Píldora de Historia: El Boom de Benidorm
0:06 En Es Radio, en Casa de Herrero, con Esmeralda Ruiz. Las cinco y nueve minutos de la tarde. En la pÃldora de historia de este martes... nos vamos a un lugar del Mediterráneo. A un fenómeno turÃstico... que desde 1893 empieza a despertar el interés de toda España.¿ SabÃan que el primer folleto turÃstico, hablando de este destino, comenzó sobre los baños de la Virgen del Sufragio? Ahà empezó todo. Ahà empezó el boom turÃstico de Benidorm, con Pablo Tebarra. Quizá porque mi niñez sigue jugando en...
1:17 Hay ciudades que se convierten en destinos turÃsticos y después está Benidorm, una ciudad que pasó en apenas unas décadas de ser un pueblo español pesquero a convertirse en uno de los grandes sÃmbolos del turismo español, una transformación que no fue casual y que comenzó con una apuesta que en aquel momento parecÃa arriesgada. Benidorm es un pueblecito alicantino que se ha convertido en atractivo lugar de turismo y al que acuden los veraneantes atraÃdos por el pintoresquismo de su paisaje y de sus rincones tÃpicos, a los que se suman igualmente otras muestras de la moderna arquitectura. En los años 50, Benidorm todavÃa estaba muy lejos de la imagen que tenemos hoy, pero su alcalde, Pedro Zaragoza Orch, vio en sus playas una oportunidad. Apostó por un modelo de ciudad pensado para recibir turistas y por una idea que acabarÃa cambiando para siempre el municipio, hacer posible que cada vez más personas pudieran disfrutar de unas vacaciones junto al Mediterráneo. Y para conseguirlo hubo que pensar la ciudad de una manera diferente. Benidorm no se construyó simplemente por crecer, se construyó para acoger. Hoteles, apartamentos, restaurantes, comercios y espacios de ocio comenzaron a ocupar un municipio que hasta entonces tenÃa una dimensión mucho más pequeña. Y frente al modelo de pequeñas viviendas y construcciones bajas, Benidorm apostó por crecer hacia arriba. Una decisión que acabarÃa siendo una de sus principales señas de identidad.
2:39 Hablar de turismo no, pero la gente por fin creyó. Y ese hecho de que la gente crea, de que en vez de tener que irnos por ahà a las Amadrabas a pescar o embarcarnos en barcos, la gente tuviera trabajo aquà donde ha nacido en su propia casa, creo que con eso yo me daba por muy satisfecho. Y aquella apuesta empezó a funcionar. Los primeros turistas comenzaron a llegar. Primero los españoles, después cada vez más extranjeros. Y con ellos llegaron los hoteles, los restaurantes y miles de puestos de trabajo. El turismo empezó a transformar no solamente el paisaje, sino también la vida de quienes vivÃan allÃ. Familias que habÃan dependido durante generaciones de la pesca encontraron nuevas oportunidades. Comercios, bares, hoteles y empresas vinculadas al turismo empezaron a multiplicarse. Benidorm entraba asà en un cÃrculo que parecÃa imparable. Más turistas, más hoteles, más empleo y más capacidad para seguir creciendo.
3:34 Se nota bastante que han venido bastantes ingleses. Estamos por encima del 90%. Muchos ingleses, sÃ. Hay bastantes. SÃ, bastante movimiento. Es una alegrÃa, ¿no? Volver a ver las cafeterÃas llenas, los hoteles llenos, el ambiente que les echábamos de menos. La verdad que es una maravilla. Por lo menos tenemos un poquito de trabajo. La ciudad empezaba a crecer al mismo ritmo que su industria turÃstica. Quienes vivieron aquellos años desde dentro recuerdan cómo era aquel venidor que estaba a punto de convertirse en un fenómeno. Porque los extranjeros no llegaron solamente como visitantes, algunos terminaron convirtiéndose en parte de la propia ciudad. El turista británico fue ganando protagonismo y con él comenzaron a cambiar también los servicios que ofrecÃa Benidorm. Más restaurantes, más ocios, más espectáculos y una oferta preparada para que el visitante pudiera encontrar prácticamente todo lo que necesitaba sin salir de la ciudad. Robin Grant, operador turÃstico, y MarÃa Teresa Campos, una modista de la zona, recuerdan los comienzos.
4:31 La primera vez que pasé por Benidorm era en el 69. HabÃa un bosque de grúas. Dijo, madre mÃa, qué barbaridad. Encontramos un pueblo muy bonito, muy tranquilo. HabÃa buenos comercios, las playas magnÃficas y la isla, y todos los alrededores de Benidorm que también hacen barrio. que el destino en sà es muy interesante. Con 11 años recuerdo que no habÃa playa, habÃan cuatro toldos, cuatro hamacas y hubo un señor ruso que se llamaba Igor Markovich que montó las hamacas y entonces fue cuando empezó a haber ya más gente. Y entonces llegó la transformación.
5:11 En Benidorm, unos kilómetros más allá, el turismo internacional ha creado un espectacular enclave con hoteles dotados de magnÃficas instalaciones en una ciudad de vida activa, dinámica. Los edificios comenzaron a crecer hacia arriba, los hoteles se multiplicaron y las playas convirtieron en el escenario de una llegada masiva de turistas. Benidorm no solamente era un destino español, empezaba a convertirse en un destino internacional. Pero detrás de esa transformación habÃa algo más que una cuestión de paisaje. La altura permitÃa concentrar a miles de personas en un espacio relativamente reducido y al mismo tiempo mantener grandes zonas libres para las playas y para el ocio. Es decir, Los rascacielos no fueron solamente una cuestión estética, formaban parte de una manera concreta de organizar el turismo, y ese modelo permitió que Benidorm ofreciera algo que pocos destinos podÃan ofrecer, muchas plazas hoteleras, una enorme oferta de servicios y todo a pocos metros del mar. Pero su éxito no se explica solo por los rascacielos o por el sol. Benidorm vendió una forma de entender las vacaciones. Una fórmula sencilla. Playa, buen tiempo, alojamiento, gastronomÃa y entretenimiento. Pero también algo fundamental.
6:18 La posibilidad de disfrutar de todo eso sin necesidad de gastar una fortuna. Pues yo creo que las ganas de pasarlo bien, de la fiesta, la música, bailar, beber. Eso es muy tÃpico de España. En el mundo anglosajón, pues la gente era mucho más recto y más contenido. Una fórmula capaz de atraer a públicos muy diferentes, familias, extranjeros, jóvenes y con el paso de los años un colectivo especialmente fiel, los mayores. Benidorm supo adaptarse a ellos con hoteles accesibles, servicios pensados para sus necesidades, excursiones, espectáculos y una oferta de ocio que va mucho más allá del verano. Y eso ayudó a romper con una de las grandes limitaciones del turismo de sol y playa, la estacionalidad. Porque Benidorm no vive únicamente de julio y agosto. Su clima permite mantener actividades durante buena parte del año y los hoteles, restaurantes, comercios y espectáculos han conseguido convertir la ciudad en un destino que sigue funcionando cuando en otros lugares la temporada ya ha terminado.
7:19 Los viejos lo pasan divinamente. Aparte de que ves viejos que en su tierra seguro que no van asÃ. Aquà van con el bañador y una blusita encima, con 90 años, divinas de la muerte. Entonces se ven liberadas y por eso vienen a Benidorm. Muchos empezaron a volver cada año. Benidorm dejó de ser un lugar al que ir de vacaciones una vez para convertirse en un destino al que regresar. Y esa repetición es una de las claves de su éxito, porque el turista que vuelve ya conoce la ciudad, sabe dónde alojarse, qué playa elegir, dónde comer o qué espectáculo ver. Benidorm se convierte asà en una costumbre, y para algunos incluso en el lugar donde celebrar uno de los dÃas más importantes de su vida. Hay muchos viejos que se han casado gracias a Benidorm. Para mà lo mejor de España, solo hay alegrÃa Yo no veo ni entierros Y luego está la vida aquà muy barata. Por 1,20 te dan una cerveza... y un tarrito de mejillones y luego por la tarde vas por el paseo ahà en Penelope y todo eso, las gogos bailando. Si es que aquà rejuvenecemos. Vamos, en España no hay otra cosa igual.
8:20 Esa fidelidad ayuda a explicar por qué aquel boom no fue una moda pasajera. Benidorm consiguió algo todavÃa más difÃcil, crear una relación duradera con sus visitantes. Y también supo reinventarse. Con el paso de los años llegaron nuevos hoteles, nuevos espacios, parques temáticos, nuevas formas de entretenimiento y una oferta cada vez más amplia. La ciudad fue cambiando al mismo tiempo que cambiaban los turistas. Y ahà está otra de las claves. Benidorm nunca dejó de vender lo mismo de la misma manera. Ha mantenido su esencia pero ha ido adaptando su oferta. y quizá nadie resuma mejor... qué buscaba aquel nuevo turista... que uno de sus antiguos alcaldes... Manuel Catalán Allà se va todo el mundo... se pone el traje de baño... y una camiseta encima... unas chanclas... y bienvenido sea...
9:03 porque allà todo el mundo va... a pasarlo bien... o a que no le conozcan. Pasarlo bien... una idea sencilla... que terminó convirtiéndose... en un modelo turÃstico... Pedro Zaragoza puso las bases... los turistas hicieron crecer la ciudad... y Benidorm convirtió ese turismo en su propia identidad. Lo que comenzó como la apuesta por las playas de un pequeño pueblo pesquero acabó convirtiéndose en uno de los grandes fenómenos turÃsticos de España. Una transformación que cambió el paisaje, la economÃa y hasta la forma de entender las vacaciones. Y que convirtió a Benidorm en mucho más que una playa. Lo convirtió en una industria turÃstica. Una ciudad capaz de recibir millones de visitantes, de generar empleo y de mantener una actividad turÃstica durante prácticamente todo el año. Y más de medio siglo después, sus rascacielos siguen mirando al Mediterráneo y sus hoteles siguen llenándose. Porque el boom terminó hace décadas. El fenómeno venidor, no.
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