Jan. 18, 2024

Asume tu responsabilidad

Asume tu responsabilidad

Pareciera que, en muchas ocasiones, el ser humano no puede librarse de la tendencia de culpabilizar a otros de las desgracias propias.

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Pareciera que, en muchas ocasiones, el ser humano no puede librarse de la tendencia de culpabilizar a otros de las desgracias propias.

Por qué las relaciones afectivas que tengo no son estables. Me gusta la asertividad porque nos invita a la prudencia que lo que debe motivar nuestra palabra es siempre el amor eres Tú y eso ya es la base para salir a conquistar muchas metas, para luchar, por dar una mejor versión y disfrutar la vida de manera plena. Tú sabes algunos están convencidos que se encuentran un culpable de sus errores, de sus equivocaciones, de sus procesos fallidos van a solucionar todos sus problemas. Están convencidos que el dolor que sienten, que la sensación de frustración, que esa experiencia de limitación y de impotencia se quita si se logra señalar a alguien como responsable. Son esas personas que no hacen ningún proceso de autocrítica, sino que están convencidos que su relación afectiva no funcionó por la otra persona o por alguien externo. Son esos que creen que sus proyectos empresariales fracasaron, tal vez porque alguien sintió envidia o porque alguien usó fuerzas metafísicas, y no por sus decisiones equivocadas. Son esos que viven a la casa de culpar a alguien del mal que viven. Y tengo que decirles a estas personas con claridad que nada ganamos con declarar al otro culpable de nuestras desgracias. Nada logramos descargando la responsabilidad en los demás. Lo he dicho muchas veces, pero muchas veces más sigue pasando. Es como si el ser humano no pudiera librarse de su tendencia a culpabilizar a los otros de las desgracias propias. A mí me gusta mucho que el autor del libro del Génesis lo retrata bien en ese diálogo entre Dios y los primeros seres humanos. Te acuerdas. Cuando pregunta a Adán por la desobediencia, por la caída, qué hace éste mira inmediatamente a Eva, la la mujer que me diste por compañero. Y cuando inquiere a Eva, esta decididamente mira la serpiente. Es que esta serpiente me engañó y nadie, ni uno ni otro asume lo que hizo. Asume su equivocación, su error. Tengo que decir que nada ganamos cuando señalamos un culpable y nos quedamos allí celebrando porque no aprendemos las lecciones del error. Al fin y al cabo, yo creo que esa es la función de las equivocaciones y de los errores, aprender tener nuevas maneras, conocer nuevos caminos. Claro, si yo no asumo cuál fue el proceso que me llevó a esa situación, pues no aprendo nada y muy probablemente voy a volver a equivocarme en lo mismo. Pero lo segundo y tal vez lo que a mí me parece más dañino, es que cuando nosotros creemos que nuestros errores son responsabilidad del otro, estamos proyectando una imagen pusilánime de nosotros mismos, porque es cierto que el otro pudo provocarme, es cierto que el otro pudo influenciarme, pero no me obligó. Fui yo quién, con autonomía, con conciencia, con discernimiento, tomé esa decisión. Vi ese paso, por lo tanto, sin quitarle la responsabilidad que el otro no tenga. Yo tengo que asumir que soy el dueño de mi vida, que soy el que dirige mi proyecto existencial y que soy el responsable de lo que hago y que, por lo tanto, tengo que asumir las consecuencias de ello. Tú no eres una marioneta. Tú eres un ser humano, con conciencia, con inteligencia, con voluntad, y entonces tienes que asumir tus responsabilidades. Y esto queda aún más claro cuando, como cosa rara, las desgracias nuestras tienen otros culpables. Pero los triunfos no. Los triunfos sí son nuestros. Los triunfos sí se debieron a nos nuestra capacidad, a nuestro análisis, a nuestro trabajo. Ja es extraño a ese debo, según creemos equivocadamente, maldecirlo, odiarlo y tratar que todos piensen lo mismo que yo, porque me hizo equivocar ah Pero cuando se trata de un triunfo, ese aplauso, ese piropo, ese reconocimiento,