el Primer Palo (10/09/2025); Crónicas deportivescas; Una maratón absurda
0:00 Llego nuevamente a sentir ahora a mi alrededor la extraña emoción. Todo el tiempo he parado en el reloj del corazón. Porque tanto tengo en el alma llevo a mi público de ayer. Por estar aquà de nuevo, maravilloso fue volver. Agradecida, emocionada, solamente puedo decir gracias por venir.
0:41 Alicia,¿ estás bien? SÃ. ¿Seguro? Llevas mucho tiempo en el baño. Que sÃ, que sÃ, que estoy bien. Empezamos ya la crónica deportivesca. Vale. Vamos. Las crónicas deportivescas de Alicia Parente. Hoy...¿ Hoy qué? Ah, la maratón más absurda de la historia. Hoy, la maratón más absurda de la historia. Gracias por vivir!
1:35 Muy buenas noches, mis amigos de la radio y el deporte. Como dijo nuestra lina, maravilloso fue volver. Y, ¡ah, pues que hemos vuelto! Regresan las Crónicas Deportivescas y todo nuevo inicio contiene algo de emoción. Incluso de miedo, de precipitación, de arrojo. Y bueno, yo creo que algo similar le sucedió a los inocentes corredores de la maratón de los terceros Juegos OlÃmpicos de la historia moderna celebrados en Luisiana en el año 1904.¿ Saben aquello de si esto no existiera habrÃa que inventarlo? Bueno, pues con esta maratón se lo podrÃan haber ahorrado, la verdad. Hablamos de un recorrido por la ciudad de 40 kilómetros de carretera sin asfaltar, bajo un sol de justicia veraniega, una humedad insoportable y un calor y ni un vaso de agua que echarse a la boca. Bueno, yo creo que hemos introducido suficiente el tema, asà que¡ que empiece la novela!
2:41 San Luis, año 1904, un momento importante para la historia de los Estados Unidos de América, pues se convierte en el tercer paÃs anfitrión de los terceros Juegos OlÃmpicos modernos de la historia. Después de Atenas y ParÃs, la particular ciudad de San Luis, Estado del Mississippi, es ahora el apasionante escenario de la apasionante competición internacional del deporte. La ciudad de San Luis se vistió de gala para organizar unos Juegos OlÃmpicos que pasarÃan bastante inadvertidos dentro del marco de la Exposición Universal de Luisiana, que celebraba el centenario de la compra de dicho terreno a los franceses.
3:29 Lo que sà destacó fue la desastrosa maratón protagonista de esta historia y de la que fue responsable un tal James Edward Sullivan. Quédense con este nombre. La popular maratón estaba agendada para la calurosa tarde del caluroso 30 de agosto de, por supuesto, 1904. Y en el estadio comenzaron a aglomerarse los curiosos que bajo ningún concepto querÃan perderse el pistoletazo de salida. Aquà es donde entran nuestros protagonistas. 32 corredores de siete naciones distintas se colocaron en la lÃnea de salida. Corredores a sus marcas. Estadounidenses, británicos, franceses, griegos, dos sudafricanos y un cubano con pantalones largos. De todos ellos, tan solo 14 llegarÃan a la meta. Oiga, con esos pantalones no podrá llegar a la meta. Déjeme que le corte las piernas. Pero bueno. Las del pantalón.
4:32 Ahora sÃ, daba comienzo la carrera. y y y Los 32 corredores iniciaron su andadura, su trocadura, bueno, su marcha. Tras cinco primeras vueltas por el estadio, los hombres se aventuraron a lo desconocido. 40 kilómetros de ruta polvorienta, repleta de obstáculos y con solo un suministro de agua quedaba disenterÃa. El primer error tal vez fueran los automóviles. Pues a la par que los competidores, los árbitros y entrenadores les acompañaban cómodos desde lujosos bólidos que levantaban una molesta nube de polvo. Muchos corredores empezaron a toser. La mayorÃa se retiró a los 10 kilómetros, pero el corredor estadounidense William GarcÃa creyó poder aguantar un poquito más. Aunque por desconocimiento o mala suerte, casi no pudo contarlo. No se sabe cuánto
6:10 tiempo pasó en el suelo hasta que lo encontraron. El polvo y la arena se habÃan pegado en las cavidades de su sistema respiratorio y William GarcÃa sufrió una gravÃsima hemorragia, la que dÃas después, gracias a Dios, se recuperó. Mientras tanto AndarÃn Carvajal, el cartero cubano y mareatoniano, continuaba su carrera con normalidad y los pantalones cortados, hasta que... Según se estima, AndarÃn llevaba unas 40 horas no alimentado y los melocotones que a un par de viandantes habÃa robado, suficientes no le resultaron. Asà que se plantó ante un rebosante manzano y todos sus frutos le fueron pocos a nuestro cubano. Ay, cada bocado le era sagrado, pues si fuera por el
7:41 cubano hasta las pepitas se habrÃa tragado. Pero de pronto...¡ Un dolor inesperado! Una indigestión de fácil solución, porque...¡ Que no remedia un buen siestón!¿ Y qué pasaba al otro lado? Unos perros perseguÃan a Jan Mashiani competidor sudafricano. ¡Socorro! ¡Ayuda! ¡Auxilio!¿ Y al otro extremo de la pista? ¡Vamos, Tomás!¡ No puedo!¡ No puedo! Desde un automóvil el entrenador del americano Thomas Hicks le anima en su calvario.
8:46 Agua. Agua. Pide agua, señor. No hay agua. Bebe esto. Qué es esto? Claras de huevo. ¡Bebe! Dame una dosis de estricnina.¿ Del matarratas, señor? No es matarratas. Pero mata las ratas, señor. ¡Cállate!¡ Le ayudará a ganar! Mientras el entrenador envenenaba al joven Thomas, Frederick Lortz hacÃa tiempo ya que habÃa abandonado la carrera por indisposición y se dirigÃa en su coche de vuelta al estadio, hasta que el coche se rompió. Un fastidio, sÃ, pero bueno, Frederick ya se encontraba un poquito mejor, asà que decidió reanudar su marcha y regresar a pie. Lo que tal vez no pensó era que al llegar al estadio los allà presentes pensarÃan que él era el vencedor. ¡Eh!¡ Ahà llega el primero! Y el público lo celebró.
9:47 Señor Lorsch, Harry Stinson de la Gaceta del Mississippi.¿ Cómo se siente tras ganar su primera medalla olÃmpica? Bien, muy bien, gracias. Pose, por favor.¿ Es este el inicio de un gran sueño, Frederick? Puede. Y la realidad se hizo presente, antes de que Frederick pudiera justificarse. No, no, era una broma, era una broma. Iba a decirlo, lo juro. Entonces dónde estaba el verdadero ganador? Pues, alucinando. Literalmente estaba teniendo alucinaciones. ¿Qué?
10:42 A escasos kilómetros de llegar a la meta, Thomas Hicks habÃa sido deshidratado, envenenado y emborrachado por su propio entrenador. Que llegara a la meta con vida fue un milagro, pero que encima llegara el primero, eso sà que no tiene explicación. En tres horas y media y tras 40 kilómetros recorridos, Thomas Hicks llegaba al estadio en volandas y pesando 4 kilos menos. Segundo quedarÃa un francés, tercero otro estadounidense, cuarto nuestro amigo AndarÃn Carvajal y poco a poco fueron llegando los 14 corredores que no desistieron en la que sin duda fue la más innecesariamente absurda maratón olÃmpica que se ha vivido en la historia del deporte. ah ah Oye,¿ y James Edward Sullivan?
11:45 Pajarito,¿ qué haces aquÃ? Quién es James Edward Sullivan? El que dijiste al principio. Pues ese, precisamente, es el culpable de todo esto. Porque el señor decidió asà alegremente hacer un experimento y analizar qué efectos podÃa tener la deshidratación voluntaria en el cuerpo humano. Por eso, la mayorÃa de competidores sufrieron indisposiciones, dolores musculares y, bueno, pues varios casi fallecen. Ajá. Bueno, venga, que tengo que tirar la disco. Que abre bien, ¿no? SÃ, sÃ. Las crónicas deportivescas de Alicia Parente. Hoy, la maratón más absurda de la historia. El primer palo, con Juanma RodrÃguez.
Spotify
RSS Feed