Dec. 10, 2025

3 Historias de Terror en el Cementerio Humaya – Relatos Reales de Sinaloa

3 Historias de Terror en el Cementerio Humaya – Relatos Reales de Sinaloa
3 Historias de Terror en el Cementerio Humaya – Relatos Reales de Sinaloa
Inframundo Relatos De Terror
3 Historias de Terror en el Cementerio Humaya – Relatos Reales de Sinaloa

Los saluda su amigo Inframundo.

Hoy te traigo tres relatos inspirados en uno de los panteones más conocidos de Sinaloa: el Cementerio Humaya.
Entre tumbas antiguas, pasillos silenciosos y mausoleos que parecen observarte, han ocurrido sucesos que pocos se atreven a contar.

Si estás escuchando mientras trabajas, viajas o intentas descansar, ajusta tus audífonos…
Porque estas historias vienen de un lugar donde la noche nunca está completamente en silencio.

🕯️ Inframundo Relatos – Terror real contado con voz humana.

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0:00 No olvides seguirnos y dejarnos 5 estrellitas para más contenido. ¿Qué tal querido espectador? Espero que te encuentres muy bien. En esta ocasión te voy a contar 3 aterradoras historias ocurridas en jardines del Maya, un cementerio o mejor dicho, el cementerio más lujoso del mundo, ubicado en Culiacan, Sinaloa. Historias aterradoras y extrañas ocurren en este lugar. Quédate para experimentar el verdadero trabajo. No olvides suscribirte si eres nuevo, si más por el momento, aquí comenzamos. Muy buenas noches a todos.

1:04 Mi nombre no importa, pero pueden llamarme. Osmar, trabajé hace ya varios años como velador en el cementerio de jardines del Humaya. Tuve varias experiencias que pocos creerían si no las vivieran por sí mismos. Las noches ahí son largas, frías y cargadas de una soledad que aunque al principio me resultaba reconfortante. Con el tiempo se fue volviendo espantoso. Trabajar rodeado de tumbas y mausoleos majestuosos puede parecer intimidante para algunos, pero yo me acostumbré a ese ambiente, o al menos eso pensé hasta que comencé a notar lo que sucedía a medida que se acercaba el Día de Muertos. Aparte que aquí la mayoría son mausoleos de personas dedicadas al crimen organizado.

1:56 Hay que temerles más a los vivos que a los muertos. Las noches antes del 2 de noviembre siempre son diferentes. El aire trae vientos de cambios y el silencio que normalmente rodea el panteón es interrumpido por pequeños ruidos que provienen de las tumbas, sonidos que uno no quiere escuchar en un lugar como ese. Pero lo que más me impactaba, lo que se grabó en mi memoria para siempre. Eran las luces. A partir de la medianoche comenzaban a aparecer pequeñas luces blancas por todo el cementerio. Al principio las veía como destellos lejanos, puntos que flotaban entre los mausoleos, pero luego empezaban a multiplicarse, moviéndose de un lado a otro como si tuvieran vida propia. No eran luciérnagas ni reflejos de la ciudad lejana. Estas luces tenían una naturaleza diferente, algo que no podía explicarse fácilmente con el tiempo. Comencé a entender lo que eran las almas de los difuntos que volvían a este mundo, tal vez para prepararse para la llegada de sus familiares, para esperar las flores, las velas y las ofrendas que les traerían en su día. Aquellas luces no eran agresivas. Sólo parecían recorrer el cementerio deambulando en. Sin embargo, no todas las

3:31 presencias que llegaban eran tan tranquilas. Había otros sonidos que me ponían los pelos de punta a lo lejos. En algunos de los mausoleos más grandes comencé a escuchar llantos. Al principio eran muy quedito, casi imperceptibles, como si el viento los trajera, pero. A medida que me acercaba, se volvían más fuertes, desgarradores. Esos llantos eran diferentes a los balbuceos que a veces se escuchan en las noches solitarias. Eran gritos de sufrimiento de almas que por alguna razón no habían encontrado descanso. En su mayoría eran de hombres.

4:15 Quizás no eran las almas de los difuntos que esperaban pacientemente Asus familiares. Estas eran diferentes, llenas de odio, como si buscaran venganza. Se podía sentir que estas no fueron buenas personas en vida, pero uno de mis compañeros comentó que muchos hacían ofrendas cuando estaban vivos. Quizás esas almas negras que se veían venían en la búsqueda de esos que los invocaron. Era tan negativo todo a su alrededor que me hacía retroceder cada vez que. Estas andaban cerca de donde yo me encontraba.

4:56 Nunca llegué a verlas de frente, pero de las pocas que vi, estas eran seres descarnados, dejando una estela de mal olor a su paso. El aire se volvía más denso, más frío y la piel se me erizaba. Cuando me encontraba cerca de uno de esos mausoleos, sabía que esas almas habían muerto de manera trágica. Que no habían logrado alcanzar La Paz eterna. Pero no todo era negativo. En ese cementerio me tocó ver a varias personas que venían a un mausoleo en vida. El señor fue un narco y las personas venían a pedirles favores.

5:38 En sus rostros se les notaba la angustia y la desesperación. Yo me escondía por entre las tumbas observándoles desde una distancia prudente. Cuando se retiraban en sus rostros se le notaba que tenía fe en que sus problemas, fueran cual fueran, tendrían solución, que el alma de aquel difunto se lo solucionaría. En una ocasión cuestioné sobre el proceder de esa gente, pero un compañero me indicó que ellos en vida conocieron de las carencias de las personas y que por eso a ellos les pedían los favores.

6:18 Pues al igual que nosotros, pasaron hambres y que sufrieron para llegar hasta donde estaban. Por desgracia, terminaron sus días en enfrentamientos o traicionados por algunos de sus gentes. Lo que me daba más temor en las noches en el cementerio eran los lamentos. Estos eran tan intensos que me obligaron a esconderme. Tenía el presentimiento que no debía estar allí. Que esas almas no querían que las viera o que estuviera cerca. Y sentía que si me quedaba 1 segundo más, algo terrible me sucedería. Caminaba lentamente con el cuerpo tenso y el corazón latiéndome, como si se me fuera a salir. Los lamentos no siempre se limitaban a uno o 2 mausoleos, a veces caminando entre las tumbas más antiguas. Escuchaba gemidos que parecían venir de todas direcciones. Había ocasiones en las que el sonido era tan angustioso que me veía obligado a dejar mi ronda y refugiarme en la caseta de vigilancia, donde encendía una vela y rezaba en silencio pidiendo que las almas encontrarán su descanso y que a mí no me hicieran daño.

7:39 Las noches más cercanas al Día de Muertos eran las peores. Los lamentos se multiplicaban. El cementerio se volvía un lugar extraño, las almas de los muertos tranquilos coexistían con las de aquellos que no habían encontrado su lugar en el otro mundo. Pasaba las noches en vela, atento a cualquier señal de peligro, pero sobre todo tratando de evitar los lugares donde los lamentos eran más fuertes. Lo que te puedo asegurar es que nadie se ha atrevido a vandalizar las tumbas de los patrones. Si en vida lo respetaron mayormente, ahora que están muertos hay mucha lucha de poder aquí afuera y jardines de Lumaya cada vez va creciendo más, pues hay patrones nuevos, pero aquí todos son iguales, pues sus mausoleos no definen quién es el mero mero.

8:38 Lo fueron en vida. Después de muertos todos son iguales. La historia que les voy a contar es de mi abuelo. Su nombre era Wenceslao Leiva. El trabajó en el cementerio jardines delumaya en los años de 1970 hasta casi finales de 1987. Cuando el cementerio comenzaba en su auge de sepultar a personalidades que fallecían en aquellos años, mi nombre es Ramón Leiva.

9:24 Antes de comenzar con la historia, mi abuelo Ramón dio detalles de quién se trataba aquel señor, pero por razones de respeto no le revelaré de quien se trataba. Espero y comprendan que en estos tiempos es mejor guardarse cierta información. Se las contaré como si mi abuelo don Ramón Leiva se las narrara él mismo. Mi trabajo en el cementerio era simple, limpiar, barrer los alrededores, cortar la maleza que crecía junto a las tumbas y asegurarme de que todo estuviera en orden para los visitantes que llegaban a dejar flores, recuerdos y, en algunos casos, ofrendas más inusuales. Como vinos de las mejores marcas o cigarros. Cabe aclarar que en esos tiempos las tumbas no eran como lo son hoy en día, sino que años después el cementerio comenzó a ganar notoriedad cuando se comenzaron a construir mausoleos para personas que se dedican a otro tipo de negocios que les permiten tener su buen pedacito de Tierra para su eterno descanso.

10:39 Era un día caluroso. Uno de esos en los que el sol quemaba más de lo habitual. Pero el cementerio, con sus sombras, proyectadas por algunos de los mausoleos, ofrecían un resguardo contra el sol. Ese día me encontraba limpiando una tumba. La madre del joven, que ahí descansa, siempre me daba mi buena propina para mantener en buen estado la tumba de su hijo mientras trabajaba. El aroma inconfundible del tabaco quemado empezó a invadir el aire. No era extraño, ya que algunos de los familiares solían dejar cigarros encendidos como tributo Asus muertos o algún visitante que se detenía frente a la tumba y encendia un cigarro mientras conversaba con el difunto.

11:32 Pero este olor era diferente, era más intenso, más persistente. Como si alguien estuviera fumando justo detrás de mí. Me detuve por un momento, buscando con la vista el origen de ese humo. Pero no había nadie cerca. Los mausoleos estaban vacíos de visitantes. A esa hora decidí ignorarlo y continuar con mi trabajo. Sin embargo, el olor a tabaco seguía allí, impregnando el aire cada vez más fuerte. No podía sacudirme la sensación de que alguien me observaba, así que dejé de limpiar y me giré sobre mis talones.

12:14 Y fue entonces cuando lo vi sentado en una de las macetas, junto a un mausoleo. Un hombre de avanzada edad parecía descansar fumando un cigarro con calma. Su apariencia era de una persona de bien, de esas que se les decía era gente con dinero. Noté que su expresión era relajada, como si simplemente estuviera esperando a alguien. El cigarro en su mano parecía que no se consumía y el humo subía en espirales hacia el cielo. Me acerqué cauteloso, curioso, por saber quién era. Me llevé mi herramienta de limpieza conmigo.

12:57 Quizás me pidiera que limpiara alguna tumba y así tener un dinerito extra. Aquel hombre tenía sus ojos fijos en el horizonte, sin prestarme atención, como si toda su atención fuera hacia el sitio que veía con cierta tristeza y melancolía. A medida que me acercaba, pude notar más detalles sobre el señor. Llevaba una camisa, una guayabera para ser más exactos, un trabajo de lo más fino en su prenda que al verla. Supe que era de aquellos ya lejanos años de la década de los 70, pero ésta se encontraba un poco arrugada y sus pantalones parecían de otra época. No era moderno, pero tampoco parecía fuera de lugar. Lo más extraño, sin embargo, era el cigarro que sostenía, reconocí la marca, pero algo en mi memoria me decía que ya no fabricaban ese tipo de cigarros desde hacía muchos años. El hombre continuó fumando en silencio y repentinamente me ofreció un cigarro, el cual acepté gustoso, pero este no tenía el sabor que yo recordaba.

14:14 Se sentía extraño cada vez que le daba una calada, pero aún me mantenía a su lado esperando alguna orden de aquel señor. De vez en cuando veía hacia el camino de la entrada del cementerio. Como si esperara que alguien llegará en cualquier momento. El señor comenzó a contarme que él había nacido en la sierra de Chua y que había hecho su fortuna desde los 20 años, pero que de su negocio su hijo mayor era el que se había hecho cargo y que de hecho era a quien estaba esperando. El tiempo siguió avanzando, o al menos eso pensaba yo. Se sentía como si hubiera pasado 1 hora, pero cuando miré mi reloj noté que apenas habían pasado unos pocos minutos desde que lo había visto Por Primera Vez. Esto me desconcertó.

15:10 De repente, un sonido lejano rompió el silencio del cementerio. El suave retumbar de un cortejo fúnebre que se acercaba. Se podía ver a las personas con sus cabezas inclinadas hacia el suelo. Avanzando lentamente hacia el mausoleo cercano, supe en ese momento que era el cortejo que el señor estaba esperando un suspiro de dolor, se escuchó salir de aquel pobre hombre. Yo ya estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones. Cuando giré para decirle que su hijo había llegado, ya no estaba el lugar donde había estado sentado.

15:51 Estaba vacío, sólo estaba el cigarro que. Había estado fumando aquel señor. Miré a mi alrededor un poco desconcertado, intentando encontrar alguna señal de su presencia, pero todo estaba tal como había estado antes de que lo viera. Un hombre joven se acerco y este estaba abriendo la puerta donde se sepultaría al difunto. Rápidamente me acerque ofreciendo mi ayuda, la cual aceptó de inmediato. Miré dentro del mausoleo. El interior era sombrío, apenas iluminado por la luz que se filtraba desde una pequeña ventana. En lo alto, en una gran pared, adornada con flores y velas apagadas, vi un retrato.

16:40 Mis ojos se agrandaron al reconocer al hombre con el que había estado conversando el mismo rostro, la misma expresión. Incluso la ropa que llevaba puesta era la misma que había visto así apenas unos momentos. Fue una espera muy larga para ese padre reunirse con uno de sus hijos. Así como esta anécdota, le sucedieron varias otras en las que se llevó varios sustos, las cuales después les contaré. Buenas tardes a todos.

17:26 Mi nombre es Genoveva Baleal. Lo que les voy a contar le sucedió a mi hijo hace ya alrededor de 35 años. Mi hijo había trabajado en el cementerio de Lumaya durante 3 años. Desde niño siempre fue reservado, tranquilo, nunca tuvo problemas con las personas, no tenía vicio alguno. Para él, la muerte era algo natural, parte del ciclo de la vida, y así fue como se adaptó a su trabajo como sepulturero, sin miedo, sin reparos. Aunque yo siempre sentí un nudo en el estómago cada vez que lo veía irse a trabajar con esa calma que lo caracterizaba, nunca pensé que el mismo lugar que cuidaba sería también el que lo llevaría a la tumba. Todo comenzó un día que mi hijo regreso del cementerio. Al inicio pensé que era por las largas jornadas en el cementerio y como de costumbre, no hablaba mucho. Pero con el tiempo noté algo extraño en el se le veía distraído, ausente, como si su mente estuviera en otro lugar. Sus ojos, que antes estaban llenos de vida y serenos, ahora estaban sin ese brillo.

18:47 Como si cargara con un peso sobre sus hombros. Yo le preguntaba si todo estaba bien, pero él solo asentía y me daba miles de excusas sobre el cansancio. No le di más vueltas, confié en que sólo era el agotamiento. Pasaron unas semanas y empezó a Enfermarse. Al principio pensamos que era solo una gripe algo pasajero, pero su aspecto empeoraba con cada día que pasaba. Su piel se volvió pálida, sus mejillas hundidas y sus ojos. Esos ojos se oscurecieron, perdiendo ese brillo de la vida. Parecía que algo lo estaba consumiendo desde dentro y no podía entender que era lo lleve a médicos.

19:34 Lo llené de remedios caseros, pero nada parecía ayudar. Su cuerpo se debilitaba, se adelgazaba hasta que no quedó más que un esqueleto cubierto de piel. Fue entonces cuando me contó lo que había sucedido. Al principio pensé que sólo deliraba por la fiebre de su enfermedad, pero en sus ojos se le notaba el miedo y la gravedad en su voz y me hicieron entender que lo que decía era cierto. Me habló de la joven de Rojo. Dijo que la había visto deambulando entre los mausoleos. Siempre despreocupada, siempre sola, como si no perteneciera ni al mundo de los vivos ni al de los muertos. Durante meses la había observado, y aunque al principio pensó que era sólo una visitante habitual, con el tiempo algo empezó a inquietarlo.

20:33 Ella no cambiaba y siempre estaba vestida de rojo, siempre con la misma expresión de tristeza. Mi hijo no era hombre de supersticiones, pero algo en la manera en que describía a esa joven me hizo temer lo peor. Dijo que había tratado de acercarse a ella en varias ocasiones, pero nunca lo hizo del todo la joven. Siempre que él se acercaba, ella ya estaba a varios metros de él. Era como si fuera inalcanzable, pero él para no crear problemas. Siempre se quedaba a una distancia prudente observando la mientras ella se deslizaba entre los mausoleos con una ligereza extraña. Algo lo detenía.

21:21 Su instinto le decía que no debía acercarse demasiado, pero en una ocasión su curiosidad fue más fuerte que el miedo. Se acercó, quiso ver su rostro, quizás para entender quién era o qué hacía allí. Y fue entonces cuando cometió el error que lo condenaría. Lo que vio lo cambió para siempre. El rostro de la joven no era el de una persona viva. Lo que al principio parecía una figura hermosa resultó ser la muerte en su forma más cruda. Su piel, que en la distancia parecía suave y pálida, era en realidad grisácea, estirada sobre unos huesos afilados y marcados. Sus ojos hundidos en las cuencas no tenían vida, sólo oscuridad. Su boca estaba ligeramente abierta, pero no pronunciaba palabra alguna.

22:19 Lo único que emanaba de ella era la quietud de la muerte, una calma tan aterradora que dejó a mi hijo petrificado. El cabello que antes se veía hermoso estaba enmarañado y en partes falta de este no me contó todo en ese momento. Sólo dijo que desde ese encuentro supo que algo estaba mal. A partir de ese día, la enfermedad se apoderó de su cuerpo con mayor rapidez. Su carne parecía desaparecer, dejando solo huesos frágiles y piel marchita. Empezó a tener pesadillas, aunque nunca me decía lo que soñaba.

22:59 Su rostro estaba siempre sombrío y cada vez que mencionaba a la joven de Rojo, sus labios temblaban. Cada noche recé el Rosario por su salud, por su alma, por el final de su sufrimiento. Le supliqué a Dios que lo protegiera. Pero mi corazón sabía desde el fondo que algo más poderoso se lo iba a llevar. Mi hijo estaba marcado. Sabía que no había cura para lo que le estaba pasando, porque lo que lo consumía no era una enfermedad. Pasaron los días y su cuerpo continuaba decayendo. Apenas podía levantarse de la cama y cuando lo hacía lo veía tambalearse sus ojos, que alguna vez me miraron con cariño. Ahora eran pozos vacíos.

23:48 Sabía que estaba muriendo. Lo sentía en cada respiración débil que escapaba de su cuerpo agotado. Antes de que amaneciera y oscureciera, iba al cementerio para intentar contactar a la joven de Rojo, la que se estaba llevando a mi hijo. Lamentablemente no la vi así, como tampoco sus compañeros sabían de sus apariciones. Una noche, mientras rezaba en silencio al pie de su cama, sentí un frío que calaba hasta los huesos. Miré hacia mi hijo, él veía hacia la entrada de la habitación. No sé por qué motivo. Pensé que aquel espectro estaba con nosotros esa noche.

24:33 Por desgracia, esa misma noche mi hijo murió. Su respiración se detuvo en un suspiro suave, como si finalmente hubiera encontrado La Paz, aunque no podía creer que fuera así. Su rostro en esos últimos momentos tenía una expresión de tranquilidad, aunque ha pasado muchos años de lo acontecido cuando voy al cementerio donde está sepultado mi hijo. Voy al del Humaya con la esperanza de ver a aquella muerta que se llevó a mi hijo. Debo decirles que yo sé con exactitud en que parte del cementerio trabajaba y siempre recorro las tumbas que hay en ese sector. Le digo a ese espectro que es una maldita por haberse llevado a mi hijo y que deseo de todo corazón que se esté pudriendo su alma en el infierno.

25:30 Quizás para usted resulte algo tonto decirle estas cosas a una muerta, pero el dolor de una madre nos hace decir y hacer cosas para que de alguna manera sacar el dolor que sentimos ante la pérdida de un hijo.