3 CAMPAMENTOS QUE TERMINARON EN UNA PESADILLA REAL
Muy buenos días a los madrugadores y buenas noches a los trasnochadores del Inframundo.
Hoy escucharás tres relatos ocurridos durante campamentos en bosques, montañas y zonas aisladas de México, donde algo comenzó a acechar a quienes solo buscaban pasar una noche al aire libre. Lo que encontraron fue mucho peor de lo que imaginaban.
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0:00 Muy buenos días, queridos madrugadores. Los saluda su amigo Inframundo a los que ya están trabajando desde antes de las 6:00, dándole duro a su día. Gracias por estar presentes. Comenzamos ahora mismo con estas historias. Mi nombre es eleazar, esto que les comparto me sucedió entre un primero de noviembre. Día de todos los santos y el Día de Muertos. Esa noche, junto con 3 sobrinos jóvenes ya mayores de edad, decidimos ir a pasar la noche dentro de un panteón junto a la tumba de mi hermano, papá de ellos, aunque era bien sabido que en otros Estados así se acostumbraba, ahí no era muy común, por lo mismo nos encontrábamos prácticamente solos. La tumba se encontraba alejada de la puerta principal, por eso era un lugar bastante oscuro y silencioso. Habíamos llegado a las 8:00 de la noche, aunque para esa hora generalmente se encontraba cerrado el Panteón. No tuvimos problema para entrar porque conocíamos al encargado de cuidar el lugar.
1:20 Nos llevamos algo para cenar. De paso yo traía unas cuantas cervezas. El plan era pasar un tiempo con mi hermano, como lo hacíamos unos años atrás, cuando todo era felicidad. Poco a poco nos fuimos acomodando. Buscamos en donde sentarnos de modo de no estar sobre la losa cuando cayó la noche. Dentro de un bote de lámina que encontramos ahí, echamos algunas ramas secas y pequeños trozos de madera. Con eso encendimos una pequeña fogata que aparte de darnos algo de calor, también nos alumbraba. Estábamos recordando a mi hermano de cosas buenas y malas que nos habían pasado en eso.
2:08 A lo lejos escuchamos que alguien silvó, nos quedamos mirando para todos lados. Si hubiera sido un silbido cualquiera, no pasaba nada. Pudiera ser alguna persona e incluso una lechuza, pero lo raro fue que silbaron así como lo hacía mi hermano. Seguimos platicando, pero volvió a ocurrir el sonido se escuchaba muy distante, como si viniera de la parte más lejana del Panteón. Uno de mis sobrinos, el más grande llamado Juan, como su papá, ya confundido, nos dijo que estaría bien si fuéramos a investigar.
2:49 Quién silbaba así, mostrándose nerviosos, los otros 2 no estuvieron de acuerdo para que no se fuera a ir. Solo me ofrecía acompañarlo. Caminamos entre todas aquellas tumbas tratando de saber de dónde venía ese sonido familiar. Apenas llevaríamos algunos 20 M. Cuando comencé a sentir un frío diferente, mi sobrino también lo sintió. Crucé los brazos para darme algo de calor. Mientras seguíamos caminando, todavía nos faltaban como 40 m para llegar al final del panteón, cuando vimos que a lo lejos una sombra se escondió entre las tumbas.
3:33 No lo quise comentar, pero aún así, a esa distancia, aquella sombra tenía la fisonomía de mi hermano. Obviamente eso no podía ser porque él tenía ya 3 años de muerto. Le pedí a mi sobrino Juan que mejor nos regresáramos, a lo cual se negó, diciendo muy seguro que él sentía que su papá se encontraba muy cerca de nosotros, tal vez por ser día de los fieles difuntos había ido a visitarlos. Además, recordaba que cuando mi hermano le hablaba así le sirvaba para que fuera. Traté de que entendiera que estaríamos más cerca de él. Si nos quedábamos en su tumba, pero no logré hacerlo, volvieron a silbar. Yo tenía la esperanza de que alguien nos trataba de jugar una broma, pero mi sobrino estaba convencido que quien silbaba era su papá.
4:30 Siguió caminando. Lo seguí porque no podía dejarlo solo ni en ese momento ni en ese lugar. Confieso que esa situación ya me tenía algo nervioso. Mientras caminábamos, mi sobrino le iba hablando a su papá, le pedía que se hiciera presente porque quería verlo una vez más. Escucharlo hablar así me daba miedo. Por eso le pedía en voz baja que no jugara con eso. Llegamos al final del Panteón, tal vez a unos 200 m de la tumba de mi hermano. Entonces mi sobrino lo empezó a buscar entre las tumbas. Me pidió de favor que lo dejara solo unos minutos porque necesitaba hablar a solas con su papá y así pedirle perdón por algunos malos entendidos que habían tenido. En un principio me negué, pero me recordó que sus hermanos también estaban solos en medio del Panteón. Al final estuve de acuerdo.
5:36 Cuando caminé de regreso me sentí solo perdido entre tantas tumbas. No sé porque me sucedió, pero nunca había sentido tanto miedo como lo tenía en ese momento. Podría jurar que algo caminaba tras de mí. Sentía que se me erizaba la piel, por eso no volteaba. La verdad era que me daba miedo darme cuenta que quien me estaba siguiendo entre toda esa obscuridad fuera mi hermano muerto. Todo me parecía tenebroso, las tumbas. Los monumentos, los árboles hasta las mismas cruces parecían que se movían solas.
6:18 Así camine por eternos minutos. Para mi sorpresa, al llegar a la tumba de mi hermano, mis 2 sobrinos no estaban de veras, me alarmé porque iban bajo mi cuidado. Comencé a buscarlos. Después de mucho, me fui a la pequeña oficina del cuidador para preguntar por ellos. Por buena suerte, ahí estaban. Arrastrando las palabras me dijeron que habían visto a su papá caminar atrás de nosotros. Nos gritaron, pero el único que volteó fue mi difunto hermano. Entonces corrieron espantados hacia la salida.
6:58 Me preguntaron por Juan, les dije lo que me había pedido y que no me pude negar. Me iba a regresar a la tumba para esperarlo. Mis sobrinos me acompañaron. Me dijeron que tenían que hablar conmigo. Me fueron contando que en el lecho de muerte su papá les pidió que precisamente en esa fecha fueran a su tumba y que ahí lo verían. Quizá porque había ido yo a acompañarlos, no se les había acercado. Ellos 2 siempre tuvieron miedo porque al fin de cuentas estaban conscientes de que su papá ya no pertenecía a este mundo. Todavía estábamos hablando cuando apareció mi sobrino Juan, nos dijo con voz serena que había visto y hablado con mi hermano. La realidad es que para mí fue muy difícil creerles. De todas maneras les reclamé el hecho que no me hubieran dicho la verdad.
7:59 Mi sobrino Juan me pidió una disculpa y me dijo que ya podíamos regresar si queríamos porque su papá ya se había ido. Nos despedimos de sus restos y salimos del panteón. Serían las 3:00 de la mañana. Cuando regresamos esa noche me quedé a dormir en su casa. Confieso que siempre me quedó la duda de que todo aquello fuera verdad. Un tiempo hasta estuve tentado a ir yo solo a visitar la tumba de mi hermano con la única intención de que se me apareciera y verlo por última vez. Pero hasta la fecha el miedo no me ha dejado hacerlo. Todos los días le pido a Dios para que mi hermano descanse en paz. Aunque yo soy de Nuevo Laredo.
8:51 La historia que les voy a compartir me sucedió muy cerca de ciudad acuña, en Coahuila. Mi nombre es Gustavo Solís. En 1970 contaba con 13 años. Al inicio de unas vacaciones de Semana Santa fuimos a visitar a mi familia en acuña. Mis primos ya tenían planeado ir a acampar al monte al siguiente día, que era un sábado, y regresar el domingo por la tarde. Me acoplé con ellos y ese día muy temprano montamos en las bicicletas para internarnos en el monte. Solamente llevábamos lo necesario. Ni siquiera nos alejamos tanto de la casa de mis parientes. Si acaso pedaleamos 1 hora y dejamos la vereda que seguíamos para meternos más a lo profundo del monte. No pregunté nada porque seguramente mis primos conocían el lugar.
9:49 A las 10:00 de la mañana ya teníamos nuestro pequeño campamento. Ese tramo del monte era plano, no tenía caso explorar además. ¿No era esa la idea? Mejor nos preparamos. Juntamos las suficientes ramas para encender una fogata que nos durara toda la noche. Además de alumbrarnos, ahuyentaría los insectos o cualquier otro animal que anduviera rondando por ahí. Según nosotros, ya estábamos bien preparados para cuando llegara la noche, a pesar de que no era la primera vez que acampaba en el monte. No sé, porque en esa ocasión todo se sentía diferente. Había algo en el ambiente que me incomodaba. Mis primos, más acostumbrados al monte, se veían tranquilos antes del anochecer.
10:42 Encendimos la fogata y nos sentamos alrededor mientras calentaban agua para tomar café, acompañados con un pan de dulce. Comenzamos a platicar cuando más concentrados estábamos. Escuchamos que algo se aproximaba. Caminaba cauteloso como un animal, tratando de hacer el menor ruido posible para pasar desapercibido. Sin embargo, por el silencio que había, lo podíamos escuchar sin levantarnos, volteábamos para todos lados, tratando de descubrir qué era aquello, porque podría ser un depredador. Como no paraba de avanzar hacia nosotros, nos levantamos.
11:26 Cuando se escucharon mas cerca aquellos sonidos, supimos que eran pasos de una persona, quien apareció de repente de entre todos aquellos matorrales. Nos saludó de lejos y pidió que no nos asustáramos. Luego se presentó con amabilidad. Su nombre era Tobías Martínez. Por su vestimenta era claro que se trataba de un trabajador de algún rancho cercano, era un señor de botas y sombrero. Además, tenía un modo de hablar muy golpeado. Nos preguntó si le podíamos regalar un poco de café. Luego se sentó con nosotros a Platicar por una o 2 horas.
12:09 Nos estuvo contando historias que le habían sucedido precisamente en ese tramo del monte donde habíamos acampado. Todas sus historias eran de miedo, algunas tan exageradas que obviamente no le creímos. Antes de retirarse nos dijo que como a unos 10 m de ahí había sufrido un accidente. El caballo que montaba había reparado de repente y lo había hecho caer sobre una piedra con la cual se golpeó la cabeza. Según su relato, ahí se había quedado tirado hasta que algunas personas pasaron por ahí y lo encontraron. Mucho tiempo después, agradeció. El café se levantó.
12:54 Se sacudió el pantalón y no sonrió. Se quitó el sombrero para despedirse y algo le escurrió. Caminó hacia el monte y poco a poco se perdió entre la obscuridad. Segundos después nos dimos cuenta que había dejado su cartera. Uno de mis primos la revisó y encontró una foto de él. Decidimos alcanzarlo para entregársela, pensando que no podía ir muy lejos, alusandonos con la única linterna que llevábamos. Caminamos de prisa esquivando los matorrales, caminamos un buen tramo, no se veía ni cerca ni lejos, por eso decidimos regresar.
13:38 Además, no podíamos alejarnos mucho del campamento cuando nos faltaban escasos 10 m para llegar. Encontramos una cruz blanca de madera. Se nos hizo extraño que no la vimos al pasar al aluzar para leer el nombre que tenía hizo que me diera un escalofrío, se leía Tobías Martínez. Era el nombre del señor que minutos antes había estado platicando con nosotros. Tratamos de calmarnos unos a otros, tratando de pensar que pudiera ser su hijo u otra persona que se llamaba igual. Eso podía pasar. Lógicamente, aún sorprendidos, corrimos hacia la fogata para salirnos de toda aquella oscuridad. Al revisar el lugar donde se había sentado aquel ranchero, miramos que había sangre.
14:33 No acabábamos de aceptar que lo que habíamos visto era un aparecido. Tal vez había pasado 1 hora cuando apareció de nuevo el ranchero estaba parado en medio del monte. Tal vez a unos 8 m de nosotros no dejaba de mirarnos sin moverse. Uno de mis primos le gritó que teníamos su cartera. El solamente se dio la media vuelta y se confundió entre las sombras. No sabíamos qué hacer. En eso volvió a aparecer, pero en el otro extremo era imposible que se hubiera transportado tan rápido. Eso ya fue preocupante. ¿Lo miramos bien?
15:16 No había ninguna duda. Era el nuevamente nos miró por unos cuantos minutos. Luego se escondió entre la obscuridad del inmenso monte. En ese momento ya estábamos decididos a montar en nuestras bicicletas y regresar a esas horas de la madrugada, pero sabíamos que podíamos perdernos. Era eso. O quedarnos toda la noche siendo acosados por alguien que creíamos era una aparición. Decidimos quedarnos y lidiar con el miedo total. Hasta ese momento no nos había hecho nada.
15:59 Los minutos pasaban de manera inquietante. Deseábamos que pronto amaneciera para salir de ahí ya con la luz del sol. Un rato después se escuchaba el andar de un caballo que daba vueltas siempre alrededor de nosotros. Al parecer, trataba de impedir que nos fuéramos cada vez que relinchaba se escuchaba tan horrible que se me erizaba la piel antes de que amaneciera. Todavía se apareció el ranchero una vez más. A los primeros rayos del sol juntamos nuestras cosas de prisa y salimos de prisa rumbo a la casa.
16:40 Cuando contamos lo que nos pasó por las caras que hicieron, seguramente no nos creyeron. Esa noche, mientras dormíamos, uno de mis primos se despertó gritando, esto hizo que se levantara toda la familia. Mientras él aseguraba que aquel ranchero se le había aparecido ahí dentro del cuarto, mi tía trató de convencerlo que todo había sido un sueño. Todavía le ocurrió 2 veces más. Entonces recordamos que él se había quedado con la cartera de ese señor. Al enterarse mi tío nos dijo que teníamos que ir a dejarla en su tumba, porque sino no dejaría en paz a mi primo.
17:25 Así lo hicimos. La mañana del lunes casi toda la familia nos subimos a la camioneta de mi tío para ir a buscar el lugar donde 2 noches atrás habíamos acampado, aunque con dificultad encontramos la tumba. Lo que se sentía en esa parte del monte no lo puedo explicar, mi primo dejó la cartera y salimos de ahí para nunca volver, ni esa ni ninguna otra noche. Aquel ranchero se le volvió a aparecer a mi primo. Mi nombre es Alfredo. Mi historia se remonta alejano 1975, cuando apenas rebasaba la mayoría de edad.
18:14 Siempre me gustó acampar, sobre todo cuando lo hacía solo. No me llamaba la atención practicar un deporte ni tener muchos amigos. Mi pasión era meterme en lugares desconocidos. Casas abandonadas entre el monte o ruinas de alguna construcción grande como iglesias o haciendas. Ahí me dormía sin miedo alguno. Lo hacía tan frecuentemente como podía. En ese tiempo no tenía con que grabar para contar con evidencia. En una ocasión me fui un poco más allá de donde acostumbraba. Camine por horas entre el monte.
18:56 Hasta encontrar una casa que había sido parte de un gran rancho, pero ya todo estaba en el abandono. La vieja puerta de madera gruesa se encontraba abierta de par en par. Entré a revisar el lugar para comprobar que no hubiera animales peligrosos y ahí me instalé. La casa constaba de 3/4 que olían a humedad. Aún conservaba puertas y ventanas. Después de descansar un rato, salí a recorrer el lugar. Siempre lo hacía para saber de qué estaba rodeado. Como a las 6:00 de la tarde, regresé cansado a la casa donde me quedaría.
19:40 Para mi sorpresa, todas las cosas estaban movidas de su lugar, algunas esparcidas por los otros cuartos sin saber que había pasado o quién hubiera sido el responsable de eso. Me limité a juntar mis cosas de nuevo porque estaba a punto de caer la noche. Prendí una lámpara de aceite que siempre cargaba y así comer unos sándwich. Después de guardar todo, me acosté a dormir, sentí esa soledad que tanto me gustaba. Entonces me comenzaron a suceder cosas raras, se escuchaba que algunos animales corrían para todas partes. Podría ser cualquier animal pequeño de monte, pero también cabía la posibilidad que me hubiera metido en una madriguera de coyotes.
20:29 Como aquellos sonidos no cesaban, me levanté, agarré la lámpara y en ese momento se dejó de escuchar que corrían. Aun así recorrí con cautela los otros 2/4 que tenía la casa en el lugar. No había nada. Al menos no algo que yo pudiera ver alusé un poco para fuera, pero tampoco había nada raro. Me regresé de nuevo a acostar, pero al llegar al lugar donde había tendido mi cama, ni la colcha ni la almohada se encontraban donde las había dejado. Supe que era grave lo que estaba sucediendo. Tal vez algunos delincuentes andaban rondando la casa. Para evitar que me vieran y así convertirme en presa fácil, apagué la lámpara quedándome completamente a obscuras. Entonces nuevamente volvieron a correr por todas partes. Todos esos animales era evidente su presencia, movían basura o pateaban botes.
21:38 Cuando escuché unas risitas supe que esos ya no eran animales comunes, ni siquiera personas. A luce otra vez y sucedió lo mismo. Todo quedó en, no puedo negar que me sentía inquieto, nunca había pasado por una situación así, ya no me acosté, solamente me recargué en una de las paredes esperando que pronto pasara todo aquello. Como ya no se escuchaba nada, apagué la lámpara, me estaba quedando dormido. Cuando sentí que me mordieron en una pierna fue una mordida pequeña, tal vez un poco más grande que la de una rata. Reaccioné de inmediato.
22:27 Quise agarrar la lámpara para encenderla y ver quién me había atacado, pero no lograba encontrarla. Mientras tanto, el animal o lo que fuera me volvió a morder. Me encontraba totalmente a obscuras. A tientas buscaba mis cosas, pero al parecer se habían llevado todo sin que yo me diera cuenta. Me levanté despacio para salir de esa casa. A cada paso que daba se escuchaba que se caían muchas cosas e incluso otras me las aventaban. A duras penas llegué a la puerta de salida porque tenía la intención de salir corriendo de ahí, pero para mi sorpresa se encontraba cerrada y atrancada por fuera.
23:13 De nueva cuenta se escucharon aquellas risas Por todas partes, por la oscuridad. No lograba ver nada, ni siquiera me podía imaginar que era todo aquello. Comencé a empujar la puerta, tratando de abrirla por la fuerza mientras aquellas cosas me mordían. En verdad estaba muy asustado. Empecé a tirar patadas, pero no lograba pegarle a nada ni a nadie. Como si lo que me estuviera agrediendo fueran seres invisibles. Gritaba con todas mis fuerzas que me dejaran en paz. Tal vez con eso lograba espantarlos, pero el ataque no cesaba.
23:57 Empujé las ventanas, pero también estas estaban cerradas. Era la primera vez que me sentía atrapado en medio de una horrible oscuridad. Fue hasta entonces que se me vino a la mente la idea de que eran duendes y yo, sin saber, estaba invadiendo su territorio. Creer eso me hizo tener escalofríos, porque para mí esos seres eran salidos del infierno. Además, no tenía idea si su mordida era venenosa. Recordé haber escuchado por ahí que para entrar en un bosque o cualquier otro lugar donde hubiera esa clase de seres.
24:38 Se tenía que pedir permiso. Entonces me detuve. Me paré donde yo creí que era en medio de la casa y con todo respeto, les pedí perdón por haber entrado sin permiso, invadiendo su espacio. Les dije que no era mi intención hacerles ningún daño. Mientras tanto, me seguían mordiendo y sus risas burlonas se escuchaban por todas partes e incluso por el techo. Les supliqué que me permitieran salir y les prometí no regresar nunca más a esa casa. Así estuve aguantando por varios minutos sus agresiones.
25:21 Sentí que aquellas cosas me habían escuchado porque dejaron de morderme las risas, los pasos y los ruidos. Todos se detuvieron, quedando toda la casa en silencio. De nueva cuenta me sentí solo en ese lugar. No salí corriendo de ese lugar, esperé a que amaneciera, estuve nervioso, pero ya sin ataques. Nada más amaneciendo empujé la puerta, la cual se abrió sin problema alguno. No junte mis cosas porque no se veían por ningún lado y no las iba a buscar. Salí de ese lugar sin voltear a ninguna parte. Ni siquiera me revisé las heridas. Cuando estuve en casa Por Primera Vez le di gracias a Dios por haber llegado con bien.
26:11 Entonces me curé las muchas mordidas que traía. En realidad no puedo asegurar que lo que me atacó esa noche eran duendes, pero de verdad que no le encuentro otra explicación. Por un tiempo dejé de meterme en casas abandonadas. Después lo volví a hacer, pero siempre acompañado. Solo que ahora me cuidaba no solo de los animales, también de lo que no se ve, como es obvio, ahora sí creo en duendes y seres de otros mundos.
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