Sept. 30, 2026

El Primer Palo (30/09/2026): Crónicas deportivescas; Williams y Beard; supervivientes del Titanic y estrellas del tenis

El Primer Palo (30/09/2026): Crónicas deportivescas; Williams y Beard; supervivientes del Titanic y estrellas del tenis
El Primer Palo (30/09/2026): Crónicas deportivescas; Williams y Beard; supervivientes del Titanic y estrellas del tenis
El Primer Palo
El Primer Palo (30/09/2026): Crónicas deportivescas; Williams y Beard; supervivientes del Titanic y estrellas del tenis
Alicia parente nos ofrece otra ficción sonora

0:15 Hubo un tiempo en el que eso de volar y surcar los océanos por el aire era una costumbre que no se estilaba demasiado. Y hubo un tiempo en el que sobre las aguas navegaban verdaderas preciosidades. La mayor de todas, la más conocida y la más mitificada es la que todos ustedes están imaginando. Aquella que decían que ni Dios mismo podía hundir y que irónicamente yace hoy en el suelo marítimo del océano Atlántico. Su nombre era el Titanic.

1:16 Ya lo saben, queridos oyentes, que el 14 de abril del año 1912, a las 11.40 de la noche, el famoso trasatlántico se topó en su camino con un iceberg. La noche era oscura, la luna era nueva y ni la vista más fina pudo ver esa amenaza silenciosa que se acercaba mecida por las olas. Entonces, el Titanic se chocó y en cuestión de tres horas desapareció en las profundidades del océano. Alrededor de 1.500 personas perdieron su vida en el hundimiento y las horas posteriores, y tan solo 712 llegaron con vida al barco salvador. Y ante todo esto, seguro se estarán preguntando,¿ y qué tiene que ver con el deporte? Bueno, pues como todo en la vida, mucho, según se mire.¿ Cómo se quedan si les digo que en el Titanic viajaban dos famosos tenistas?¿ Y cómo se quedan si les digo que ambos sobrevivieron al hundimiento? Y no solo eso,¿ se pueden creer que a los meses ambos dos se enfrentaron en las pistas del Longwood Bowl en Boston? Pues todo eso hoy mismo lo descubrimos.

2:37 Las crónicas deportivescas de Alicia Pared Hoy, Williams y Baird, los tenistas supervivientes del Titanic. Muy buenas noches, mis amigos de la radio y el deporte. Sí, como han oído, siempre hay una historia deportivesca oculta detrás de los eventos históricos normales. Lo cierto es que entre los más de 2.000 pasajeros que surcaron los océanos a bordo del Titanic se encontraban dos popularísimos tenistas del momento, Carl Baird y Richard Williams, que para equilibrarlo hoy serían como Novak Djokovic y Carlos Alcaraz, más o menos, por ahí.

3:27 Lo curioso es que ambos dos sobrevivieron, en circunstancias de lo más diferentes, al hundimiento del Titanic. Y lo curioso es también que hasta después de dicha tragedia no se conocieron. Pero bueno, no me voy a extender mucho más, porque nuestra historia de hoy comienza un 10 de abril del año 1912. En París... Esa mañana del miércoles 10 de abril de 1912, Charles y Dick Williams se bajaron en la estación equivocada y casi perdieron el tren que les llevaría a su destinación final, el puerto de Cheburgo. Charles Williams, el padre, residía en Suiza para tratarse sus dolencias y sus molestias, y su hijo, Richard o Dick Williams, un prestigioso tenista, le hacía compañía mientras desarrollaba su carrera profesional con la pretensión de seguir expandiendo sus horizontes en la pista.

4:37 Padre e hijo sacaron dos pasajes de primera clase de ese buque de tanto renombre, el Titanic. Decían que era el más grande y el más lujoso de la historia y que ni Dios mismo osaría a hundir dicha obra semidivina realizada por el ser humano. Charles y Dick lograron finalmente alcanzar el puerto de Cheburgo y allí subieron por la escalinata al imponente trasatlántico. Ya en el tren que casi perdieron, padre e hijo hicieron contacto visual con un tenista veterano muy conocido y que en cuatro ocasiones había alcanzado el top ten de los mejores tenistas estadounidenses. Su nombre era Carl Berg y su estancia europea no tenía nada que ver con el deporte, sino con el amor.

5:30 A pesar de haber hecho contacto visual, el jovencito Williams y el veterano Bear no se saludaron ni se presentaron formalmente ni en el tren ni durante su travesía sobre el Titanic. Así, el trasatlántico partió de la ciudad de Queenstown, Irlanda, el 11 de abril de 1912 en dirección a Nueva York, rodeado por una inmensa euforia y emoción. Nunca un barco tan grande había surcado los mares, ni uno tan lujoso. Desde el puerto, muchos debieron pensar, madre mía,¡ Qué afortunados aquellos que nos despiden desde la cubierta! De los tres días que el jovencito Dick Williams pasó en el Titanic, gran parte de su tiempo lo gastó en el lujoso gimnasio de primera clase, y concretamente en su pequeña pista de squash. Por su parte, el veterano Carl Baird invirtió esos tres días en su labor amorosa. Quiero decir, que trató de entablar amistad con los familiares de su amada, nada más, no se imaginan otra cosa. De cualquier forma, los días pasaron para los pasajeros del Titanic, y a las 11 y 40 de la noche del 14 de abril de 1912, la calma Reinaba entre los pasajeros. La

7:08 luna era nueva y el océano todo oscuridad. Con tan poca visibilidad a los vigías les resultaba difícil distinguir lo que se les acercaba. Apenas se veía el agua. Se intuía, sí, pero no se veía. Y, por supuesto, tampoco se veían las olas chocar contra los icebergs. Por eso, cuando Frederick Fleet vio por fin la amenaza, ya era demasiado tarde. Tocó tres veces la campana, señal inequívoca de alarma, y gritó iceberg al frente. El primer oficial ordenó un giro abrupto y total, pero no fueron lo suficientemente rápidos. Y, como saben, el iceberg rajó el costado del trasatlántico. En el salón-restaurante apenas se sintió un leve movimiento y por los primeros 40 minutos no se informó ni siquiera a la tripulación. Dick Williams y su padre Charles al principio se extrañaron por el movimiento, Pero no le dieron mayor importancia.

8:08 Charles William había vivido un incidente similar en el pasado a bordo de otro buque y se solucionó sin mayor problema. Así que entonces debió pensar lo mismo. Que fuese lo que fuese se iba a solucionar. De cualquier forma, para los pasajeros, el Titanic era totalmente inundible. Ya lo habían dicho. Ni Dios se atrevería a hacer semejante cosa. Pero claro, el rumor empezó a correr y se decía que contra todo pronóstico el Titanic iba a perecer en el océano. Y que era cuestión de horas. Había que salvarse. Carl Baird recordó más tarde, y a los 40 minutos la tripulación empezó a informar del accidente. Invitaron con calma a ponerse los salvavidas y a subir a la cubierta. Al principio la gente se lo tomó con deportividad, pero claro, al principio, la situación en las bodegas inferiores era bien distinta.

8:52 Al otro lado del barco, Carl Baird reconoció la gravedad de la situación y le dijo a su amada que se abrigara bien, que se pusiera la ropa, que le guardase más del frío. y que dejara atrás todas sus posesiones menos las joyas. En este país sabemos que eso de llevar joyas es muy sencillo. Berry y sus amistades acompañaron a las damas a los botes salvavidas. Entonces, según su testimonio, el director de la White Star Line, Bruce Ismay, les insistió a subirse al bote para así tener fuerza masculina y remar mejor. Los hombres se subieron. Mientras Carl Bear subía a su salvación, el joven Dick Williams y su padre recorrían la cubierta. Trataron de guardar el calor en las bicicletas estáticas del gimnasio, pero llegó un momento en el que el buque estaba demasiado inclinado. Se agarraron a las barandillas de la proa. Cuando las letras del Titanic ya se hubieron sumergido, Dick y su padre decidieron abandonar el barco. Allí, agarrados padre e hijo, se despidieron sintiendo cerca la muerte. A punto estaban de saltar, cuando de pronto cayó una de las gigantescas chimeneas. Dick la esquivó, pero su padre murió aplastado ante sus ojos. En shock saltó al agua. Estaba congelada. A menos dos grados centígrados.

10:22 Nadó y nadó por su vida. Las personas gritaban aterradas a su alrededor. Más de mil almas luchaban por sobrevivir. Dick se quitó el abrigo de piel que le ralentizaba. Y lo mismo hizo con los zapatos. A casi 20 metros encontró su salvación. Un bote plegable que no se había abierto. Se agarró a él fuerte y se subió. El agua le llegaba a la cintura. Con el tiempo más personas fueron llegando a esa madera robusta y alrededor de 30 se concentraron a su alrededor. Todos los supervivientes dijeron lo mismo. Lo peor no fue escuchar a los pasajeros gritar por su vida en el agua, sino dejarles de escuchar. El silencio constataba la pesadilla. Todas esas miles de personas, principalmente hombres, pero también mujeres y niños, habían fallecido por hipotermia o por congelación. Tras cuatro horas de impaciente espera, el buque Carpatia llegó a las coordenadas que el Titanic mandó al pedir auxilio. Y encontró de todo menos el transatlántico. A las 4.10 de la madrugada topó con el primer bote salvavidas y poco a poco, por cuatro largas horas, rescataron a los 712 supervivientes de la tragedia.

11:49 Entre ellos, Carl Verne y Dick Williams, que se encontraban en situaciones diametralmente opuestas. Verne descendió de su bote sin problema, con total agilidad. pero William tenía la parte inferior de su cuerpo totalmente congelada. El médico del Carpatia le recomendó amputar las dos piernas para frenar la gangrena, pero William se negó. Como pudo, se alzó sobre sus azuladas extremidades y comenzó a caminar. Sentía como si mil alfileres le pincharan a la vez. Fue una experiencia muy dolorosa, pero como le dijo al médico, iba a necesitar las piernas. Y tenía razón. Música Música Finalmente, sobre Carpatia, Bear y Williams se conocieron. Williams siempre afirmaría que Carl Bear fue de las pocas personas que fueron amables con él y le trataron con cariño. Por parte de Bear siempre recordaría la desgarradora experiencia que Williams vivió en el agua perdiendo a su padre ante sus ojos. Los dos hombres bajaron en Nueva York. y se despidieron con la intención de volverse a cruzar. Y así sucedió. A las 12 semanas

13:20 del evento, ambos hombres se enfrentaron en la pista Longwood Bowl en Boston, y ganó el veterano. Pocos sabían entonces que ambos hombres fueron víctimas de la tragedia del Titanic. Lo llevaron siempre muy escondido. No sé si por vergüenza al haber sobrevivido siendo hombres, o porque antiguamente los traumas se llevaban de otra manera. Lo que sí sé es que Carl Berg siempre sintió una gran culpa toda su vida por haberse salvado aquella noche del 14 de abril. Y lo cierto es que el testimonio de Baird fue fundamental en el juicio contra la White Star Line para que los supervivientes y familiares de las víctimas fueran indemnizados. La cuestión es que ambos tenistas supervivientes se enfrentaron mínimo dos veces más, y sus partidos tendrían siempre ese subtexto, un subtexto trágico, doloroso y lleno de historia, que unió y unirá por siempre a Carl Baird y Dick Williams, los tenistas del Titanic.

14:20 Las crónicas deportivescas de Alicia Parente. Hoy, Williams y Baird, los tenistas supervivientes del Titanic.