Feb. 11, 2024

Somos distintos y dignos

Somos distintos y dignos

Las diferencias no nos hace tener menos o más dignidad. Solo por el hecho de ser humanos tenemos dignidad.

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Las diferencias no nos hace tener menos o más dignidad. Solo por el hecho de ser humanos tenemos dignidad.

Por qué las relaciones afectivas que tengo no son estables. Me gusta la asertividad porque nos invita a la prudencia que lo que debe motivar nuestra palabra es siempre el amor. Esto y eso ya es la base para salir, a conquistar muchas metas, para luchar, por dar una mejor versión y disfrutar la vida de manera plena. Tú sabes, las diferencias no nos hacen tener más o menos dignidad. Los seres humanos somos valiosos. Los seres humanos tenemos dignidad sólo por el hecho de ser humano. Necesitamos aprender, a conocer, a aceptar, a respetar y valorar las diferencias que tenemos. Diferencias culturales, diferencias sociales, diferencias sexuales, diferencias raciales. Somos distintos, somos diferentes, pero tenemos la misma dignidad. A mí me gusta todo lo que hoy hablamos de inclusión, todo lo que nos permite reconocer aquellas personas que tienen ideas, emociones, opciones, actitudes, comportamientos distintos a los nuestros. Me parece que nadie puede ser espiritual si no es incluyente. Nadie puede ser espiritual si traza límites para discriminar a los otros. La experiencia espiritual no nos puede llevar a creernos superiores y a suponer que algunas diferencias hacen que los otros valgan menos que nosotros mismos. El ser más incluyente que conozco es Jesús de Nazaret. Me encanta verlo en su ministerio hablando y haciendo el bien. Me gusta verlo rompiendo esquemas, rompiendo esas aulas, esas cárceles mentales que los seres humanos creamos constantemente. Me fascina descubrirlo como alguien que acoge ama sana y potencia a aquel que tiene diferencias. Estoy pensando, por ejemplo, en una escena que trae el Evangelio de Marcos, en el capítulo uno, versículo cuarenta al cuarenta y cuatro. Allí se nos narra la historia de un leproso y a mí me impresiona mucho el relato. Primero, porque ustedes saben que un leproso era alguien discriminado socialmente y religiosamen. Ustedes saben que, por los conocimientos científicos de la época, por los conocimientos médicos de la época, cualquier mancha, cualquier erupción de la piel, era considerada contagiosa, era considerada lepra y de alguna manera, esa situación hacía que la persona que la padeciera fuera rechazada en principio por el bien de la comunidad. Se privilegiaba el bien de la Comunidad. Esa persona debe estar aislada porque puede contagiar a los otros. Pero ese aislarlo no sólo lo discriminaba, sino que lo destruía humanamente porque se sentía solo y comenzaba a tener toda esa sensación de vergüenza, toda esa sensación de destrucción. Él comenzaba a ser un discriminado, un apartado, uno que no podía tener contacto con la Comunidad. Si revisas los textos y las tradiciones del antiguo Testamento, vas a encontrar que él temía no sólo que marginarse, sino que además debía llevar una campana y debía ir gritando impuro, impuro, impuro, para que nadie se le acercara y todos se apartaran cuando escucharan su voz. La razón, insisto, es privilegiar el bien de la Comunidad, pero al hacerlo, destruyen la vida de ese ser humano. Y yo me pregunto si eso es lo que la espiritualidad nos enseña? Y yo me pregunto si eso es lo que la espiritualidad nos propone, porque creo que hoy en nuestra sociedad existen muchas personas discriminadas y marginadas por aquellos que se sienten espirituales, por aquellos que se sienten religiosos, por aquellos que se sienten buenos, los marginan, los rechazan, los destruyen, Y hay juicios que acaban con la autoestima de estas personas, juicios que los inhabilitan. Pues bien, qué hace Jesús frente a este ser humano. A mí me gusta leer el texto con esa técnica del contraplano que aprendí en la televisión y me gusta entonces primero tomar el plano de ese hombre, ese leproso, ese ser humano, apartado, aislado, destruido en su autoestima, va por el camino y reconoce que viene Jesús de Nazaret yo imagino que ya él ha oído hablar de Jesús de Nazaret. Imagino que la bulla que ocasiona el bien que hace Jesús ya ha llegado a los oídos de este hombre. Y este hombre se dispone a aprovechar ese momento y a encontrarse con ese rabí, con ese maestro que transforma la vida. Y me fascina la audacia de él. Me fascina la audacia para ir al encuentro de Jesús, Él que tiene prohibido acercarse a los demás, ha descubierto que Jesús es un maestro incluyente y se aproxima a él. No sólo es audaz para aproximarse a Jesús, sino que es humilde para reconocer que Jesús tiene una presencia de amor absoluta, de amor que sana y libera y se arrodilla. Se postra delante de Jesús y luego con una expresión que a mí me parece que condensa muchas ideas teológicas del antiguo Testamento y del nuevo. Le dice si quieres, puedes limpiar. A mí me fascina que le dices si quieres, Es decir, reconoce que es una acción voluntaria, que él no puede obligar al otro, que es siempre un regalo del otro. Acogerme a aceptarme si quieres. Y luego reconoce el poder del amor en Jesús y le dice puedes limpiarme. Hasta ahí es el primer plano. El otro plano es eso es el de Jesús. Jesús. Primero, siente compasión por este hombre, es decir, siente el dolor de esta persona como suyo. Segundo, dice el texto que lo toca y a mí me gusta ir al griego y en el griego encuentro que el verbo que traducimos en castellano por tocar tiene un sentido más amplio, es acoger, es abrazar, es sujetar por un tiempo, es decir, Jesús es tan incluyente que aquel al que nadie podía tocar, Jesús lo toca, Jesús lo abraza, Jesús lo acoge y luego le dice si quiero, queda limpio y dice el texto que al instante desapareció la enfermedad de este hombre y vuelve a incluirlo en la Comunidad. Al dejar lo limpio, lo incluye en la Comunidad tanto que le invita a cumplir uno de los ritos de ese momento. A mí me parece que eso es lo que los seres que buscamos sentido en la espiritualidad tenemos que hacer. Tú y yo no podemos rechazar a nadie, no podemos marginar a nadie. Tú y yo tenemos que sentir compasión por el otro. Acogemos al otro y lo incluimos en la vida de la Comunidad, en la vida del grupo, en la vida de la sociedad. Ojalá lo aprendamos, ojalá lo tengamos claro, porque se nos ha olvidado, se nos ha olvidado entender que no podemos rechazar a nadie. Yo no sé si tú tengas una experiencia espiritual. Yo no sé si tú tengas una experiencia religiosa. Lo que yo sí sé es que tú y yo tenemos que ser incluyentes y nunca generar límites que hagan sentir a los otros fuera de la Comunidad. Gracias por escuchar este mensaje y gracias por compartir conmigo esta reflexión. Ahí estamos en Amazon, estamos en Spotify, estamos en Dezer, estamos en Apple y no olviden el oracional. El man está vivo una herramienta mensual para generar hábitos espirituales. Ay tú sabes b