542 - Los 7 pecados capitales aplicados a nuestra vida
Tus peores defectos no son fallas de carácter: son virtudes a las que se les torció la dirección. Los siete pecados capitales nunca fueron una lista de prohibiciones: eran un mapa de la mente, una forma de detectar a tiempo lo que empieza a decidir...
Los siete pecados capitales nunca fueron una lista de prohibiciones: eran un mapa de la mente, una forma de detectar a tiempo lo que empieza a decidir por ti. En este episodio, a partir de "Self-Help from the Middle Ages" de Peter Jones, vas a llevarte una señal de alarma que sirve para los siete y una pregunta que puedes hacerte en treinta segundos, en plena discusión o antes de una compra que llevas días rumiando. Sin culpa, solo información útil sobre cómo funcionas.
Elige la palabra que te incomodó al escucharla y obsérvala una semana. Vas a descubrir que casi siempre hay una necesidad legítima esperando debajo.
Si este episodio te ha gustado, no te quedes solo en la escucha.
El siguiente paso es pasar de escuchar a aplicar.
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0:01 Hay siete palabras que llevan muchos siglos con nosotros. Soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula y lujuria. Son los pecados capitales. Suenan a sermón religioso, suenan a algo que ya no va contigo. Y seguramente si te dijera que hoy has rozado al menos tres de esos siete... seguramente serÃa verdad. Déjame coger la lista más famosa de la historia, la de los siete pecados capitales y ver cómo la podemos utilizar para entendernos mejor. Esto es Ideas para Vivir Mejor, yo soy Eugenio Payá y este episodio nace de un libro que se llama Self-Help from the Middle Ages. Está escrito por Peter Jones, es autoayuda de la edad media, es un tÃtulo que parece un poco una broma y pero tiene una propuesta muy sólida detrás. Los siete pecados capitales son un mapa de nuestra mente, son una manera de nombrar los impulsos internos que nos están apartando de los demás, apartando de la realidad y apartando de nosotros mismos. Este episodio es para ti si alguna vez has salido de una conversación con esa sensación de haberte comportado como alguien que no querÃas ser, si te has descubierto buscando el precio del éxito en cosas que no te llenan, si llevas meses sin tener ganas de nada y no sabes por qué, si tienes en casa un objeto que te ha costado carÃsimo y que no te ha hecho más feliz ni un solo dÃa, todo eso vas a ver que es información.
1:28 La tesis del libro es la siguiente, ninguno de los siete pecados capitales empieza siendo un defecto humano, todos empiezan siendo un impulso perfectamente sano, la confianza en ti mismo, la comparación, el sentido de la justicia, el cansancio, el deseo, el apetito, la atracción, siete impulsos que no solamente son algo normal en el ser humano, sino que son necesarios. Sin confianza no haces nada, si no te comparas con los demás no aprendes, si no te indignas no eres capaz de defender nada, si no tienes deseos no construyes nada. Por tanto, lo que nos dice el libro es que lo malo no está en el impulso, está en lo que le pasa a tu vida cuando ese impulso toma el mando. Y lo que le pasa es que se va a estrechar. Tu campo de visión y tu vida se va a cerrar. Vas a dejar de ver la realidad.
2:19 Las personas van a dejar de ser personas para convertirse en obstáculos o en público o en herramientas o en amenazas. Por eso tenemos históricamente tanto interés en estas siete palabras, porque son siete maneras de dejar de ver. Lo que no ves te gobierna. Todo el mundo lidia con pensamientos, con impulsos que no siempre nos llevan a un buen sitio. Y no podemos dejar de sentirlo, sino que lo que podemos hacer es darnos cuenta de lo que está pasando antes de que eso empiece a tomar decisiones por nosotros. Eso es el episodio de hoy, es el libro de hoy. Un manual de detección temprana. Y creo que esto sirve hoy más que hace 20 años porque vivimos rodeados de herramientas que amplifican esos 7 impulsos. una pantalla que nos enseña vidas mejores que la nuestra todos los dÃas y alimenta esa comparación, un buzón que no se vacÃa nunca y alimenta el agotamiento, un carrito que llenamos en dos clics y alimenta el afán de acumular, un algoritmo que nos premia nuestra ira.
3:21 No es que seamos peores que nuestros bisabuelos, es que tenemos el gimnasio abierto 24 horas para hacer esas cosas, esas 7 cosas que son las que más daño nos hacen. La primera idea es que todo pecado es un impulso sano que ha perdido la dirección. Nos han vendido que hay emociones buenas y emociones malas. La envidia es fea, la ira es tóxica, el orgullo es peligroso. Y cuando les ponemos esa etiqueta, lo que hacemos es esconderlas. Nos da vergüenza reconocer que nos ha sentado mal el ascenso de un compañero. Asà que no lo llamamos envidia, decimos que es que no es justo el criterio que han usado. Y ahà es donde el impulso ese se nos empieza a escapar de las manos y empieza a conducir por sà mismo. Pero lo que tenemos que entender es que la materia prima de tus peores momentos es la misma que la de tus mejores momentos. Ese orgullo que te hace insoportable es el mismo orgullo que te ha sostenido cuando has decidido montar un negocio. Esa comparación que hoy te está amargando es la misma que te ha hecho estudiar más el año pasado. Esa ira que te desborda es la misma que te hace levantarte cuando tratan mal a un familiar tuyo. Por tanto, no hay dos motores, hay uno. Y lo que cambia es simplemente la dirección.
4:34 Te pongo un ejemplo. ImagÃnate a alguien que está montando un mueble en su casa, tiene las instrucciones al lado, en el suelo, y no las abre. Porque piensa que eso lo hace él facilÃsimo. Y dos horas después, seguramente hay una balda al revés, tres tornillos que sobran y un cabreo importante. Y cuando llega alguien, su pareja, por ejemplo, se acerca y le dice si le puede ayudar, él contesta que no. Obviamente esto no es un problema con los muebles, es un problema de soberbia. La idea de que las reglas son para los demás, de que aceptar ayuda no rebaja y esa incapacidad de escuchar una corrección sin vivirla como un ataque. FÃjate que el impulso original era sano, confiar en las propias capacidades, pero se ha torcido la dirección y entonces esa persona ha dejado de ver el mueble que tenÃa delante y la persona que se le estaba acercando también. Y esa persona no es imbécil.
5:23 Es probable que esa misma confianza en sus propias capacidades sea algo que le hace bueno en su trabajo. Entonces, lo que tenemos que hacer es cambiar la pregunta que nos hacemos cuando hay algo desagradable dentro de nosotros. En vez de preguntarnos qué clase de persona soy yo si estoy sintiendo esto, tenemos que pensar una cosa distinta que no nos lleve a la culpa. La cosa que tenemos que pensar es,¿ De qué impulso sano es esto la versión defectuosa? Si te ha molestado el éxito de alguien, debajo hay un deseo legÃtimo que no estás atendiendo. Si te ha hervido la sangre, debajo hay algo que te importa y que crees que alguien ha pisoteado. Cuando nombras bien el impulso primigenio, tienes información y con esa información puedes empezar a trabajar. Además, cuando tú te pones una etiqueta, cuando dices soy una persona envidiosa, estás describiendo tu identidad y esa identidad no se puede cambiar tan fácilmente. En cambio, cuando dices esto que estoy sintiendo ahora mismo es envidia, estás describiendo un impulso simplemente y un impulso es algo que tiene un principio y tiene un final y no nos define. La segunda idea es que la señal de alarma no es la intensidad. La señal de que algo va mal no es cuánto lo sientes a nivel de intensidad, sino en qué se ha convertido la otra persona dentro de tu cabeza mientras estás sintiendo eso. En la soberbia, por ejemplo, la otra persona se ha convertido en un obstáculo o en público o en una herramienta. Ya no es alguien con quien estás, es alguien que te estorba,
6:55 que te mira o que te sirve. Piensa en una reunión de trabajo, 12 personas, cada uno pensando en sus cosas, nadie está escuchando a nadie, solamente está esperando su turno. Cuando alguien dice algo bueno, las personas que están en esa mesa no piensan si es una buena idea o mala. Están pensando cómo van a intervenir ellos ahora. Están convirtiendo a los demás compañeros en decorado. En la envidia, la otra persona se convierte en un problema. Su alegrÃa es como un reproche para ti. Envidia no es querer lo mismo que tiene otro. Eso es deseo y puede ser muy sano. La envidia empieza cuando no es que lo quieras tener tú, sino que quieres que el otro no lo tenga. Por ejemplo, una amiga te escribe para contarte que por fin se ha comprado el piso. Y tú contestas con emojis, sonrientes y tal. Y esa noche en la cama te pones a pensar cuánto ganará, quién le habrá ayudado con la entrada, a lo mejor sus padres.
7:45 Nadie te ha pedido hacer esas cuentas. No sirven para nada. No te acercan ni un metro a tu propio piso. Lo único que hacen es rebajar a la otra persona para que su noticia deje de dolerte. Ese es el mecanismo y tiene un sÃntoma inconfundible. La alegrÃa secreta, el pellizco de satisfacción que nos entra cuando al otro le sale mal algo. Si lo sientes, ya sabes dónde estás, tienes envidia. En la lujuria pasa eso también. La otra persona se convierte en una imagen. Delante de ti ya no hay una persona, hay un retrato que quieres poseer. El problema es que muchas veces la persona real no encaja en ese retrato. Entonces,¿ qué aparece? La decepción. La persona se enamora de un retrato y ahora le está pidiendo a un ser humano real que interprete ese retrato.¿ Cuál es el antÃdoto en los 3 casos? Devolverle a la persona su dimensión real, que sea una persona con pasado, con futuro, con una vida interior más allá de lo que te está provocando ahora mismo. Y, por supuesto, si tienes envidia de alguien, redirige tu atención hacia el aprendizaje.¿ Qué ha hecho exactamente esa persona?¿ En qué orden? a qué cosas ha renunciado por el camino. La envidia estrecha el corazón y la curiosidad lo abre. Y de paso te vas a llevar una información que la envidia te estaba impidiendo conseguir. Tercera idea. Ni la avaricia va de dinero ni la gula va de cantidad. La avaricia es amar en exceso las cosas materiales hasta un punto en el que el afán de conseguirlas o de conservarlas manda sobre todo a tu vida. Y en la Edad Media
9:17 esto era muy importante porque estamos en un momento en el que el comercio se expandÃa, aparecÃan los bancos, etc. La pregunta que nos invita a hacernos el libro sobre la avaricia es¿ esta cosa material va a agrandar mi vida o la va a sustituir? Un ejemplo, 2 personas se compran la misma cámara de fotos, una cámara carÃsima. La primera se pasa todo el año haciendo fotos, aprendiendo, saliendo los fines de semana a hacer fotos, apuntándose a un taller, discutiendo con gente nueva, conociendo otras personas. La cámara le ha añadido vida. La segunda persona la tiene en un armario en su caja y solamente entra en internet a mirar el modelo nuevo que ha salido. Es la misma cosa, pero está pasando lo contrario. No hace falta despreciar las cosas materiales, sino saber qué papel le estamos dando en nuestra vida. Esto se aplica con una pregunta muy sencilla antes de hacer cualquier compra.¿ Qué voy a hacer yo el sábado que viene con esto encima de la mesa?
10:15 Si tienes una respuesta concreta, adelante. Si no la tienes, ya sabes lo que estás comprando en realidad. Estás comprando una idea de ti mismo que te va a salir carÃsima y que se te va a agotar en tres semanas. Pasa exactamente lo mismo con el tema de la comida, con la gula. Nos imaginamos la gula como comer en exceso, comer mucho, deprisa, sin freno. En la Edad Media la entendÃan de una manera bastante distinta. De hecho, llegaron a distinguir varias formas de caer en la gula. Por ejemplo, comer antes de tener hambre, comer con ansia. tener excesiva devoción por lo exquisito, pero también la exigencia quisquillosa de que todo esté exactamente como tiene que estar, el perfeccionismo.
10:58 Si te fijas, el denominador común no es la cantidad, sino el momento en el que la comida pasa a ocupar el centro de tu mente, el centro de tu vida. Y lo mismo pasa con la bebida. Hay una lÃnea muy sencilla de trazar y esa lÃnea la cruzas cuando beber te está escondiendo la realidad en lugar de ayudarte a mirarla de frente. pregunta es si al dÃa siguiente tú tienes más claridad sobre tu vida o menos. Y sé que la parte difÃcil de todo esto no es entenderlo, sino aplicarlo. Asà que si te apetece hacerlo acompañado en Ideas en Acción, mi mentorÃa en Patreon, tienes las ideas de este episodio por escrito, tienes ejercicios para que las puedas aplicar y tienes el oráculo Mentor Virtual 24-7 para pensar contigo. Lo tienes todo en la descripción del episodio. Seguimos.
11:44 Cuarta idea, nos quedan dos, la ira y la pereza, los dos extremos del termostato, los dos que peor gestionamos probablemente. Déjame empezar por la ira porque tiene un problema muy particular y es que da mucho gusto. Cuando te enfadas el mundo se vuelve nÃtido de golpe, alguien ha cruzado una lÃnea, algo está mal y tu cuerpo enseguida sabe qué hacer. Tiene una doble cara la ira, puede hacer justicia y y a la vez te puede hacer que pierdas la razón. Hay una ira legÃtima, por supuesto, esa que aparece ante un daño real y se apaga cuando ese daño se ha reparado. Esa ira no es mala, es un sistema de alarma que funciona muy bien. Es lo que te hace levantarte cuando alguien está humillando a un compañero en una reunión, por ejemplo. El problema empieza cuando la ira deja de utilizarse para reparar y empieza a alimentarse a sà misma, a retroalimentarse. Piensa en el tÃpico ejemplo de la comunidad de vecinos. Hay una gotera en el cuarto que ha manchado el techo del tercero, hay una reclamación razonable, un enfado, pero el del cuarto contesta mal. A partir de ahÃ, dos años después, el asunto ya no es la gotera. El del tercero va a votar que no a todo lo que proponga el del cuarto, se ha ampliado el conflicto a las bicicletas del portal, al ruido de la terraza, al color de la fachada. Ya nadie busca reparar nada, sino que busca fastidiar al otro. Y lo peor es que esa persona lleva años dedicándole a un vecino una cantidad de vida que no le dedica a casi nada más en su vida.
13:16 La prueba es esta.¿ Mi enfado está protegiendo algo o está buscando un blanco? Si protege algo, si tiene lÃmites y si tiene un destinatario, sabes qué quieres que pase para poder olvidarlo. Si simplemente busca un blanco, se ha convertido en un combustible de sà mismo y eso con el tiempo cambia. te va a terminar haciendo daño. Hay una manera muy sencilla de comprobarlo antes de mandar ese mensaje o de entrar al trapo. Intenta terminar esta frase.¿ Estaré tranquilo? ¿Cuándo? Si la respuesta es algo que puede ocurrir de verdad, cuando me pidan disculpas, cuando arreglen la gotera, etc., entonces tu enfado tiene solución y estás trabajando para ti. Si la respuesta es cuando esa persona se dé cuenta de lo mala que es, cuando le pase algo parecido, tal, ahà no hay reparación posible. La ira acaba consumiendo al que la sostiene antes que al objetivo de esa ira.
14:09 Y ahora el otro extremo, la pereza, lo que en la Edad Media se llamaba acedÃa, no era la vaguerÃa como la entendemos ahora, era un derrumbe del vÃnculo, un estado en el que el mundo te sigue pidiendo cosas pero tú ya no respondes. Por eso también es la más dolorosa de las siete, porque las otras seis se pueden trabajar, pero el La acedia es como una anestesia. Sabes lo que te importa, te acuerdas perfectamente de cómo era tu vida antes y aún asà no puedes retomarla. En la Edad Media la describÃan como se describe hoy mismo la depresión. Asà que es bastante reconocible más de mil años después. La acedia ataca a la gente a través de lo que más le importa. Alguien que ha vivido para la música, por ejemplo... pues ahora se encuentra mirando la guitarra en un rincón y ya no es que no le guste tocar la guitarra, es que le duele algo cuando piensa en tocarla. Y desde fuera lo vemos como desinterés y en realidad es lo contrario.¿ Cuál es la salida fácil? Que normalmente es también equivocada, la distracción.
15:13 Cuando estás vacÃo por dentro, esas diversiones te parecen un rescate, pero no lo son, te están alejando un poquito más de ti. Es esa noche a la una y media de la mañana en la que estás todavÃa deslizando el dedo por la pantalla porque parar significa quedarte a solas con tus pensamientos.¿ Qué funciona entonces? Recuperar el contacto poco a poco con esas cosas que te gustaban. Sacar la guitarra de la funda y dejarla apoyada en el sofá, simplemente. Todo eso ya, ese pequeño paso, ya cuenta. Déjame repasar las siete. Soberbia, envidia, ira, pereza, avaricia, gula y lujuria. Quédate con una, no con la que te parezca más grave, sino con la que te hayas cocido más. No la vas a corregir, simplemente quiero que durante los próximos dÃas la observes. Cada vez que aparezca, apunta tres cosas en el móvil. Una, a qué hora ha aparecido y dónde estabas. Dos, qué habÃa pasado justo antes. Y tres,¿ Qué querÃas tú en ese momento? No qué hiciste, ojo, sino qué querÃas.
16:16 Y al séptimo dÃa lees todas las notas y te contestas a la siguiente pregunta.¿ Este impulso está mejorando mi vida o la está empeorando? Mira si en esos momentos las personas de tu alrededor seguÃan siendo personas o se habÃan convertido en obstáculos, en público, en amenazas o en imágenes. Y vas a descubrir dos cosas. La primera es que ese impulso aparece siempre a las mismas horas y con la misma gente. Y la segunda, que debajo casi siempre hay una necesidad legÃtima que llevas tiempo sin atender. Bueno, te decÃa al principio que Ãbamos a coger la lista más famosa de la historia para usarla al revés de como normalmente se usa. Y creo que el libro de Peter Jones lo consigue. Mi conclusión a todo esto es que lo que llamamos pecados simplemente son impulsos mal dirigidos, son señales que merece la pena pararse y leer. Los siete empiezan con un impulso completamente normal, justicia, cansancio, deseo, apetito, atracción, confianza, comparación, pero se vuelven dañinos cuando son capaces de estrechar nuestra atención o apartarnos de los demás o cuando nos hacen confundir una fantasÃa con la realidad. Entonces, cuando aprendemos a reconocer esos patrones con compasión, No vamos a dejar de tenerlos, obviamente, pero vamos a impedir que esos patrones conduzcan. Y eso, dos mil años después, puede marcar la diferencia entre una vida que se nos vaya de las manos o una
17:47 vida que dirijamos nosotros. Bueno, si algo de lo que has escuchado hoy te ha gustado y te apetece seguir tirando del hilo, ya sabes que en Ideas en Acción, en mi comunidad de Patreon, tienes las ideas de cada episodio por escrito. Tienes ejercicios prácticos para que las puedas aplicar y tienes el oráculo, un interlocutor virtual entrenado con cientos de episodios y con muchÃsimos libros para ayudarte a pensar mejor en eso que te preocupa hoy. Te dejo el enlace en la descripción del episodio. Nos escuchamos en el próximo episodio. Hasta entonces te deseo un muy feliz dÃa. Que lo pases muy bien. Nos vemos muy pronto.
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