muy buenas noches.

0:45 Soy enfermera en un hospital importante de México. Prefiero no dar más datos exactos para prevenir que me regañen. Ya saben, todos pasamos por cosas extrañas en nuestras ocupaciones, pero se supone que no debemos hablar de esto por el profesionalismo. Sin embargo, mi persona y la mayor parte del staff que trabaja aquí sabemos que hay algo poco natural que sucede en las instalaciones abandonadas. Una gran parte del hospital está en funcionamiento. Pero debido a que por el momento sí adaptado como son a COVID, algunas áreas quedaron desiertas para concentrarnos en la emergencia sanitaria actual.

1:38 No es una parte grande del hospital, pero principalmente las zonas administrativas y algunos cuartos aledaños a ellas están clausurados. Por no tener suficiente bioseguridad como para ser utilizados con otros fines, las áreas de enfermeras se encuentran cerca de aquí y como no hemos cambiado el cableado del panel de emergencias, los cuartos siguen conectados para las alarmas de los pacientes. Sabemos que en algún momento volverán al servicio. De forma que no es necesario desactivarlos.

2:21 Ahora lo que sucede en mi relato es que uno de esos cuartos de pacientes en la zona de tratamiento posquirúrgico. Normalmente ahí, como tenemos a los pacientitos más delicados, hay medidores de oxígeno y otros signos vitales que cuando bajan automáticamente nos dan una alerta. Como los aparatos están desconectados, no tiene sentido que todas las noches a eso de la una o 2 de la mañana marquen una emergencia como si tuviéramos a una persona a punto del infarto.

3:05 La primera vez que me pasó pensé que era un error del tablero. Le llamamos al técnico en turno y enseguida el hombre revisó todo. Nos dijo que no había nada raro y se retiró. Seguimos platicando y a los 30 minutos de nueva cuenta se prendió la alarma del mismo sitio. Yo me las doy de valiente y no creer en esas cosas. Considero que la mayor parte del tiempo hay una explicación racional para todo, de forma que me ofrecí para ir a revisar directamente lo que pasaba.

3:46 Quizás algún chistosito había conectado los aparatos y al no registrar nada lanzaban alertas falsas. Me fui con paso decidido a los pasillos oscuros de esa zona que, como tenían que ser activados por área, estaban sin luz para ahorrar algo de recursos. Mis pies sonaban tétricos. Sin el resto del ruido del hospital de fondo, de manera que me moví rápido para pasar el menor tiempo. Ahí, más que miedo por los muertos, temía que algún indigente se hubiera metido y causara problemas, como ya había pasado en ocasiones anteriores.

4:36 Al llegar al cuarto mi corazón dio un brinco. Entre los aparatos guardados con plásticos protectores y la cama desprovista de sábanas solamente con una delgada para que el polvo acumulado no contaminara el colchón, pude ver una sombra claramente humana moviéndose en la oscuridad, escondiéndose debajo de la cama, trate de no gritar. Primero quería asegurarme de que mi mente no me estaba jugando trampas, así que prendí mi lámpara de observación y vi que el sitio estaba vacío, respiré profundo y noté que el resto de la habitación no tenía desperfecto alguno, aliviada porque ya podía irme aliviada porque ya podía irme.

5:33 Me di la media vuelta y me topé de frente con una persona en bata de hospital. Estaba cianótico como si no pudiera respirar y con la piel azul trataba de alcanzar mi hombro con un brazo lleno de piquetes de diversas canalizaciones. Quise saltar hacia atrás. Pero tropecé con la cama y me fui de espaldas al suelo. El ser seguía tratando de decirme algo. Creo que ni él ni yo entendíamos que estaba sucediendo ahí.

6:14 Sí grite con todo lo que tenía. Supongo que les alarmó tanto escuchar mi voz que enseguida vinieron corriendo por mí un par de Camilleros. Cuando llegaron me encontraba en el piso llorando. Ellos preguntaron qué sucedió. Al contarles, procedieron a buscar inmediatamente al paciente, pero no encontraron señales de vida en la zona. Uno de los hombres comentó que ahora que había mucha actividad en el hospital era común que se aparecieran muchas cosas. Que incluso en otras áreas también se encontraban con niños, fantasmas y demás. Regresé con el resto de las enfermeras, toda espantada y sin ganas de volver a trabajar en un buen tiempo. Pero pues necesito el dinero.

7:08 Después de eso, ya preferimos ignorar completamente todas las señales que salgan de ese sitio. Simplemente las damos por vistas en el tablero y dejamos ser al espíritu que se encuentra ahí. En el fondo, esperamos que ninguno termine como esas pobres almas, el elevado. Confesión por María Olivera, relatos de hospital.

7:53 Les deseo que todos se encuentren bien y con buena salud. Ahora ya soy médico, pero hace mucho tiempo, cuando aún era pasante de medicina, tuve que hacer mi servicio en un hospital, que tenía una leyenda, que luego comprobé que era cierta. Al principio se me hizo extraño que los médicos de más edad no quisieran utilizar uno de los 2 elevadores de servicio que había en el hospital, la mayor parte del tiempo tenían que dar un rodeo enorme para poder llegar a las salas de cirugía o atender a los pacientes, porque el elevador funcional era usado para subir y bajar camillas. De forma que casi todo el tiempo estaba lleno de gente. Cuando pregunté por qué nadie tomaba el segundo me comentaron que era porque fallaba mucho.

8:56 Los de mantenimiento decían todo lo contrario, de manera que un día que ya estaba cansada del tema, me animé a tomarlo para alcanzar a llegar a prepararme a una cirugía. Me habían traído todo el día de arriba a abajo, de forma que si no lo hacía, simplemente no llegaría a tiempo y seguramente me castigarían con más tiempo en el hospital lo solicité. Cuando el elevador abrió sus puertas noté que había una atmósfera pesada al interior. Era una cosa extraña.

9:37 Como percibir que la temperatura cambia. Cuando abres el refrigerador me sobrepuse y entré a la cabina. Estaba bastante normal. Dentro solamente los botones encontraban algo viejos y llenos de polvo porque nadie los usaba. Presione el piso al que iba la cabina comenzó a cerrar las puertas. Y en ese momento supe la verdad que callaban el resto de los médicos y personal. En cuanto el elevador subió lentamente los pisos, me encontré en presencia de un hombre corpulento detrás de mí.

10:20 Estaba segura de que no había entrado antes. Era algo que había notado desde antes de entrar al sitio. Sentía sus ojos pesados en mi espalda. Apenas podía respirar de lo nerviosa que me sentía, ni se diga voltear la mirada a medio camino. El elevador dejo de funcionar. Se trabó en un piso intermedio, por lo que yo pensaba, era mucho tiempo. El hombre no se movía 1 mm, simplemente existía.

11:00 Ni siquiera se escuchaba la respiración rítmica de una persona normal. Por curiosidad, saque un espejo que llevaba en el bolsillo. Creo que mejor no lo hubiera hecho. Vi entonces que el hombre, efectivamente, era una persona enorme, con los brazos a los lados y mirada perdida. Tenía una bata de paciente, nada más. Respiré profundo. Quise pensar que como no mostraba comportamiento agresivo, seguramente me dejaría en paz si lo ignoraba hasta que el elevador terminara su carrera.

11:44 Finalmente me llené de valor y pensé en que si íbamos a estar mucho tiempo ahí, era mejor saber de qué se iba a tratar la convivencia con ese paciente. Me volteé y pregunté amablemente su nombre. Guardo un silencio sorprendido. Enseguida le comenté si podía hablar o era mejor usar lenguaje de señas. Respondió con una voz que parecía no haberse usado en muchos años, que su nombre era Mario. Era un tono de alguna forma infantil, con pena. Seguí con mi interrogatorio, con mi mejor voz profesional. ¿Qué hacía ahí?

12:35 Etcétera. Me contó que no recordaba cómo había llegado ahí, solamente que debía estar en ese punto para que pudieran mandarlo a su habitación. Vi que se encontraba triste. Añadió que en su brazalete decía que tenía. Contra mis instintos y pese a lo raro de la situación, me acerqué a su mano. Decía que tenía esquizofrenia y según se comportaba algún retraso en el desarrollo de su mente, pasé saliva, apreté los labios y pensando en que quien sea que fuera ahora era mi paciente. Le dije con voz calmada que yo lo llevaría a donde tenía que estar.

13:28 El hombre sonrió de forma infantil, asintió y enseguida el elevador volvió a funcionar. Llegamos al piso al que debía ir y salir de ahí con la mano de Mario Agarrada de la mía. Sin embargo, al dar el primer paso fuera del elevador me di cuenta de que no estaba tomando a nadie. Solamente sentí un ligero cambio de temperatura a cálido. Como ya no había nadie, me fui a la cirugía, me preparé. Tuvimos un proceso exitoso después de mi encuentro con Mario. Las cosas dejaron de estar raras en el elevador e incluso el resto del personal comenzó a utilizarlo. A veces con cierto miedo, pero después de un tiempo las cosas cambiaron.

14:24 Jamás hablé del tema con las personas de servicio porque sabía que pensarían que estaba loca. Sin embargo, me quedé con la satisfacción de saber que la voluntad de ayudar me sirvió de muchísimas formas y sigue siendo la base de mi práctica como médico. Espero y mi historia haya sido de su agrado. Buenas noches, la doctora confesión por Carmela Díaz. Relatos de hospital.

15:14 Muy buenas noches a todos y gracias especialmente a mi hijo, que me está ayudando a escribir esto. No sé mucho de computadoras, pero me gustan las historias de terror y de esas. Con mis 70 años de vida tengo varias. Recuerdo, especialmente una en la que me tuvieron que llevar a un hospital justo cuando nació el último de mis hijos. Me tocó la de malas y el parto se me vino justo en el famoso temblor de 1985 en la Ciudad de México. Fue una de las experiencias más aterradoras de mi vida. Llegué a la mañana al hospital por ahí de las 5:00. Mi marido estaba bien apurado porque toda la noche tuve contracciones y para esa hora ya no aguantaba el dolor. Me llevó al Hospital Juárez de México, que era el que me tocaba esa mañana.

16:18 La guardia estaba descompuesta porque además me tocó justo el cambio de personal, así que no había mucho personal que me pudiera atender. Nos tenían esperando en una cama cuando una doctora muy jovencita, con el cabello recogido en un moño apretado, paso a mi lugar. Recuerdo a la fecha que tenía la piel clara, los ojos oscuros. Era de mediana estatura. Su voz tenía un tono suave. Ella me dijo que me atendería. Cuando pregunté por las enfermeras menciono que no iban a venir.

17:00 Estaban ocupadas con otras cosas a eso de las 6:00 de la mañana. Lo supe porque el reloj del cuarto apuntaba a esa hora. La mujer me dijo que teníamos que apurarnos. Yo iba a tener que estar fuera de ahí antes de las 7:00 de la mañana. Le molestó un poco que me apurara y se lo dije. Ella me contestó que mejor usara ese coraje para parir porque de verdad tenía que hacerlo rápido. Medio balbuceo que se debía, que como no había camas era mejor.

17:42 Así terminé por hacerle caso, porque la verdad parecía tener mucha prisa. Casualmente creo que ese ha sido el parto más sencillo que tuve. Mi hijo salió rápido, no me dolió tanto al pujar y para eso de las 6:30 ya habíamos terminado. Enseguida la doctora me sonrió, me dijo que lo había hecho muy bien, fue a lavar a mi bebé y me lo dio envuelto en unas cobijas. Añadió que por favor saliera rápido, de ahí que necesitaba que me fuera porque había muchas personas esperando. Se me hizo raro que no me hubieran dado una hoja con los datos de mi bebé o que otros doctores. Me hubieran visto para poder darme de alta. Como en mis visitas anteriores, ella mencionó que estaba bien, que necesitaba irme con mi marido, de ahí lo más pronto posible.

18:51 Sonaba muy apurada, además de que su tono ya comenzaba a ser como asustado, de forma que pensé que algo sabría ella y acepté. Después de todo ya tenía a mi hijo en brazos y bien, así que no me importaba lo demás para las 6:45. Salimos de ahí mi esposo y yo todavía me dio tiempo de preguntar por esa doctora. Les dije que me atendió bien, pero que estaba muy grosera porque me apuraba mucho para salir. En recepción me dijeron que no había nadie con esas características, que quizás era una interna y se asegurarían de buscarla después para reprenderla.

19:41 Les comenté que no portaba una identificación o nombre en la bata, pero que al menos ya había tenido a mi bebé y agendé las citas posteriores con el pediatra en la semana que seguía. Nos fuimos del hospital y para las 7:15 ya estábamos en casa. Le estaba dando leche a mi bebé. Mi marido preparaba el desayuno de los otros 2 niños que iban a llegar tarde a la escuela. Por cuestiones de fuerza mayor teníamos prendido el radio. Era una mañana bastante tranquila, pero para haber sido tan caótica antes estaba por acostar a mi bebé. Cuando lo sentimos el piso de una sacudida brutal, las cosas que no estaban pesadas o no estaban clavadas a la pared salieron volando.

20:43 Mi esposo Agarró rápido a mis 2 hijos y yo al bebé. Salimos corriendo del edificio donde vivíamos. A los pocos minutos nos comenzamos a enterar de la magnitud de la desgracia. Se cayeron numerosos edificios en la ciudad, dejando detrás a un número aún mayor de víctimas. En la radio comentaban de la terrible situación, no teníamos comunicación, todo era caos. Cuando las cosas volvieron a la normalidad, pasando un tiempo, me enteré que en el hospital donde fui a tener mi hijo se cayó también justo a las 7:19 de la mañana el edificio se derrumbó, dejando debajo los escombros a enfermeras, doctores, enfermos, personas de administración, guardias, todo lo que se puedan imaginar.

21:45 Quedó colapsado bajo el peso del concreto y las varillas de metal. Nunca supimos quién fue la doctora que nos atendió o si realmente estaba viva, porque visto la distancia del tiempo, ella me estaba apurando para que yo y mi bebé pudiéramos irnos lo más lejos posible de ahí antes de que pasara la desgracia. Además de que procuró que yo pudiera parir de forma segura, porque evidentemente, con el caos del temblor hubiera tenido que haberlo hecho prácticamente sola y sin atención médica. Todo estaba rebasado por la emergencia y apuesto a que muchas mamás tuvieron que hacerlo de ese modo. Quizás algunos fallecieron en el intento. Gracias por escuchar mi historia. Estas han sido algunas de las historias de hospitales esperando que hayan sido de tu agrado. Recuerda que si eres nuevo, puedes suscribirte y activar la campanita de notificaciones para así no perderte ningún vídeo nuevo.

23:04 Muchas gracias por escucharnos. Nos vemos en otra emisión más de historias de horror con Inframundo muy buenas noches.