Jan. 2, 2024

El derecho a insultar de los socios de Sánchez

El derecho a insultar de los socios de Sánchez

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El partidismo que se ha instalado en la Presidencia del Congreso es uno de los indicadores de la degradación que sufre el Estado de Derecho. El espíritu de la separación de poderes se sustenta en la independencia de cada uno de ellos, para impedir, sobre todo, que el Poder Ejecutivo no se convierta en una forma de despotismo democrático. La actual presidenta sigue la tónica de los que le han precedido, aunque agravada a unos extremos que nunca imaginé que fuera posible. La realidad es que se ha convertido en un ministerio más del Gobierno. Es cierto que ha sido un problema endémico desde la Transición, porque los titulares de este órgano han hecho siempre lo que ha querido el presidente del Gobierno que es, además, el líder de su partido. A ninguno se le ocurre mostrar un atisbo de independencia, porque es algo que, desgraciadamente, se paga muy caro en política. La actitud sumisa de Francina Armengol con los requerimientos del PSOE y sus aliados resulta escandalosa. La portavoz de Puigdemont insulta al Poder Judicial y señala con su nombre a jueces sin que Armengol reaccione. Hay que reconocer que al menos no aplaudió la iniciativa inquisitorial destinada a erosionar el Estado de Derecho.

El derecho a insultar de los socios de Sánchez. El partidismo que se ha instalado en la presencia del Congreso es uno de los indicadores de la degradación que sufre el Estado de Derecho. El espíritu de la separación de poderes se sustenta en la independencia de cada uno de ellos para impedir sobre todo que el poder ejecutivo no se convierta en una forma de despotismo democrático. La actual Presidenta sigue la tónica de los que le han precedido, aunque agravada a unos extremos que nunca imaginé que fuera posible. La realidad es que se ha convertido en un ministerio más del Gobierno. Es cierto que ha sido un problema endémico desde la transición, porque los titulares de este órgano han hecho siempre lo que ha querido el Presidente del Gobierno, que es además el líder de su partido, a ninguno se le ocurre mostrar un atismo de independencia, porque es algo que, desgraciadamente, se paga muy caro en política. La actitud sumisata de fran n Ons Mengol con los requerimientos del peso y sus aliados resulta escandalosa. La portavoz de wit Demon insulta al poder judicial y señala con su nombre a jueces sin Carmengol reaccione. Hay que reconocer que al menos no aplaudió la iniciativa inquisitorial destinada a erosionar el Estado de Derecho. Estos días en que los dirigentes socialistas se escandalizan por el disparate de la piñata de Sánchez en la calle Ferraz, ya sabemos que los únicos autorizados a quemar retratos del rey de magistrados o de políticos son los independentistas catalanes y los herederos políticos de ETA. A esos sí que se puede insultar dejar o acusarles de comportamientos delictivos sin ninguna prueba. La degradación pasa por legitimar el insulto como forma de actuación política. Es bueno recordar qué es lo que se hacía la Unión Soviética contra los enemigos del Estado. El primer paso era degradarlos, humillarlos y finalmente llevarlos a los tribunales populares que ahora serán los ilegales e ilegítimos con misiones parlamentarias que quieren, pues de moni junkeras. La barbaridad de la piñata es una cortina de humo perfecta para el señor y la izquierda política y mediática. Es una lástima que Sánchez no introduzca cordura en sus filas.