3 Encuentros Aterradores en el Campo que Terminaron Mal – Inframundo Relatos
🎙️ Relatos de Terror Reales por Inframundo Relatos
Historias mexicanas de apariciones, carreteras, brujas, traileros y sucesos paranormales basados en testimonios reales.
Este episodio es una recopilación profunda y oscura narrada con estilo cinematográfico y ambientación realista, diseñada para provocar tensión, miedo y ansiedad nocturna. Prepárate para vivir experiencias que marcaron para siempre a quienes las enfrentaron.
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🔎 Temas de este episodio
Historias paranormales reales
Relatos de terror en México
Relatos de carretera
Relatos de traileros
Brujas reales en México
Terror narrado en primera persona
Relatos para no dormir
Misterio y sucesos inexplicables
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0:00 Muy buenos días madrugadores. Los saluda a su amigo Inframundo, a los que ya están en el campo entre surcos, herramientas y Tierra húmeda. Gracias por escucharnos aquí comenzamos. Mi nombre es Pedro Aguilar. Nací y crecí en un rancho llamado el olvido en lo más profundo de la sierra, entre Jalisco y Zacatecas.
0:42 La gente en esa región dice que hay cosas que no deben nombrarse. Después de las 9:00 de la noche yo no lo creía, pero después de lo que viví sé que hay cosas que no sólo deben callarse. Sino enterrarse y jamás mirar atrás. El rancho estaba rodeado de lomas secas, magueyes torcidos y una línea de mezquites tan vieja como las cruces oxidadas del panteón. Vivíamos 6 familias separadas por veredas polvorientas. No había luz eléctrica ni señal de radio, solo gallinas, Tierra y un sol que parecía castigo. Todo comenzó en el verano del año 2000. Las lluvias se retrasaron, el ganado empezó a morir por falta de pasto y los viejos decían que algo raro estaba rondando el monte.
1:35 Animales con las entrañas afuera, gallinas degolladas sin que faltara ni una pluma, las veredas amanecían con huellas grandes como de perro, pero con forma humana. Una mañana mi primo hilario fue a revisar el rastrojo viejo detrás de la loma. No volvió. Tardamos 2 días en encontrarlo. Estaba colgado de cabeza en un mesquite, con la lengua afuera y las uñas arrancadas. La policía nunca llegó allá. Todo lo arreglábamos solos. Lo enterramos sin cajón, envuelto en petates. Esa noche empezaron las verdaderas pesadillas.
2:19 Yo me quedé a dormir en casa de mis abuelos para acompañarlos a eso de las 3:00. Los perros comenzaron a llorar, no a ladrar, a llorar. Luego los caballos se soltaron del corral, me asomé por la rendija y los VI. 3 figuras caminaban por el Rastrojo, lentas, encorvadas, tenían el cuerpo cubierto de Tierra Seca y los brazos colgando como si no tuvieran huesos. No hacían ruido, sólo pasaban uno de ellos arrastraba algo, una soga. La misma con la que habíamos enterrado a hilario. No le dije a nadie. Pensé que estaba soñando, que era el susto, pero cada noche volvían siempre caminando entre los surcos secos, siempre mirando hacia la casa, sin acercarse del todo, como si esperaran algo, como si buscaran a alguien. Una madrugada salí con un machete. Quería ver si eran reales.
3:23 Me escondí detrás del chiquero a las 3:00 salieron de entre los magueyes. Eran cadáveres secos, con las cuencas vacías y los labios resecos pegados a la encía. Caminaban como si buscaran su propio entierro. Uno de ellos se detuvo, volteó hacia mí, aunque no tenía ojos, supe que me miraba. El aire se volvió denso, como cuando se viene una tormenta. El miedo me dobló las piernas, caí al suelo. Cuando levanté la cabeza ya no estaban. Al día siguiente encontré las huellas, las mismas enormes, deformes, como si los dedos fueran al revés. Iban directo al aljibe.
4:08 Al fondo flotaba una gallina negra sin cabeza. El agua tenía un color espeso, como sangre vieja. Mis tíos dijeron que alguien estaba haciendo trabajo de Tierra. Algo enterrado sin permiso, un alma que no había sido recibida por Dios. La única solución era desenterrar al que anduviera suelto y quemarlo, pero todos estábamos seguros de haber enterrado bien a hilario. 3 días después, el pozo amaneció con la tapa removida y dentro encontramos una mano seca. No un cuerpo solo, una mano con los dedos torcidos y los tendones como alambres. El mismo lazo de hilario estaba amarrado alrededor de ella. Quemamos la mano en el comal, la Tierra tembló esa noche, no regresaron hasta hoy.
5:03 Hace 2 semanas regrese al rancho para ver a mi madre enferma. Me quedé solo en la Casa por la noche y a las 3 los perros comenzaron a llorar. El viento arrastraba Tierra caliente contra las ventanas. Sali al patio sólo por costumbre y vi las siluetas otra vez. Ya no eran 3, eran cuatro. Uno de ellos, cojeaba, tenía la mano envuelta en un lazo quemado. Los que caminan entre el rastrojo no vienen por sangre, no buscan venganza, sólo buscan arrastrar a otro con ellos. Porque una vez que los ves.
5:44 Ya saben dónde encontrarte, me llamo Saúl Herrera, lo que voy a contar ocurrió en el rancho de mi abuelo, allá por el año 1998 en los llanos de Durango. En ese tiempo yo tenía 17 años y todo lo que sabía de la vida se limitaba al campo, al ganado y a no preguntar demasiado.
6:24 Cuando los mayores guardaban silencio ese verano me mandaron a cuidar una parcela sola, más alejada que de costumbre. Tenía que vigilar unas vacas recién paridas y mantener cerrado un corral improvisado. Cerca de una zona que le llamaban el bajo del quemado. Nunca supe por qué le decían así. Nadie lo explicaba. Sólo decían que por ahí mejor no andar de noche. Me instalé con un catre viejo, una lámpara de petróleo y un machete largo que mi abuelo me había regalado semanas antes. Él lo había bendecido con agua de pozo, como lo hacían antes.
7:09 Y me dijo que nunca lo dejará lejos del cuerpo. Al principio creí que era una exageración, una de esas cosas de gente mayor que mezcla religión con superstición. La primera noche no dormí bien. Se escuchaban ruidos raros como pasos entre el zacate seco. Al principio pensé que eran coyotes o alguna vaca suelta, pero. Había algo en el ritmo que no era normal, lentos, pesados, como si alguien caminara sin dirección, pero sin detenerse nunca. A la segunda noche, mientras el viento mecía las ramas del mezquite, sentí que la temperatura bajó de golpe. Un frío seco, sin explicación, me envolví con la cobija, pero el frío venía desde el suelo.
8:04 Como si la Tierra misma se estuviera enfriando desde adentro. Desperté de golpe a las 3:00 de la madrugada, no por un ruido, sino por una sensación, como si alguien me estuviera observando. Me senté en el catre y prendí la lámpara. El aire era espeso, pesado. Me levanté para revisar el corral. Al acercarme sentí un olor raro, no a animal, no a monte. Era un olor como de carne chamuscada. Lo vi ahí, parado entre los palos del cerco. No era un hombre, pero tampoco parecía bestia.
8:47 Tenía forma humana, pero su piel estaba negra, como si hubiese sido quemada por completo. No brillaba, no sudaba, sólo estaba ahí, con los brazos caídos, con la cabeza ladeada, como si tratara de entenderme. No se movía, sólo me miraba con unos ojos blancos sin pupilas. Me quedé helado, incapaz de gritar. El machete colgaba de mi cinturón. Lo agarré con las 2 manos sin saber si correr o defenderme, pero no se acercó. Retrocedió hasta desaparecer en la oscuridad no dormí nada esa noche al amanecer revisé todo el perímetro, no encontré huellas.
9:33 Sólo un pedazo de Tierra completamente calcinada, como si algo muy caliente se hubiese quedado parado allí durante horas. Pensé en irme, pero el orgullo me retuvo. Me dije que debía ser un sueño, una alucinación o un juego cruel de mi mente cansada. Pero la tercera noche me demostró que no era imaginación. El aire volvió a enfriarse. Pero ahora era diferente, no era frío, era ausencia de calor, como si me estuviera congelando desde dentro. Salí de la choza con el machete en mano, no tuve que buscarlo. El ya estaba allí, en medio del llano, esta vez más cerca. Su cuerpo parecía aún más deteriorado, con pedazos de piel desprendiéndose como ceniza.
10:27 Avance unos pasos decidido a enfrentarlo. No me importaba lo que fuera, pero cuando lo tuve a menos de 5 M, sonrío no con la boca, con la carne de su rostro, que se estiró como si imitara una mueca humana. Su cuerpo comenzó a vibrar y de su espalda brotó un humo espeso que olía a muerte. No recuerdo haber gritado, solo recuerdo haber corrido. Crucé el monte sin dirección. Tropezando con piedras, ramas, espinas. Sentía que me perseguía sin hacer ruido, como si su sombra ya estuviera pegada a mi espalda.
11:11 Cuando por fin llegué a la casa de mi abuelo, me desmayé en el corredor. Al despertar tenía marcas de quemaduras en la espalda, como si me hubieran apoyado una plancha ardiendo. La camisa estaba hecha cenizas, el machete seguía en mi mano. Pero la hoja estaba negra, torcida, como si hubiese tocado fuego vivo. Estuve con fiebre varios días, nadie me dijo nada, solo me cubrieron con trapos húmedos y le echaron sal y oraciones al catre donde dormía. ¿Nadie volvió a enviarme al bajo del quemado? Ahora, años después, se que lo que vi no era un hombre ni un animal.
12:00 Era lo que quedó de alguien que no fue enterrado como debía, alguien que ardió por dentro, alguien que no terminó de morir. Y cuando el campo se queda en silencio y el frío baja sin motivo, me cuesta respirar porque sé que allá en el monte, entre la maleza y la Tierra quemada, todavía camina el que nunca dejó de arder. No sé si esto que viví fue un castigo o una advertencia, pero desde aquella noche no volví a tener paz. Mi nombre es Marcelo del real.
12:50 Tengo 42 años y hace unos años atrás cometí el error más grande de mi vida. Aceptar quedarme a vivir en una casa maldita. Todo comenzó cuando mi tía, una mujer ya mayor, me ofreció un rancho que había pertenecido a su difunto hermano. Nunca lo conocí. Aparentemente vivió en reclusión los últimos 20 años. Nadie del pueblo hablaba de él con claridad. Algunos lo recordaban como un ermitaño, otros como un loco y unos pocos en voz baja. Decían que nunca había estado solo en esa casa. Yo no creía en supersticiones, así que acepté. Me encontraba desempleado y la idea de salir de la ciudad me pareció liberadora.
13:40 El rancho estaba a varios kilómetros del último caserío, alejado entre brechas de Tierra seca, maleza espesa y cerros desnudos. Me dijeron que si quería llegar tendría que caminar. Porque nadie me llevaría hasta allá. Lo tomé como una exageración. Me fui solo con una mochila, algo de comida, un encendedor, un machete oxidado y una linterna. A mitad de camino, un perro famélico comenzó a seguirme flaco, de ojos opacos pero silencioso. No me molestó, caminaba detrás de mí, como si ya supiera a donde íbamos. La casa estaba en pie.
14:25 Aunque vencida por el tiempo, las puertas rechinaban. El techo estaba parchado con pedazos de lámina y cuero, y la Tierra parecía haberse comido los cimientos. La vegetación había trepado por las paredes, como si intentara taparla del mundo. No había luz ni agua, pero si una quietud que me resultó hostil desde el primer instante, esa quietud que parece observarte. Me instalé apenas con lo básico. Encendí una fogata fuera para preparar algo caliente. El perro se sentó frente a mí, no me pedía comida, no me miraba, sólo estaba ahí inmóvil.
15:09 Cuando entré a la casa me lleve una vela al cuarto principal. El aire estaba cargado de un olor dulzón, parecido al azufre mezclado con Tierra húmeda. No sé por qué. Pero esa noche no me quise acostar. Me senté en una silla rota con el machete en la mano. La llama de la vela temblaba a pesar de que no había viento. El perro se acostó junto a la cama, pero de pronto se levantó tenso, con el hocico bajo y las orejas hacia atrás. Gruñó bajo, ronco. Supe que algo no estaba bien. Vi la figura parada junto a la puerta del cuarto.
15:52 No entró. No tenía rostro, era un montón de sombra prensada, compacta, pero no proyectaban ninguna silueta en la pared. Sólo unos ojos opacos flotaban en medio de aquella oscuridad, como 2 Carbones apagados. El perro lanzó un chillido y corrió debajo de la cama. La vela estalló como si le hubieran soplado con rabia. Me quedé en la oscuridad total. El calor se volvió sofocante, pero al mismo tiempo el cuerpo me tiritaba como si estuviera helado. La figura entró sin hacer ruido y a su paso el aire se volvía espeso, negro, inmóvil.
16:38 No me podía mover, era como si algo me presionara el pecho en el rincón de la habitación. La sombra comenzó a deshacerse lentamente en una niebla espesa. De ella salía un sonido como el silbido de una caldera rota, acompañado de un olor a carne quemada y grasa. Rancia las paredes sudaban, las puertas se abrieron de golpe, la casa pareció respirar, no fue una corriente de aire, fue como si algo enorme se hubiera despertado debajo de los cimientos. No recuerdo cuánto duró, tal vez minutos, tal vez horas. Sólo sé que cuando la luz del amanecer comenzó a colarse entre las rendijas, sentí que la casa volvía a quedarse vacía.
17:27 Me acerqué al rincón donde había estado la figura. El piso estaba cubierto con una mancha negra perfectamente delineada, como si alguien se hubiera derretido allí. No era aceite, no era Tierra. Era hollín seco, que al tocarlo se deshacía entre los dedos dejando un olor a osamenta vieja. Me agaché para buscar al perro debajo de la cama. Lo encontré, no respiraba. Estaba seco, momificado, con los ojos completamente blancos y la lengua negra colgando como trapo quemado. Su cuerpo no pesaba más que un fajo de ramas secas.
18:10 No entendí nada. No quise entender. Salí de la casa tambaleando la mochila quedó adentro, solo me lleve el machete. Caminé sin detenerme hasta llegar al pueblo, pero no volví a hablar de eso con nadie. Semanas después supe por un anciano del lugar que a quien la sombra visita. Nunca lo olvida que esa mancha de hollín no desaparece con el tiempo que cuando llega la noche, la casa la expulsa. Pero ella se queda flotando cerca, esperando otra vela encendida, otro cuerpo cansado, otro silencio que pueda habitar desde entonces.
18:53 No puedo estar en la oscuridad, no por miedo, sino porque ya siento su calor detrás de mí, respirando con la lentitud de algo que nunca debió haber sido despertado. Querida Comunidad, espero que esta entrega les haya gustado. Es un honor para mí pasar un buen rato con ustedes. Muchas gracias por abrirme la puerta de su hogar. Por favor, no olviden dejarme sus comentarios. Esto nos ayuda a seguir trayendo mejor contenido. Me encanta leer sus experiencias y conocernos un poco más.
19:35 Si el video les gustó, por favor, no duden en compartirlo con sus amigos. Esto nos ayuda a llegar a más personas y que la Comunidad siga creciendo. Un abrazo muy fuerte. Nos vemos en una próxima entrega. Esto fue inframundos relatos.
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