La buena suerte: Las claves de la prosperidad
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0:01 Hola a todos y bienvenidos a Ideas para vivir mejor. Soy Eugenio Paya Ruiz, lector empedernido, escritor y experto en desarrollo personal. Y hoy quiero llevarte las ideas principales de La buena suerte, que es un libro que está escrito por Alex Rovira. Esta historia que estoy a punto de contarte y que estás a punto de escuchar empieza en una tarde cualquiera, en una de esas tardes en las que uno sale de casa sin esperar nada, unas tardes de estas normales, y de repente la vida decide sorprenderte de alguna manera. El libro nos cuenta la historia de VÃctor, que es un tipo impecable, pero sin exagerar, elegante, pero que no se da demasiada importancia. Y VÃctor habÃa ido a su plaza de siempre, esa plaza que para él era como un pequeño refugio, era su lugar donde respirar, su lugar donde dejar que el mundo siguiera girando sin él por un momento y recordar cómo habÃa llegado hasta donde habÃa llegado. Se sienta en su banco de siempre, tranquilo, observando simplemente a la gente pasar. escuchando el murmullo de la tarde, a los niños que están jugando, al perro que siempre persigue las palomas sin éxito, lo tÃpico de cualquier plaza, de cualquier parte. Y de pronto, sin esperárselo, vio o reconoció algo en otra persona, un gesto, una postura, un eco del pasado. ConocÃa a esa persona, esa persona
1:32 era David. Un viejo amigo, pero un David muy distinto al que VÃctor recordaba. No tenÃa nada de aquella energÃa de antes, nada de esa sonrisa. Este David caminaba como si el mundo le pesara sobre los hombros. TenÃa la cara cansada, la mirada caÃda. Se miraron y en ese momento pasó algo curioso. La sorpresa les borró 10 años de golpe. Se reconocieron, se les iluminaron las caras y sin pensarlo se abrazaron como lo que eran, dos amigos que no sabÃan o no eran conscientes de que se habÃan echado tanto de menos. Después se sentaron juntos Y como suele pasar cuando nos reencontramos con alguna persona que fue importante en nuestra vida, el tiempo se abrió, se hizo hueco.
2:24 Creo que me entiendes, ¿no? Es como si alrededor todo siguiera igual, pero tú entras en una especie de burbuja en la que solamente importa lo que está ocurriendo ahÃ, en ese preciso momento. Bueno, pues en esa burbuja entraron ellos, Y David empezó a hablar, le contó su historia sin dramatismo, pero también sin esconder nada. Y menuda historia, porque para ser sinceros, su historia era como escuchar la crónica de una caÃda lenta, de una caÃda dolorosa, de una caÃda prácticamente inevitable. HabÃa heredado una fortuna enorme y ese fue el principio de todo. Y ojo, no es que esté mal heredar una fortuna enorme, por supuesto que no. Pero lo que pasó es que no tenÃa ni idea de lo que realmente significaba cuidar algo asÃ. Esta persona tomó decisiones equivocadas. Hubo momentos en los que confió en quien no debÃa confiar. Hubo oportunidades que parecÃan buenas pero resultaron ser tóxicas. Y cuando quiso reaccionar, la empresa familiar que habÃa heredado se habÃa ido a pique, las tierras que habÃa heredado ya no eran suyas y las propiedades que también habÃa heredado, mejor no hablar ni de las propiedades porque se las quitaron todas. Terminó dependiendo de la caridad de la gente de su barrio y de sus conocidos.
3:51 Ãl lo resumió asÃ, básicamente. Todo lo que habÃa pasado lo resumió en una frase. No he tenido suerte, VÃctor. Nunca tuve suerte. VÃctor escuchó a su amigo en silencio, muy atento, y cuando David terminó, él respiró hondo y le contó que su historia habÃa sido la contraria. Ni mejor ni peor. HabÃa sido simplemente... La contraria, VÃctor nunca habÃa heredado nada, ni un negocio, ni un terreno, ni un apellido que le pudiera abrir puertas y desde pequeño habÃa trabajado en lo que saliera. Lavó coches, cargó cajas, fue portero de un hotel, camarero, ayudante, lo que hiciera falta.
4:38 Y en cada uno de esos trabajos aprendió algo. A veces algo pequeño, a veces algo grande. Pero todo lo que aprendió en esos trabajos sumaba. Hasta que un dÃa, con más miedo que dinero, pidió un crédito y se compró un pequeño taller de bolsos de piel. En él puso todo lo que tenÃa. Disciplina, esfuerzo, horas, errores, aprendizajes y esa mezcla rara de ilusión y de terquedad que tiene la gente que decide apostar por sà misma. Y ese taller de bolsos creció y VÃctor creció con él.
5:20 Cuando terminó de contar su historia se quedó en silencio. Y ahà fue cuando VÃctor recordó algo que guardaba muy dentro. Un cuento que su abuelo le habÃa repetido tantas veces que se habÃa convertido en parte de él. Mira, David, le dijo, cuando tú heredaste todo eso, tuviste suerte. Tuviste suerte. Pero suerte de la que se acaba rápido. Suerte de la que no depende de ti. Suerte... de la que si la pierdes, pues la pierdes y punto. Esa suerte es como una moneda al aire. A veces cae bien, a veces cae mal, pero nunca es tuya del todo. Yo, en cambio, he pasado años aprendiendo a fabricar la mÃa, a fabricar mi propia suerte. Una suerte que no dependa del tiempo, que no dependa de los demás, que no dependa de si el universo está de buen humor ese dÃa, etc.
6:16 David levantó la mirada. con esa mezcla de curiosidad y de esperanza que suele aparecer cuando alguien te dice algo que de algún modo tú ya intuÃas, pero que nunca te habÃan dicho abiertamente. Y VÃctor continúa hablando. Mira, David, la suerte que te toca en la vida es limitada, es escasa y casi nunca dura. Pero la buena suerte de verdad es la que se escribe con mayúsculas, la buena suerte que no tiene nada que ver con el azar, esa depende de ti únicamente. Depende de las decisiones que tomas cada dÃa. Depende de cómo preparas el terreno para que pasen cosas buenas. Es la suerte que se construye, no la suerte que te llega. Y esa es la primera regla de la buena suerte. Y si la entiendes, Todo puede empezar a cambiar, incluso para ti, David, en esta situación que tienes ahora mismo. VÃctor sonrió. Le encantaba que alguien escuchara como él escuchaba a su abuelo. Entonces se aclaró la voz, se dio un golpecito asà con los dedos en el pecho y dijo... Esto que te voy a contar me lo contó mi abuelo y es algo que pasó hace muchÃsimo tiempo. MuchÃsimo tiempo. Es un cuento.
7:39 En un reino tan lejano que si existiera Google Maps en aquella época ni siquiera saldrÃa, ¿verdad? Un reino que era apenas una mancha en blanco en algún mapa. Pues en ese reino vivÃa un tal MerlÃn. Y un buen dÃa reunió a todos los caballeros del reino. Entonces Merlin les explicó su misión. Durante las próximas siete noches, siete noches, ni un dÃa más ni un dÃa menos, siete noches, van a hacer un trébol mágico en el Bosque Encantado. Un trébol pequeñÃsimo. pero un trébol capaz de dar a quien lo encuentre una suerte infinita. Infinita de verdad. Le dará suerte con las batallas, le dará suerte con los negocios, le dará suerte con el amor. Un trébol que a quien lo encuentre le va a cambiar la vida. David abrió los ojos de par en par escuchando esto. ImagÃnate La cara de los caballeros, continuó VÃctor. Estos tÃos estaban flipando, ¿no?
8:43 Esto es como si te dicen... Oye, mañana mismo puedes encontrar algo que va a hacer que todo te vaya bien para siempre, ¿no?¿ Quién no irÃa a encontrarlo? Pues eso pensaron todos, ¿no? Todos los caballeros pensaron eso hasta que MerlÃn extendió el mapa. Porque claro, una cosa es buscar un trébol en un prado... Y otra cosa muy distinta es buscar un trébol en un bosque enorme que parecÃa no tener fin. Un bosque con árboles altÃsimos, con sombras que se tragan la luz, con miles y miles de plantas por todas partes. Una auténtica locura, vamos. Imposible de encontrar. Uno de los caballeros dijo, MerlÃn, esto es imposible.
9:30 Otro caballero dijo,¿ cómo vamos a encontrar un trébol entre millones y millones de plantas y de hierbas y demás? En fin... Te puedes imaginar, uno a uno, todos los caballeros fueron reculando. Primero con excusas tontas, luego directamente bajando la cabeza y saliendo de la habitación de MerlÃn, porque el miedo hace eso, ¿verdad? Te encoge, te hace pequeño. Y al final todos se marcharon. Todos menos dos caballeros. Solo quedaron dos, Nott y Sid. Nott era un caballero de capa negra y Sid era un caballero de capa blanca.
10:11 Volvemos a esa plaza, David asintió, metido hasta el cuello en la historia, y VÃctor continuó. Sid, el caballero Sid, fue el primero en hablar. Dijo algo asà como, si MerlÃn dice que el trébol mágico va a nacer en el bosque, pues yo me voy al bosque a buscarlo. Nod no dijo nada, pero aceptó también y se fue al bosque. Total, que al dÃa siguiente, al amanecer, los dos se pusieron en camino. Sin mapas, sin certezas, sin una sola garantÃa de que fueran a encontrar nada, ¿no? De que aquello fuera a funcionar. Pero caminaron igual. Porque la diferencia entre ellos y los demás no era que fueran más valientes, no era que fueran más fuertes, no era que fueran más listos. No. La diferencia es que ellos dos se atrevieron a dar el primer paso. Y ahà es donde el abuelo de VÃctor siempre hacÃa una pausa cuando contaba esta historia, ¿no? Y entonces te soltaba la enseñanza. Esa enseñanza era la segunda regla de la buena suerte que nos enseña el libro, que dice asÃ.
11:23 Muchos desean tener suerte, pero muy pocos están dispuestos a levantarse, están dispuestos a caminar y están dispuestos a salir a buscar esa buena suerte. La historia continúa en el Bosque Encantado. Los dos caballeros llegan y se dan cuenta de que los árboles ahà son enormes, retorcidos, están llenos de nudos de esos que parecen ojos, son árboles que se inclinan unos hacia otros como si estuvieran hablando entre ellos. Hasta ese lugar tan terrible llegaron Sid y Not después de un viaje que les robó dos dÃas enteros de vida. Dos dÃas caminando, cabalgando, perdiéndose, encontrándose, pasando mucho frÃo por la noche, pasando mucho calor por el dÃa. En fin, dos dÃas sin certezas, dos dÃas escuchando los sonidos del bosque que ellos no sabÃan si eran animales o si era alguna cosa peor que preferÃan no ver. En fin, hicieron su camino Y llegaron al Bosque Encantado. Por fin cruzaron ese lÃmite que era el bosque. Y se dieron cuenta de que el tiempo corrÃa en su contra, porque habÃan gastado ya dos dÃas, con lo cual solamente les quedaban cinco para encontrar el trébol encantado del que les habÃa hablado MerlÃn. Cinco dÃas. Y teniendo en cuenta dónde estaban, cinco dÃas era casi un insulto. Y encima, porque siempre hay un y encima en estas historias, habÃan llegado por separado.
12:57 No sabÃan dónde estaba el otro, se habÃan separado durante el camino, no sabÃan si el otro estaba avanzando, si estaba perdido, si estaba muerto. Cada uno iba a ciegas. Cada uno se enfrentaba contra el bosque a solas. Y no solo contra el bosque, contra la prisa por encontrar el trébol y contra su propia cabeza. Bien, a la mañana siguiente, cuando amaneció, Nod decidió que necesitaba una pista, necesitaba algo, necesitaba una mÃnima dirección. Y entonces pensó, bueno, si el trébol nace de la tierra,¿ quién mejor que alguien que conoce cada rincón del suelo del bosque para darme una pista? Y ahà fue cuando se le ocurrió ir a ver al prÃncipe de la tierra. El prÃncipe de la tierra es el gnomo. Pero claro, encontrar al gnomo no era tan sencillo como preguntar dónde vive, ¿verdad?
13:52 Nod lo intentó, lo intentó mucho. Le preguntó primero a una ardilla, esa ardilla solamente sabÃa que estaba nerviosa, no le supo guiar. Luego le preguntó a un ciervo, que le miró con cara de ciervo, ¿verdad? Esa cara de, de verdad me estás preguntando a mà por un gnomo. Y luego le preguntó a un búho, que no se acordaba de nada porque era demasiado viejo. Vamos, que el plan de Nod no iba bien. Pero después de insistir y después de perder demasiada paciencia por el camino, dio finalmente con la casa del gnomo. TenÃa una puerta pequeñita, casi escondida, como si no quisiera que nadie la encontrara.
14:37 Y Nod, con toda la esperanza del mundo, hizo al gnomo la pregunta. Y lo que recibió fue un mazazo. El gnomo muy tranquilo, el gnomo muy seguro, le dijo, imposible, un trébol mágico no puede nacer aquÃ. Aquà nunca ha nacido un trébol mágico, ni va a nacer. Y claro, añadió razones, ¿no? Que si la Tierra estaba muerta, que si no habÃa condiciones óptimas, que si eso nunca se habÃa visto, que si seguramente te habrán engañado. El tÃpico discurso que te deja peor de lo que estabas antes.
15:18 El caballero Knott salió de allà hecho polvo. No solamente frustrado, sino con miedo también. Ese miedo que siempre aparece cuando alguien te dice que aquello que te ilusiona, que aquello que es lo que te hace seguir adelante, pues que simplemente no puede ser. Es imposible y no puede ser. No lo vas a conseguir. Sid, el otro caballero, unas horas después decidió lo mismo. Oye, voy a hablar con el gnomo. Y también llegó hasta esa casita del gnomo. Y también escuchó lo mismo, el mismo no, dicho casi con la misma calma desesperante. Pero aquà viene la diferencia. Mientras Not se derrumbó por dentro al escuchar esa respuesta, Sid no. Sid se quedó callado por un momento, como si pudiera escuchar algo más allá de lo que el gnomo le estaba diciendo. Se quedó pensando, dándole vueltas. Se quedó poniendo las piezas sobre la mesa mental y entonces se dijo, vale, el gnomo dice que nunca ha nacido un trébol aquÃ, vale, pero MerlÃn dijo que iba a nacer. Entonces,¿ qué pasa si las dos cosas son ciertas?¿ Y si nunca ha nacido un trébol porque nunca se han dado las condiciones? Pero ahora sà que se van a dar.
16:37 Y cuando insistió un poco más, cuando apretó al gnomo justo en ese punto, éste le acabó diciendo, mira, aquà la tierra está muerta, nadie ha cuidado esta tierra desde hace siglos y los tréboles necesitan tierra fresca. Y esa tierra fresca aquà no existe, no la vas a encontrar. Sid no necesitó escuchar más. Se levantó, salió de la casa del gnomo, se montó en su caballo y se marchó directo al territorio de las Kauls. El territorio de las Kauls es un sitio donde la tierra es tan fértil que si escupes una semilla prácticamente al dÃa siguiente tienes un árbol. Y sÃ, también es el lugar donde vivÃan unas vacas enanas que producÃan el estiércol más valioso del reino. Se fue hasta ese lugar, llenó las alforjas de su caballo con la tierra más fresca que encontró, no midió, no dudó, no pensó en el cansancio que se le iba a provocar, solo cargó, cargó y cargó.
17:39 Y volvió al bosque encantado a toda velocidad. Allà encontró un claro tranquilo, desmontó del caballo, respiró hondo y se puso a trabajar. removió la tierra vieja, quitó los matorrales, esparció la tierra nueva que se habÃa traÃdo de ese sitio tan fértil con las manos, sin miedo a ensuciarse, y mientras lo hacÃa, le vino esa idea tan simple, esa idea tan obvia, pero que a veces olvidamos. No ha nacido un trébol aquà porque nadie ha preparado el terreno. No ha nacido un trébol aquà porque nadie lo ha hecho posible. Sid entendió algo que demasiada gente olvida. Que para que pase algo distinto, tú tienes que hacer algo distinto.
18:28 Que la suerte no es magia. Que la suerte no es algo que pasa. Es una consecuencia. Que las cosas buenas no se esperan simplemente, sino que se cultivan. La buena suerte no va a aparecer porque sÃ. La buena suerte va a aparecer cuando tú crees las condiciones para que esa buena suerte aparezca. Al cuarto dÃa, Nod, el caballero de la capa negra, iba a lomos de su caballo con cara de no haber pegado ojo en toda la noche. Se le notaba en la mirada, los hombros caÃdos, esa forma de apretar los labios que solamente tienen los que están dudando de todo, incluso de ellos mismos, porque las palabras del gnomo seguÃan ahÃ, dándole vueltas en su cabeza.
19:15 Una parte de él pensaba que el gnomo a lo mejor lo habÃa engañado, se querÃa quedar el trébol para él. Y otra parte sospechaba que por mucha buena voluntad que pusiera, la suerte simplemente no estaba de su lado y el trébol no lo iba a encontrar. Aún asà siguió avanzando por el bosque. Porque cuando no sabes qué hacer, avanzar es lo único que te queda. Esto lo sabemos todos. Y el bosque no le ayudaba en absoluto. El bosque seguÃa apareciendo infinito y Nod cabalgaba a través de él sin rumbo claro, siguiendo su desesperación más que su instinto.
19:56 Hasta que, de pronto, cuando menos se lo esperaba, los árboles comenzaron a separarse. Y de pronto se encontró ante un lago inmenso. Y en ese lago, de pie sobre las aguas, apareció una mujer. Una figura luminosa, una figura casi lÃquida, como si estuviera hecha de la misma agua del lago. Era lo que el libro nos describe como la dama del lago, ese es el nombre, ¿no? A Nott se le cortó la respiración, no sabÃa si inclinar la cabeza, si hablar con ella, si huir, pero algo dentro de él le dijo que aquella podÃa ser su oportunidad.
20:36 Dama del lago le dijo, estoy buscando tréboles,¿ dónde crecen aquà los tréboles? Ella no contestó, al principio solamente se rió y cuando terminó de reÃr se le cambió la cara, se puso seria, se puso muy seria. Mira, en este bosque, le dijo, no crecen árboles, tréboles, no crecen tréboles ni crecerán nunca. No hay agua suficiente en la superficie, todo fluye bajo tierra, invisibles, escondidos, y los tréboles necesitan humedad constante. No sabes esto, los tréboles necesitan humedad constante, necesitan vida.
21:18 Aquà no vas a encontrar ningún trébol, olvÃdate. Fue como otro portazo en la cara de Nott. Nuestro caballero dejó caer los hombros, giró el caballo, totalmente abatido, por supuesto, y empezó a alejarse del lago sin mirar atrás. Estaba harto, harto de buscar, harto de no encontrar, harto de escuchar siempre las mismas respuestas, cansado. Y mientras cabalgaba,¿ de qué se quejaba? De su suerte, de su destino, de todo. Y mientras Knott se hundÃa en la frustración, pues al otro lado del bosque, Sid, el caballero de la capa blanca, se despertaba con el cuerpo totalmente machacado por el esfuerzo de la tierra, pero con la cabeza clara. HabÃa trabajado como un loco el dÃa anterior, recuerda que habÃa estado preparando la tierra, y ahora solamente le faltaba el agua.
22:16 Nada más y nada menos. Y la única que podÃa darle ese agua era la dama del lago, por supuesto. Asà que comió un poco, se montó en su caballo y partió sin perder el tiempo. Cabalgó durante horas a través del bosque, respirando hondo y llegó al lago. Ãl sabÃa que siempre hay que poner de tu parte cuando quieres algo. Cuando llegó al lago, vio a la misma dama y entendió al instante una cosa que a Nott se le habÃa escapado por completo. Ella estaba rodeada de agua. SÃ, de agua, pero era un agua atrapada, era un agua sin salida, era un agua condenada a morir bajo tierra.
23:02 Y entonces le pregunto, dama del lago,¿ cuánta agua necesitan los tréboles para crecer? Ella respondió con una sinceridad absoluta. Mucha. MuchÃsima. Necesitan agua pura, necesitan agua constante. Mira, los tréboles solo crecen cuando la tierra está viva. Y aquÃ, aquà mis aguas no pueden alimentar nada. Se hunden bajo el suelo y no tengo forma de guiar estas aguas para que hagan nada. En ese instante, Sid sintió el clic en su cabeza. Ese clic que solamente escuchan quienes están atentos a algo más que sus propios problemas cotidianos. Si tú me das tus aguas, le dijo... Yo puedo ayudarte a abrir un camino, un surco, una salida, algo que permita que tu agua llegue a la tierra que la espera, algo que te alivie a ti y que al mismo tiempo dé vida al bosque. La dama lo miró con una expresión imposible de describir. Era una mezcla de sorpresa, de alivio, de gratitud y aceptó. aceptó el trato que le proponÃa Sid. Entonces Sid tomó su espada y la convirtió en un arado improvisado. Se agachó, hundió la hoja en esa tierra del bosque y empezó a abrir un surco largo, profundo, con muchÃsima paciencia y la tierra cedió
24:35 y el agua fue avanzando. Primero despacito, como si dudara, y luego ya con fuerza, como un canal. La vida te devuelve lo que das. Susurró Sid. La vida te devuelve lo que das. Porque al ayudar a la dama, él se habÃa ayudado también. Porque al darle salida al agua, habÃa creado las condiciones que necesitaba para su huerto. La suerte no aparece sola, la suerte se provoca. Cuando creas oportunidades para otras personas, el mundo, de una forma u otra, acaba devolviéndote esas oportunidades a ti. Bueno, la última noche antes de que se cumpliera el plazo que les habÃa dado MerlÃn, Nott estaba ya al borde del agotamiento. HabÃa caminado durante horas, habÃa esquivado raÃces, ramas, sombras y lo único que querÃa era un sitio tranquilo donde parar, donde pensar un poco y donde dejar que su caballo respirara.
25:41 Estaba agotado y no habÃa encontrado absolutamente nada. Y mira tú por dónde, justo cuando más lo necesitaba, el bosque se abrió. Apareció un claro precioso, un claro de esos que parecen sacados de un sueño, con agua fresca cayendo entre las piedras, con un pedacito de pasto verde suave, perfecto para un caballo cansado. Knott suspiró de alivio. Casi, porque claro, siempre hay un pero, ¿verdad? En todo. En cuanto avanzó un poco más, vio a Sid. Estaba tirado en el suelo, lleno de tierra hasta las pestañas, apoyado en su caballo porque no podÃa más. Y entonces Nod desmonta y le pregunta, ¿qué, Sid?¿ Cómo te ha ido a ti?¿ Has encontrado el trébol mágico del que nos habló MerlÃn? Sid levanta la cabeza... Se sacude un poco la tierra... Y le dice que no... Que él no ha visto nada... Ni una pista... Ni un indicio... Nada absolutamente...
26:46 No tenemos trébol mágico... Nott se queda un momento callado... Frunce el ceño... Y le suelta... Entonces...¿ Por qué sigues aquÃ? Vete al castillo... ¿No? No pierdas más tiempo... No te canses para nada... Pero Sid levanta la mano... Y le dice, espera, espera, espera, espera. Cuando Knott se fija bien, ve que Sid está hecho un desastre. Tiene la ropa manchada, tiene las botas llenas de barro, tiene las manos absolutamente negras, como si hubiera estado excavando su propia tumba. Y entonces Sid le explica lo que ha estado haciendo. Ya sé lo que dijo el gnomo, porque sé que te lo dijo a ti también, que aquà no podÃa nacer ningún trébol. Asà que pensé que si no podÃa nacer, igual yo podÃa hacer que naciera.
27:43 He traÃdo abono, he creado un arroyo, he quitado piedras, matorrales, he preparado la tierra, he intentado que este lugar quiera vivir.¿ Y noot? explota porque a not las cosas tan complicadas le irritan le enfadan estás loco de suelta estás loco de remate no sabes dónde van a hacer el trébol porque nadie lo sabe y tú te dedicas a montar un huerto en mitad del bosque un huerto en mitad del bosque pero qué te pasa estás loco o qué Y se va, se marcha enfadado, resoplando, convencido de que Sid se ha vuelto completamente loco, que ha perdido el juicio en algún punto de aquel bosque. Pero Sid no se mueve, ni un centÃmetro. Sid se queda observando la tierra, su tierra, ese trocito de mundo que ha preparado con sus propias manos. Y piensa que si MerlÃn dijo que habÃa que encontrar el trébol mágico, en ningún momento dijo que uno no pudiera hacer algo para facilitar el asunto.
29:01 Que los que creen en el azar se rÃen de los que crean las circunstancias. Y que los que crean las circunstancias, curiosamente, nunca se preocupan por el azar. Qué profundo, ¿verdad?, esta reflexión del libro. Esa noche Sid duerme regular, o no duerme, da lo mismo. Está inquieto, está nervioso, tiene esa sensación rara de que algo importante está a punto de pasar, aunque igual no pasa nada. Y llega el amanecer, el último dÃa. Sid se levanta con un nudo en la garganta, él lo ha dado todo, ha trabajado como un loco, Ha aprendido más en esa semana que en todo un año como caballero, pero ahà está, sin un trébol, ni uno. Y es que claro, acertar el punto exacto del bosque donde van a hacer el trébol mágico es algo absolutamente imposible. Pero de repente el viento cambia. Una ráfaga brutal mueve los árboles, dobla las ramas, revuelve todo como si el bosque estuviera despertando de un mal sueño.
30:17 Y entonces empieza a llover. Pero no es una lluvia normal. Es una lluvia de pepitas verdes. Primero caen unas poquitas y luego caen un montón. Y luego caen miles, miles de miles. Una nube entera cayendo del cielo sobre el bosque encantado. Las semillas del trébol de cuatro hojas que todos los años caen y que nadie mira. Las semillas del trébol de cuatro hojas que ensucian los tejados. Las semillas que dan trabajo a los escobones. Las semillas que nadie quiere. Las semillas quedan ahÃ, quietas, inertes, como siempre, como todos los años. En todo el reino no pasa absolutamente nada, nada. Excepto en un lugar diminuto, muy pequeño.
31:08 Tan pequeño que si no sabes dónde está, jamás lo vas a encontrar.¿ Dónde es ese lugar? El huerto de Sid. Ese huerto que parecÃa una locura. Ese huerto que nadie más habrÃa hecho, ese huerto que nació de la insistencia y del cansancio y del barro y de la fe un poco irracional de un caballero que no se rindió. AhÃ, justo ahÃ, las semillas empiezan a brotar. Un mar entero de tréboles de cuatro hojas creciendo todos a la vez. Porque cuando alguien es capaz de crear las circunstancias correctas, entonces la buena suerte deja de ser una casualidad y se convierte en algo que es ilimitado, en algo que es infinito. Volvemos a esa plaza, volvemos al mundo actual.
32:03 Cuando VÃctor terminó de contarle a David aquella historia que le habÃa transmitido su abuelo, se quedaron los dos en silencio. El aire estaba quieto, como si también estuviera escuchando. Un par de niños corrÃan por la plaza detrás de una pelota y aún asà parecÃa que nadie hacÃa ruido. VÃctor respiró hondo. TenÃa algo en la garganta, no sabÃa si era emoción, tensión o vete tú a saber qué. Y se animó a hablar bajito. Y le dijo a su amigo, a lo mejor esto te parece una fábula, pero yo solamente querÃa que te llegara la buena suerte, aunque fuese envuelta en un cuento, aunque te parezca una tonterÃa. Espero que no te haya molestado lo que te he contado.
32:50 David seguÃa mirando al frente se le notaba que tenÃa un nudo por dentro en realidad los dos tenÃan un nudo y en ese mismo silencio David pensó y supo que aquel reencuentro era una suerte increÃble casi imposible si lo pensaba frÃamente. Después de tantos años sin verse, los dos amigos, de tantos años sin llamarse, sin saber nada del otro, de pronto, pum, ahà estaban. CoincidÃan en la misma plaza y se sentaban en el mismo banco. Es raro, murmuró VÃctor, que justo este cuento, este momento haya llegado asÃ, de repente. David entonces giró un poco la cabeza y hacia su amigo y le dijo, este encuentro no ha sido por azar. VÃctor, sorprendido, frunció un poco el ceño,¿ cómo que no?¿ Cómo que no ha sido por azar? No, no ha sido por azar. El cuento no ha llegado aquà por casualidad y tú tampoco. Yo he creado las circunstancias para que esto pasara. Mira, VÃctor, durante los últimos cuatro años no he dejado de pensar en ti. Y han sido los peores años de mi vida, como te he contado antes. Créeme, los peores. Estuve mal, estuve muy mal.
34:11 Y cuando uno está mal, pues busca agarrarse a algo o busca agarrarse a alguien. Y yo pensé en ti. Te busqué, te busqué muchÃsimo, te busqué muchÃsimo más de lo que te puedas imaginar. en las redes, en lugares por los que habÃamos pasado, en lugares por donde yo sabÃa que tú parabas, preguntaba a gente que creÃa que a lo mejor podÃa saber algo de ti, pero nada, ni rastro. Y cuando no podÃa buscarte, te imaginaba, visualizaba este mismo instante en este banco teniendo esta conversación. VÃctor tragó saliva, porque a veces las palabras que te diga un amigo pueden tener más impacto que cualquier metáfora o que cualquier cuento o cualquier leyenda. Y sintió que algo en su interior hacÃa clic, como si lo hubieran recolocado por dentro sin tocarlo. David sonrió de una forma pequeña, pero muy sincera. Y le dijo, asà que sÃ, yo también he creado buena suerte. La buena suerte nunca llega por casualidad, como tú bien dices. Bueno, espero que este episodio te haya inspirado y que te lleves al menos una idea que puedas poner en marcha hoy mismo. Y si quieres seguir profundizando, pues déjame contarte que ya tienes disponible el primer volumen de mi nueva colección. Se llama Secretos para Vivir Mejor. Y son unos libros, un compendio de las ideas, de las herramientas prácticas que tocamos en
35:43 este podcast.¿ Para qué? Pues para que puedas tenerlas por escrito, para que puedas repasarlas cuando quieras y para que puedas aplicarlas en tu dÃa a dÃa y empezar a dar pasos reales hacia eso que deseas. Lo tienes ya disponible y te dejo su enlace directo en la descripción para que le eches un vistazo, por supuesto, sin ningún tipo de compromiso. Muchas gracias de verdad por estar al otro lado. Si este episodio crees que te ha aportado valor, pues te invito a que lo compartas con alguien a quien también pueda ayudar. SuscrÃbete al canal, por supuesto, y sigue al podcast en Instagram. Y ahora sÃ, me despido. Un fuerte abrazo y hasta la próxima.
36:46 Gracias por ver el video!
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