Jan. 23, 2026

3 RELATOS De Terror REAL del CHARRO NEGRO VOL. 7 │ INFRAMUNDO RELATOS

3 RELATOS De Terror REAL del CHARRO NEGRO VOL. 7 │ INFRAMUNDO RELATOS
3 RELATOS De Terror REAL del CHARRO NEGRO VOL. 7 │ INFRAMUNDO RELATOS
Inframundo Relatos De Terror
3 RELATOS De Terror REAL del CHARRO NEGRO VOL. 7 │ INFRAMUNDO RELATOS

Relatos de terror reales del Charro Negro, narrados por Inframundo.Historias oscuras basadas en testimonios reales ocurridos en México, donde carreteras solitarias, montes, ranchos y caminos olvidados esconden presencias que no pertenecen a este mundo.En este episodio escucharás 3 relatos aterradores relacionados con el Charro Negro, una de las apariciones más temidas del folclore mexicano. Experiencias narradas en primera persona, encuentros inexplicables y sucesos que marcaron para siempre a quienes los vivieron.🎧 Usa audífonos para una experiencia más inmersiva.👁️ ¿Has vivido algo similar?Déjalo en los comentarios y tu historia podría aparecer en un próximo relato.📩 Envíanos tu historia a: inframundorelatos@gmail.com🌐 Más contenido en: https://www.inframundorelatos.com⏱️ MARCAS DE TIEMPO (CAPÍTULOS)00:00 Intro01:35 Visitando el Infierno11:11 Corriendo entre el Monte20:24 El Visitante📌 En este episodio encontrarás historias paranormales reales y relatos de terror en México, con experiencias ocurridas en carreteras, testimonios de traileros, brujas reales y sucesos inexplicables narrados en primera persona.Relatos creados para no dormir, llenos de misterio, tensión y terror real.#InframundoRelatos #RelatosDeTerror #TerrorReal #HistoriasDeTerror

0:00 No olvides seguirnos y dejarnos 5 estrellitas para más contenido. Muy buenos días, queridos madrugadores, a todos ustedes que se levantan en punto de las 6:00 a M para preparar el desayuno, ir a trabajar o estudiar o quizás para los trasnochadores que se desvelan escuchando estos relatos mientras trabajan. Si está escuchando esto es porque la oscuridad ya te encontró despierto y porque hay algo dentro de TI que quiere asomarse a lo prohibido. Te saluda a tu amigo.

0:42 Inframundo. Hoy traigo para todos ustedes una entrega aterradora. Una de esas que se cuentan en carreteras vacías, en caminos rurales y en pueblos donde las sombras nunca están solas. Estas historias del Charro negro han acompañado a traileros, taxistas y viajeros solitarios durante décadas. Y todos coinciden en algo. Nadie sale igual después de verlo acomódate para escuchar los pasos del jinete que aparece cuando la noche exige un precio sin más. Comenzamos.

1:36 Visitando el infierno, muy buenas noches comunidad. Esta historia de terror no solo me pasó a mí, también le sucedió a mi abuelo Alberto y aunque pocas veces la he contado, hoy la voy a compartir con ustedes. Fue lo peor que me tocó vivir siendo un niño. En ese tiempo vivíamos enseguida de la casa de mis abuelos, en una pequeña ranchería donde carecíamos de todo para cualquier cosa.

2:19 Teníamos que ir a un pequeño pueblo que quedaba como a 20 minutos caminando. Mi abuelo tenía la costumbre de irse a tomar todas las noches precisamente a ese pueblo y mi abuela. Tenía costumbre de mandarme por él antes de que se cayera de borracho. Me tocaba ir a mí porque era el único nieto que tenía. Me acuerdo que yo tenía como 11 años y mi abuelo pasaba de los 70, pero todavía estaba alto y fuerte. Aún así lo sacaba de la cantina batallando, pero lo llevaba a su casa. Donde mi abuela, así como mi mamá, ya lo estaban esperando para regañarlo.

3:06 Él siempre les decía que ya no me mandarán a buscarlo, porque por ese camino oscuro y solitario se aparecía el Charro Negro y un día nos iba a dar un buen susto a los 2. Obviamente nadie creía en eso. Después del regaño que le daban, juraba y perjuraba que iban a dejar de beber. Pero como decía mi abuela, más rápido cae un hablador que un cojo. Y para el otro día, allá, estaba metido en la misma cantina de nueva cuenta. Tenía que ir yo por él. Sucedió que una noche, cuando llegué a buscarlo, ya había bebido más de la cuenta.

3:52 Entonces iba a ser muy difícil para mí que me lo pudiera llevar. El cantinero, quien ya me conocía, me sugirió que ahí lo dejara, porque si se caía por el camino no iba a poder levantarlo. Lo pensé por un momento y tenía razón. Entonces le dije al abuelo que ya me iba, que al siguiente día volvería por él. Al escucharme se levantó y se aferró a que nos regresáramos juntos. No pude convencerlo de otra cosa. Salió de la cantina tambaleándose, apoyándose en las paredes y de cuanta cosa se encontraba el cantinero tenía razón, si se llegara a caer, iba a ser imposible para mí poderlo levantar. Entonces ahí se quedaría tirado porque a esas horas ya nadie pasaba por ese camino.

4:54 Esa fue la primera vez que caminé temeroso por ahí pudiera ser la preocupación de llevar a mi abuelo en ese estado inconveniente. O pudiera ser que en realidad estaba persistiendo algo para no hacer la historia tan larga. Era evidente que por su embriaguez iba a suceder a medio camino. Mi abuelo cayó golpeandose la cabeza. Por más intentos que hice fue imposible ponerlo de pie porque había perdido el sentido. Voltee para todos lados buscando ayuda. Pero todo era desolación. Así, poco a poco se fueron pasando los minutos. Me acuerdo que el frío se comenzó a sentir. Yo sabía que estábamos como a 10 minutos de la casa. Podía ir a pedir la ayuda de mi mamá o mi abuela para levantarlo, pero eso implicaba dejar a mi abuelo solo a merced de cualquier depredador y así inconsciente como estaba, no se podría defender.

6:07 Se pasaron como 2 horas cuando reaccionó. Ya estaba temblando de frío. En eso escuché a lo lejos el trote de un caballo. Por la oscuridad que había no lograba verlo, pero era seguro que se acercaba paso a paso. Intenté que mi abuelo entrara en conciencia porque se encontraba tirado a mitad del camino. Me acuerdo que hasta palmé su cara, pero por el golpe o los efectos del alcohol no podía hablar ni abrir los ojos. A lo lejos pude distinguir un enorme animal y montado sobre él a un hombre de sombrero, todo vestido de negro. Al paso de unos minutos ya los tenía. A unos cuantos metros de distancia se detuvo, nos miró por unos segundos.

7:03 Solamente me saludó agachando la cabeza con una voz extraña. Me pregunto si quería su ayuda, a lo que le contesté que sí. Pero más que para mí la quería para mi abuelo, porque no se podía levantar. Le tuve que decir que el abuelo andaba bien tomado, desmontó. Luego de un solo movimiento, levantó a mi abuelo y diciendo su nombre como si lo conociera, lo subió al caballo. Me dijo que yo caminara por delante para que le dijera dónde quedaba la casa. Para dejarlo lo más cerca posible.

7:47 Así caminé llevando detrás de mí aquel enorme caballo negro y arriba el jinete, además de mi abuelo. El charro me dijo que no importaba cuánto tiempo camináramos. No debía de voltear a verlo. Eso se escuchó extraño, pero las palabras del hombre sonaron como una advertencia, entonces mejor obedecí. Como a 5 minutos de andar se miraban los focos del rancho, apunté con la mano para decirle que allá era mi casa, pero en ese momento me di cuenta de una cosa, ya no se escuchaba el trotar del caballo. Confundido volteé hacia atrás.

8:31 Para mi sorpresa, yo venía hablando solo por ese camino, aunque el monte no estaba tan alto ni tan espeso, los busqué por todos lados. Pero no había nadie. Quise gritarle a mi abuelo, pero no me salió la voz. Por un momento no supe qué hacer. Lo único que se me ocurrió fue correr a casa de mi abuela para avisarle lo que había pasado. Por suerte también ahí estaba mi mamá. Me imagino que llegué blanco del susto porque antes de que hablara ellas me preguntaron que me había pasado. Tartamudeando, les dije que un hombre se había llevado a mi abuelo en su caballo sin perder tiempo. Salimos de prisa y tomamos el oscuro camino. Mientras avanzábamos, les iba contando a detalle todo lo sucedido.

9:28 Al llegar a medio camino encontramos al abuelo tirado exactamente ahí donde se había caído. Ya se encontraba consciente, pero extrañamente se miraba sobrio pero muy asustado. Tuvieron que calmarlo porque comenzó a decir muchas incoherencias. Nos dijo que un charro, quien montaba un caballo grande y negro, lo había llevado en ancas al infierno con horror en sus ojos. No describió el lugar. Nos dijo que primero era un sitio tan oscuro como él nunca había visto, pero después pasaron por en medio de tanta lumbre que su resplandor le cegaba.

10:16 Aún así logró ver cosas espantosas, pero en realidad no fue ver aquello lo que lo traumó. Lo que lo atormentaba eran los gritos que había, así como el rechinar de dientes. Además, el insoportable olor a putrefacción. Y a carne quemada. Mi abuela y mi mamá lo levantaron como ellas pudieron y comenzaron a caminar de regreso. Él decía una y otra vez que ya no volvería a tomar porque se lo había jurado al Charro Negro. Tanto mi abuela como mi mamá siempre aseguraron que todo fue producto de la borrachera de mi abuelo, pero.

10:57 Yo que miré de frente aquel caballo y su jinete, sé que todo en realidad pasó muchas gracias comunidad por contar mi historia Muy buenas noches, comunidad, Inframundo, mi nombre es Ramón. Siempre he vivido en el Estado de Guerrero desde que estaba en la secundaria. Me gustó el atletismo todas las mañanas, por lo menos de lunes a sábado.

11:42 Salía a correr muy temprano. Eso era algo más que una distracción para mí, aunque en mi pueblo nunca había competencias, en otros lugares cercanos sí, pero muy esporádicamente asistía para competir. Porque no me dejaban ir solo y mi papá a veces no me podía acompañar. Entonces me conformaba con correr solo por entre el monte. En una ocasión nos avisaron que harían unas eliminatorias ahí. Entre todos los alumnos de la escuela, los ganadores representarían al pueblo en una carrera que se llevaría a cabo en la capital del Estado.

12:30 Eso fue una novedad que en verdad me entusiasmó. Entonces decidí entrenar más duro para ganar. A partir del día siguiente salí a las 5:00 de la mañana a correr en la única pista que había cerca de mi casa, el monte. Agarraba una vereda y corría entre nopaleras y matorrales por más de 20 minutos. Me detenía un rato. Luego regresaba. No era mucho, pero sí lo suficiente porque la carrera serían sólo 3 km. La tercera vez que lo hice estaba muy nublado, por eso el monte se encontraba más oscuro que de costumbre.

13:15 Al tomar la vereda de siempre fue como meterme a una boca de lobo. Poco a poco fui mirando como se iba tragando la oscuridad, pero no me detuve. No sabía que era, pero tenía una incomodidad, algo que me hacía voltear constantemente hacia atrás porque yo sentía que algo o alguien venían corriendo detrás de mí por lo mismo. Apure el paso lo más que pude, pero aquella sensación no desaparecía. No puedo decir que tenía miedo porque no era así, pero sí comencé a ponerme algo nervioso.

13:58 Y ni siquiera sabía el porqué. De pronto se miró un relámpago. Eso me permitió ver con claridad. Metros adelante me quise detener porque se me figuró haber visto un hombre montado a caballo. Estaba a orillas de la vereda por donde yo iba a pasar corriendo. Después de la luz del relámpago, todo volvió a quedar en penumbras, tan fácil que era detenerme y regresar. Así evitaría cualquier cosa, pero estaba aferrado a ganar esas competencias y sólo lo podría hacer teniendo buena condición física. Además, ni siquiera estaba seguro de lo que había visto. Entonces seguí corriendo sin parar. Segundos después escuché el sonido del caballo muy cerca de mi oído.

14:51 Me asusté tanto que me acuerdo que manoté. Además, estuve a punto de caer. Volteé, pero estaba tan marcada la oscuridad que no logré ver nada. En eso apareció otro relámpago que me ayudó a comprobar que ahí no había nadie, pero estaba bien seguro de que había escuchado a ese caballo. Llegué un poco agitado hasta donde me tenía que detener. Aproveché para tratar de escuchar o ver algo, pero. Todo se encontraba en un inquietante silencio. Mientras tanto, los relámpagos eran cada vez más seguidos. Eso me decía que pronto caería la lluvia. Entonces comencé a correr de regreso. No podía irme por entre en monte, a pesar de que sabía que al ir por la vereda tendría que pasar por fuerza. ¿Por dónde había escuchado el caballo? Pero tenía que hacerlo.

15:58 No había otra opción, aunque trataba de hacerme el valiente, avanzaba con cautela mientras corría. Comencé a escuchar algunos relinchidos a unos cuantos metros de mí. El sonido era bastante claro, no estaba seguro, pero al parecer ese animal avanzaba a la par. Me esforzaba en ir más rápido. Por más que corría, no me lo podía despegar. Me acuerdo que me comencé a cansar porque no estaba acostumbrado a correr tan rápido. Corrí cuanto pude hasta que me detuve. Era necesario que agarrar aire estaba haciendo algunas respiraciones.

16:45 Cuando escuché de pronto el relinchido detrás de mí, me quedé como congelado. No podía moverme. Sentía como si tuviera los pies enterrados en la Tierra. Al voltear me topé con un caballo negro y sobre él un hombre todo vestido de negro en serio, que parecía una sombra, incluso se confundía con la oscuridad, tanto que en ocasiones se desaparecía de mi vista. Lo peor fue cuando pude notar que a los 2 les brillaban los ojos como a los gatos. Pero además, sus cuerpos siniestramente parecían solo huesos, quizás por el miedo.

17:31 Pero saqué fuerzas nuevamente y corrí rápido, pero lo hice por entre el monte para no pasar junto a ese horrible caballo. Mientras corría, esquivaba arbustos y cactus. Trataba de poner atención para no perderme. Escuchaba unas fuertes risotadas que soltaba ese hombre. Además de los relinchidos de aquel enorme caballo, a causa de todos los escalofríos que estaba sintiendo, me sentía atuchido. Entonces me parecía que corría en cámara lenta todo el tramo que me faltaba para llegar al pueblo.

18:12 Me sentí perseguido por ese hombre, aunque escuchaba muy fuerte el galopar de su caballo. Nunca me alcanzó. Fue una bendición cuando llegué a mi casa. Al revisarme me encontraba muy rasguñado por todas las ramas espinosas que había, pero lo importante era que estaba a salvo. Entonces respiré aliviado. A todos los que les he contado esta historia me dicen que a quien me encontré esa mañana por entre el monte oscuro seguramente era el charro negro. Pero eso sí, nadie sabe ni yo, porque nunca me alcanzó. Otros aseguran que tuve mucha suerte porque de haber hablado con el charro o tocado, aquel caballo me hubiera condenado y a la hora de mi muerte seguramente me iría directito al candente infierno para toda la eternidad.

19:11 Obviamente, nunca más volví a meterme al monte a esas horas de la mañana. De hecho, tardé mucho tiempo para meterme aún siendo de día. No lo hacía solo por lo que me había pasado. Mi miedo era porque por las Madrugadas podía escuchar el galopeo en los relinchidos de aquel negro caballo. Además de eso, escuchaba unas carcajadas que cada vez se acercaban más a mi casa. Siempre tuve miedo que un día entrara por mí. Tuvieron que llevarme a que me curaran de espanto. Sólo así pude seguir adelante con mi vida.

19:55 Sobre la carrera lo único que puedo decir es que como no me preparé, no participé en las eliminatorias, pero tiempo después lo retomé y hasta hoy, a mis 65 años lo sigo haciendo. Solo corro 3 km. No supe por qué, pero nunca pude correr más. El visitante, Antes de comenzar con este relato, aclaro que no lo hago con intención de convencer a nadie de nada.

20:46 No solo me tocó vivirlo a mí. Éramos cuatro amigos los que acampábamos entre el Monte aquella noche. Cuando nos pasó esto. Muy buenas noches, comunidad. Estábamos sentados frente a una fogata, nos encontrábamos tomando unos tragos de mezcal. Los cuatro ya éramos mayores de edad. ¿Serían tal vez como las 3:00 de la mañana cuando se escucharon los cascos de un caballo? Obviamente no era una cosa, por demás extraña, porque estábamos rodeados de ranchos y ver caballos todavía en ese tiempo era de lo más común. Lo extraño era que no había ningún caballo por ninguna parte.

21:33 Nos miramos a los ojos y guardamos absoluto silencio para estar seguros de lo que se escuchaba. Pero lo único que había en el ambiente era el sonido del correr del viento y los aleteos o silvidos de algunas aves nocturnas. Seguimos platicando, pero al paso de unos cuantos minutos. Se volvió a escuchar cómo se acercaba ese animal, estábamos confundidos porque se escuchaba de un lado, luego de otro. Era una pisada fuerte. Así estuvimos por espacio de 5 minutos hasta que alguien lo vio salir del espeso y oscuro monte. No podría decir qué raza de animal sería. Pero sí que era un caballo bastante alto y musculoso, como no había por los alrededores.

22:29 Además, era tan negro que brillaba el jinete. También se podía apreciar que era un hombre bastante alto, tal vez de algunos 1.90 de estatura. Se detuvo como a 3 m de nosotros, con voz amable nos dio las buenas noches. No teníamos porqué tenerle miedo. Le devolvimos el saludo y enseñándole la botella le ofrecimos un trago que con gusto aceptó. Desmontó aquel precioso animal y se arrimó a la fogata. Era notable su manera de vestir. No era un vaquero cualquiera, era un charro, agarró una rama encendida y con ella prendió un cigarro de hoja. Luego se sentó.

23:19 Le dio un trago al mezcal y se quetó en silencio, como esperando que le preguntáramos algo para entrar en confianza. Uno de mis amigos le pregunto si era de por esos lugares, a lo que el charro contestó que no, que su Tierra, si es que se pudiera llamar así, estaba mucho más lejos de lo que cualquiera pudiera imaginar. Nos dio a entender que allá era un lugar tan caliente como ningún otro. Sonrió de manera extraña al decirnos que eso no era problema porque todo el que llegaba terminaba por acostumbrarse. Le hicimos algunas preguntas sobre aquel extraño caballo, pero sólo nos contestaba lo más esencial, después de platicar un rato se nos terminó la botella. Entonces aquel hombre nos dijo que se tenía que retirar porque ya faltaba poco tiempo para amanecer y ni a él ni a su caballo les gustaba la luz del sol se arrimó a su caballo y de una alforja sacó unas monedas.

24:29 Nos dio 2 en la mano. A cada quien le dijimos que no había necesidad, pero sin tomar en cuenta nuestras palabras, montó su caballo y se perdió entre el monte. Al revisar lo que nos había dado, nos dimos cuenta que eran monedas de oro. Todavía no salíamos de nuestro asombro cuando uno de mis amigos aseguró que ese hombre era el mismísimo Charro Negro. Y si nos quedábamos con ese dinero, seguramente nos íbamos a condenar. Ya éramos grandes, pero habíamos crecido escuchando muchas historias sobre ese charro. Lo más terrorífico eran las que aseguraban que ese hombre era en realidad un demonio buscando almas para llevarse al infierno. Creyendo eso decidimos soltar las monedas y marcharnos de ahí. Cuando lo hicimos, nos dimos cuenta que de nuevo apareció ese hombre montando su caballo.

25:33 Esta vez no se nos acercó. Solamente nos observaba desde una distancia prudente. Su rostro ahora no parecía el de una persona amable, al contrario, desde donde estábamos lo podíamos escuchar resoplar de disgusto. Hablamos entre dientes para que no nos escuchara. Estuvimos de acuerdo en no movernos de donde estábamos. El caballo estaba exactamente por el rumbo de la salida del monte. Si corriéramos hacia otra parte, seguramente nos perderíamos de vez en cuando el caballo caminaba de un lado a otro y en ocasiones relinchaba.

26:18 Lo único que se nos ocurrió hacer fue agarrar las monedas otra vez. Entonces el caballo se detuvo. Luego retrocedió poco a poco de nuevo al monte. Era evidente que este charro quería que agarráramos las monedas a fuerza y nos quedáramos con ellas, pero nosotros sabíamos que si lo hacíamos era condenarnos. Entonces no sabíamos qué hacer. Se nos ocurrió que podíamos esperar a que amaneciera y después que desapareciera. Correr a nuestras casas se escuchaba bien. De hecho lo intentamos, pero sucedió una cosa muy extraña.

27:01 Fue como si el tiempo se hubiera detenido de manera desesperada. Pasaban y pasaban los minutos y no salía el sol. Desistimos de hacerlo porque eso no iba a funcionar. Otra cosa que se nos ocurrió intentar fue que sólo uno de nosotros se quedará con las monedas y los otros 3 fueran por ayuda. Pero tampoco funcionó porque el caballo no dejó pasar a nadie. A cada momento que pasaba, tanto el charro como el caballo se volvían más violentos. Mientras el hombre nos miraba con un odio desmedido, el caballo se paraba en sus patas traseras y tiraba patadas.

27:44 Era evidente que le molestaba lo que estábamos intentando. A alguien se le ocurrió que nos deshicieramos de las monedas. Eso era lo último que nos faltaba por hacer. Entonces, sin pensarlo, las arrojamos a la Lumbre. Ahora sí, el caballo se volvió loco, reparaba y relinchaba de una manera espantosa. Varias veces hizo el intento de querer echarsenos encima. De pronto comenzó a dar vueltas y vueltas hasta levantar una nube de polvo. Cuando esta se disipó, el caballo y el charro habían desaparecido. Pero aquel sonido siniestro de sus relinchidos seguía escuchándose por todo el monte.

28:33 Nada más apareciendo los primeros rayos del sol, salimos despavoridos de ese lugar, jurando que jamás volveríamos a acampar en aquel monte. Las siguientes noches fueron de espanto, porque cualquier ruido que escuchara me hacía temblar. Esa noche. Nunca se nos olvida. Lo aseguro así porque las veces que me reuní con mis 3 amigos durante varios años era hablar todo el tiempo. De eso ya pasaron muchos años y aunque la historia del Charro Negro en la actualidad son sólo simples leyendas, todavía queda mucha gente de antaño que asegura haber tenido un encuentro con ese demonio, así como lo tuvimos nosotros.

29:30 Infraescuchas hemos llegado al final de estos relatos historias cómo estas nos recuerdan que en los caminos solitarios de México no todo lo que aparece en la noche pertenece a este mundo. ¿Ahora la pregunta es para usted usted qué haría si al andar en estos montes? Una figura vestida de negro se acerca lentamente a usted. Este montado sobre su caballo totalmente negro. Piénselo con calma. No todos tendrían el valor de mantener la mirada al frente.

30:12 Si desea compartir su experiencia, la leeré con atención. Su relato podría formar parte de un próximo episodio. Gracias por acompañarme en esta oscuridad. Le invito a suscribirse, dejar su comentario y compartir este contenido con quien aprecie las historias profundas y perturbadoras. Mi nombre es Alejandro y nos encontramos en la próxima noche si la sombra del camino así lo permite.