Aug. 19, 2025

El sonido influye: Cómo moldea nuestras vidas y nuestro bienestar

El sonido influye: Cómo moldea nuestras vidas y nuestro bienestar
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Ideas para vivir mejor
El sonido influye: Cómo moldea nuestras vidas y nuestro bienestar

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0:00 Hola a todos y bienvenidos a Ideas para Vivir Mejor. Soy Eugenio Paya Ruiz, lector empedernido y escritor. Y hoy te traigo las ideas principales de un libro que se llama El sonido influye. Está escrito por Julián Trescher. Pero antes de empezar, quiero hablarte del programa intensivo para mejorar tu bienestar y tu salud que ha creado Ibadi. Ibadi es el Instituto Valenciano Digestivo. Es una institución que está formada por médicos, está formada por nutricionistas, por psicólogos, por fisioterapeutas y este programa que han creado es 100% online para que lo hagas a tu ritmo y en él te explican todo lo que necesitas para cuidarte de forma integral.

0:46 alimentación consciente ejercicio por supuesto y herramientas para gestionar tanto el estrés como la ansiedad por ser oyente de este podcast y buddy nos ofrece un 10% de descuento en nuestra inscripción sólo tenemos que usar el código ideas para vivir mejor todo en mayúscula entra en y buddy punto es barra talleres o haz clic en el enlace que te dejo en la descripción No lo dejes pasar porque ya sabes que sin salud todo lo demás, todo esto de lo que hablamos en este podcast queda en un segundo plano. Y ahora sí, vamos con las ideas principales de este libro que se llama El sonido influye. El libro nos recuerda algo que si lo piensas es extraordinario.

1:32 Ahora mismo, mientras estás escuchando mi voz, mientras estás escuchando este podcast, tu cerebro está haciendo magia, sin exagerar. Está haciendo magia porque está decodificando unas vibraciones que son invisibles, unas ondas que van viajando por el aire y las está convirtiendo en significado para ti. Las está convirtiendo en recuerdos, en emociones, etc. Parece un superpoder, ¿verdad? Y lo tenemos prácticamente... todos tú no tienes que pensar si quieres oírme o no del mismo modo que no piensas cuando estamos hablando del corazón ahora lato ahora no lato sin embargo es algo que ocurre pero obviamente oír no es lo mismo que escuchar oír es biológico y escuchar es un acto humano es un verbo activo es participar escuchar es elegir abrir una puerta y dejar que el sonido entre por esa puerta Pero el libro nos lleva atrás en el tiempo, antes de que hubiera pájaros incluso, antes de que existiera un solo ser humano sobre la Tierra, antes incluso de que la vida saliera del mar. Y nos dice que el planeta ya sonaba en esa época. Esto es lo que los científicos llaman geofonía. El trueno que retumba en la montaña, el viento que atraviesa un valle, las olas del mar rompiendo contra la orilla, la lluvia golpeando sobre la tierra, todo eso ya existía antes de que estuviéramos nosotros.

3:01 Ese concierto eterno ha moldeado el paisaje y ha moldeado también nuestro cerebro. Por eso cuando escuchamos llover no es casualidad que nuestro corazón se calme. O cuando nos sentamos frente al mar y notamos que nuestra respiración se está sincronizando con las olas. Eso es biología. Cuando sientes el viento de la montaña y tu nivel de estrés baja, no es que estés sugestionado. Es herencia. Es que tus antepasados sobrevivieron gracias a esos sonidos. Y hoy, nosotros que estamos aquí, somos la memoria viviente de todo eso. Japón ha convertido esto en un ritual. Recuerda los baños de bosque, personas que van caminando entre los árboles y se van parando a escuchar, solamente a escuchar. Y estos baños de bosque funcionan. La ciencia ha confirmado ya que los pacientes que hacen estos baños de bosque o que escuchan pájaros se curan antes en los hospitales. Las ciudades gastan millones y millones en plantar árboles o en instalar fuentes.¿ Por qué?

4:10 Porque saben, aunque no se diga abiertamente, que esa música nos viene bien. El precio de una casa sube también si está junto a un río o en un parque, ¿verdad? Porque nuestro cuerpo reconoce inconscientemente dónde está salvo y eso tiene un valor intrínseco.¿ Cuál es el problema? El problema es que ya no escuchamos. El ruido del tráfico, las notificaciones, las obras, todo eso es un telón que tapa el concierto original. Y lo peor no es que hayamos perdido ese concierto original, lo peor es que ni siquiera nos damos cuenta de que lo hemos perdido. Pero nuestro sistema nervioso sí que lo nota, porque nuestro sistema nervioso anhela y necesita de esos sonidos. Claro, la solución la tenemos al alcance de nuestras manos. No hace falta mudarnos a una montaña, no hace falta apagar el mundo entero que te rodea. El libro dice que bastan 10 minutos en los que nos detengamos y escuchemos. Escuchemos de verdad, escuchemos la lluvia contra una ventana, escuchemos el sonido del viento acariciando un árbol. Y si no lo tenemos a mano, si no llueve o si no vives cerca de un árbol, una grabación también sirve. Haz la prueba, siéntate, cierra los ojos y escucha. Y vas a notar cómo enseguida tu respiración se va haciendo más lenta, tus hombros se relajan, tu mandíbula va soltando tensión. Y no es magia, es la naturaleza recordándote quién eres y de lo que estás hecho.

5:47 Imagínate por un momento que... tus oídos no son solamente ventanas. Lo que vemos aquí fuera, ese pabellón de piel y de cartílago, solamente es la punta del iceberg. pero por dentro ocurre algo mucho más profundo. En esos lugares a los que nunca podremos asomarnos, pero que están trabajando sin descanso cada segundo de nuestra vida, allí en la oscuridad de nuestro cráneo, el libro nos dice que hay un laberinto. Un laberinto que está formado por unos huesecitos más pequeños que un grano de arroz, también por una serie de cámaras llenas de líquido, Y también, por supuesto, por miles de células microscópicas que se van moviendo como si fueran espigas de trigo bajo el viento. Y todo eso funciona en armonía y todo eso es lo que hace posible el milagro de escuchar. El oído medio... tiene tres de los huesos más pequeños del cuerpo humano. Tres. El martillo, el yunque y el estribo. Y su misión es tan simple como importante. Su misión es transmitir vibraciones. Pasarlas de un lado a otro.¿ Hasta qué? Hasta que lleguen a la cóclea, que es esa espiral que tenemos escondida y que convierte frecuencias en impulsos eléctricos. Y es justo en ese momento cuando el cerebro entra en escena. Es justo

7:17 en ese momento cuando lo invisible se convierte en un recuerdo o en una emoción. Pero el oído... Antes que todo eso, es también un guardián. Es nuestra alarma más antigua. Cuando algo suena de golpe, nuestro cuerpo reacciona en cuestión de milisegundos. Mucho antes de que nuestros ojos procesen lo que está pasando. Por eso, cuando oímos un claxon al lado de nosotros... saltamos incluso antes de que veamos el coche. Esto es el resultado de millones de años de evolución donde escuchar a tiempo ha sido una cuestión de vida o muerte. Así que incluso cuando estamos dormidos nuestros oídos permanecen alerta. Es el último sentido que se apaga por la noche y el primero que se enciende por la mañana.

8:06 Fíjate si es importante el sistema auditivo. Nos dice el libro también que todo el planeta vibra. Los científicos lo llaman biofonía. Es la sinfonía de lo vivo. Aquí entran los delfines, que usan la ecolocalización como si llevaran un sonar integrado. Los murciélagos, cuando cazan en la oscuridad con una precisión milimétrica, que parece imposible. Los búhos, también, que tienen oídos a distintas alturas y son capaces de escuchar en tres dimensiones, y eso les sirve para poder atrapar a un ratoncillo bajo la nieve, aunque no lo hayan visto moverse. Y nos dice que nosotros también tenemos ese don, aunque muchas veces lo hemos olvidado. Tenemos la capacidad de sintonizar con esa biofonía. Porque escuchar esos sonidos vivos no solamente nos conecta con el mundo, sino que nos sana también.

8:58 Por eso los niños que crecen rodeados de cantos de pájaros desarrollan un lenguaje mucho más rico y una atención mucho mayor que los que no. Los adultos que viven en entornos con diversidad acústica sufren también menos estrés. Duermen mejor. En algunos hospitales ya se está usando. Se reproducen grabaciones de biofonía. Y los pacientes se recuperan antes. Es lo que nos dice la ciencia. Claro, ahora pregúntate cuándo fue la última vez que escuchaste de verdad. No con la prisa de quien va de un sitio a otro, sino con atención plena. La mayoría de nosotros hemos convertido el silencio en ruido artificial. Coches, notificaciones del móvil, máquinas... Pero es muy sencillo, basta con que nos vayamos a un parque, con que abramos una ventana, con que nos paremos por un momento y que descubramos que estamos rodeados de unos sonidos y de unas voces invisibles que no nos piden nada, que no opinan, que no interrumpen, que solamente existen. Así que el libro nos propone un experimento. Dedícale unos minutos cada día a escuchar solamente a eso.¿ A escuchar el qué?

10:16 El canto de un pájaro, el ladrido de un perro, el zumbido de un insecto. Conviértelo en un pequeño juego. Identifica cinco sonidos vivos y concéntrate en cada uno de ellos durante un minuto. Y vas a escuchar cómo van cambiando, cómo se van contestando entre sí. A lo mejor descubres... que cuando escuchas lo de fuera, también empiezas a escuchar lo de dentro. A lo mejor descubres también que en un mundo saturado de pantallas, saturado de notificaciones, saturado de voces superpuestas, volver a escuchar estas cosas puede ser el acto más radical de humanidad que podemos hacer. Imagínate por un momento que pudiéramos escuchar el planeta hace 100.000 años. Nuestro planeta, la Tierra.¿ Qué escucharíamos? Pues un mundo prácticamente desnudo de artificios.

11:13 Escucharíamos el crujir de las hojas bajo los pies de un animal. Escucharíamos una tormenta. Escucharíamos el agua que baja por las montañas. Nuestro cerebro está cableado para eso. Está cableado para detectar un crujido en la hierba y para decidir en cuestión de milisegundos si corremos o cazamos. Está cableado para entender que el canto de un pájaro significa normalidad, pero que cuando esos pájaros se callan de manera repentina, eso es una alarma. La naturaleza nos dio un código sonoro y nuestra supervivencia como especie dependía de que lo interpretásemos bien. Claro, ahora cierra los ojos y trasládate a la Gran Vía de Madrid o a Times Square o a Tokio. Miles de coches pitando, altavoces con música compitiendo entre sí, tu móvil con notificaciones en el bolsillo, el metro que pasa por debajo de tus pies. Nuestro cerebro no ha cambiado tanto en 10.000 años. Pero el paisaje sonoro que tenemos alrededor sí ha cambiado dramáticamente y lo ha hecho, además, a una velocidad brutal. Nos lanzaron a una sinfonía que no sabemos interpretar como seres humanos porque no es natural.

12:32 Y ese cambio tiene un nombre. La ciencia lo ha definido como antropofonía. Todo aquello que solamente existe porque lo hemos inventado nosotros. la alarma de un microondas, el motor de un avión. Es que hay mil ejemplos. Incluso el murmullo de las conversaciones que hay en un centro comercial o de los anuncios. Ese concierto humano que nunca termina. El problema es que nuestro sistema nervioso no puede distinguir entre el rugido de un león y el claxon de un coche. La reacción va a ser la misma. Alerta, estrés, adrenalina. Tu cuerpo cree que está en peligro en cualquiera de esos dos escenarios. Y aunque solamente sea el vecino colgando un cuadro con el taladro a las 12 de la noche, que pasa mucho, ¿verdad? Pero claro,¿ qué pasa cuando esto ocurre muchas veces al día? Que la alarma se queda encendida, que nos cuesta dormir, que nos cuesta concentrarnos, que vivimos en un estado de alerta en el que nos desgastamos muchísimo.

13:34 Es como si estuviéramos corriendo un maratón sin descanso. Y por desgracia hemos aprendido a llamar normalidad a estar rodeados de ruido. Y no lo es, no lo era para nuestros tatarabuelos, no lo era para nuestros antepasados. No es normal vivir rodeados de ruido. Pero no todo es negativo en el libro. Nos dice, por ejemplo, que también nosotros hemos inventado la música, el único arte que viaja directamente al cuerpo sin ningún filtro. Una melodía musical puede bajar tu frecuencia cardíaca en cuestión de segundos. Una melodía puede sincronizar los latidos de miles de personas que están en un mismo estadio o en la misma sala de conciertos.

14:19 puede convertir en baile lo que antes era miedo. Y no solo la música, también hemos inventado nuestra voz, un instrumento universal que transmite cosas. Transmitimos calma, consuelo, afecto. Un bebé que escucha cantar a su madre entra en reposo directamente. Un anciano que escucha una canción que era tendencia en su juventud revive recuerdos olvidados. El sonido puede curar. El problema es que otras personas también han aprendido a usar ese poder en nuestra contra. En un supermercado, por ejemplo, la música hace que camines más despacio o más rápido, que compres más, que compres menos. En una cadena de comida rápida, la música acelerada te obliga a comer más deprisa para que dejes la mesa libre y haya más rotación.

15:06 En una cafetería, la música también puede estar calibrada de alguna forma para que trabajes mejor y vuelvas mañana. Creemos que estamos decidiendo, pero en realidad muchas veces estamos bailando al ritmo de un guión acústico que alguien ha escrito para nosotros. Y claro, esa es la pregunta que tenemos que hacernos todos los días.¿ Quién está diseñando nuestro paisaje sonoro?¿ Nosotros o otra persona? Porque los sonidos que escuchas normalmente no los elegimos. Y son como un segundo aire que estamos respirando sin darnos cuenta. Son invisibles, inevitables a veces, pero tienen un impacto en nuestra salud, en nuestra calma, en nuestra capacidad de pensar con claridad. Por eso, la propuesta es esta. La propuesta es que recuperes el control de tu dieta acústica. Igual que eliges lo que comes o lo que lees, empieza a elegir también lo que escuchas.

16:03 Dedica una hora a prestar atención y haz una lista mental.¿ Qué sonidos te tensan?¿ Qué sonidos te alivian?¿ Qué sonidos te dan igual, pasan desapercibidos?¿ Qué sonidos te desgastan? Y luego da un paso valiente. Un paso valiente puede ser silenciar las notificaciones inútiles o usar auriculares que bloqueen el ruido cuando lo necesites. Busca momentos para escuchar cosas que de verdad te nutran. Una canción, una voz que te guste o incluso el silencio. Ese lujo prácticamente desaparecido en las ciudades. No vamos a volver, obviamente, a un mundo de riachuelos y de pájaros. Pero sí que podemos crear Refugios invisibles en medio de la tormenta de ruido. Sí que podemos rediseñar nuestro entorno sonoro para que en lugar de desgastarnos podamos recuperar lo que más falta nos hace, que es energía, enfoque y calma. Porque al final, igual que un buen músico, cada uno de nosotros tiene la posibilidad de dirigir la orquesta que suena en su vida.

17:12 Y eso es un poder muy importante y lo hemos perdido. También nos habla un poco el libro del espacio. El espacio lo imaginamos en silencio normalmente, ¿verdad? Un silencio tan absoluto que casi nos da miedo. Pero nos aclara que esa imagen es falsa. El espacio nunca ha estado en silencio. El universo canta también. Canta. Y lo hace desde antes incluso de que la vida apareciera en el planeta Tierra. A esa música los científicos la han llamado cosmofonía. Y es real. Cada planeta tiene su propia voz. Es alucinante cómo nos va contando que los anillos de Saturno producen melodías, cómo la Tierra vibra y se escuchan las olas, el viento, los temblores de la corteza terrestre. Todo eso forma parte de un acorde interminable. El Sol, lejos de ser una esfera estática, es como una campana enorme y esa campana palpita y burbujea y estalla y cada estallido lanza ondas que si pudieran llegar intactas hasta aquí, nos dejarían sordos al instante. Pero incluso los agujeros negros emiten sonido. Son, por lo visto, notas tan graves que ningún ser humano puede percibir. Las estrellas también. Las estrellas de neutrones parecen tambores cósmicos.¿ Y cómo olvidarnos del Big Bang? El instante

18:42 en el que, según la ciencia, empezó todo. Eso fue el primer acorde, la primera vibración. Y su eco sigue ahí, escondido... en esa radiación de fondo del universo, como ese murmullo que nos acompaña desde hace 13.800 millones de años. Ahora, claro, todo esto es muy bonito, pero¿ qué pasa cuando escuchamos esos sonidos? Pues la ciencia ha demostrado que pasa algo sorprendente. Y no solamente tiene que ver con la ciencia, sino con nuestra conciencia. Cuando escuchamos eso que te contaba sobre Saturno, o el rugido eléctrico de Júpiter, o el zumbido constante del planeta Tierra, ocurre un cambio. De repente, nuestro ruido cotidiano se apaga, nuestro estrés baja, nuestros problemas parecen algo absurdo y algo diminuto. es porque tomamos perspectiva, porque nos damos cuenta de que no estamos habitando un planeta aislado, sino que vivimos dentro de una sinfonía cósmica que empezó muchísimo antes de que estuviéramos nosotros aquí y seguirá sonando muchísimo después. Y de esto se han dado cuenta la NASA y otras agencias espaciales y han compartido esas grabaciones.

20:01 Están al alcance de cualquiera. Búscalas en Google, búscalas en YouTube, ponte unos auriculares, cierra los ojos Y escucha. Y escucha cómo suena el universo. Y verás lo que pasa. Yo lo he hecho. De pronto descubres o te das cuenta, no lo descubres porque ya lo sabes, pero te das cuenta de que formamos parte de una melodía mucho más grande que nosotros mismos. Mucho más importante y mucho más grandioso que cualquier algoritmo de inteligencia artificial. Mucho más duradero que cualquier civilización también. Una música es como una música que no te pide permiso para sonar. Pero que sabes que siempre ha estado ahí Lo que pasa es que tenemos que pararnos un segundo y escuchar. Y eso no lo hace casi nadie.¿ Qué es lo que hace la gente normalmente? Pues tirar de ansiolíticos en vez de hacer algo tan sencillo como escuchar estas cosas. Imagínate que entrásemos en una cámara anecoica, que es en principio el lugar más silencioso que hay en el planeta. Es un sitio donde no hay eco, no hay ningún tipo de vibración, no hay ruido, no hay nada. Si hiciéramos ese experimento, realmente no encontraríamos tampoco la paz absoluta, sino que encontraríamos un espejo brutal que es nosotros mismos. Escucharíamos nuestro corazón golpeando, nuestra sangre fluyendo como un río por nuestras venas y por nuestras arterias, incluso el sonido eléctrico de nuestros nervios.

21:27 Y entonces entenderíamos que el sonido absoluto no existe, que nunca ha existido. Siempre, siempre, siempre hay un sonido, un murmullo.¿ Por qué? Porque siempre hay vida. Y esto es una paradoja. Vivimos rodeados de ruido, buscando desesperadamente momentos de calma, sin saber que dentro de nosotros ya existe un concierto permanente. Y eso lo llamamos silencio, pero en realidad es otra forma de escuchar. La ciencia nos ha dicho y ha demostrado que cuando reducimos el ruido externo, nuestro cerebro se reorganiza, nuestras neuronas encuentran conexiones nuevas, nuestra memoria mejora, nuestra creatividad florece, nuestro estrés baja. Pero para llegar hasta ahí, primero tenemos que hacer algo incómodo. Tenemos que saber enfrentarnos al eco de nosotros mismos. Esto las culturas antiguas ya lo sabían.

22:28 Los monjes del desierto no se alejaban de la ciudad porque odiaran al mundo, como se nos hace ver a veces, sino porque tenían simplemente amor al silencio. Los budistas no se callaban porque fueran austeros, sino porque comprendieron que cuando todo fuera se apaga, por dentro se abre un espacio infinito. Y sin embargo, hemos construido un planeta que odia el silencio. Tenemos ciudades que están rugiendo 24 horas. Tenemos pantallas que gritan colores y que nos mandan notificaciones. Y tenemos auriculares que nos bombean música sin pausa. Hemos llegado a confundir el ruido con la compañía. Hemos llegado a confundir el ruido con la seguridad. Y tanto es así que cuando ese ruido se apaga, mucha gente siente miedo. Miedo a escuchar lo que callamos. Miedo a descubrir quiénes somos cuando ese ruido desaparece. Pero no te engañes, no hace falta una cámara anecoica, no hace falta irse a una montaña, no hace falta irse a un monasterio perdido en el Tíbet.

23:33 Basta con que unos minutos al día te comprometas a apagar el móvil, a cerrar la puerta, a dejar que el mundo se caiga fuera y a escuchar. Al principio te va a parecer incómodo. Vas a percibir un zumbido extraño, vas a tener una sensación de vacío. Pero si permaneces ahí, el silencio empieza a desplegarse en capas, como si alguien estuviera levantando velos o estuviera levantando un telón invisible. Y lo que parecía nada se convierte en todo. Escuchas tu respiración, escuchas tu cuerpo, escuchas tu mente. Y cada sonido... Cada pausa se convierte en un recordatorio de lo mismo. Estás vivo, estás aquí. Porque el silencio no es ausencia, el silencio debería ser visto como revelación. Y quizá eso sea lo más importante del libro que estoy comentando hoy. Que escuchar es recordar, recordar que no estamos solos, recordar que formamos parte de algo mucho más grande, de un concierto que empezó muchísimo antes de que nosotros existiéramos y un concierto que, por cierto, seguirá cuando ya no estemos aquí. Recordar que cada ola, cada pájaro, cada vibración del universo no es ruido de fondo, sino una melodía de la que somos parte y que deberíamos disfrutar muchísimo más de lo que hacemos.

24:56 Así que ya lo sabes, escuchar no es un lujo, es un acto de humanidad. Es regresar, es una forma de reconciliarnos con la naturaleza, de reconciliarnos con los demás y de reconciliarnos con nosotros mismos. Y no hace falta huir del mundo para lograr eso. Solamente tenemos que pararnos un momento. Cerrar los ojos y escuchar. Así que la próxima vez que el ruido de tu ciudad te devore, haz esta prueba. Busca un rincón de silencio, aunque sea diminuto, y afina el oído. Y a lo mejor descubres que debajo de todo ese estruendo aún late la música original.

25:39 Esa misma música que nos dio vida, esa misma música que nos sostiene, esa misma música que nunca se ha parado. Porque al final la gran pregunta no es si escuchas al mundo, la gran pregunta es si te escuchas a ti mismo dentro de ese mundo. Bueno, espero que este episodio te haya inspirado y que hayas encontrado al menos una idea que puedas aplicar hoy mismo. Échale también un vistazo al curso de Ibadi que te comentaba que de verdad que vale la pena. Muchas gracias por estar al otro lado. Si el episodio te ha gustado, compártelo, por favor, con alguien que lo necesite. Suscríbete al canal y déjame tus comentarios. Un fuerte abrazo y hasta la próxima. CC por Antarctica Films Argentina