Aug. 1, 2023

¿Sánchez tiene amigos?

¿Sánchez tiene amigos?

En política, ninguno. Como no soy su amigo supongo que los tendrá en el terreno personal, pero no es relevante para un presidente del Gobierno, en este caso en funciones, o un candidato. En la otra cuestión, que es lo fundamental, su biografía...

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En política, ninguno. Como no soy su amigo supongo que los tendrá en el terreno personal, pero no es relevante para un presidente del Gobierno, en este caso en funciones, o un candidato. En la otra cuestión, que es lo fundamental, su biografía demuestra que ni los tiene ni quiere tenerlos. Lo entiendo, porque su trayectoria ha sido muy atropellada. Es lógico que no se fie de nadie. La traición siempre deja una huella indeleble, aunque haga ver que ha concedido el perdón. Es algo que incluso puede no ser entendido o aceptado por su entorno más íntimo. La política no es un terreno para hacer amigos. No hay más que ver cómo los expresidentes rompieron con muchos de sus colaboradores. El caso de Sánchez es muy interesante, porque alcanzó el poder fruto de una tenacidad sin parangón. Fue expulsado de la secretaría general, humillado y condenado al ostracismo, pero regresó victorioso. Los que antaño le criticaban, desde dirigentes socialistas a periodistas, ahora son fieles sanchistas. Es interesante la humillación que sufrió en el Congreso del PSOE del que salió cabizbajo porque era el único del grupo de amigos al que no le habían dado ningún cargo. Me recuerda la frase de Scarlett O’Hara en «Lo que viento se llevó»: «Aunque tenga que matar, engañar o robar, a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre».

Sánchez tiene amigos en política. Ninguno Como no soy su amigo, supongo que los tendrá en el terreno personal, pero no es relevante para un presente el Gobierno, en este caso en funciones un candidato. En la otra cuestión, que es lo fundamental. Su biografía de muestra que ni los tiene ni quiere detenerlos. Lo entiendo porque su trayector ha sido muy atropellada. Es lógico que no se fíe de nadie. La traición siempre deja una huella indeleble, aunque haga ver qué ha concedido. El perdón es algo que incluso puede no ser entendido o aceptado por su entorno más íntimo. La política no es un terreno para hacer amigos. No hay más que ver cómo los ex presidentes rompieron con muchos de sus colaboradores. El caso de Sánchez es muy interesante porque alcanzó el poder fruto de una tenacidad sin parangón. Fue expulsado de la Secretaría General, humillado y condenado al ostracismo, pero regresó victorioso. Los que antaño le criticaban desde dirigentes socialistas a periodistas, ahora son fieles anchistas. Es interesante la humillación que sufrió en el Congreso del Pesoe, del que salió cabizbajo, porque era el único del grupo de amigos al que no le habían dado ningún cargo. Me recuerda la frase de scarlet To a Jara en lo que el viento se llevó. Aunque tenga que matar, engañar o robar a Dios, pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre esa fuerza interior. Es muy interesante. Nombra y destituye sin que le tiemble la mano. No importa que le hayan criticado, conspirado contra él o traicionado. Lo único relevante es que le sean útiles. Esa frialdad explica también su relación con otros líderes políticos. Cuando le conviene es empático y, en sentido contrario, es displicente con aquellos que no le interesan. Ahora le toca ser amigo otra vez de los independentistas y los antiguos dirigentes del aparato político y militar de ETA. El problema es que las exigencias de estos amigos son muy onesris aragonés. La antigua marioneta de junqueras quiere que se vote la independencia, poner fin al déficit fiscal, es decir, que paguemos el despilfar los verdes catalanes y acabar con la represión