El Primer Palo (22/04/2026): Crónicas deportivescas; la petanca, patrimonio español que en realidad es francés
0:05 Alguna vez se han preguntado qué es España? SÃ, sé que es una pregunta demasiado amplia y algo genérica. Pero reflexionemos,¿ qué es realmente España?¿ Es un paÃs?¿ Es una cultura?¿ O son un compendio de costumbres como, por ejemplo, la petanca? Porque no me lo van a negar. Una postal muy española es la de los abuelitos y demás señores mayores, mirando a las bolicas metálicas y mirándose entre ellos con esos ojos que rezuman rivalidad y competición. Entonces, uno se prepararÃa para lanzar, tomarÃa la bola metálica y practicarÃa el tiro bajo la incisiva vigilancia de sus competidores. Entonces, tirarÃa.
1:30 Les suena esta postal, ¿verdad? Pues seguramente les sorprende saber que este deporte, porque sÃ, es un deporte federado, no es popular solo entre los abuelos de nuestra España. Ha girado por toda Europa y el mundo y tiene casi los mismos años que nuestra civilización occidental.¿ Quién nos hubiera dicho que la petanca podÃa sorprendernos tanto? Sobre todo, al ser francesa. Las Crónicas Deportivescas de Alicia Parente. Hoy, La Petanca, patrimonio español, que en realidad es francés.
2:25 Muy buenas noches, mis amigos de la radio y el deporte. Como han oÃdo, hoy dedicamos las crónicas deportivescas a una práctica que supongo para todos es un elemento más de nuestras vidas y de nuestras culturas. Digamos que está ahà y no le dedicamos más de medio segundo de pensamiento. Bueno, pues aunque resulte extraño, es en estos casos donde se esconden historias más curiosas y más rocambolescas. Y la petanca no es una excepción. Todos la relacionamos con los señores mayores que se reúnen los domingos por la mañana y echan el rato al aire libre y tan a gusto. Y por ende, la comprendemos como un deporte tradicional enraizado en nuestra cultura española. Todo esto nos llevarÃa lógicamente a asumir que la petanca es un deporte español. Pero nada más lejos de la realidad. Ni la ensaladilla rusa es rusa, ni la tortilla francesa es francesa, ni la petanca es española.
3:19 De hecho, es más francesa la petanca que la tortilla. Bueno, ya llegaremos a ello. Por lo pronto sepan que la petanca es una práctica milenaria que encuentra su origen en igualmente el origen de nuestra civilización occidental.¿ Y dónde es eso? Pues en la antigua Grecia. Según a quien se pregunte, se cree que esto del juego y o deporte de lanzar pelotas originó en la antigua Grecia, en el siglo VI o IV a.C. De hecho, fue en el 460 a.C.
4:00 cuando el prestigioso doctor griego Hipócrates dejó registro de sus alabanzas al popular juego, en el que tantos participaban, que consistÃa en lanzar bolas de piedra. Y es que... En aquel entonces se quedaba en eso. Al contrario de lo que ahora estamos acostumbrados, en la más temprana vida de la protopetanca, los jugadores lanzaban las bolas de piedra con el objetivo de tirarlas a la mayor distancia posible. Y no fue hasta la intervención de los romanos que esas pelotas debÃan acercarse a un objetivo. Esa fue la innovación que incluyó la antigua Roma en la historia de este deporte, que no es poco, ya que es realmente la base o el sentido de la práctica. Lanzar una bola que se aproxime lo máximo posible a otra y asà ganar a los adversarios. Ahora, el dónde, cuándo y cómo ya es otra cosa. Pero la intervención romana no quedó aquÃ.
5:07 Como bien saben por nuestros amigos Asterix y Obelix, las legiones y la influencia de la república y posterior imperio llegaron a las Galias bajo el mando de Cayo Julio César, y con él, la protopetanca romana. El juego se extendió pues grande era su popularidad y afición, y quedó allÃ, instalado y bien instalado, cuando el imperio romano de Occidente cayó a manos bárbaras en el 476 d.C., El imperio desapareció, pero no con él sus costumbres arraigadas por más de 400 años de influencia e historia en lo que ahora es Francia. Por supuesto, sobrevivió la protopetanca y con ella nos adentramos en la Edad Media. Como les digo, en la extensa Edad Media la protopetanca mantuvo su relevancia y mantuvo su interés.
6:09 Se han encontrado textos de Erasmo de Rotterdam refiriéndose al juego como Globurum, aunque la mayorÃa lo llamaba Bull, en cristiano, bolas. El juego de las bolas, que muy bien, pues no suena. Tal vez por eso el rey Enrique III de Inglaterra prohibió rotundamente la práctica de este deporte y en el siglo XIV sus majestades Carlos IV y Carlos V de Francia igualmente asà lo hicieron para todos sus plebeyos. No les puedo asegurar que no hubiese juegos de bolas clandestinos por el paÃs, pero algo me hace pensar que asà fue. Porque en el siglo XVII, cuando esta prohibición se levantó, el furor por la protopetanca regresó a las gentes como si nunca hubieran dejado de practicarlo.¿ Saben por dónde voy?
6:49 El juego, con el paso de los siglos, se fue moldeando de forma distinta según la región en la que se practicaba y se encuentra en versiones regionales como la gafle o la bouillonnese. Todo este caldo de cultivo deportivo explotó hace bien poco, en el siglo XIX, pues fue entonces cuando las gentes comunes empezaron a disfrutar del ocio, además del negocio. Y en esos tiempos libres, muchos lo invertÃan en su querido juego de bolas. Asà que ahà nos vamos. ¡Vamos papi!
7:34 Escenas como estas eran de lo más comunes en la región de Provence, concretamente en La Ciotat, un pequeño pueblo pesquero de la Riviera situado entre Marsella y Toulon. Fue allÃ, en el año 1910, donde nació la petanca que hoy todos conocemos. Y su origen fue de lo más curioso. En aquella época, miles de trabajadores estaban empleados en el astillero local y su entretenimiento favorito para despejarse un poco la mente era ir los domingos al boulot-togon o bolera. AllÃ, el juego más popular era el jeu provençal, también conocido como le trois pas, o los tres pasos, porque los jugadores debÃan dar tres zancadas antes de lanzar las bolas.
8:32 El juego también era conocido como la longue, o la larga, porque el terreno era largo, unos 20 metros de longitud necesarios para dar cabida a las zancadas de los jugadores.¿ Y por qué nos estás contando esto, Alicia? Bueno, pues porque tiene gran relevancia para esta historia, ¿vale? El hecho de que para participar en el juego hubiera que moverse y saltar suponÃa un inmenso condicionante respecto de quienes podÃan jugarlo. Piensen ahora en esos señores mayores fans de la petanca.¿ Se los imaginan dando tres zancadas? Pues eso.¿ Y cómo se pasa de una cosa a otra? A través del poder de la amistad. Ãrase una vez que se era, la historia de dos hermanos, Ernest y Josef Pitiot. Ambos regentaban una popular cafeterÃa en el corazón del pueblo de la Ciutat llamada la Boule Toilette. Y al encontrarse cerca del Boulot-Gombegot, muchos eran los clientes aficionados al jeu provençal.
9:48 El antecesor de la petanca, no se olviden. Contaban los hermanos que en aquellos tempranos años del siglo XX muchos eran los grandes jugadores que se acercaban al pueblo a competir en tensos campeonatos. Tantos eran los curiosos que se acercaban al lugar que los hermanos Pitiot decidieron alquilar sillas al pie de la pista para que pudieran verlo cómodamente. Aunque pronto, esta innovación supuso un serio problema. Al no haber separación entre la pista y las sillas, Muchas veces, las bolas salÃan rebotadas hacia el público y no fueron pocos los accidentes. Por ello, las sillas tuvieron que ser retiradas, aunque no para todos. El pobre Messier Jouy-Lenoir, conocido librero del pueblo, sufrÃa de tal reumatismo que, al pobre que estaba al borde de la discapacidad, le permitieron guardar su asiento, lo único que debÃa colocarse en un lugar concreto para no molestar. Y ese lugar estaba convenientemente cerca de donde tiraban los jugadores. Por ello, Muchas veces, el hermano Ernest Pitiot pillaba a Messier Lenoir practicando sus célebres lanzamientos sentado que llegaban al metro y medio o dos metros de longitud.
11:03 Eso dejaba alucinado a Ernest, que debÃa de exclamar algo asà como« Uy, Messier Lenoir, impresionante», y el viejecito debÃa contestarle algo asà como« Bah, sÃ, solo estoy practicando». El hombre le sonreÃa, seguramente echarÃa alguna carcajada, pero en sus mejores años lo cierto es que habÃa sido el mejor en el jeu provençal. Posiblemente la ternura y la compasión se hizo con Ernest, pues al poco le presentó a Messier Lenoir una nueva modalidad del jeu provençal en el que no era necesario dar zancada alguna. Desde su propia silla podÃa participar sin problema. Messier Lenoir, agradecido, indicó que se esforzarÃa por lanzar de pie en un punto fijo y, aunque le resulte increÃble, asà nació la petanca.
11:46 Música Pues sÃ, mis amigos de la radio y el deporte, esta es la curiosÃsima historia que se esconde detrás de nuestra conocidÃsima petanca.¿ Y por qué el nombre de petanca? Porque esta nueva modalidad de Ernest Pitiot alcanzó pronto muchÃsima más popularidad que el jeu provençal. Y como la principal diferencia era la de estar quieto, pues lo llamaron petanca. que del dialecto provenzal al castellano significa pies plantados o pies estancados en el suelo. Aunque esta no es la única diferencia.
12:30 La pista de juego se redujo a la mitad. No se tenÃa que marcar constantemente la posición de las bolas y no habÃa que anunciar los lanzamientos. En definitiva, el juego era más fácil, más accesible y más disfrutón. Por ello no es de extrañar que se expandiera por todo el paÃs y por todo el continente a la velocidad del rayo. Y asà es como llegó a nuestra España. Pero llegó la guerra. Y con ella, la última innovación. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, su desarrollo y finalización, la industria de producción de armamento entró en auge.
13:20 Y curiosamente, con sus máquinas de fabricación de bolas de cañón, se pudieron fabricar también bolas metálicas de petanca. En un primer momento eran macizas y totalmente rellenas por dentro. Pero con el tiempo, Jean Blanc y Louis Tarcher consensuaron dejar las huecas en su interior a través de un innovador proceso de construcción. Con todo ello, en 1928 la petanca ya pululaba por el mundo tal y como la conocemos hoy, y de hecho, asà sigue hasta nuestros dÃas. Asà que, por mucho que parezca, este deporte tan frecuentado por los señores mayores de los pueblos españoles tiene de todo menos español. Pero bueno, mi consejo, si es que puedo darlo, es que el hecho de que la petanca sea francesa no nos impida el poder disfrutarla. Y por muchos años, ¿eh?
14:04 Muchos años. Las crónicas deportivescas de Alicia Parente. Hoy, La Petanca, patrimonio español, que en realidad es francés.
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