3 Historias de Terror en el SISMO de 1985
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0:04 Septiembre, pero de hace 39 años, de aquel inolvidable 1985 y después el sismo del 2017, todavía hay historias que no se han contado, experiencias que permanecen ocultas en la memoria de los sobrevivientes temerosos. De no ser comprendidos o de revivir el dolor. Pero para quienes escuchan estos relatos ofrecen un recordatorio de que incluso en la tragedia hay algo más allá de lo que podemos ver o tocar, algo que nos conecta con aquellos que ya no están, pero que de alguna manera nunca se fueron del todo. Muy buenas noches a toda la Comunidad, fui enfermera por muchos años, hoy la edad ya está haciendo estragos en mi cuerpo. Lo que les contaré sucedió en el año de 1985, un año que jamás olvidaremos los mexicanos.
1:34 Esta experiencia no se la he contado a nadie, pues escuché algunas otras como la mía. Tiempo después yo trabajé toda la noche del 17/09/1985 en el Hospital Juárez de la Ciudad de México y había terminado mi turno nocturno. Así, apenas unas horas, el sol apenas se acomodaba cuando llegue a casa. Así que me acosté sin sospechar que mi vida cambiaría para siempre en cuestión de unos días. Recuerdo ese día 18 que me despedí de mis colegas. Los enfermos que se encontraban hospitalizados en el área donde yo trabajaba.
2:26 Sentía una extraña sensación esa mañana. En los años que ya tenía trabajando en el hospital cuando me retiraba de ahí nunca miraba atrás. Pero esa mañana, por algún motivo, volteé a ver el edificio esa vez fue La Última Vez que lo vi porque en unas horas se vino abajo. Esa noche del 19 de septiembre lo trabajaría. Me sentía un poco cansada. Y me retiré a descansar un poco, pero apenas me estaba quedando dormida. Cuando me desperté con un sobresalto al sentir el movimiento en un primer momento pensé que estaba soñando. Pero el ruido del vidrio quebrándose y los gritos desesperados en la calle me trajeron de vuelta a la realidad.
3:24 Era un temblor. Uno de los peores que jamás haya experimentado. La casa temblaba con una violencia que me hizo pensar que las paredes se vendrían abajo en cualquier momento. Me aferré a la almohada pidiéndole a Dios que el movimiento cesara. Pasaron unos segundos que se sintieron como una eternidad. Antes de que finalmente se detuviera, había temblado. Sentía que no podía quedarme en casa.
4:06 Lo primero que se me vino a la mente fue el hospital. Mi primera preocupación fue por mis compañeros, por los pacientes. No dude ni 1. Segundo, me cambié rápidamente y salí corriendo hacia el Hospital Juárez. Cuando llegué a este el panorama era desolador. Lo que alguna vez fue un edificio imponente se había reducido al montón de escombros. No podía creer lo que veía el hospital, el lugar donde había trabajado durante años, donde había hecho amigos y donde había visto tantas vidas. Comenzar y terminar ahora era irreconocible. Había gente corriendo gritos de dolor y desesperación por todas partes.
5:03 Me uní rápidamente a un grupo de voluntarios que estaban tratando de ayudar a los atrapados bajo los escombros mientras intentaba remover piedras y metales retorcidos. No dejaba de pensar en mis compañeros. Había quienes trabajaban durante toda la noche y quienes estaban en el turno de esa mañana. Conocía sus rostros, sus nombres y la idea de que pudieran estar atrapados o heridos. Me llenaba de un horror inexplicable.
5:43 Entonces, en medio del caos, las p eran algunas de mis compañeras. Las enfermeras con las que había compartido tantas guardias parecían extrañamente tranquilas mientras se alejaban del edificio derrumbado. Lo que me llamó la atención de inmediato fue que sus uniformes estaban impecables, como si no hubieran estado en medio de un desastre. No tenían polvo, ni sangre, ni signo de haber salido de entre los escombros. Sentí un escalofrío, verlas alejarse y perderse entre las personas que estaban a nuestro alrededor, en vez de acercarse a ayudarnos. Aún así, suspiré y me sentí aliviada por un breve momento, pensando que tal vez habían logrado salir antes de que el edificio colapsara, pero algo en la forma en que caminaban casi flotando me inquietó.
6:47 Fue cuando miré a 2 más de ellas y dejé de hacer mi labor y caminé gritando sus nombres. Mis gritos se ahogaron en el clamor del lugar, pero ellas no parecieron escucharme. Empecé a correr hacia ellas, tratando de alcanzarlas entre la multitud, pero cuando más corría, más lejos parecían estar. Había algo extraño en todo lo que estaba a nuestro alrededor, pues la gente parecía ignorarlas, como si no estuvieran allí. Sentí una punzada de miedo en mi pecho y sentí deseos de llorar en ese momento. De repente, tropecé con un pedazo de concreto y caí al suelo.
7:39 Me levanté rápidamente buscando con la mirada a mis compañeras, pero ya no estaban. Desaparecieron entre la muchedumbre como si nunca hubieran estado allí. Me quedé perpleja con una sensación de vacío en el estómago. Intenté calmarme y concentrarme en ayudar en el rescate, pues había muchas vidas que salvar. Personas que necesitaban ayuda urgentemente. Pasé las siguientes horas ayudando como pude. Removiendo escombros y tratando de consolar a los heridos.
8:19 Pero no podía dejar de pensar en lo que había visto. Fue más tarde, mientras descansaban por un momento que escuché a algunos colegas hablando sobre los que no habían sobrevivido. Mi corazón se detuvo cuando mencionaron los nombres de aquellas compañeras que hacía unas horas había visto. Ellas habían estado trabajando esa noche y fueron encontradas sin vida bajo los escombros. No podía creer lo que escuchaba, pues hacía poco. Yo las había visto caminando sin un rasguño y sus uniformes limpios. Mi mente se negaba a aceptar la realidad. Empecé a sentirme mareada, como si todo mi alrededor se estuviera desmoronando.
9:14 Ya era tarde cuando me retiré del lugar todo el camino de regreso a casa. Me fui llorando, lamentando haber perdido a tantos buenos compañeros desde hacía años. Pasaron los días y los cuerpos de mis compañeros fueron rescatados y llevados Asus lugares de eterno descanso. Las historias de apariciones comenzaron a surgir entre el personal del hospital y los rescatistas. Algunos dijeron que habían visto a médicos y enfermeras caminando por los alrededores de lo que fue el hospital por sitios destruidos, como si aún estuvieran atendiendo Asus pacientes. Al principio deseché estas historias como simples rumores. El producto del estrés y el dolor. Pero yo no sabía lo que había visto. Sabía que no era una alucinación, que no me lo había imaginado.
10:22 Había visto a mis compañeras o al menos algo que parecía ser ellas. Y no fui la única. Otros también habían reportado haber visto figuras entre las ruinas. Figuras que desaparecían tan rápidamente como aparecían, por desgracia cuando se terminó la labor de rescate, dando paso a la demolición de los restos, esto hizo que resurgieran cadáveres que fueron recuperados, pero muchos otros se fueron con los escombros. El Hospital Juárez de México. Se reconstruyó después del sismo del 19/09/1985. En su lugar se reconstruyó un nuevo edificio, pero las historias y apariciones no cesaron. Muchos dicen que en las noches más silenciosas. Aún se pueden escuchar los ecos de los gritos y el ajetreo de aquella trágica mañana y algunos incluso afirman haber visto sombras moviéndose en los alrededores. Para mí esas sombras no son otra cosa que el eco del dolor y la tragedia que se vivió aquel día.
11:49 Me tomó mucho tiempo aceptar lo que vi y lo que sucedió. Nunca podré olvidar el rostro de mis compañeras, su serenidad en medio del caos. Ahora sé que de alguna manera sus espíritus estaban allí diciendo adiós de la única manera que podían. No puedo explicar lo que sucedió. No tengo las respuestas. Pero lo que sé es que el Hospital Juárez siempre será un lugar marcado por la tragedia. Los que estuvieron allí nunca podremos olvidar y aquellos que perdieron sus vidas estarán siempre presentes cuidando en el silencio, recordándonos el valor y la dedicación de aquellos que dan su vida por salvarla de otros. A veces en mis sueños vuelvo a verlas. Caminando lentamente entre los recuerdos, recorriendo aquellos del hospital en septiembre de 1985. Mi abuelo trabajaba como
13:19 empleado en un estadio de béisbol en la Ciudad de México. El estadio era su segundo hogar, un lugar de júbilo y emoción donde la gente venía a disfrutar de los partidos. Pero en aquel mes todo cambió de forma en que nunca hubiéramos imaginado lo que les contaré. Mi abuelo nos lo narró con lágrimas en sus ojos. Habían momentos en que se quedaba callado, pues un nudo en su garganta se lo impedía. Se las contaré como si mi abuelito se las estuviera compartiendo él mismo. El 19/09/1985, un terremoto devastador sacudió la ciudad. Estaba en el estadio haciendo tareas de mantenimiento cuando ocurrió.
14:15 Al principio no comprendí la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Sentí el temblor bajo mis pies y mi primer instinto fue buscar refugio. Me escondí bajo una estructura de concreto, esperando que la sacudida terminara. Cuando finalmente cesó. Salí al campo y miré a mi alrededor el estadio, aunque ha afectado. Se mantenía en pie, pero al ver la columna de humo y polvo que se alzaba sobre la ciudad, supe que algo terrible había ocurrido muy pronto.
14:56 Me daría cuenta de la horrible situación en la que estábamos viviendo esos días y noches. Los días siguientes fueron un torbellino de caos y desesperación entre los habitantes de la ciudad. El terremoto había dejado una estela de destrucción y la ciudad estaba en ruinas. El estadio, que antes albergaba a las personas celebrando victorias y lamentando derrotas, se convirtió en un lugar muy diferente. Fue designado como morgue temporal. Recuerdo cómo llegaban los cuerpos uno tras otro, sin cesar.
15:38 Cientos, quizás miles. Alineados en hileras interminables en el campo, donde alguna vez se habían jugado partidos memorables. En un inicio llegaron de a poco, pero después no había sitio sobre el pasto verde para poner los cuerpos. El olor fue lo primero que me golpeó. Al principio era sólo un leve olor a muerte, pero con el tiempo se hizo más intenso. Impregnando cada rincón del estadio, se mezclaba con el polvo de concreto derrumbado y la humedad del pasto regado preparado para lo que estaba por traer.
16:25 Era un olor que no se parecía nada a que hubiera experimentado antes, una mezcla de descomposición y tristeza de desesperanza. Y finalización de la vida de aquellos que no tuvieron la suerte de haber sobrevivido. Al momento de que el edificio donde se encontraban se desplomó, los familiares de los fallecidos venían en masa con la esperanza de encontrar Asus seres queridos entre los cuerpos. Las filas se extendían alrededor del estadio. Serpenteando por las calles cercanas, era una visión desoladora ver a tanta persona esperando en silencio, con el rostro marcado por el dolor y la incertidumbre. Cada cuerpo que llegaba traía consigo una nueva ola de lágrimas y gritos de angustia.
17:26 Los lamentos de aquellos que reconocían Asus seres queridos eran desgarradores. Y se me clavaban en el alma como cuchillos afilados por varias noches. Después de que todo terminó, aún podía oírlas, quizás hasta años tarde, para que esas voces, esos lamentos, desaparecieran por completo. Trabajaba principalmente en las noches vigilando el lugar y asegurándome de que los cuerpos fueran acomodados correctamente. Pero las noches en el estadio comenzaron a volverse más intranquilas.
18:08 Lo primero que noté fue el frío, un frío extraño que no era normal para esa época del año. Era como si el estadio estuviera envuelto en una niebla helada que calaba hasta los huesos. No importaba cuántas capas de ropa me pusiera. El frío se metía en mi piel. Haciéndome temblar de miedo, una noche, mientras hacía mi ronda habitual, escuché algo que me detuvo en seco. Al principio pensé que eran los familiares, algunos de los cuales se quedaban hasta altas horas de la noche esperando cualquier noticia sobre sus seres queridos. Pero este sonido era diferente.
18:56 Era un aumento. Un sollozo suave. Pero claro, como el llanto de un niño pérdido, me quedé inmóvil, tratando de escuchar con más atención. El llanto se transformó en un murmullo, un susurro que recorría las gradas vacías y resonaba en las paredes del estadio. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda impulsado por algo. Seguí el sonido. Mi linterna temblaba en la mano. Me llevó hasta las hileras de cuerpos esperando encontrar a alguien que necesitara ayuda.
19:39 Pero no había nadie. Los lamentos continuaron volviéndose en gritos ahogados, como si las almas de los muertos estuviesen llorando buscando consuelo en la fría noche. Cada vez que llegaba un cuerpo nuevo, los lamentos se intensificaban, como si las almas en pena estuvieran dando la bienvenida a un nuevo compañero en su tristeza interminable. Pasaron los días y las noches se volvieron más oscuras, más pesadas. Comencé a temer la llegada de la noche porque cada anochecer.
20:24 Traía consigo más sonidos, más lamentos, más susurros que parecían salir de los rincones más profundos del estadio. Algunos compañeros de trabajo también comenzaron a escucharlos. Hablaban de sombras que se movían entre los cuerpos de figuras que parecían flotar en las gradas vacías. Al principio trate de ignorar estas historias. Pensando que eran producto de la fatiga de la muerte en la que estábamos rodeados. Todo era angustioso. Una noche, mientras estaba en el campo, vi algo que nunca podré olvidar.
21:12 Estaba parado junto a una fila de cuerpos. Cuando noté una figura de pie al otro lado del campo. No había luz allí. Pero podía verla claramente, una sombra oscura que se movió lentamente entre los ataúdes. Sentir mi corazón latir con fuerza y el miedo se apoderó de mí. La figura se detuvo y pareció mirarme. Podía sentir sus ojos aunque no los veía. Era como si una oscuridad infinita me estuviera observando juzgándome.
21:53 Retrocedí lentamente, sin dejar de mirar a la figura. Luego, tan repentinamente como había aparecido, desapareció. No corrí, no grite. Estaba demasiado aterrorizado para hacer algo más que quedarme allí temblando. Pasaron unos minutos antes de que pudiera moverme de nuevo. Me fui del campo y regresé a mi puesto, tratando de convencerme de que sólo había sido una ilusión, pero en el fondo de mi mente sabía que no era así. Uno de mis compañeros también la vio. Me dijo que eso era la muerte.
22:39 Pues todo eso aún no había terminado. Y eso era verdad, pues muchos cuerpos se quedaron ahí. No los identificaron, no lo reclamaron y fueron llevados a la fosa común de un cementerio de esta ciudad. Por muchos años sentí el olor a muerte en mis fosas nasales, pues durante el temblor de 1985 que funcionó como mor, que durante varias semanas en las que albergó a miles de cuerpos de las víctimas del desastre. Y hay quienes aseguran que hoy en nuestros días hay manifestaciones en el parque deportivo del seguro social que fue una morgue después del sismo del 85. Mi nombre es celeste, tengo 22 años y quiero compartirles algo que hasta hoy en estos días sigue sucediendo. Cuando mis padres decidieron que nos mudaríamos a Guanajuato supe que iba a ser un cambio grande,
24:10 pero también emocionalmente, esto por el trabajo de mi padre. Pero mi Abuelita Catalina no compartía nuestro entusiasmo. A pesar de la insistencia de mis padres, ella se negó rotundamente a mudarse con nosotros. Decía que su hogar estaba en la ciudad, en ese pequeño departamento donde había pasado gran parte de su vida y que no pensaba abandonar. Cada vez que la visitábamos, tratábamos de convencerla de que viniera con nosotros, especialmente por su edad avanzada. Pero siempre respondía firme y con una sonrisa dulce que estaba bien y que no necesitaba irse a otro sitio.
25:00 Mi abuelita era una mujer obstinada y a pesar de sus años, se mantenía activa y completamente independiente. Mi abuela ya no estaba tan joven y aunque decía que estaba bien, sabíamos que la soledad podía ser dura. Especialmente en una ciudad tan grande y caótica como la Ciudad de México. Sin embargo, ella siempre aseguraba que no estaba sola, que tenía amigos y vecinos que la visitaban con frecuencia. Además, estaba esa pequeña iglesia a la vuelta de su casa, a la que acudía todos los días para rezar y encontrar un poco de paz.
25:45 Fue un fin de semana de septiembre cuando fuimos a hacerle una visita sorpresa. Aprovechamos para pasar un par de días con ella y una vez más le rogamos que se mudara con nosotros. Recuerdo claramente ese momento. Estábamos sentados en su pequeño comedor, con la luz del atardecer entrando por la ventana. Nuevamente mi padre rogándole que reconsiderara su decisión, pero ella dio la misma respuesta de siempre, regresamos a Guanajuato con el corazón apesadumbrado, pero respetando su decisión. Debo decirles que yo en el fondo sentía que esa sería La Última Vez que la veríamos con vida días después. Un terremoto devastador sacudió la Ciudad de México. Recuerdo el momento exacto en que lo supe, estaba en la escuela.
26:49 Cuando comenzaron a llegar las noticias, mi corazón se detuvo por 1 segundo y mi primer pensamiento fue para mi abuela. Mi madre trató de llamarla, pero no hubo respuesta. Los minutos se convirtieron en horas y la ansiedad se transformó en miedo puro. Finalmente llegó la mala noticia de que el edificio donde vivía la abuela se desplomó. Mi padre salió de Guanajuato rumbo a la Ciudad de México, esperando contra toda esperanza encontrarla con vida, pero cuando llegó sólo encontró ruinas y caos.
27:33 Los equipos de rescate trabajaban incansablemente, pero él sabía que ya era demasiado tarde. El cuerpo de mi abuela fue encontrado entre los escombros días después. Una mezcla de tristeza, rabia y culpa consumí a mi padre por no haberse llevado con nosotros a la Abuelita Catalina. Mi padre lloró durante días, sintiéndose culpable por su muerte. Mi padre hizo el trámite necesario para llevar a mi abuelita a Guanajuato. Cuando por fin llegaron, el estaba irreconocible por el dolor y la tristeza que lo embargaba. No nos permitieron verla, pues su cuerpo quedó muy maltratado por los escombros.
28:24 Se organizó su funeral y con todo el dolor del mundo la despedimos. Pero aunque intenté seguir adelante, algo dentro de mí se rompió. Nuestra abuelita cata se había ido y no habíamos podido hacer nada para salvarla. Poco después de su muerte, cosas extrañas comenzaron a suceder en nuestra casa. Al principio eran pequeños detalles, una puerta que se cerraba sola. El sonido de suaves pasos en el pasillo en medio de la noche, como si alguien estuviera caminando con cautela. Mis padres y hermanos también los escuchaban, pero tratamos de ignorarlos pensando que era producto de nuestra imaginación. Efectos del estrés y el dolor.
29:19 Pero con el tiempo las manifestaciones se hicieron más evidentes. Una noche. Mientras estábamos cenando, escuchamos claramente el sonido de alguien llorando. Era un llante suave, apenas audible, pero lleno de tristeza. Miré a mis padres y sus rostros pálidos me daban a entender que también lo habían escuchado. A partir de ese momento, los llantos se volvieron más frecuentes. Desde gemidos y sollozos provenientes de las habitaciones vacías, escuchábamos la voz de la abuela llamando a mi padre. Una vez mientras dormía.
30:05 Sentí algo o alguien en mi habitación. Cuando abrí los ojos y vi una figura borrosa al pie de mi cama, era mi abuelita, pero antes de que pudiera enfocar bien mis ojos, desapareció. Supe en ese momento que era la Abuelita Catalina, no sólo yo la olía o veía en la casa. Cabe aclarar que las cenizas de la abuela se encuentran hoy en día en casa. Ya se le ha dicho a mi padre que le llevemos a una iglesia para que ahí la depositen y que ella descanse en paz. La verdad es que mi padre siente una gran culpa por la muerte de su madre.
30:51 Pero eso es algo que hasta la fecha no hemos logrado. Que lo haga. Mi madre dice que es porque mi padre se siente culpable de su muerte, pues para él ella no debió morir en aquel sismo que debió haberla obligado aquel último día a venir con nosotros diciéndole tal vez que sería sólo por unos días y eso la pudiera haber salvado. Pero eso es algo más. Pues mi padre ha intentado de hacer contacto con ella, ya saben, con esas personas que se dedican a hacer espiritismo. Eso no ha dejado descansar a la abuela. Mi padre vive atormentado, pues las veces que nos ha obligado a acompañarlo a esas sesiones siempre le dicen lo mismo. Su madre murió de una manera horrible. Estaba viva cuando iniciaron los rescates. Pero el edificio colapsó y terminó de una manera horrible. Eso para mí es como ponerle una espina en el corazón a mi padre. Él no tuvo la culpa de lo que ocurrió, pues la muerte tarde o temprano nos alcanza.
32:10 Yo creo que la abuela Catalina ya sabía que se iría pronto, pues hay personas que presienten su muerte y ella siempre lo presintió. Pues su familia falleció en el sismo de 1985 y ella fue la única que sobrevivió, pero en ese último, el destino de una u otra forma la alcanzo. Muchas gracias por escucharme.
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